El responsable del área de cine, Guillermo Farré, abandona la empresa. Su salida se une a la de Fran Araújo, productor ejecutivo de todos los éxitos de la empresa y de la de Jorge Pezzi, sustituto de Corral
Los Javis sacuden Cannes con 'La bola negra', su ambiciosa y emocionante carta de amor a Lorca
Guillermo Farré, responsable del área de cine original y cine español de Movistar Plus, abandona la compañía, tal como ha adelantado Kinótico y confirmado Movistar a elDiario.es. Desde la empresa explican que Farré se va porque tiene un nuevo proyecto, sin dar más datos. Su salida es un nuevo terremoto en el área de ficción de Movistar, que en el último mes ha visto como también abandonaba Fran Araújo, productor ejecutivo y uno de los grandes responsables junto a Domingo Corral del auge del departamento de ficción original, y de cine en concreto.
La salida de Araújo se produjo en pleno Festival de Cannes, donde dos de los filmes que llevaban su firma fueron presentados en la Sección Oficial. Araújo, que estuvo en la premiere de El ser querido no se sentó con el equipo de la compañía en la premiére, y no se le vio en la presentación de La bola negrauna semana después. El filme de los Javis acabaría ganando el Premio a la Mejor dirección.
La salida de Farré llega un mes después, y supone la desaparición de casi todos los miembros del equipo creado por Domingo Corral, que fue cesado como director de Ficción y Entretenimiento hace un año. Una salida que fue muy criticada en el sector y que incluso provocó una carta en donde más de 150 profesionales de la industria, entre ellos nombres como Bardem, Almodóvar, Penélope Cruz o Sorogoyen apoyaban y alababan la labor realizada por Domingo Corral.
Corral, Araújo y Farré fueron el triunvirato que llevó a las películas de la casa a lograr el prestigio y el nombre necesario para estar en la Sección Oficial de Cannes. Ofrecieron un lugar a los directores más prestigiosos del cine español para desarrollar sus obras con presupuestos holgados. El resultado se condensó en éxitos como Los domingos o Sirat, filme de Oliver Laxe que logró el Premio de Jurado en Cannes y optó a los Oscar como Mejor película internacional y en la de Mejor sonido.
Tras la salida de Domingo Corral, Movistar Plus eligió a Jorge Pezzi como sustituto. Pezzi manifestó abiertamente su intención de continuar la labor de Corral y su misma línea editorial, apostando por nombres respetados. También en pleno Festival de Cannes, Pezzi anunciaba que dejaba su cargo, que fue asumido por Juan Andrés García Ropero, conocido como ‘Bropi’. Pocos días antes la compañía cesaba como CEO a Daniel Domenjó, que entró en Movistar en Marzo de 2025. Su cargo fue tomado por Alfonso Gómez Palacio.
El mismo día que se ha conocido la salida de Farré, la productora de los Javis, Suma Content, anunciaba que fichaba a Pezzi como CEO. No ha sido el único fichaje de Suma entre los antiguos trabajadores de Movistar Plus, ya que en el mismo comunicado, la productora anunciaba a Cristina Ramos como Directora Ejecutiva de Contenidos. Ramos formó parte del equipo de contenidos que puso en marcha toda la estrategia de producción original, estuvo al frente del marketing de todas las series y películas producidas por la plataforma y fue despedida el pasado enero en una decisión que afectó mucho entre el departamento de ficción.
Tras la presentación de El ser querido y La bola negra en Cannes, solo quedan dos películas anunciadas por estrenar. La primera, Cinco minutos más, dirigida por Javier Ruiz Caldera y con guion de Berto Romero, ya está rodada y se espera estrenar de aquí a final de año. La segunda, el debut en la dirección de largometrajes de Ana Rujas se anunció en enero de 2024, pero no se ha rodado todavía ni tiene fecha de comienzo de producción.
En la época de Domingo Corral se realizaba un acto donde se contaba a la prensa las nuevas películas, pero desde enero de 2025, cuando se anunció La bola negra, no se ha vuelto a anunciar ningún proyecto cinematográfico.
El autor de obras como 'Vivir abajo' o 'Minimosca' ha publicado 'Madame Vargas Llosa', donde un personaje homenajea con humor y originalidad al escritor peruano
Patrick Modiano después del Premio Nobel: un escritor fiel a sí mismo
Para el escritor Gustavo Faverón, La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, es la mejor novela en español después de El Quijote. El autor de dos novelas brillantes, originales y mastodónticas como Vivir abajo y Minimosca, siempre se ha visto influido por la sombra de Vargas Llosa, peruano como él y responsable de varias de las obras más importantes de la literatura del último siglo. Pero mientras que casi todo el mundo se apresura en recomendar títulos imponentes como Conversación en La Catedral o La fiesta del Chivo, Faverón recurre a su sexta novela, escrita en 1981, y que narra la guerra de Canudos.
Quizás de tanto preguntarle por Vargas Llosa, de tanto subrayar la influencia del escritor en su obra —también atravesada por el estilo incontrolable y a chorro de Roberto Bolaño—, Faverón ha decidido convertirle en el protagonista de su nueva novela. O algo parecido. Porque como siempre en sus novelas nada es lo que parece. Madame Vargas Llosa (Editorial Fulgencio Pimentel) es su obra más corta, aunque mantiene su mezcla de realidad y absoluta fantasía, de personajes reales e inventados, de encuentros fortuitos y de estructuras que giran sobre su eje. Incluso mantiene la obsesión con el Fitzcarraldo de Herzog. Aquí lo divide en cuatro capítulos, cada uno con un punto de vista.
Si uno se descuida, el primero cree que es de Vargas Llosa, y de alguna forma lo es, aunque realmente es de Maria Trindade, la Madame Vargas Llosa, del título, una transexual brasileña obsesionada con el escritor que como una escritora de fan fiction escribe las novelas del peruano antes de que lleguen traducidas a su país, creando versiones alternativas, locas e hilarantes de las creaciones reales del autor de La casa verde.
Faverón confiesa que la novela parte del reto de escribir “en un tiempo breve”. Quería hacerlo en un verano. De mayo a agosto. La idea era escribir una novela basada en Eleanor Rigby, la canción de Los Beatles. De aquel trabajo se quedó con el último mes, y la idea de Eleanor Rigby se ha quedado en una cita al final de Madame Vargas Llosa y en una idea que probablemente sea el germen de su siguiente trabajo. “Los juegos que había estado haciendo buscando una voz narrativa me llevaron a elegir una que era, en muchos aspectos, muy similar a la que usa Vargas Llosa en ciertas novelas”, cuenta del origen del manuscrito y, de alguna forma, de la idea de incluir al propio Vargas Llosa como un personaje.
Gustavo Faverón publica nueva novela tras el éxito de 'Vivir abajo' y 'Minimosca'
Al escritor no se le caen los anillos por reconocer la “enorme influencia de Vargas Llosa” sobre él, su literatura e incluso sobre su “decisión de escribir”. “Fue el primer escritor al que leí pensando que eso es lo que me gustaría hacer a mí. Hay un momento en que lees algo y te das cuenta de que estás comenzando a leer como un adulto, aunque no lo seas todavía”, cuenta Gustavo Faverón desde la céntrica librería La Fabulosa en Madrid.
Por si fuera poca influencia, más tarde le conoció personalmente. Vargas llosa había leído su primera novela, El anticuario, y le gustó tanto que quiso conocerle. Le invitó a su casa y mantuvieron una relación cercana hasta su muerte el pasado año. “Jamás estuvimos muy cerca uno del otro políticamente, pero literariamente su influencia siempre ha sido muy grande para mí. Esta novela la escribí cuando Mario murió. Yo no tenía ninguna idea de qué iba. Yo estaba pensando en escribir Eleanor Rigby y no sé si su muerte tuvo algo que ver con el hecho de que yo haya terminado escribiendo una novela que lo tiene a él como uno de los centros de gravedad”, cuenta.
A pesar del humor y la retranca deja claro que no le gustaría que esta novela y ese personaje se tomaran como “una especie de caricatura o una parodia suya”. “La novela está llena de humor, pero al mismo tiempo creo que hay una serie de preguntas serias acerca de, en cierta forma, cómo funciona la literatura de Vargas Llosa en relación con la mía, pero también cómo funciona el tipo de literatura que él representa en el siglo XXI”, añade.
Jamás estuvimos muy cerca uno del otro políticamente, pero literariamente la influencia de Mario Vargas Llosa siempre ha sido muy grande para mí
Gustavo Faverón— Escritor
También, de alguna forma, hay una reflexión sobre separar al autor y la obra. Como si en Madame Vargas Llosa Faverón intentara entender o justificar la deriva ideológica conservadora del escritor: “Tuve la oportunidad hace unos años, durante la pandemia, de hacer una entrevista a Mario por Zoom, que no fue publicada nunca y que era exclusivamente acerca de su evolución política. Cómo alguien pasa de una célula socialista cuando era joven al liberalismo. O sobre si él pensaba que era conservador o incluso para cierta gente, reaccionario. En ese momento acababa de publicar Tiempos recios, que es una defensa de ciertos políticos de izquierda en América Latina frente a los ataques de la derecha radical. Esas preocupaciones de Vargas Llosa existieron hasta el final. El escritor, en cierta forma, siempre fue bastante más progresista. Incluso cuando tenía la intención de no serlo”.
Faverón subraya esa tendencia a que la literatura de Vargas Llosa fuera más progresista que él como persona, y que incluso eso pudiera “ser usado como argumento en contra de sus ideas políticas”. “A mí eso me parece interesante. Yo creo que en los últimos años, sobre todo en este último año, prácticamente desde su muerte, uno como que ya puede ver unos cuantos síntomas de reconocimiento en el mundo, por lo menos del mundo hispano, de que finalmente las cosas que haya dicho en política en los últimos diez o 15 años van a tener mucho menos peso y mucho menos peso histórico que las cosas que escribió a lo largo de los otros 60 años”, zanja.
La entrevista coincide con las elecciones de Perú. En 2021, Vargas Llosa —que se había presentado contra Alberto Fujimori en 1990—, apoyó a la hija de este, Keiko, candidata de la extrema derecha. En 2026, Keiko Fujimori ha vuelto a presentarse. Para Gustavo Faverón estas elecciones parecen “una repetición de la anterior, es algo casi autoparódico”. Cree que la izquierda tiene un “pésimo candidato”, y que Keiko es “una parodia del padre, que ya era un personaje terrible”. Al preguntarle por qué hubiera opinado su maestro cree que hubiera tenido la misma posición, porque de alguna forma es la misma elección: “Sería una pena. Yo creo que su apoyo a Keiko Fujimori en las anteriores elecciones fue el momento de mayor error político de Vargas Llosa.
El otro nombre con el que se compara siempre a Faverón es Roberto Bolaño. Tiene sentido. Su literatura a borbotones, donde las historias se bifurcan, crecen y se despliegan como un río se parece a la del chileno. Lo que es curioso es que aunque reconozca las similitudes, confiesa que no le gusta Los detectives salvajes, aunque 2666 le parece “una novela fascinante y el indicio más claro de que Bolaño estaba destinado a llevar la literatura contemporánea en direcciones que no podemos ni siquiera sospechar si su vida hubiera durado unos diez o 20 años más”.
Bolaño es, junto a Vargas Llosa, uno de esos escritores cuya obra se entrelaza con la suya: “Yo sé que parte de lo que yo hago está escrito en diálogo con ellos, tomando cosas de ellos, modificando cosas de ellos, jugando un poco a incluso, en el caso de Vargas Llosa, a pensar cómo habría contado esa historia o esta otra. Y pienso en Vargas Llosa, en Bolaño, pero también en Borges, Ricardo Piglia o Diamela Eltit, por mencionar solamente escritores del mundo hispano que están siempre presente en mi mente cuando estoy escribiendo”.
A pesar de ser una novela mucho más corta, Madame Vargas Llosa es, sin duda, una novela de Faverón, y él lo sabe. De hecho le gusta pensar en todo lo que escribe “como piezas de algún par de dimensiones ficticias”. Son dimensiones “que no ocurren en este mundo donde vivimos nosotros, sino en un mundo parecido donde parte de la historia conocida ha ocurrido también, pero ciertas partes no”.
Antes había un cierto placer en el conflicto. Ahora estamos buscando leer libros que nos permitan sentir que somos buenas personas, que nuestras ideas son correctas
Gustavo Faverón— Escritor
Así, en sus novelas hay un Duchamp que muere bastante antes que el real, o imagina en Madame Vargas Llosa un diálogo entre Vargas Llosa y el director de cine Ruy Guerra que nunca tuvo lugar. O hasta incluye un personaje cuyo punto de vista viene del más allá, un fantasma que se desvela como “el personaje más real, a pesar de que es el más absolutamente literario, imaginario, ficticio y casi un tópico literario”. En definitiva, disfruta poniendo “en fricción al mundo histórico con el mundo ficticio”.
Ese fantasma acaba siendo su narrador más fiable, o al menos “la versión más creíble aunque sea el personaje más fantástico”. “Yo creo que no es tanto que esa última versión sea la verdad. Es más, que es la versión que nos gustaría creer que es verdad. No porque nos guste la verdad, sino porque nos gusta creer en la venganza, y esa es la venganza de Rita Fontana”, analiza.
Ahí entra otro de los temas de sus novelas, esos puntos de vista que divergen, que ofrecen miradas contrapuestas de los mismos hechos y que le hace reflexionar sobre si, como lectores, queremos solo leer historias que nos reafirmen en nuestras certezas, algo que Faverón cree que nos lleva a “uno de los temas cruciales de la literatura contemporánea, ¿en verdad para qué leemos?”.
Cree que antes había un placer en leer a gente que no pensaba como uno, porque “había un cierto placer en el conflicto”, mientras que ahora “más bien estamos buscando leer libros que nos permitan sentir que somos buenas personas, que nuestras ideas son correctas”. Quizás por eso nunca tiene un plan previo para sus novelas. No hay estructura. No hay mapa ni una intención final, solo un libro que se construye teniendo fe en que “si uno escribe abierto al azar, al error y al instinto, es más probable hacer algo más interesante”. Eso lleva al que es su objetivo como escritor: “Que los libros sean más inteligentes que el que los escribe”.