Una isla deshabitada y una península con playas de una belleza excepcional. Un terreno paradisíaco y poco explotado. Facilidades de las autoridades locales e inversores multimillonarios. En el papel, la estrategia de Jared Kushner, el esposo de Ivanka Trump, de impulsar dos exclusivos destinos de lujo en las costas de Albania parecía una jugada maestra. Miles de albaneses, sin embargo, tenían otros planes.
La última obsesión de Ivanka Trump y Jared Kushner fue durante décadas el secreto mejor guardado de Albania. Sazan, la isla más grande del pequeño país balcánico, es una joya oculta en la frontera entre el mar Jónico y el Adriático, donde las aguas cristalinas color turquesa y los bosques de pinos interminables camuflan un pueblo fantasma y antiguos búnkeres de la época comunista. Desde hace más de cinco años, la hija y el yerno del presidente de Estados Unidos impulsan un megaproyecto para transformarla en un lujoso y exclusivo destino turístico, que el Gobierno albanés espera que se traduzca en una inversión de 1.200 millones de euros para su economía, una de las más pobres de Europa. Miles de albaneses han abrazado la llamada revolución de los flamencos y se han volcado en protestas masivas todos los días durante las últimas dos semanas para impedirlo y exigir la dimisión del primer ministro, el socialista Edi Rama.