’Bamcare scams boomed under Biden, putrid pols normalize violence and other commentary




Editorial: Whoever is prime minister in the coming weeks has an important spending decision to make – one that will have a bearing on national security

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Más allá de las reconvenciones morales y las formulaciones efectistas del discurso de Su Santidad en Gran Canaria, el fundamento de su línea argumental supone un llamamiento al deber compartido entre los principales protagonistas del fenómeno migratorio. Ciertamente, desde la concepción de la responsabilidad en la doctrina católica, no todos los actores pueden ser examinados en un plano de igualdad, pero sí cabe reclamarles, como ha hecho León XIV, que pongan de su parte en la tarea. Así, concierne a los gobiernos de los países que generan los flujos migratorios establecer unas políticas sociales y económicas, de Justicia, que permitan el desarrollo de sus poblaciones, abusadas generalmente por oligarquías corruptas, cuando no, violentadas por grupos armados. Corresponde a los países de tránsito no dejar a los inmigrantes en manos de las redes criminales de tráfico de personas, y, también, corresponde a quienes aspiran a una vida mejor y, para ello, se ven forzados a abandonar sus hogares, precaverse ante los cantos de sirena de las mafias, «industrias de muerte», en expresión certera del Papa, que prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Pero, desde ese concepto de la gradación moral al que acabamos de referirnos, recae la mayor responsabilidad en los países occidentales de destino, ricos, con instituciones fuertes y estados democráticos consolidados, que no pueden resignarse a gestionar los flujos migratorios como si sus protagonistas no fueran más que números en una ecuación, a la postre, fundamentalmente política. León XIV, cabeza visible de una Iglesia con vocación universal, conoce las causas y orígenes de los problemas migratorios, las consecuencias de la falta de compromiso real de las élites gobernantes en la difícil tarea de integrar a los recién llegados, con las consecuencias de que las cargas finales recaen sobre las capas de población local menos favorecidas, que son las que compiten por unos servicios sociales cada vez más escasos y exigidos. Comenzando por unas políticas demenciales, que convierten la idea de una emigración por medios legales en una quimera, y que son el principal sustento de las mafias, para acabar denunciando el oportunismo y la demagogia de quienes proclaman solidaridades, pero, luego, convierten el proceso de acogida en algo secundario, tarea la mayor parte de las veces dejada en manos de voluntarios, como son, entre otras, las organizaciones caritativas y humanitarias de la Iglesia católica. Su Santidad llamó a la reflexión sobre qué mundo estamos construyendo cuando tantos millones de seres humanos se ven impelidos a dejar sus familias, sus hogares y su patria para buscar una vida digna y qué se puede hacer frente a esta realidad. La respuesta escapa a una sola comunidad por muy fuerte que sea, pues es una labor que compete al concierto de las naciones, por lo tanto, siempre inacabada.


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