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"Iván & Hadoum": la fusión y lucha entre el amor y el ascenso económico

Entre los mil rostros que la provincia de Almería ofrece a sus oriundos y visitantes, hay uno que no pasará por el filtro turístico pero sí por el fílmico, pues en un invernadero de Níjar se desarrolla la historia de amor de “Iván & Hadoum”. Es la ópera prima de Ian de la Rosa, y en el Festival de Berlín obtuvo el “Teddy Award”, distinción que premia el cine LGBT, mientras que en Málaga se alzó con la Biznaga de Plata (Premio Especial del Jurado) y la estatuilla al Mejor guion, escrito también por el realizador. Y aunque su producción haya cosechado éxitos, él pone en duda las oportunidades que se ofrecen a los novatos de la profesión. “El cine nace de una persona que tenía el suficiente dinero para probar cositas en su casa en vez de ir a la fábrica, por lo que es normal que la industria sea elitista, pero necesitamos que existan, por ejemplo, escuelas formativas públicas para así allanar el camino”, explica.

Justamente las oportunidades laborales tiene gran importancia en la trama de su creación. Iván es un chico trans y Hadoum una joven con orígenes magrebíes, y son compañeros de trabajo en el invernadero. Entre ellos surge una conexión que puede verse amenazada ante el posible ascenso laboral que el jefe tiene pensado para Iván, lo que le permitiría a él y su familia comprar una casa más espaciosa. No obstante, Hadoum, como envasadora, sufre de la precariedad de su puesto. Quiénes dan vida a estos personajes son Silver Chicón y Herminia Loh respectivamente, ambos intérpretes nóveles. “No sé si esto ha aportado realismo, pero sí naturalidad, pues el equipo ha conseguido un producto más bruto, sin vicios típicos de la experiencia. Hemos sido bloques de piedra que poco a poco se han ido tallando”, comenta ella sobre su condición de primeriza ante las cámaras, secundada también por su compañero.

Si bien resaltan que sus vivencias personales difieren de las presentadas en la pantalla, los dos actores comparten aspectos en común con sus roles: Silver Chicón es también trans, y Herminia Loh nació en Marruecos. Aunque reconocen sentirse cómodos dando vida a individuos que han podido vivir realidades semejantes a las suyas, hablan también de “miedo al encasillamiento”. “Los historias con actores marroquíes suelen versar sobre una joven que su familia no le permite quitarse el velo o amores mixtos, como la serie de “El príncipe”, y sí me veo capaz de hacer otros papeles”, aclara ella. “Sí que existe el pensamiento de que sólo me van a ofrecer papeles en los que haga de trans. Lo acepto, pero también puedo hacer simplemente de un tío, como haría cualquier otro hombre”, añade él.

Poniendo nuevamente la mirada sobre el realizador, él también abraza en su carrera aquellas realidades que le son próximas en su día a día, pues es un hombre trans. “El audiovisual es un reflejo de la vida, y creo que tiene una responsabilidad social como espejo que es. Es innato a la creación que un artista deposite su vida sobre su obra, por lo que seguiré reflejando lo que viva en mis próximas películas”, expresa De la Rosa. En su primer cortometraje, “Víctor XX”, de 2015, ya trató una relación donde la transexualidad y los orígenes árabes confluían en una pareja. Sin embargo, no ve su cinta como una prolongación de ese proyecto. “Sirvió de inspiración, y le agradezco que fuera mi primer paso, pero no es una segunda parte”, comenta.

El pacto capitalista y de clase

En su filme, más allá de tratar cómo la transfobia y el racismo pueden unir a seres aunque su entorno no lo avale, también se pone de relieve la clase social y su poder para disipar la discriminación, reflejado en el trato cordial que Iván recibe de su jefe al saber que es fiel a su empresa, así como en la posibilidad de tener un cargo más alto que le ofrece. “A pesar de ser trans, no deja de ser hombre, lo que le proporciona más facilidad para ascender frente a sus compañeras mujeres”, explica el actor que le da vida. “Por encima de todo, está el pacto capitalista y de clase. Iván es reconocido como hombre por todo su entorno porque también ejerce el papel de proveedor que ha de asegurar un futuro mejor a su familia”, apunta el director. Justamente tener esa función en su hogar es el que se pone en medio de su relación con Hadoum, cuyas condiciones laborales distan de ser las óptimas.

En ese tablero donde identidad y estabilidad económica se ven enfrentados se mueve toda la obra. Y sin olvidar la pasión, pues contiene escenas de sexo y desnudos integrales no muchas veces vistos en películas con personajes trans. “Quería retratar a los personajes en todas sus facetas, y una de ellas es el sexo, y así poder mostrar unos cuerpos que normalmente no se representan siendo deseados”, explica De la Rosa. Así, hecho con delicadeza y respeto, transita, cinematográficamente, este historia de amor “industrial”.

© Lluís Tudela

Silver Chicón y Herminia Loh
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«Todos los colores»: el realismo y la esperanza que la discapacidad puede ofrecer en el cine

Mafalda Carbonell asiste a esta entrevista con hambre y pocas horas de sueño. Antes de ponerse frente al foco para responder a las preguntas de los medios, ha tenido un examen. Es estudiante de primer año del bachillerato artístico, y le tocaba hacer un monólogo de “Romeo y Julieta” que alega que le ha salido “terrible”. “A mí las películas muy bien, pero ponme delante de tres profesoras para evaluarme, que me quedo mirando a la pared y a leer el papel”, explica.

A pesar de este nerviosismo académico, ella lleva demostrando desde 2019, año en el que tuvo su primer papel en “Vivir dos veces”, de María Ripoll, su valía actoral. Ahora participa en “Todos los colores”, la ópera prima de la aún veinteañera Beatriz de Silva. “Con ninguna edad es fácil convertirte en directora, así que muy agradecida, como diría Lina Morgan”, nos comenta ella. También haciendo las suyas de guionista, cuenta la historia de Belén, interpretada con Carbonell, una adolescente que está viviendo su último año de instituto con la intensidad propia de su edad: primeros amores, botellones, planificación del viaje de fin de curso y riñas maternales. Sin embargo, hay un rasgo que la diferencia: va en silla de ruedas. “El cine con personas con discapacidad peca de infantilización o, por el contrario, mostrarlos como superhéroes, lo que crea una presión injusta sobre ellos”, aporta la cineasta.

“A las personas con discapacidad no se les da las mismas oportunidades, por lo que veo correcto que cojamos estos papeles”, responde Carbonell, pues aunque no está impedida de piernas, sufre artrogriposis múltiple congénita, enfermedad por la que ha pasado en numerosas ocasiones por el quirófano. “Hay que apartar la mirada de pena sobre la discapacidad, pues esas personas pueden llevar una vida normal, como le pasa a mi personaje”, explica la joven. “No existen las personas con discapacidad, sino un mundo discapacitado, pues si no hubiesen barreras ni psicológicas ni arquitectónicas tendríamos acceso a todo”, subraya a su lado Eva Moral, triatleta paralímpica que quedó parapléjica tras un accidente ciclista. Ella participa en el trabajo como Laura, la compañera deportiva de Belén tras ser ésta obligada para pasar de curso a apuntarse a un club de atletismo, donde encontrará inesperadamente una nueva pasión. “En todo momento tuvimos claro que las actrices tenían que tener algún grado de discapacidad física para que pudieran entender lo que representaban”, puntualiza la directora.

El sexo entre personas con discapacidad

Más allá de la trama deportiva, que en una primera versión del guion no estaba incluido, pero a raíz del encuentro de la realizadora con la deportista Carmen Giménez decidió añadirlo, la cinta trata otros temas que convergen con la discapacidad, como el amor. Este punto es el que más llamó la atención de Sílvia Abril, la cual se transforma en la madre de Belén. “En mi entorno hay personas con discapacidad, pero hablar del sexo abiertamente ha sido muy novedoso”, estipula la catalana, cuyo papel también arroja otro gran conflicto del filme: la sobreprotección paternal. De Silva apunta a que ésta se da en la actualidad entre todos los padres, independiente de si sus hijos necesitan unos cuidados especiales o no, y quería representar “una metáfora de cómo la gente de a pie trata, por lo general, a las personas con discapacidad”.

“No existen las personas con discapacidad, sino un mundo discapacitado"

Eva Moral

“Cuando estuve ingresada en el hospital tras mi caída, mi padre me abría hasta las botellas de agua. Ahora que soy madre lo entiendo, pero hay que dejar soltar”, comenta Moral. Abril, progenitora de una adolescente fuera de cámaras, compara la situación con los tiempos en los que le tocó a ella ser la pequeña. “Es inherente a la condición de padre querer defender a los hijos, pero quizá ahora nos estamos pasando de la raya. ¿Cuántos se levantan a las 5 de la mañana ahora para ir a la salida de la discoteca con el coche?”, reflexiona la actriz.

A través de este tono cómico pero cargado de denuncia, se mueve esta obra. “El realismo y la esperanza no tienen que ir separados, la gente con discapacidad vive realidades normales”, alega la cineasta sobre si las películas sobre minorías deberían presentar escenarios más veraces o, por el contrario, luminosos. Por tanto, que los espectadores vean “todos los colores” de las vidas de millones de ciudadanos en nuestro país. “El cine y la comedia son herramientas que deben remar hacia un mundo mejor”, sentencia Abril. Preparados, listos, ¡ya!

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