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Del chupa chups de Almeida al ruego de Teresa Urquijo: dos formas de aliviar la tensión

Hay personas que aprietan los puños cuando sienten miedo. Otras se muerden las uñas. Algunas no dejan de mover una pierna. José Luis Martínez-Almeida parece haber encontrado en un chupa chups la original manera de sobrellevar la tensión de una tarde de toros.

Mientras en el ruedo Víctor Hernández sufría dos violentos revolcones capaces de congelar durante unos segundos la respiración de toda la plaza, el alcalde de Madrid seguía la corrida con el palo del caramelo asomando discretamente entre los labios. Más que indiferencia, transmitía esa serenidad casi infantil que produce repetir un gesto conocido cuando alrededor todo se vuelve imprevisible.

Los psicólogos explican que los seres humanos recurrimos con frecuencia a pequeños rituales para regular la ansiedad. Hay quien necesita un bolígrafo entre las manos durante una reunión importante. Otros juegan con las llaves o consultan compulsivamente el móvil. El chupa chups de Almeida nos ofrece una opción mucho más dulce. Una forma de distraer la mente mientras la mirada permanece fija en el ruedo.

A su lado, sin embargo, la tensión hablaba un idioma completamente distinto. Teresa Urquijo prefería dejar salir sus emociones con naturalidad, en lugar de domesticarlas con el caramelo. Su rostro se fue endureciendo conforme aumentaba el peligro. Las manos terminaron juntas, casi en posición de oración, mientras seguía con la mirada cada movimiento del torero. Era el gesto universal de quien sabe que durante unos segundos todo puede cambiar.

Resultaba curioso comprobar cómo un mismo acontecimiento provocaba dos respuestas casi opuestas. Él parecía absorber el nerviosismo hacia dentro, disimulándolo bajo una aparente calma. Ella lo exteriorizaba sin reservas, permitiendo que el cuerpo expresara exactamente lo que estaba sintiendo. Dos temperamentos distintos enfrentándose al mismo miedo. Los dos compartían la misma preocupación por lo que sucedía en el albero. Las Ventas siempre ha sido un extraordinario escenario para observar el comportamiento humano. En el ruedo se lidia con el toro; en los tendidos, con las propias emociones.

© EUROPAPRESS

Del chupa chups de Almeida al gesto de preocupación de Teresa Urquijo en una tarde de tensión en Las Ventas
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Carla Bruni despide a Bernadette Chirac: del recelo entre primeras damas a una amistad nacida con los años

El funeral de Bernadette Chirac, celebrado este viernes en París, reunió a buena parte de la clase política francesa y dejó una imagen especialmente simbólica. La de Carla Bruni acompañando a Nicolas Sarkozy para rendir homenaje a quien, años atrás, recibió con cierta desconfianza su llegada al Elíseo.

La exprimera dama francesa falleció el pasado 5 de junio a los 93 años. Una semana después, familiares, amigos y representantes institucionales se congregaron para darle el último adiós. Entre ellos se encontraban su hija Claude Chirac, su yerno Frédéric Salat-Baroux, su nieto Martin y su hija adoptiva Anh Dao. Durante la ceremonia, Claude quiso recordar que su madre había vivido "unos últimos días muy felices" junto a su gran amiga Line Renaud, también presente en el funeral.

Entre los asistentes destacaban Sarkozy y Bruni. La presencia de la pareja tenía un componente personal. El expresidente reconoció que Bernadette "había significado mucho" para él. Carla le dedicó un emotivo mensaje en redes sociales en el que agradecía su amistad, sus consejos y el apoyo incondicional que siempre brindó a su marido, especialmente en los momentos más difíciles.

"No sabía estrechar las manos"

Resulta un homenaje con cierta carga irónica para quienes recuerdan los primeros años de convivencia entre ambas primeras damas. Cuando Carla llegó al Elíseo tras su matrimonio con Sarkozy en 2008, Bernadette observó con escepticismo a aquella exmodelo y cantante que representaba una Francia muy distinta de la que ella había encarnado durante más de una década. Procedente de una familia conservadora y acostumbrada a un concepto clásico de la representación institucional, nunca ocultó sus reservas ante la personalidad libre y cosmopolita de la nueva primera dama.

Una de sus observaciones más recordadas fue aquella en la que insinuó que todavía no sabía conectar con la Francia popular. Llegó a afirmar que Carla "no sabía estrechar manos", una frase que en realidad cuestionaba su capacidad para relacionarse con los ciudadanos de la misma manera que ella había hecho durante décadas recorriendo mercados, hospitales y pequeños municipios junto a Jacques Chirac.

Carla nunca respondió a aquellas críticas. Prefirió el silencio y, con el paso de los años, la distancia inicial fue transformándose en respeto mutuo. La propia cantante reconocería después la ayuda que recibió de Bernadette durante su etapa en el Elíseo y el afecto que acabó uniéndolas.

Tras la ceremonia religiosa, el matrimonio Sarkozy abandonó el templo acompañando a la princesa Lalla Meryem de Marruecos, encargada de representar al rey Mohammed VI. Fiel a la tradición de la Casa Real alauí, el monarca no asistió personalmente al funeral, como tampoco lo hizo en 2019 cuando falleció Jacques Chirac. Entonces fue el príncipe heredero Moulay El Hassan quien acudió en su nombre.

La presencia de Lalla Meryem recordaba también los estrechos vínculos que la familia mantuvo siempre con Marruecos. Chirac fue uno de los primeros dirigentes internacionales en respaldar el inicio del reinado de Mohammed VI en 1999 y eligió el país magrebí para una de sus primeras visitas oficiales como presidente de la República. Aquella relación trascendió la política y se convirtió en una amistad personal que el soberano marroquí ha vuelto a recordar.

Bernadette deja una de las trayectorias más singulares entre las primeras damas francesas. Durante más de cuarenta años acompañó la carrera política de Chirac, primero como alcalde de París, después como primer ministro y finalmente como presidente de la República. Fue muy popular y destacó por su intensa actividad benéfica, especialmente al frente de la Fundación Hospitales de París-Hospitales de Francia.

© AP

France Obit Bernadette Chirac

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France Obit Bernadette Chirac

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France Obit Bernadette Chirac

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France Obit Bernadette Chirac
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María Isabel Fraga, la primogénita fallecida en Madagascar que heredó el sentido del deber del político

Cuando Manuel Fraga murió en enero de 2012, quedó grabada la imagen del político de voz poderosa, inteligencia desbordante y biografía inabarcable. Ministro durante el franquismo, padre de la Constitución, fundador de Alianza Popular, presidente de la Xunta de Galicia durante quince años... pocas figuras han concentrado tanto poder durante tantas décadas en la historia reciente de España.

Pero en la intimidad de aquella despedida hubo una presencia mucho menos conocida, la de su hija mayor, María Isabel Fraga, Maribel para su familia y sus amigos, que llevaba años pendiente de su salud y acompañando en la última etapa de su vida a un hombre acostumbrado a mandar. Quienes conocieron aquellos últimos tiempos recuerdan que fue una de las personas que más pendiente estuvo de él hasta su fallecimiento.

Catorce años después, la historia se cierra de manera inesperada. María Isabel ha muerto a los 78 años en Madagascar mientras participaba en una misión humanitaria. Ha muerto donde había decidido estar, colaborando con personas vulnerables en uno de los países más pobres del planeta. Personas cercanas a la familia resumían estos días su vida con una frase de enorme fuerza: "Ha muerto donde quería estar, con los pobres".

Hija de un trabajador compulsivo

La primogénita de uno de los hombres más influyentes del siglo XX español eligió una existencia austera. Nació en una casa donde la política era un modo de vida. Cuando Fraga iniciaba una carrera pública que iría desde el franquismo a la Transición y a la democracia, sus hijos crecían aprendiendo que el estudio, el esfuerzo y la disciplina eran obligaciones ineludibles.

Fraga era un trabajador compulsivo, un intelectual capaz de hablar ocho idiomas, escribir decenas de libros y mantener jornadas de trabajo interminables. La exigencia fue una forma de educación para su prole.

Sin embargo, esa atmósfera no produjo una saga política. Los hijos conocieron bien el coste personal del poder y escogieron caminos muy distintos.

María Isabel fue probablemente quien más se alejó del mundo político. Estudió Medicina y desarrolló toda su carrera profesional en el ámbito sanitario. Nunca mostró interés por ocupar un cargo público ni por aprovechar el peso de un apellido que abría puertas en cualquier despacho oficial. La discreción era uno de sus rasgos de carácter.

Madagascar, su última misión

Dedicó su vida profesional a los pacientes y, ya jubilada, comenzó a intensificar un compromiso solidario que terminaría llevándola a participar en misiones humanitarias internacionales. Madagascar fue la última. Alejada del poder, ejerció una profesión asistencial.

La familia Fraga tampoco respondió nunca al modelo de dinastía política tan frecuente en otros países. Manuel Fraga y Carmen Estévez Eguiagaray formaron una familia de cinco hijos -María Isabel, Carmen, José Manuel, Ignacio y Adriana-, a la que con el tiempo se sumó Amalia, de quien el político ejerció como tutor legal y que terminó formando parte plenamente del núcleo familiar.

Solo Carmen desarrolló una trayectoria política relevante al convertirse en eurodiputada durante varios mandatos. José Manuel orientó su carrera al Derecho; Ignacio desarrolló su actividad en la empresa privada; Adriana siempre mantuvo un perfil muy reservado. Ninguno buscó prolongar la inmensa carrera política de su padre. Fraga no dejó una estirpe de herederos políticos, pero sí un legado institucional. Partido, doctrina y una enorme influencia política.

María Isabel se caracterizó por la ausencia absoluta de protagonismo. Vivía lejos de cualquier foco mediático y, salvo en acontecimientos estrictamente familiares, apenas aparecía en actos públicos. Su apellido nunca fue una herramienta de promoción personal, pero sí heredó lo mejor del padre, la idea del deber. Fraga entendía el servicio público desde la política y la hija desde la medicina y la cooperación internacional. Persona a persona, consulta a consulta y, finalmente, misión tras misión. Y terminó sus días allí donde hacía más falta una médica que una hija de ministro.

Ha fallecido a más de 8.000 kilómetros de su tierra. Si finalmente es enterrada en el panteón familiar de San Pedro de Perbes, en el municipio coruñés de Miño, regresará al lugar donde descansan las raíces familiares.

© Redes sociales

María Isabel Fraga

© La Razón

Manuel Fraga en 2003

© EFE

Alicante, 23-10-1982.- Manuel Fraga Iribarne, líder de la coalición electoral AP-PDP, se toma unos minutos de descanso en la agitada campaña electoral para tomar café, leer la prensa y hacerse limpiar los zapatos.
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