Reading view

Mbappé, a la caza de Klose: el récord mundialista que parece destinado a caer

Hay récords que parecen eternos. Durante más de una década, los 16 goles de Miroslav Klose en las fases finales de la Copa del Mundo han permanecido inalcanzables. Ni siquiera figuras de la dimensión de Lionel Messi o Cristiano Ronaldo lograron acercarse durante gran parte de sus carreras. Sin embargo, el Mundial de 2026 podría marcar el final de ese reinado. Y hay un nombre que sobresale por encima del resto: Kylian Mbappé.

El delantero francés llega a la cita de Estados Unidos, México y Canadá con 12 goles mundialistas en apenas dos ediciones disputadas. Su cifra impresiona todavía más cuando se analiza el contexto: ha necesitado únicamente 14 partidos para alcanzar ese registro, una media anotadora muy superior a la de la mayoría de los grandes goleadores de la historia. Con cuatro tantos más igualaría a Klose; con cinco se convertiría en el nuevo rey de los Mundiales.

La sensación de inevitabilidad alrededor de Mbappé no responde únicamente a los números. A sus 27 años, el francés afronta el torneo en plena madurez competitiva, liderando a una selección que parte entre las principales favoritas al título. Además, el nuevo formato de 48 selecciones amplía el número potencial de partidos para los equipos que alcancen las últimas rondas, aumentando también las oportunidades goleadoras.

El otro aspirante: Messi

En la persecución del récord aparece también Messi. El capitán argentino suma 13 goles en Mundiales y se encuentra a solo tres de igualar la marca de Klose. Matemáticamente, sus opciones son incluso más cercanas que las de Mbappé.

Sin embargo, la realidad invita a pensar que el argentino afronta una situación muy diferente. A los 39 años, el Mundial de 2026 apunta a ser la última gran cita internacional de una carrera irrepetible. Aunque Argentina vuelva a competir por el título, el margen temporal de Messi para seguir ampliando sus registros es prácticamente inexistente más allá de este torneo.

Mbappé, en cambio, podría disponer no solo de este Mundial, sino también de la posibilidad de llegar a 2030 en plenitud competitiva. Esa diferencia generacional convierte al francés en el candidato natural para derribar una marca que durante años pareció inalcanzable

Un récord que define épocas

Cuando Miroslav Klose superó los 15 goles de Ronaldo Nazário en el Mundial de Brasil 2014, pocos imaginaban que su registro pudiera verse amenazado tan pronto. El alemán construyó su récord a lo largo de cuatro ediciones mundialistas, entre 2002 y 2014, combinando regularidad, longevidad y una extraordinaria capacidad para aparecer en los momentos decisivos.

Ahora, más de diez años después, el heredero parece tener nombre y apellido. Kylian Mbappé ya protagonizó una final histórica en Catar 2022 con un hat-trick ante Argentina y ha demostrado que los grandes escenarios potencian su rendimiento en lugar de limitarlo. Si Francia alcanza las rondas finales en Norteamérica, el récord de Klose dejará de ser una referencia lejana para convertirse en un objetivo inmediato.

El Mundial de 2026 puede ser recordado por muchas razones: el estreno del formato de 48 selecciones, la despedida de varias leyendas o el posible último baile de Messi. Pero también podría quedar en la historia como el torneo en el que Mbappé completó el asalto definitivo a una de las marcas más prestigiosas del fútbol mundial. Porque algunos récords parecen eternos… hasta que aparece el futbolista adecuado para romperlos.

Ranking histórico de goleadores en los Mundiales

JugadorGoles
Miroslav Klose (Alemania)16
Ronaldo Nazário (Brasil)15
Gerd Müller (Alemania Occidental)14
Just Fontaine (Francia)13
Lionel Messi (Argentina)13
Kylian Mbappé (Francia)12
Pelé (Brasil)12
Sándor Kocsis (Hungría)11
Jürgen Klinsmann (Alemania)11
Gabriel Batistuta (Argentina)10

Curiosidades de los grandes goleadores mundialistas

La historia de los Mundiales está repleta de registros difíciles de igualar. El francés Just Fontaine mantiene desde 1958 el récord de goles en una sola edición gracias a sus 13 tantos en Suecia, una marca que ha resistido durante casi siete décadas. Miroslav Klose, por su parte, construyó su récord de 16 goles a lo largo de cuatro Mundiales, superando en Brasil 2014 los 15 que había firmado Ronaldo Nazário. El brasileño sigue siendo el máximo goleador de la historia entre los jugadores que alcanzaron la cifra en menos partidos, con 15 dianas en solo 19 encuentros. Pelé es el único integrante del top histórico que puede presumir de haber ganado tres Copas del Mundo (1958, 1962 y 1970), mientras que Lionel Messi añadió a sus 13 goles el récord de participaciones directas en tantos mundialistas entre goles y asistencias. En cuanto a Kylian Mbappé, sus 12 goles en apenas dos ediciones representan el mejor arranque goleador de cualquier futbolista en la era moderna, una cifra que lo sitúa a las puertas de convertirse en el máximo artillero de la historia de los Mundiales.

  •  

El Mundial de 2026, más allá del deporte

Un hombre pasa cerca de un mural con futbolistas brasileños en Kolkata, India.

El Mundial de 2026 se sitúa como una oportunidad para México demostrar su capacidad de organizar eventos mundiales con seguridad y garantías. De la misma manera que en clave americana, sirve como excusa para que Canadá y México tejan una alianza estratégica después de los desplantes de Donald Trump. Y es que, para Estados Unidos, el tercer organizador del Mundial, la situación se ha vuelto hostil después del veto del árbitro somalí Omar Artan, los registros a diferentes federaciones nacionales y las amenazas con vetar la participación de Irán.

Anteriormente, en 2018 la Copa del Mundo de fútbol sirvió a Rusia para aparentar normalidad. En 2022 Qatar la usó para proyectarse como un país aliado de Occidente después del apoyo a facciones islamistas en Siria e Irak.

En esta ocasión, Canadá y México están actuando como un solo bloque respecto a la coordinación de todos los evento. También coinciden a la hora de abordar los asuntos polémcos. EEUU vetó a la federación de Irán, pero México los acoge sin problema. Sobre el veto a Omar Artán, Canadá ya se ha ofrecido para que arbitre los partidos allí.

A pesar de ser una Copa del Mundo organizada a tres, parece ser que realmente son dos y otro que se ha sumado. Estados Unidos parece que está más centrado en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 2028. Los mexicanos están siendo unos grandes anfitriones, y Canadá está acogiendo todas las federaciones nacionales con esmero. No pasa lo mismo en EEUU: vetos, registros, federaciones incómodas, etcétera...

Pero esto trasciende a los organizadores, y también afecta a los participantes. La inclusión de selecciones como Irak, Irán, Senegal, Egipto, Uzbekistán, Turquía o Curazao en el Mundial 2026 desborda lo deportivo para convertirse en un acto de afirmación colectiva. En un torneo ampliado a 48 equipos, donde el mapa futbolístico se ensancha hacia África, Asia y el Caribe, estas naciones encarnan algo que ninguna potencia tradicional puede ofrecer: la emoción de existir, por una vez, en el centro de la atención mundial.

El caso más elocuente es el de Curazao, que con apenas 156.000 habitantes se convierte en la nación más pequeña en clasificarse para un Mundial en toda la historia. Que un territorio diminuto del Caribe comparta cancha con Alemania o Costa de Marfil demuestra que el fútbol sigue siendo uno de los pocos lenguajes globales donde el tamaño no condena de antemano. Algo parecido sucede con Uzbekistán, debutante absoluto: su clasificación significa que Asia Central finalmente tiene su momento en el escenario mundial. Así se da voz futbolística a toda una región históricamente periférica en el imaginario deportivo. 

En otros casos, el orgullo nace del reencuentro. Irak regresa a la cita planetaria por primera vez desde 1986, y lo hace además en medio de dificultades logísticas y políticas para viajar, lo que convierte la presencia de su selección en un símbolo de continuidad nacional frente a la adversidad. Turquía vuelve tras más de dos décadas de ausencia. Recupera así el recuerdo de su histórico tercer puesto en 2002. Egipto, con la generación de Salah, prolonga una tradición que conecta al país con el fútbol africano más reconocible. Senegal e Irán, ya habituales, consolidan un prestigio que la aleja del papel de meros comparsas.

En contextos de fragilidad institucional, conflicto o invisibilidad, el equipo nacional funciona como una representación condensada de la comunidad"

Para estos pueblos, vestir la camiseta nacional ante el mundo opera como ritual de pertenencia. La bandera, el himno y los colores adquieren una densidad emocional difícil de igualar por otras instituciones. En contextos de fragilidad institucional, conflicto o invisibilidad internacional, el equipo nacional funciona como una representación condensada de la comunidad: durante noventa minutos, la nación entera se reconoce en once jugadores. El Mundial, en este sentido, no premia solo la excelencia técnica, sino que distribuye dignidad simbólica.

La presencia de estos países recuerda que el orgullo nacional no es patrimonio exclusivo de las grandes potencias, sino una experiencia compartida que se renueva cada cuatro años allí donde una afición puede, al fin, decir "nosotros también estamos". Frente a quienes ven en la expansión una mera operación comercial, su participación recuerda la dimensión más noble del fútbol: la de ofrecer a comunidades pequeñas, golpeadas o periféricas un espacio de igualdad y dignidad compartida.

En conclusión, el Mundial deviene así un espacio de igualdad simbólica donde naciones marcadas por el conflicto, la fragilidad institucional o la invisibilidad internacional encuentran, siquiera transitoriamente, una sede de dignidad colectiva. Y es precisamente ahí, en esa capacidad de hacer existir a un pueblo ante la mirada del mundo, donde reside el orgullo nacional que estas participaciones suscitan. No en la victoria, sino en el acto mismo de estar y de ser reconocidos.


Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.

  •  
❌