Por qué medir el cortisol no siempre explica el estrés de un perro
Cualquiera que conviva con un perro y tenga que dejarlo solo en casa alguna vez se ha hecho la misma pregunta: ¿estará bien o lo estará pasando mal? A veces basta con escuchar ladridos al salir, encontrar la puerta arañada al volver o notar que el animal tarda demasiado en calmarse para sospechar que algo no va bien.
En los últimos años, esa preocupación ha llevado a muchas personas a buscar respuestas en pruebas como la medición del cortisol, una hormona asociada al estrés. Pero los especialistas recuerdan que el bienestar de un perro no puede reducirse a un único dato.
Carlos Míllara, educador canino especialista en ansiedad por separación, advierte de que esta simplificación es especialmente delicada cuando se intenta valorar si un perro sufre al quedarse solo. Según explica, "el bienestar de un perro es mucho más complejo que un número en una analítica".
Esto le hace el cortisol a tu perro
El cortisol es una hormona implicada en la respuesta del organismo ante situaciones que requieren adaptación o energía extra. Forma parte del eje HPA, un sistema que ayuda al cuerpo a responder a cambios y retos cotidianos. Sin embargo, el problema aparece cuando se interpreta de forma automática que un nivel alto equivale a malestar y un nivel bajo a bienestar.
Míllara recuerda que simplificar el bienestar el perro en "cortisol alto =
fatal y cortisol bajo = bien" no es adecuado. De hecho, recuerda que el cortisol puede aumentar también en situaciones positivas, como el juego, la comida, el aprendizaje o la interacción social.
Del mismo modo, un valor bajo no siempre indica calma: en contextos de estrés crónico, puede reflejar que el sistema de respuesta está agotado y ya no reacciona de forma adecuada.
Un solo dato de cortisol, sin contexto, no te dice si tu perro tiene una buena vida ni si lo pasa mal cuando se queda solo
Por eso, dos perros con un nivel similar de cortisol pueden estar viviendo experiencias emocionales muy distintas. "Un solo dato de cortisol, sin contexto, no te dice si tu perro tiene una buena vida ni si lo pasa mal cuando se queda solo", señala el educador canino.
Según Míllara, la evaluación del bienestar animal exige observar varios sistemas al mismo tiempo, como la frecuencia cardiaca, la variabilidad de la frecuencia cardiaca, otras hormonas como la oxitocina o la melatonina, determinados indicadores inmunológicos o incluso cambios en la temperatura corporal.
"Si miramos solo el cortisol y lo interpretas de forma sencilla es muy probable que nos equivoquemos", asegura. Esta idea resulta especialmente relevante en los casos de ansiedad por separación, donde la observación de la conducta cotidiana suele ofrecer información más útil que una prueba aislada.
Para saber si un perro sufre cuando se queda solo, el foco debe ponerse en lo que hace antes, durante y después de la ausencia de sus tutores. Ladridos, aullidos, rascado de puertas o ventanas, jadeo, salivación, movimientos repetitivos, inmovilidad o una mirada fija pueden ser señales de malestar.
También importa cómo se recupera cuando la persona vuelve a casa: si tarda mucho en calmarse o recibe al tutor como si saliera de una situación de pánico, puede haber un problema de fondo.
Los cambios en su rutina habitual también deben tenerse en cuenta. Comer menos o con ansiedad, dormir peor, despertarse ante cualquier ruido, mostrarse más irritable o, por el contrario, más apagado durante el resto del día pueden indicar que el animal está teniendo dificultades para gestionar la soledad.
Míllara insiste en que estos comportamientos son indicadores de experiencia emocional y que deben situarse en el centro de cualquier valoración sobre bienestar canino. Un análisis de cortisol puede tener utilidad en investigación o en casos clínicos concretos, pero no debería presentarse como una prueba imprescindible para determinar si un perro tiene ansiedad por separación.
