Reading view

Dr. Ricardo Ruiz: «Los adolescentes y jóvenes están dejando de usar fotoprotección»

1. Hoy, 13 de junio, es el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel. ¿Cuánto daño hacen afirmaciones de famosos de que hay que tomar el sol poco a poco y sin usar protección solar?

Soy consciente de que el rigor científico pierde ante una historia bien contada, especialmente si la historia la cuenta una persona famosa, pero este tipo de afirmaciones hacen mucho daño, porque transmiten un mensaje aparentemente «natural» pero médicamente equivocado. La piel no necesita quemarse ni «entrenarse» para estar sana. El llamado «callo solar» no existe desde el punto de vista médico. Ponerse moreno es una respuesta defensiva de la piel ante una agresión, la llamada «melanogénesis». El sol tiene beneficios, por supuesto, pero la radiación ultravioleta es el principal factor ambiental relacionado con el envejecimiento cutáneo y con muchos cánceres de piel. Por eso, cuando una persona con influencia pública banaliza la protección solar, el mensaje puede tener consecuencias reales, sobre todo en adolescentes y jóvenes. El problema no es tomar el sol; el problema es la quemadura solar.

2. ¿A qué atribuye estos bulos?

A una mezcla de desinformación e idealización de lo «natural». Existe una tendencia peligrosa a pensar que todo lo natural es bueno y lo médico o preventivo es sospechoso. Y no es así. El arsénico o la cicuta también son naturales. También influye que las redes sociales premian los mensajes contundentes, emocionales y simples, aunque sean falsos. Decir «no uses crema solar porque bloquea la vitamina D» genera atención, pero desde el punto de vista médico es una simplificación peligrosa. La evidencia científica indica que el uso correcto de fotoprotección ayuda a reducir el daño cutáneo y el riesgo de cáncer de piel.

3. ¿Nota que los adolescentes y jóvenes están dejando de usar protección solar?

Sí, y me preocupa. Muchos jóvenes están muy concienciados con el cuidado de la piel, pero algunos siguen asociando el bronceado con belleza, salud o éxito social. En consulta vemos que muchos adolescentes usan cosméticos sofisticados e incluso se interesan por procedimientos estéticos para «embellecerse», pero se olvidan de protegerse del sol. La mejor crema antiedad sigue siendo una buena fotoprotección.

4. ¿La incidencia de cáncer de piel va en aumento?

Sí, está aumentando de forma clara. De hecho, la mitad de los españoles vamos a padecer cáncer de piel a lo largo de nuestra vida. También vemos más casos porque diagnosticamos mejor y antes, pero eso no explica todo.

5. ¿A qué se debe?

Hay un aumento real relacionado con la exposición solar acumulada, el envejecimiento de la población y hábitos de ocio al aire libre o uso de cabinas bronceadoras sin suficiente protección.

6. ¿Deberían adecuarse colegios o parques para proteger a los menores del sol?

Sin ninguna duda. La fotoprotección infantil no puede depender solo de que los padres pongan crema por la mañana. Debe ser una política de salud pública. Los colegios, guarderías y parques deberían tener más zonas de sombra a través de toldos y árboles, horarios razonables de recreo en los meses de mayor radiación y una cultura de gorra, camiseta y protección solar. Igual que nadie discute que un niño debe llevar cinturón de seguridad en el coche, tampoco deberíamos discutir que debe estar protegido del exceso de radiación ultravioleta.

7. Si pones protección solar 50 a un niño de 3 años muy blanquito a las 09:00, ¿hasta qué hora le durará como mucho?

La protección disminuye por el sudor, el roce, el agua y la arena. En un niño pequeño, especialmente si es muy blanquito y si va a estar al sol, yo aconsejaría reaplicar cada dos o tres horas y siempre después de sudar, bañarse o secarse con una toalla. Y añadiría algo importante: en niños, la crema solar no debe ser la única barrera. Es más importante usar la sombra, ropa, gorra y evitar las horas centrales del día.

8. ¿Cuáles son los peligros de que un pequeño esté tantas horas sin protección solar?

El principal peligro es la acumulación silenciosa de daño solar. La piel acumula radiación desde la infancia. Esa exposición repetida aumenta el riesgo futuro de manchas, envejecimiento prematuro, queratosis actínicas y cáncer de piel. Además, los niños pequeños tienen una piel más vulnerable y muchas veces no son conscientes de cuándo se están quemando. Pueden pasar horas al aire libre sin que nadie perciba el daño hasta que aparece el enrojecimiento por la tarde. Por eso la fotoprotección infantil no es una cuestión estética; es prevención oncológica.

9. Quemarse a esta edad, ¿en cuánto incrementa el riesgo de cáncer de piel?

Las quemaduras solares en la infancia son especialmente relevantes porque dejan una huella biológica a largo plazo. No es que una quemadura concreta garantice un cáncer de piel, pero sí aumenta el riesgo futuro, especialmente de melanoma. Por eso los dermatólogos somos tan insistentes: evitar quemaduras en niños es una de las mejores inversiones en salud cutánea futura. En términos prácticos, una quemadura solar en un niño nos preocupa más que en un adulto porque añade daño desde muy temprano.

10. ¿Se deberían hacer «mapeos» de lunares cada año en adultos con muchos lunares?

El mapeo corporal digital y la dermatoscopia nos permiten detectar cambios sutiles antes de que sean visibles a simple vista. Ahora en nuestras consultas usamos la inteligencia artificial para detectar cambios precoces y a comparar imágenes de cada paciente. No se trata de extirpar todos los lunares, sino de vigilar los que cambian o tienen criterios sospechosos.

© LA RAZÓN

Dr. Ricardo Ruiz
  •  

Día Mundial de Prevención del Cáncer de Piel: «Tengo un agujero elegante más grande que el de una pelota de tenis por el melanoma»

Cada vez que escucha al futbolista Marcos Llorente negar la relación directa entre la exposición solar y el cáncer de piel, Marta Gama no se enfada. Le duele.

«Siento dolor y pena cuando le escucho porque hay gente joven que le va a hacer caso a él o a cualquier otra persona influyente. En el pueblo y cada vez que voy de campamento aviso a los chavales lo importante que es ponerse protección solar» y todas estas recomendaciones se caen «cuando una persona referente para muchos jóvenes dice esas barbaridades como lo de que el cuerpo hace callo. Por mucho que entrenes el cuerpo no te salvas del cáncer, o ¿con el tabaco fortaleces los pulmones mientras más fumes? Me quedo anonadada».

«Me gustaría hablar con él y que me dijera a mí con cáncer de piel a los 29 años lo mismo o a un padre que ha perdido a un hijo. El melanoma es un cáncer de piel que mata, yo soy de las afortunadas», incide esta paciente de Aguilar de Campoo y miembro de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Sabe bien de lo que habla. A Marta le detectaron cáncer de piel en mayo de 2015. Tenía una verruga en la cara interna del muslo de la pierna derecha. Reconoce que nunca le gustó tumbarse a «tomar el sol, pero tampoco me echaba protección solar y trabaja en verano de campamentos, de modo que me exponía al sol sin protección».

Como la verruga le molestaba mucho al nadar, pidió cita con su médico de familia que le recetó una crema y le dijo que volviera en 15 días, tras lo cual le derivó a la dermatóloga para que se la quitase. No era lo que se esperaban, había cambiado mucho, de modo que llevaron la muestra a analizar a anatomía patológica. «Era melanoma, había que volver a operar porque había que ampliar márgenes y ver el estado del ganglio centinela», recuerda.

En junio la vuelven a operar. Esta vez en Brugos. A las tres semanas le indican que tienen que operarla «una tercera vez porque el ganglio centinela ha dado mal y los márgenes también tienen malignidad. Entonces ya me asusto, mucho más todavía de lo que estaba. Esta vez ya me quitaron todos los ganglios de la ingle de la pierna derecha y me hacen una ampliación mucho más bestia. Me quitan gran cantidad de músculo, como decirte, es un agujero elegante mucho más grande que una pelota de tenis».

"He perdido mucha fuerza en la pierna. Si me agacho no soy capaz de levantarme sin ayuda"

Marta Gama, paciente con melanoma

Marta ha perdido mucha fuerza, «tanta que si me agacho no soy capaz de levantarme sin ayuda».

La linfadenectomía a la que le someten arroja que dos de todos los ganglios tenían malignidad por lo que es derivada a oncología donde empieza el tratamiento de quimioterapia, un tratamiento a diario durante un mes.

El problema en su caso es que, además, tiene que acudir a Palencia. Es decir, «hacerme todos los días 200 kilómetros. Me ofrecieron opción de ambulancia, pero lo rechacé porque suponía a la vuelta llegar tarde». En cuanto a la opción de quedarse in situ, Marta no podía, «necesitaba volver porque mi madre tiene esclerosis múltiple», así que pidió a familiares y amigos que la llevaran y 6 personas se prestaron a ello, entre ellos su mejor amigo, hoy marido. Unas idas y venidas que sumadas a los 10 años de tratamientos habrán supuesto «unos 16.000 km y unas 4.120 horas de trayectos», estima.

Lo recuerda como algo duro. No tenía muchas secuelas, pero «estaba agotada, muchísimo. Me costaba andar, respirar, solo dormía y tomaba yogures y porque me obligaba mi madre porque de ser por mí no me los habría comido. Hoy te diré que me cuesta tomarlos».

Tras ese mes, yendo y viniendo, Marta comenzó con una quimioterapia en menor dosis en casa durante otros 11 meses. Durante ese año, le hicieron un PET en Salamanca para comprobar que el cáncer no se hubiera extendido.

Tras ver cómo daban el alta a 6-7 personas, a Marta la llamaron. «Me dijeron que se había iluminado una zona que es zona ovario derecho y que parecía que el cáncer se había extendido. Me preguntaron por la regla y fue cuando les dije que estaba ovulando y me dijeron que entonces podía ser por eso». Marta recuerda que ahí su pareja sí que se enfadó y le dijo al sanitario que «lo que me había hecho a mí no se lo podía hacer a otra persona».

En febrero le ven un bulto y deciden quitárselo en Burgos. Allí le vuelven a decir «que el cáncer se ha reproducido y que si está ahí no tardará el llegar a los pulmones y al cerebro. Vuelvo a hacerme pruebas y finalmente no era otro melanoma, sino un tejido cicatrizal que daba muy mala pinta a la vista. Durante una semana estuvimos pensando todos que me moría... Dos veces me han hecho la cruz, esta vez creo que porque presioné mucho en saber qué podía ser. No culpo a los médicos, me han salvado la vida, pero a veces sería necesario que fueran un poco más empáticos», recomienda.

© La Razón

Marta Gama
  •  
❌