De Madrid a Canarias, recogeré en este diario de viaje las postales que la histórica visita a España del Papa deja en la retina de quien sigue al Pontífice por todo el país. El detalle, lo íntimo, todo lo que evoca la devoción y la fe. La emoción de los cristianos por recibir al Santo Padre.X. Amina y el PapaQuerido yo del pasado: Te presento a Amina, que tiene cuatro años y llegó desde Mali cruzando el océano de la desesperación. Hoy te escribo la penúltima carta de este viaje tan duro como intenso, apenas me quedan fuerzas y reconozco que poder compartir unos fugaces instantes de mi vida con ella, con Bousso, Moussa y Adama , entre otros, ha sido un regalo inesperado. Al ver el rostro de estos niños no he podido dejar de pensar en las hijas que tendrás (más de las que te crees) y, ya sabes, enseguida se me ha hecho un nudo en la garganta y he tenido que esconder las lágrimas. Veo a Amina metida durante una semana en una patera y trato de adivinar cómo tiene que ser su pasado, el de los seiscientos del centro de acogida de Tenerife que hemos visitado esta mañana y en el que León XIV ha vuelto a poner sobre la mesa el asunto más importante de nuestra historia reciente. Está bien que lo haga un Papa, está bien sea quién sea el que dé voz y ponga rostro a aquellos que huyen de la miseria. Y otra cosa sorprendente, te adelanto, muchas veces tendrás dudas sobre tu trabajo (las fotos, las fotos…millones de fotos) pero descubrirás que hay formas de mirar que pueden mejorar el mundo. Los ojos de los demás, los de una de tus hijas, te salvarán del miedo a la vida. Esto es algo que sólo tú y yo comprendemos, pero te advierto que nunca has de despreciar la contemplación del interior del resto de seres humanos. Verás que con algo de amor y bondad se abren las puertas de las almas y a menudo te sentirás reflejado en aquello que ves hasta el punto de pasar a formar parte de ti. Incluso en medio de tanto dolor contemplarás cómo se desliza el sutil velo de la belleza, imaginarás un futuro hermoso para todas las Aminas de tu vida, seres inocentes de vidas marcadas. Te los vas a encontrar a menudo en tus viajes (también vas a ser viajero e, incluso, puede que hasta aventurero, si eso es posible en estos tiempos en los que ya no quedan secretos). Fíjate que has podido trabajar durante una semana cerca del hombre más poderoso de la tierra y has visto, por desgracia desde lejos, cómo Amina corría a abrazarse a él . No has podido hacer esa foto, porque hay muchas que se escapan y son imposibles de seguir. Con el tiempo aprenderás a renunciar a ellas y a abrazar el arte de la serendipia, a asumir que las fotografías no dependen de nadie y huyen de nuestra mirada como los aviones para despegar a espaldas de León XIV en esta mañana fría y húmeda, tan tinerfeña.Querido yo del pasado: Te diré que viajes sin miedo, que te acerques a las personas con una sonrisa, que no tengas miedo de su color y su apariencia, que bromees con las elaboradas trenzas de Amina y abraces siempre que puedas a cuantas personas puedas porque en ese contacto habita una riqueza que no podrás explicar en los foros de los señores con corbatas pero siempre permanecerá a tu lado, una reserva de vida que te acompañará en los momentos duros, un vínculo que te hará mejor persona y, probablemente, mejor fotógrafo. Incluso, con el tiempo y miles de lecturas, un día serás capaz de escribir sin sentir vergüenza, podrás contar la historia de Amina y la de tantos otros que se cruzarán en tu camino. Aprenderás también mucho de tus hijas , a las que creerás haber convertido en grandes mujeres porque cuando eran niñas hubieran saltado también a los brazos de un Papa o de cualquier otro ser humano. Y mucho más adelante, cuando ya te llamen señor los chavales, te sentirás agradecido por ser testigo de tanta bondad.IX. Baja la miradaQuerido yo del pasado: Viajo contigo desde el lujo hasta la pobreza. Ahora te cuento porque he de comenzar por algo que te resultará familiar referido a la profundidad de nuestra abstracción, eso que tu madre y la mía asociaba a la falta de riego sanguíneo. Cruzaba por la Diagonal con rumbo a la Sagrada Familia, todo diáfano, sencillo y con tranvía. A punto estuve de hacer un Gaudí en el mismo día del centenario de su muerte, arrollado también por uno de esos trenes. Hubiera sido un accidente memorable, pero un 'copycat' impropio de nuestros dones porque parece ser, hasta que se demuestre lo contrario, que siempre que estamos a punto de palmar (como aquel día de verano en el pantano de Ullibarri o en la sierra Espadán, la lista es larga) una mano misteriosa evita el final previsto. Y aquel día que nos enganchó el temporal regresando de Praia de Ancora y dimos botes sobre olas de metros atados con una cuerda a la lancha. En fin, que hasta ahora sigo vivo y te escribo, que lo sepas, sentado en una silla del palco VIP del estadio Insular de Las Palmas.Te quería contar lo de la exhibición de poderío, esa exhibición de narrativa, medios, buen gusto y lujo tan propia del 'establishment' catalán. A tope con Gaudí, los drones, la parte emotiva con Valentina, una niña ciega, el espectáculo de pirotécnia abrazando las torres de la Sagrada Familia. Todo eso que tan poco nos gusta, esa parte de la Iglesia instalada en el oro y la grandeza. ¿Recuerdas la primera vez que pisaste el Vaticano y te sentiste intimidado por aquella cúpula descomunal, inhumana? Por ese mensaje tan obvio pero tan apabullante, tú eres un ser diminuto, insignificante, en presencia de Dios. Te has alejado siempre de ese tipo de espacios, porque ese oropel es una parte fundamental de la estructura del poder social y, desde luego, el religioso no es ajeno a ese mecanismo.Por eso ayer me quedé mirando como un tonto el ramo de flores que León XIV arrojó al agua en el puerto de Arguineguín. Lo has visto unas cuantas veces y sabes lo que significa desde que el barco del tío Miguel se partió en dos llegando a Muros; la pequeña corona que lanzó el Papa se fue deshaciendo en la soledad del mar dando sombra a un pequeño banco de alevines y los pétalos se unieron después a los cuerpos de los seres humanos que no pudieron llegar nunca a una nueva vida. Y volví a cuestionar la necesidad de esos símbolos del poder frente a los de la pobreza, apenas un cobertizo con sombra para que los niños puedan jugar, una humilde cruz construida con los restos de un cayuco, una pequeña imagen de la Vírgen rodeada de flores en una pared de hormigón. Qué ocurre en realidad con los seres humanos, incapaces de algo tan sencillo como la justicia, inútiles ante la bondad, insensibles al dolor. ¿Para qué sirven esas torres tan altas que parecen alcanzar el cielo? Algunos dirán que les consuela formar parte de esa grandeza, pero ni tú ni yo hemos estado nunca de acuerdo, tal vez porque siempre fuimos pobres y crecimos rodeados de ellos, puede que por una decisión moral o tal vez porque siempre hallamos consuelo en los lugares pequeños, como aquella capilla de los aviadores de Santo Stefano en Bolonia (amarás mucho esa ciudad en unos años) en la que encontrarás refugio junto a los retratos de sus rostros revelados en el blanco y negro reservado a los héroes caídos desde el cielo en combate.En la Sagrada Familia no encontré la belleza, sólo un ejercicio artificial de estos tiempos en los que las masas han de ser entretenidas; en Arguineguín ví rostros habitados por la desconfianza y el dolor. Ocultos tras una maraña nerviosa de guardaespaldas y policías que protegía a los poderosos. ¿De quién?VIII. Creadores de contenidoQuerido yo del pasado: Te confieso que a estas alturas del viaje el cansancio me comienza a afectar mucho más de lo que me gustaría y me cuesta mantener los ojos abiertos, aunque cuando uno tiene una misión, aunque sea escribir estas líneas, saca fuerzas de donde puede. Los periódicos siempre han sido un monstruo que devoran sin piedad y nunca recuerdan lo que has hecho, las palabras nacen viejas y se transforman en pasado al poco de haber sido escritas mientras la maquinaria reclama más de eso que ahora llaman contenidos. Luego te hablaré, porque quiero comenzar con algo que me está resultando llamativo en las palabras de León XIV y es que siempre tiene una frase de recuerdo, o una cita, de Francisco y de Benedicto XVI, pasión frente a intelecto, sentimiento frente a razón. El Papa de ahora quiere ubicarse en un término medio de equilibrio y echa mano, a su manera, con los guiños al público infantil del 'six seven', del sentido del humor, aunque sea sencillo. Esa gran fuerza, tan valorada por Bergoglio, en la que me hacen pensar estas dos monjas anónimas cuya contemplación me lleva a plantear la necesidad de hacer un trabajo recopilatorio de los efectos terapéuticos de la contemplación de religiosas . Todos los fotógrafos sabemos que dan mucho juego y te solucionan la papeleta con sus ocurrencias.Luego, en el estadio Olímpico de Barcelona, la cosa se puso mucho más seria y recordé que, aunque no lo parezca, la risa también puede ser un mecanismo de ocultación de los dramas. Dentro de unos años verás por primera vez a un actor, Robin Williams. Te quedarás enganchado viendo 'El club de los poetas muertos' porque eras un intenso (y siempre lo serás) y al cabo de los años le verás quitarse la vida entre risas y bromas. Todo se mezcla, querido, de un modo inexplicable, pero es más fácil seguir con una sonrisa porque el dolor resulta siempre inútil. En Montjuic escuchamos testimonios de experiencias vitales terribles, de seres humanos salvados, y me alegré mucho porque han podido hallar un camino. Tal vez el de eso que llaman felicidad, de las pequeñas cosas distantes del boato y ruido; que también te digo que los catalanes montan los saraos papales con mucha elegancia y contenido, con su buena música sinfónica y sus castellers de Vilafranca. Ah, y otra cosa que me gusta de este hombre, que se pone a hablar en catalán sin dar al asunto mayor importancia aunque, entre nosotros, también te digo que a veces mucho no se le entiende. Pero lo importante es la actitud. Tú, con el tiempo, te defenderás en unos cuantos idiomas y ya te anticipo que bien del todo no hablarás ninguno.Vuelvo a lo del principio. El asunto de los contenidos. Ahora todo el mundo es creador, una chavala o chaval con un teléfono de esos inteligentes se graba, por ejemplo, con el Papa de fondo y dice «aquí estoy delante de León XIV» y eso ya es un contenido. Lo publican en las redes sociales, que es como un bar universal gobernado por ordenadores en el que cada uno dice sus tonterías, y el resto de mortales contesta qué guay, cómo mola, qué envidia, qué se yo, cualquier estupidez entre miles. Para eso hemos quedado, querido yo del pasado, para contemplar cómo este oficio que tanto nos gusta se ha transformado en un circo en el que una encíclica pesa lo mismo que un tratamiento para alisar la piel (y tiene más probabilidades de éxito lo segundo), todo ha cambiado de tal manera que hasta la Iglesia se ha subido al carro y siembra su mensaje en las turbias aguas de los algoritmos. Son los tiempos de las monjas graciosa y el 'six seven'.VII. Lanzamiento de bebésQuerido yo del pasado: cuando hayas crecido un poco más descubrirás que te interesa mucho la antropología , aunque ahora te suena raro, y encontrarás un experimento que a lo largo del tiempo te dará mucho que pensar y, a la vez, te servirá de inspiración. Te lo explico de forma breve en un párrafo. El antropólogo Dimitris Xygalatas y su equipo monitorizaron con pulsómetros y sensores a los participantes y espectadores de un ritual extremo: el festival de San Juan en San Pedro Manrique (Soria), donde la gente camina descalza sobre brasas ardientes. Los resultados fueron asombrosos: los ritmos cardíacos de los caminantes sobre el fuego y los de sus familiares o miembros de la comunidad que solo estaban mirando se sincronizaron casi a la perfección, dibujando exactamente las mismas curvas de aceleración y desaceleración en el electrocardiograma. El corazón de los turistas que no pertenecían a la comunidad no se sincronizó. La sincronía requería un lazo cultural previo.En esto suelo pensar a menudo, cada vez que me encuentro metido entre una masa unida por una pasión común. Incluso aunque en ese momento esté cantando David Bustamante ante el Papa con el Santiago Bernabéu a rebosar de fieles y fervor. Nadie dijo que ser Santo Padre fuera fácil, pero lo cierto es que él, a menudo, presenciará curiosos fenómenos de sintonización física en los que, entre otras habilidades poco comunes del ser humano, puede asistir al lanzamiento de bebés que en un porcentaje elevado (no he encontrado estadísticas) acaban siendo bendecidos y alcanzan, desde ese momento un estatus especial por el que ya no pueden ser malas personas, no vayan a dejar al Papa en mal lugar. Bueno, a lo que iba, que esta gente que acopla sus corazones lo hace a menudo cantando himnos (Alza a miraaaaada…) porque la estructura métrica del sonido obliga a todos a exhalar e inhalar al unísono, lo que regula el nervio vago e induce un estado colectivo de calma o trance. También se produce un acoplamiento neuronal y se activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando endorfina (euforia) y oxitocina (confianza y apego).Aunque te parezca raro se puede pensar en estas cosas mientras haces fotos de una monja dando saltos envuelta en la bandera de España. De hecho, a menudo, esos estados de trance ajeno también te influyen, en especial si estás harto de caminar cargado como un burro, Florentino se ha olvidado de enchufar el aire acondicionado y tu plan para hoy es repetir la experiencia, en otro estadio, el Lluís Companys, con la actuación estelar de Sergio Dalma. Deséame suerte. Otro día de devoción colectiva lo mismo acaba conmigo porque algo que también has de saber es que mientras cantas en grupo «Bailar pegados» (ya te llegará es momento, querido yo) consumirás mucha energía; por eso desarrollamos la capacidad de sincronizar nuestros cerebros, porque resulta ser el atajo más veloz para generar confianza ciega. Ese mecanismo, que en el Paleolítico permitía a los humanos cazar bichos grandes entre muchos, que habían de confiar ciegamente en sus compañeros, se mantiene intacto. Lo activamos de forma idéntica cuando vamos a una procesión de Semana Santa, rezamos en una mezquita,, o cuando saltamos al mismo ritmo que otros miles de personas en el concierto de Bad Bunny. Y no te quiero contar si te meten en la casita. Así que imagínate esto que le pasa a León XIV cada vez que pisa la calle y levanta la mano para saludar. Debe de notar un subidón de energía que ya quisiéramos el resto de mortales. Falta le hace porque ha de estar atento a los niños voladores.VI. Algo de ironíaQuerido yo del pasado: Hemos hablado de la Iglesia en muchas ocasiones. De hecho, te anuncio, llegarás a convertirte con los años no en un erudito pero sí en alguien bastante experto en religiones y, en especial, del catolicismo. Intentarás con los años entender lo que ocurrió cuando eras niño y, según avance el tiempo, podrás incluso ir despejando algunas incógnitas, amar a San Juan de la Cruz (fuimos expertos en no esperar nada) con la misma pasión telúrica que te une a Rosalía de Castro. Te digo esto porque a menudo fantaseas con sentarte cerca de los poderosos y poder debatir con ellos como si fueras un igual, aprenderás a renunciar a esos deseos porque los humanos que alcanzan esas cimas temporales rara vez están en disposición de recibir a pobres críos llorones como tú, por mucho que seas brillante estás roto de un modo irreparable. Al menos, hasta donde te conozco.Pero te prometí hace semanas observar de cerca a León XIV, que eso es algo que no está al alcance de cualquiera. Analizar con detalle sus movimientos, sus gestos, el tono de sus palabras. Mirar en su interior a través de la cámara, de alguna manera. Y hoy he estado realmente cerca, en un día histórico , otro más, quién nos lo iba a decir, ocupando un leve espacio físico en un rincón, tratando como siempre de no llamar la atención, de no hacer ruido. En el Congreso he sentido bastante vergüenza ajena de los políticos de este país porque el Pontífice ha repartido a diestro y siniestro pero a ellos les da igual, como críos en un colegio infantil, sordos a los mensajes, impermeables al conocimiento. Dan palmas como si estuvieran en una función de circo, que viene el Papa, que viene el Papa, se hacen fotos con bufandas conmemorativas, se inmortalizan así y asá unos a otros para guardar la enésima prueba de su narcisismo ilimitado. Uno a mis espaldas, en los bancos del Partido Popular, he preferido no girarme, ha realizado un resumen honesto del nivel político de este país: «Bueno, parece buen hombre y es del Madrid» . Antaño existían líderes carismáticos porque algunos seres humanos eran capaces de escuchar, ya lo sabrás cuando llegues a estudiar a Max Weber (no te va a caer especialmente bien y te interesará mucho más Walter Benjamin). Ahora todo gira en torno a un maniqueísmo burdo, de asalariados agradecidos, gente que solo da palmas y abuchea cuando se enciende o apaga una luz.Creo haber intuido algo de ironía malévola en la media sonrisa de León XIV. Como si pensara «vais a flipar». Me hubiera gustado que alzara más la mirada de los folios, que hubiera sido capaz de mirar al frente. Pero sus palabras me han parecido valientes dentro de lo extraño que es ver a un Papa en una tribuna de poder político . Ha defendido con decisión los principios de su estado, a fin de cuentas, pero a nadie escapa que lo que pronuncie va más allá de lo temporal . Qué raro es todo esto, si lo piensas bien. Ahí estabas, y estarás en el futuro, a escasos metros del hombre más poderoso del universo conocido, recordando que organizamos nuestra experiencia a través de los relatos, porque nuestro cerebro no recuerda datos sueltos sino historias con planteamiento, nudo y desenlace. La Iglesia lo sabe desde sus inicios porque cuando aplicamos esa plantilla narrativa a nuestra existencia, surge la necesidad de dar entrada a un creador, un destino, un autor. Si lo que vivimos es una historia, no puede terminar de un plumazo sin un significado final; necesitamos que el desenlace tenga un sentido que justifique los capítulos anteriores. Y ya corto, que me pongo de un espeso…V. Fortaleciendo el espírituQuerido yo del pasado: Han transcurrido veinticuatro horas desde la última vez que hablamos y, no sé tú, pero yo apenas he dormido media hora y desparramado en el suelo de un salón parroquial. Que sepas que la capacidad para tomar decisiones poco convenientes para la salud no la vas a perder con los años, porque teniendo que pasar el primer control policial del día a las 5 de la mañana me pareció buena idea ir a esperar a unos chavales de Catarroja que venían el sábado a la vigilia y se quedaban a dormir en la iglesia de San José, a escasos doscientos metros de Cibeles. Me pudo la cosa sentimental de la dana de Valencia (ya te lo explicaré otro día). ¿Qué podría salir mal?En primer lugar llegaron tarde y cansados, del viaje, del evento y de la caminata desde la plaza de Lima. Y en segundo, me dí cuenta de que los vínculos emocionales del pasado, por muy dramáticos que fueran, no sirven como punto de partida para las historias del presente. Ellos, como yo, están en otra página y más allá de contar por enésima vez las batallas que vivimos dentro, fuera y en torno al barro, no existe interés. La conversación deriva pronto en asuntos mundanos, como el olor indescriptible que se adueñó de la sala en cuanto los muchachos comenzaron a quitarse las zapatillas. No encuentro el adjetivo. Alguien dijo que era un aroma «muy duro» y me pareció acertado. También intenté convencer a un chaval de que dejara de estudiar periodismo, ahora que acaba de comenzar, y bromeamos sobre las escasas habilidades de algunos para inflar las colchonetas. El párroco, José Vicente, un hombre que durante las inundaciones vació su parroquia de bancos y la transformó en almacén, comedor y refugio, contaba lo extraño que fue pasar por la noche con estos chavales por delante de otros que vivían la fiesta del sábado en la Castellana. Como caminos que nunca se cruzan. Vidas paralelas. Él cree que dormir en el suelo les ayuda a madurar. Yo no lo tengo tan claro. Al menos los doloridos huesos de mi esqueleto. Cenaron pizza y refrescos con fruición feroz. Poco a poco se fueron retirando, ellas a una sala, ellos a otra. Y tu yo del futuro se acomodó sobre una esterilla con la cabeza apuntando a la calle Marqués de Valdeiglesias, un tubo estrecho por el que calculo que pasaron cientos de borrachos que hicieron imposible cualquier intento de fortalecer mi frágil espíritu con los dolores propios del sueño sobre superficies sólidas. Intenté hallar en algún rincón de mi mente una ayuda que me hiciera más resistente, pero no hubo manera y el reloj avanzaba inexorablemente hacia la hora en la que había de encaminarme hacia el enésimo control policial previo a la enésima aventura fotográfica en la que chocan las energías vaticanas, policiales y organizativas con el resultado siempre previsible de que nos van a conducir a un lugar desde el que no es posible trabajar. Ay, si pudiera convencerte de cambiar de oficio. Ya pasarás algún día mis penurias y te acordarás de mí. Supongo que en un momento dado desapareceré de la tierra y a ti te quedará mucho por delante.En resumen: dolorido, nada santificado, sudoroso y con los ojos vidriodos me encaminé hacia Sol esquivando seres humanos alcoholizados hasta límites interestelares, uno comiendo una hamburguesa sobre un contenedor de basura, otro colgando boca abajo de una verja, decenas de mujeres ofreciendo su carne en Montera, amigos acarreando a colegas en estado de coma etílico, un inglés semidesnudo cantando, como el culo que mostraba al público, Stand by Me, de Oasis. Después, la marea de cristianos se fundió con la de pecadores y, por algún lugar impreciso, comenzó a amanecer.IV. Historias de amorQuerido yo del pasado: Mientras el Papa despega de Fiumicino me adentro en la línea 5 del metro, que está a la temperatura exacta para cocer langostas. Me hacen gracia esos paralelismos, ya sabes. Cada uno en su sitio, él en el avión y yo de cháchara con María, una ecuatoriana que va a trabajar a casa de una señora bien y se baja en Núñez de Balboa deseándome suerte. Y, oye, ya sabes, siempre ocurre lo que necesito. Es un don que tenemos, tal vez el único, amuleto salvador de nuestra existencia en los momentos de dolor. Como sea Dios no veas la que vamos a liar. Me dejo caer pronto por los Jardines de Sabatini cuando todavía el aire es fresco y le hago un book de fotos a una señora muy amable de Valencia (la gente te ve con la cámara y abusa), después saludo a una colega que anda por allí, como yo, a ver qué hay y en esto aparecen Paula y Santiago, dos chavales, novios, que también quieren una imagen para el recuerdo en las puertas del Palacio Real donde, con flores, han compuesto el nombre del Papa. Les advierto de que con los teléfonos soy un patán. No me creen.Y aquí es donde comienza el milagro del que te hablo. Porque ella viene, sin entrada, a acompañar a su amor a ver el concierto de Bad Bunny mientras él, en justa correspondencia, hace lo propio con ella y apoya su fidelidad a León XIV estando a su lado aunque lo de la religión no le interesa mucho. Además llegaron ayer de Tenerife, que no es cosa menor. Y entonces parte de mi mente (ya sabes) comienza a pensar en la antropología filosófica y en nuestra forma de relacionarnos con la realidad a través de símbolos, metáforas y mitos. La otra (también sabes) me dice que me calle y abrace el amor de esa pareja como lo que es, un ejemplo a seguir, una luz, un faro. ¿Te acuerdas del tío Antonio, republicano, ateo y anticlerical, que acompañaba del brazo a la tía Amparo del brazo, cada domingo, hasta la puerta de la iglesia?. Pues eso son Paula y Santiago. La nueva realidad de este país tolerante, ella nacida en Perú y él, de origen colombiano, ya nacido entre nosotros.Después de esto, pienso, ya no voy a encontrar nada más. De modo que, relajado, dejándome llevar por la cuesta abajo hacia la escalinata de la Almudena, voy a parar a las puertas del Palacio Real. Campanas, salvas, coches oficiales, monjas, curas, chavales cantando y, a mi lado, una mujer, joven, discreta. Las horas bajo el sol unen mucho, que si gracias por el abanico, que si perdona que te he pisado sin querer, me llamo Mercedes, yo Txema, encantado. Y qué pasa, pues que ella, como los de antes, tampoco está allí por una única razón. Daniel, su marido, forma parte de los coraceros del Escuadrón de Escolta Real; es decir, uno de los dos tipos que, a lomos de un maravilloso caballo de pura raza española, guarda la puerta del palacio con su inconfundible uniforme de latón brillante, guerreras azules, botones de plata, guantes y manoplas, botas altas acharoladas y casco acerado con plumas blancas de cisne. Una fantasía hispánica. De manera que allí estamos unidos por el destino. Los dos esperando ver aparecer el papamóvil y que a Daniel no le dé un desmayo, con lo que pega el sol sobre el empedrado del palacio. Y qué quieres que te diga, inocente yo del pasado, que quitando a un chapas que no paraba de decir chorradas a nuestro lado, de una buena anciana a la que hemos tenido que prestar una gorra porque ha calculado mal el tiempo de exposición solar y el cráneo le brillaba como un gusiluz, hemos echado la mañana viendo la tele en el teléfono de dos curas muy simpáticos que nos iban dando los grandes titulares de la actualidad nacional.III. Un saludo a DiosQuerido yo del pasado: Se va acercando el momento de la llegada del Papa y como te expliqué el otro día por teléfono, aunque se cortaba mucho porque las llamadas al pasado tienen poca cobertura y resultan caras, ahora estoy de fotógrafo en el ABC. Ya te puedes imaginar la movida. Que estoy cansado y todavía no he hecho nada. Así que pensé en buscar refugio en las iglesias que son lugares donde uno puede sentarse un rato a pensar en sus cosas y, la verdad, siempre nos han gustado; aunque yo tiro más hacia los cementerios porque así mi cerebro se entretiene jugueteando con la idea de la muerte. Eso ya lo sabes, vaya cruz nos ha tocado con las taras mentales. En fin, que me he metido en un templo grande, la parroquia de San José, barroca, tiene en el nicho de la fachada una imagen de la Vírgen del Carmen tallada por un escultor francés que también hizo alguna de las figuras de la Cibeles. Y donde, por cierto, ofició su primera misa Lope de Vega. Pero dentro no había nadie y me interesaba hablar hoy de la oración con algún creyente. Buscando entretenimiento me senté un rato en las escaleras a ver pasar a los guiris por la calle de Alcalá. Y llegó al poco rato Alejandro con un transistor pegado a la oreja. Es un hombre de cierta edad que vive en la calle y pide siempre dinero en esta entrada del templo. A las siete de la mañana está allí como un clavo. La cosa empieza mal para mis planes porque se queja de que no le ayuda «ni Dios». Y eso me tuerce el plan. Pero nos caemos bien y hablamos de esto y de aquello, resulta que el ABC es un periódico por el que tiene simpatía (no quiero profundizar más) y me cuenta su bajada a los infiernos de la vida a la intemperie, una dura historia de enfermedades y desencuentros familiares seguida de anécdotas de su día a día. Ayer, sin ir más lejos, tuvo una movida con uno que pedía para los sordomudos y «no era ni sordomudo ni nada». Otra cosa que te sorprenderá, pequeño ego mío del pasado, es que Alejandro se opone firmemente al comercio electrónico porque ahora el dinero es virtual, va en unas tarjetas de plástico, y se le resienten las limosnas. De modo que está cabreado y no vi modo de introducir en la charla referencias al desapego de los bienes materiales como vía de liberación. Ay, lo que nos gustaba de niños Francisco de Asís y todo aquello de la democratización del amor, la humildad y la mística de la ecología, incluyendo a los planetas, los pájaros, lobos y todo tipo de bichos y plantas.Le dejo a Alejando un dinero para que hoy coma caliente (no me riñas por contarlo, que forma parte del relato) y me meto en el Real Oratorio del Caballero de Gracia, que está un poco más arriba subiendo por la Gran Vía, en la acera donde pega la solana. Y allí hay gente dándole a la comunicación con las altas esferas de la divinidad. Incluso una señora en la tercera fila cargada de breviarios y otras lecturas. Busco cobijo en un lateral junto a un hombre de bigotito fino que mientras reza sostiene entre las manos su teléfono. Ahora todo eso ya no lleva cables y puedes estar horas y horas dándole al palique sin tener que girar los numeritos en una rueda. Parece que con el dispositivo aumentan las posibilidades de comunicar con Dios, por si anduviera un poco despistado con tanto preparativo para su visita a España. El hombre que ora con tanta devoción se llama Eduardo y es abogado. La iglesia comparte pared con los Juzgados de lo Contencioso Administrativo. Hablamos poco porque le espera un juicio (le deseo que gane) y responde a mis preguntas sobre la oración con una sencillez inesperada, perfecta: «Dios es mi amigo y, si paso por su puerta, entro y le saludo».II. Los dioses modernosQuerido yo del pasado: Según se acerca el día, de lo del Papa te hablo, las calles se van llenando de chismes tan necesarios como feos. Ya sabes, cosas de esas que nadie fotografía porque a nadie le importan, cabinas de plásticos multicolores para que los seres humanos que van a venir a Madrid hagan su necesidades (de eso antes no había), vallas y cintas que lo prohíben todo, montones de cables que unen altavoces con generadores y pantallas gigantes. Te imagino, pobre niño, sentado en mitad de la Castellana atónito entre tanto trajín y el Bernabéu de fondo, una nave intergaláctica varada en un solar, imagina una enorme patata de esas envueltas en papel de aluminio que ponemos a asar en las brasas. Sé que son demasiados estímulos para alguien tan lejano en el tiempo pero te lo he de explicar de una forma sencilla, de modo que cierra los ojos y piensa que hasta donde se pierde la vista una masa humana se acercará a escuchar a León XIV, verlo no lo van a ver mucho, pero en estos tiempos todos los eventos de las grandes estrellas o líderes del tipo que sea se han transformado en espectáculos de dimensiones colosales. Aunque hoy esto está vacío y me lo recorro bajo un sol de justicia y sin visera (te anuncio que vas a tener la misma calva que tu padre) para ir reconociendo el terreno en busca de una fotografía que me permita hablar, precisamente, de eso. Del poder de la imagen, de sus simbolismos, de la búsqueda de un mensaje.Creo que León XIV está interesado en acercarse a los que sufren el drama de la pobreza y han de huir de sus países atravesando, por ejemplo, el Mediterráneo con rumbo a Canarias en precarias embarcaciones. Miles de ellos han muerto ahogados en ese viaje. Eso te lo contaré más adelante, cuando lleguemos a las islas que, por ahora, por eso de las iconografías, me he metido en una tienda en la que venden de todo lo que te puedas imaginar que tenga que ver con la religión católica y sus prácticas. Es una especie de isla en el centro de Madrid, lugar abarrotado de estímulos para turistas, bocatas de calamares y fritangas en todas sus calidades y texturas. Justo enfrente, una tienda de recuerdos muestra bufandas de futbolistas en las que todo es raro, porque Messi ya no está en el Barcelona, ni Cristiano en el Real Madrid (no sabes quienes son, me hago cargo) junto a una camiseta conmemorativa del viaje del Papa donde sólo se alude al 7 de junio y se rodea el escudo de la ciudad con una especie de corona de laurel. Productos fabricados en vete a saber qué lugar de China (de eso tampoco tienes ni idea) para que los compre un chaval de Stuttgart que ha venido a pasar el finde con su primo. Pero volvamos a la tienda. Me presento al amable hombre que está al mando del trajín y que se llama Jesús Jiménez, me advierte con una sonrisa de las dificultades de entablar una conversación conmigo porque anda a tope que si casullas, que si albas, que si copones. La movida del Papa también arrastra a muchos sacerdotes a los que hay que equipar para las misas. Le prometo ser conciso porque básicamente lo que quiero saber de boca de un experto en el merchandising celestial es si los santos padres tienen tirón iconográfico y él me confiesa que mientras están vivos no venden mucho, que se hace mucho más negocio post mortem y, en especial, si son santificados. Aunque en el escaparate hay todo tipo de estampas, rosarios, figuras y demás detalles con la imagen de León XIV, me informa de que todo eso es más que nada por el tirón concreto de la visita y son objetos de consumo de algún turista que quiere llevarse, o llevar, un recuerdo. Los que funcionan en vida son los otros dioses, los del balón. Los del negocio de enfrente.I. Comerte al PapaQuerido yo del pasado: Te va a resultar extraño que te escriba después de tantos años pero he recibido el extraño encargo de hacer algunas cosas que nunca pudiste imaginar y de las que te iré hablando a lo largo de los próximos días. Por ahora te adelanto que todo gira en torno al Papa. Se llama León XIV y andará por España unos días. Ha llovido desde aquel Pablo VI de nuestra infancia que veíamos en la borrosa tele gris del salón. Ahora, para que te hagas una idea, hasta te lo puedes comer. He encontrado un lugar, se llama Las delicias de Laura, al otro lado del Puente de Toledo, donde lo puedes adquirir en forma de galleta. Te cuento que la composición del Papa es la siguiente: mantequilla, aceite, harina, fondant de azúcar, huevos y sal. También, por supuesto, una foto que se imprime sobre la pasta blanca en un papel que es comestible. Algo que me ha dado la idea, surrealista pero poéticamente sostenible, de que igual podríamos hacer los periódicos en un soporte similar que también pudiera ser engullido por los lectores y, si nos ponemos trascendentales, podemos anunciar que no sólo alimenta sus espíritus sino que hace algo similar con sus cuerpos. En fin, verás que con los años no he perdido la capacidad para la ensoñación que tantas collejas nos hizo recibir de pequeños. Así que voy a volver a la panadería, que Laura es una señora que me ha recibido con mucha amabilidad y me ha enseñado todo lo que tienen, desde cannoli hasta empanadas de Cedeira, también tartas y magdalenas artesanas de verdad. No veas qué pinta tiene todo. Que, aunque te parezca extraño, me ha hecho darle una vuelta a aquello del hedonismo con lo que nos daban la turra en el seminario; a ti más que para eso eres el yo del pasado, y has de cargar con los recuerdos. Ahí estaba el padre Javier, que se ponía tieso como una vara para anunciar que San Agustín se hubiera atiborrado de pasteles de por vida si no hubiera sido porque al ser un brillante intelectual halló en el camino de la introspección la vía para llegar a la espiritualidad y, finalmente, a la Gracia. MÁS INFORMACIÓN noticia No La lengua irrumpe en la visita del Papa a Barcelona: el nacionalismo critica el uso del castellano en el acto de la Sagrada Familia noticia No De encontrar al amor a sentir a Dios: el recuerdo de las visitas de otros Pontífices noticia Si Juan Armando, Magali, Rocío... la diáspora peruana que espera con orgullo a León XIV noticia Si El pintor de la cruz que presidirá la vigilia: «¿Para quién puedes pintar más importante que para él?»Y me dirá Laura qué culpa tiene ella de trabajar en la parte de los placeres sensoriales cuando también anda pendiente de las oraciones, hecho que demuestra el humilde pero surtido altar que preside el negocio, donde no faltan la Virgen de la Paloma, la de la Alegría, la del Pilar, la del Rocío y la de la Victoria (seguro que me deja fuera alguna), elenco completado por un Niño Jesús y un paño impregnado del líquido que brota de la rodilla derecha del Cristo Resucitado de Medjugorje, que es una escultura hecha de bronce, lo que añade mérito al fluido, digamos sinovial, que emana de forma constante y que ni se congela en invierno ni se evapora con los calores del verano. Elementos que prueban que Laura, además de regentar con pericia el negocio, no sólo no es ajena a los asuntos de la Fe sino que está a una gran altura en la clásica, y pertinente, máxima de rogar a Dios mientras se da con el mazo que, en este caso, con las galletas de León XIV. Me he llevado un par para probar, una de cada modelo, y te digo, querido yo del pasado, que se me hace raro morderle la cabeza al Santo Padre, como si fuera un pecado grave de esos que nos atormentaban. Me dice la mujer que también están pensando hacer comestibles a algunos futbolistas de la selección española y eso ya me parece, la verdad, más llevadero. Aunque no sé qué opinas al respecto, que ya no conoces a nadie, porque nos sacan de Iribar, Pirri, Rexach o Gárate y ya no somos nada. Polvo en el viento, como decía la canción.