‘Antigüedades’, de Cynthia Ozick: un dietario de senectud sobre la memoria y la soledad
“Me llamo Lloyd Wilkinson Petrie, y escribo hoy 30 de abril de 1949”. Arranca así esta suerte de extraño diario personal que desde la atalaya de su provecta edad desea redactar Petrie, en su studiolo de Nueva Inglaterra en el viejo internado de Temple House en el que estuvo de joven recluido, ahora decrépito como él, para confesar su propensión a la soledad, retratar, como recuerda que hizo James Boswell con su compañero Samuel Johnson, la figura de su estrafalario amigo Ben-Zion Elefantin —cuya legendaria historia ha querido injerir en el diario a modo de manuscrito hallado—, y dibujar el recuerdo de su ambiguo padre y su enigmática colección de antigüedades. Y todo ello desde la premura de tener que admitir que la memoria siempre es traicionera, y de ahí se sigue que sus memorias pertenecen por defecto a la imaginación.

Antigüedades
Cynthia Ozick Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino Alpha Decay, 2026 112 páginas. 17,90 euros
© Kathy Willens (AP / LAPRESSE) (EL PAÍS)