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Así se gestó el fracaso del gran caza europeo tras años de tensiones entre Alemania y Francia

9 June 2026 at 19:31

Durante años fue presentado como uno de los grandes símbolos de la autonomía militar europea. Alemania y Francia desarrollarían juntas el avión de combate que debía sustituir al Eurofighter alemán y al Rafale francés a partir de la próxima década. Este martes, sin embargo, ambos países certificaron el fracaso del proyecto. El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, reconoció su decepción por el desenlace y admitió que el ambicioso programa "se ha estrellado contra la realidad".

"Me duele mucho", afirmó el socialdemócrata, que defendió los intentos realizados por Berlín y París para salvar una iniciativa que durante casi una década fue presentada como una de las grandes apuestas de la cooperación militar europea. Todavía en marzo, al margen de una cumbre europea, el presidente francés Emmanuel Macron intentó transmitir una dosis de optimismo y tras hablar con el canciller Friedrich Merz, aseguró que ambos habían decidido promover un nuevo acercamiento entre Airbus y Dassault, los dos gigantes industriales encargados de sacar adelante el proyecto. Aquellas declaraciones sonaban ya entonces como uno de los últimos intentos para evitar un desenlace que en Berlín y París muchos consideraban cada vez más probable.

La lucha por el control del proyecto

El Future Combat Air System (FCAS) nació en 2017 impulsado por Macron y la entonces canciller Angela Merkel. El plan contemplaba el desarrollo de un nuevo sistema de combate aéreo compuesto por un caza de sexta generación, drones y una red digital de comunicaciones capaz de conectar todos esos elementos en tiempo real. España se incorporó posteriormente a una iniciativa que aspiraba a convertirse en el mayor proyecto militar europeo de las próximas décadas. Sin embargo, el principal obstáculo nunca estuvo en los despachos gubernamentales, sino en las empresas encargadas de desarrollarlo.

Durante más de un año, Airbus y Dassault mantuvieron una disputa cada vez más abierta sobre el reparto de responsabilidades o el liderazgo tecnológico del programa, y lo que inicialmente se presentó como una cooperación en pie de igualdad acabó derivando en una lucha por el control del proyecto. Las declaraciones del consejero delegado de Dassault, Éric Trappier, alimentaron todavía más las tensiones. El directivo francés insistió en que alguien debía dirigir el proyecto y defendió para Dassault el papel de arquitecto principal. En Alemania empezó entonces a crecer la sospecha de que París quería reservarse el control de las tecnologías más sensibles mientras los socios alemanes asumían una parte importante de la factura.

Los intentos de mediación fueron acumulándose sin éxito. Hubo negociaciones, reuniones bilaterales e incluso procesos de arbitraje. Nada funcionó. Pistorius aseguró este martes que tanto él como Merz y Macron intentaron desbloquear la situación durante meses. "Los obstáculos decisivos no pudieron superarse o no quisieron ser superados por la industria", resumió el ministro alemán. Con el paso de los meses también fue creciendo el escepticismo en Berlín. Merz dejó entrever en varias ocasiones sus dudas sobre la viabilidad del proyecto y sobre las diferencias estratégicas que separaban a ambos países.

Distintas necesidades militares

Francia necesitaba un avión con capacidad nuclear y apto para operar desde portaaviones, pero Alemania no. Detrás de la disputa empresarial afloraron también necesidades militares distintas. No sorprendió por ello que el anuncio definitivo llegara primero desde Berlín. Según fuentes gubernamentales alemanas, el canciller trasladó a Macron que ya no tenía sentido continuar con el desarrollo del avión conjunto y la confirmación francesa llegó horas después con una formulación que reflejaba cierta incomodidad. Desde el Elíseo se señaló que las autoridades alemanas consideraban imposible ejercer más presión sobre las empresas implicadas. El contenido coincidía. El tono, bastante menos.

La cancelación obliga ahora a la Bundeswehr a buscar alternativas para sustituir al Eurofighter. El proyecto británico Global Combat Air Programme, desarrollado junto a Italia y Japón, avanza por separado y complica una incorporación alemana. Suecia aparece como uno de los socios que más interés despierta en Berlín. Mientras tanto, tampoco se descarta ampliar la compra de cazas estadounidenses para cubrir las necesidades más inmediatas de la fuerza aérea alemana. Según el diario económico "Handelsblatt", Dassault desarrollará ahora su propio caza francés, mientras que Airbus trabaja ya en un modelo pensado para Alemania y previsiblemente también para España. Pero el alcance del fracaso va mucho más allá de la búsqueda de un nuevo avión.

Cuando Merkel y Macron impulsaron el FCAS pretendían demostrar que Europa podía desarrollar capacidades estratégicas propias y reducir su dependencia militar de Estados Unidos. Nueve años después, el resultado transmite precisamente el mensaje contrario. Ambos países no han conseguido sacar adelante uno de los proyectos industriales más ambiciosos del continente y tampoco han sido capaces de imponer una solución a sus propias empresas. En Berlín ya hay quien observa el desenlace pensando en otros programas conjuntos que siguen sobre la mesa, entre ellos el futuro carro de combate europeo, porque si la cooperación francoalemana no ha logrado sostener el FCAS, pocos se atreven ahora a asegurar que los próximos grandes proyectos comunes estén a salvo de correr la misma suerte.

© AP

Imagen de archivo de Friedrich Merz y Emmanuel Macron
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