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"El día de la revelación": la nueva y celestial abducción de Spielberg

A mediados de la década de los sesenta, con 17 años y la ayuda de su familia, amigos y compañeros de clase, Steven Spielberg grabó una película de dos horas y veinte minutos usando cámaras Super 8 mm que tituló "Firelight". La materialización de su obsesión por la inabarcable mecánica de las estrellas y la expansión del universo comenzaba justo ahí. Aquel primer largo trataba de un grupo de científicos que investigaba objetos voladores no identificados. Sería el primero de varios, producidos con cámaras mucho más sofisticadas: la icónica "Encuentros en la tercera fase", que le valió sus nueve primeras candidaturas al Oscar, "E.T. el extraterrestre", todo un fenómeno mundial y profundamente generacional que convirtió a su inolvidable protagonista en un imperecedero icono pop y "La guerra de los mundos", una adaptación del clásico de H.G. Wells y la más oscura de entre las películas de ciencia ficción espacial del cineasta.

Esta fijación del director por los grandes desconocidos del cosmos se remonta a su infancia y a la época en la que su padre le introdujo en el mundo de la ciencia ficción y la rigurosa ciencia de la astronomía. "Recuerdo que, un verano, mi padre me llevó a ver las Perseidas, esa lluvia de meteoritos anual, cuando vivíamos en Nueva Jersey", explicaba recientemente Spielberg en una entrevista. "De la noche a la mañana, desarrollé una inmensa curiosidad por todo lo que pasa en las estrellas, en esos planetas que orbitan en cualquiera de los innumerables sistemas solares, y me preguntaba si en alguno de ellos habría una civilización suficientemente avanzada como para cruzar el universo".

Esa inmensa curiosidad sobre las posibilidades de otros mundos propulsó su carrera cinematográfica y aunque no sea una secuela de la mencionada "Encuentros en la tercera fase", "El día de la revelación", su último y esperadísimo trabajo provoca de manera inevitable su recuerdo presentando una historia que lidia con un tema recurrente en el ámbito de los "fenómenos anómalos no identificados": las maniobras del gobierno por ocultarnos la verdad o desincentivar cualquier tipo de interés al respecto. La historia que la vertebra –protagonizada por Emily Blunt y Josh O’Connor– está ambientaba en una crisis geopolítica ficticia que corre el riesgo de convertirse en guerra mundial (qué descripción tan oportunamente familiar de repente) y atravesada por debates radicalmente contemporáneos sobre el secretismo y la transparencia, los conflictos ideológicos y la necesidad de abrir la mente para empatizar, sobre la religión y la ciencia, y el uso y abuso de la tecnología.

El aura luminosa

Spielberg ya había dramatizado los peligros y el precio de ocultar la verdad con "Los archivos del Pentágono", que narraba las dificultades de unos periodistas a principios de los años setenta para publicar los "papeles del Pentágono", un informe ocultado sobre la Guerra de Vietnam llevado a cabo por el Departamento de Estado que concluía que era imposible que Estados Unidos lograra sus objetivos en la región. La decisión de Spielberg de revisitar este asunto, en este caso en el ámbito del conocimiento militar de fenómenos anómalos no identificados, se inspiró en un destacado artículo de The New York Times publicado en 2017 y titulado "Auras luminosas y “dinero negro”: el misterioso programa sobre ovnis del Pentágono". Al parecer el informe desvelaba que el Departamento de Defensa había estado financiando un programa de inteligencia militar secreto para investigar este tipo de fenómenos e incluía un vídeo grabado por cazas de encuentros cercanos concretos con aeronaves inexplicables.

Este explosivo artículo acababa citando al antiguo director del programa afirmando que dichas pruebas "no es algo que ningún gobierno o institución deba clasificar para mantenerlo en secreto de cara a la gente". "Cuando la historia vio la luz captó la atención de mucha gente que nunca había creído en los ovnis anteriormente, y de muchísimos de nosotros que siempre habíamos pensado que pasaba mucho más de lo que nos han contado. Creo que las preguntas de la gente sobre lo que está pasando –en el cielo, en nuestro mundo, en la propia realidad– han alcanzado un punto crítico de total fascinación. ¿Estamos solos o no? Y, si el gobierno lo sabe, ¿por qué no nos lo ha contado? Eso es lo que me hizo preguntarme si tal vez era el momento de crear otra historia en mi canon de relatos de extraterrestres", señalaba el propio Spielberg.

En esta nueva propuesta de un genio apasionado de 79 años que sigue conservando intacta la curiosidad de cuando niño, hay espacio para la observación con vocación humanista, invitación a la aceptación de los otros y exploración tiernísima y empática de lo desconocido al estilo del "Frankenstein" de Guillermo del Toro. En mitad de una época embriagada de relato, colonizada por la fabricación de pseudoverdades, Spielberg nos plantea algo interesantísimo: qué hacemos con una verdad que trasciende nuestra comprensión del universo de un modo que desafía las creencias que dan significado a nuestra vida. Compartirla, claro.

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