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Caballos, drones y blindados: la nueva vida de la Caballería

Un vistazo rápido al BOE basta para darse cuenta de que la Caballería continúa en activo dentro de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de España. Esta rama del servicio de las Fuerzas Armadas es milenaria y ha actuado a las órdenes de los distintos gobiernos que han regido el destino del país por siglos. Uno pudiera pensar que, en la moderna actualidad, donde el panorama internacional está dominado por los drones, electrónica de última generación y tecnología informática, esta arma ya no tiene mucho que hacer.

Sin embargo, de lo que ha dado muestras siempre la Caballería es de una ferviente resiliencia para adaptarse y sobrevivir al devenir de los tiempos, sean cuales sean. Hoy, los hombres y mujeres que forman parte de esta arma son muchos menos que hace medio siglo, pero siguen trabajando con ahínco con nuevos desafíos y retos que afrontar.

Falta de presupuesto

Ahora bien, y pese a todo, el sistema que hoy está en vigor respecto a esta fuerza de movilidad táctica se encuentra en una evidente decadencia por falta de presupuesto y de interés por parte de las autoridades.

En la actualidad, las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad de España conservan dentro de su organigrama hasta ocho unidades de este tipo, aunque entre ellas hay diversas diferencias por su composición y función.

Si uno se adentra en la web oficial del Ejército podrá descubrir breves apuntes de la historia de cada una de las formaciones que aún hoy sobreviven.

Entre ellas se encuentran el Grupo de Caballería de Reconocimiento Reyes Católicos II perteneciente a la Legión Española, los regimientos Farnesio n.º 12, España n.º 11, Pavía n.º 4, Lusitania n.º 8, Montesa n.º 3 y Alcántara n.º 10. Queda aparte el EER (Escuadrón de Escolta Real) integrado en la Guardia Real de Sus Majestades los Reyes.

Decadencia

La información, si alguien la consulta, está publicada en forma de tabla, pero contiene dos errores que bien valen para remarcar el estado de decadencia en la que se encuentran las unidades creadas con base en la Academia de Caballería de Valladolid. Por una falta de actualización, se mantienen como formaciones el Regimiento Numancia n.º 9 y la Brigada de Caballería Castillejos II.

La primera sale con un indicativo rojo, puesto que se disolvió en el año 2010, pero se conserva en la entrada. Por otro lado, la brigada se disolvió siete años después, en 2017. En un periodo de dieciséis años hasta dos destacamentos han sido suprimidos del organigrama del Ejército. Lo que da que pensar en la posibilidad de que en un futuro no muy lejano haya más recortes en este sentido.

No se puede ignorar que la situación del arma es crítica, a pesar del esfuerzo de sus integrantes. Los fondos destinados a ella apenas la permiten mantenerse en activo.

Desde hace años los sucesivos gobiernos han tenido otras prioridades como las antes mencionadas. Está claro que los miles de millones extraídos y anunciados por Pedro Sánchez en 2025 no tienen como destino el modernizar y recuperar un servicio que da la impresión de estar estancado o, más bien, de ser un complemento más al conjunto de las Fuerzas Armadas.

Conocido el panorama donde se mueven estas siete unidades (dejamos fuera el Escuadrón de Escolta Real), ¿tiene sentido su existencia o es mero simbolismo que evita su desaparición total? En febrero de este año, el autor de estas líneas publicó su tercer ensayo, bajo el título «Sables al viento. La caballería en la guerra moderna 1860-1945» (Ático de los Libros) donde se analizan los pormenores del uso de la Caballería en casi una veintena de conflictos en los que el desarrollo de la tecnología parecía limitar sus operaciones.

Drones

La conclusión es que no fue así y que las tropas montadas adoptaron para sí esa tecnología con la que poder realizar sus funciones con mejor eficacia y precisión. La Segunda Guerra Mundial es buena prueba de lo que decimos.

Hoy, el ascenso de los drones y los medios informáticos de nivel superior no impiden el uso de la Caballería, un arma que se ha modernizado con este material y otro. Y que, por supuesto, no depende de la fuerza animal para la maniobra. Aunque el caballo sigue siendo importante en las fuerzas armadas, pero esto es otra historia que ya contaremos.

Dicho esto, la existencia de las unidades de caballería no puede justificarse por mero simbolismo o tradición, deben estar justificadas con una base real de intervención. De acuerdo con los datos disponibles, la Caballería tiene hoy unas funciones idénticas a las del siglo XX, eso sí, incrementadas por esa tecnología que se ha mencionado.

Protección

Así es como estas siete unidades se encargan de la cobertura, protección, vigilancia, reconocimiento y contra reconocimiento. Lo más importante de su faceta dentro de las Fuerzas Armadas es que deben de ser en particular «aptas para actuar en forma independiente y a considerable distancia de los gruesos» y siempre «en beneficio o integrando la masa principal». Aplicadas esas misiones al campo de batalla moderno, la Caballería debe de estar equipada a la última con el material del que poseen otras ramas.

No debe hacerse ninguna excepción. Después, su espíritu tiene que ser por completo dedicado a la acción. Un antiguo reglamento decía que el anatema de la Caballería es la pasividad. Deben de ser unidades que ayuden a la masa principal a conseguir un objetivo definido ya sea golpeando al enemigo sin previo aviso, retrasándolo u ocupando una posición que facilite, asimismo, el tránsito del resto de las formaciones.

Vehículos blindados de exploración como el Centauro –equipado con cañón de 105 mm– los carros de combate Leopard, transporte mecanizado y apoyo de herramientas no tripuladas serán la base perfecta. Ante todo, deberían destacar por el vigor, la energía y la rapidez en llevar a cabo esas tareas. Si algo ha quedado demostrado en Ucrania y en Oriente Próximo es que los conflictos bélicos todavía se desarrollan como antaño gracias a una masa armada que debe ser sustentada por medios convencionales y vanguardistas. Los drones están causando la mayoría de las pérdidas, pero el territorio se captura y ocupa con infantería y medios motorizados o mecanizados.

En esa dinámica militar, la Caballería todavía tiene posibilidades al poder actuar a largas distancias en áreas donde el enemigo no se espere su intervención. Eso sí, para lograr esto, las fuerzas «montadas» deben recibir medios y recursos para poder organizar un servicio fuerte que pueda desenvolverse ante las circunstancias más adversas.

El despliegue de los blindados en escenarios internacionales (como en los ejercicios de la OTAN en Europa) evidencia que los vehículos requieren una profunda actualización tecnológica. El debate se centra en sustituir los veteranos blindados por plataformas modernas más ágiles, preferentemente configuraciones 6x6 que ronden las 26 toneladas.

En conclusión, los hombres y mujeres de la Caballería se niegan a sucumbir, y así seguirá siendo. Desde hace años, quienes optan a ser oficiales del arma deben pasar pruebas teóricas exigentes y, luego, tras cuatro años de ingeniería e instrucción suman un año más para poder especializarse.

No obstante, estos esfuerzos podrían quedar en agua de borrajas si la Caballería no obtiene una doctrina más profunda y, sobre todo, fondos con los que sostener en buen estado las unidades existentes. Incluso reforzarlas para futuras misiones. Habrá que estar atentos a cualquier novedad al respecto para ver su evolución, aunque el desinterés del Gobierno en cambiar algo es patente.

Un papel secundario, una función vital

Hoy, la Caballería que forma parte del Ejército de Tierra se encuentra equipada con vehículos blindados, carros de combate y tecnología moderna. Los regimientos han conservado su espíritu ofensivo creado por siglos de historia. Unidades como Lusitania y Alcántara poseen un largo recorrido de servicio. No obstante, su historia queda manchada por la falta de recursos para poder obtener de ellas un servicio puntero que pueda ser útil en el campo de batalla contemporáneo. En la actualidad, y pese a los anuncios que hablan de las grandes inversiones en material de defensa, la Caballería juega un papel minúsculo. Otras armas han recibido mayor interés de parte los sucesivos gobiernos y eso ha provocado que las formaciones existentes queden relegadas a una posición secundaria. Ahora bien, ese desinterés no puede evitar que se piense que la Caballería aún podría realizar una gran labor: solo necesita apoyo y material para hacerlo realidad. Sus funciones, como antaño, siguen siendo imprescindibles.

© Ejército de Tierra

Vehículo blindado Centauro, uno de los puntales de las unidades de Caballería del Ejército de Tierra
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