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Laverne Cox sufre y denuncia las políticas de Donald Trump contra la diversidad, que le han hecho perder un 90% de sus ingresos

La actriz Laverne Cox (Alabama, 54 años) se hizo famosa como Sophia Burset en el drama carcelario Orange Is The New Black, pero tan importante como su trabajo delante de las cámaras es su labor como activista. En concreto, Cox, una de las intérpretes transexuales más reconocidas —inició su transición en 1998—, es defensora de las causas englobadas bajo las siglas DEI, correspondientes a los valores de diversidad, equidad e inclusión, y que bajo el mandato de Donald Trump viven un claro retroceso en Estados Unidos. En una entrevista publicada el pasado lunes en el diario británico The Guardian con motivo de la publicación de su libro de memorias, tituladas Transcendent, ha contado cómo la campaña de la Administración trumpista contra los principios DEI, también en empresas privadas, ha repercutido directamente en su cuenta bancaria. La intérprete contaba entre sus fuentes de ingresos con sus conferencias en universidades, y ha visto cómo estos se han reducido altamente, afirmando que se ha quedado sin aproximadamente el 90% de sus ingresos en los últimos dos años (el inicio de la segunda era Trump se remonta a enero de 2025).

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© Jim Bennett (Getty Images)

Laverne Cox, en la gala Lifelong Pride, celebrada en Seattle (Washington) el 13 de junio de 2026.
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Botellón y 'cruising' enfrente de un colegio de la Elipa: "Hemos visto grabar hasta una película porno"

La Asociación vecinal del barrio denuncia décadas de abandono con varios puntos de residuos críticos: "Le he dicho a la policía que estaré llamando hasta que encuentren una solución" Leer

La Asociación vecinal del barrio denuncia décadas de abandono con varios puntos de residuos críticos: "Le he dicho a la policía que estaré llamando hasta que encuentren una solución"
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Todo lo que Emily Ratajkowski aprendió teniendo “citas compulsivas como madre soltera”

Cuando una mujer habla abiertamente de sexualidad y se perfila como alguien no solo deseable, sino deseante, los comentarios que rodean a sus palabras se llenan de odio de forma instantánea. Pero la modelo Emily Ratajkowski lleva tiempo demostrando no estar dispuesta a que su sexualidad le sea arrebatada. Ya lo dejó claro cuando publicó Mi cuerpo (Temas de Hoy, 2022), un conjunto de ensayos en los que reflexionaba acerca de lo que ha ganado y perdido al haber convertido su físico en su fuente de ingresos. Se dio a conocer al aparecer semidesnuda en el vídeo Blurred Lines de Robin Thicke, que fue tachado de degradante y que muchos consideraron que era una apología a la violación. En el ensayo que lleva el nombre del controvertido clip, confiesa que cuando lo grabó (tenía 21 años) pensó que era una oportunidad para acoger su sexualidad y utilizarla en su beneficio. Años después, cuando escribió el texto, se dio cuenta de que había pecado de ingenua.

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© MICHAEL TRAN (AFP via Getty Images)

Emily Ratajkowski en la fiesta Vanity Fair de los Oscar 2025.
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Una jueza obliga a la Administración a reconocer la identidad de una migrante trans en sus documentos

El bloque de las personas trans migrantes en la manifestación por el Día de la Visibilidad trans, el 28 de marzo en Madrid.

Un tribunal de Madrid ha avalado el derecho de una mujer trans y migrante a adaptar sus documentos a su identidad. El fallo obliga a la Policía Nacional a “reconocer el nombre y el sexo/género” de la denunciante, que tras realizar esa petición le había sido denegada. “Es una sentencia pionera”, afirma Saúl Castro, abogado de la demandante, “pues establece expresamente que la Policía Nacional no puede escudarse en la inexistencia de instrucciones para garantizar el reconocimiento legal del género y nombre sentido a las personas trans migrantes en situación regular y que no pueden acceder a dicho derecho en su país de origen”.

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Ian de la Rosa, cineasta: “El cine es un deporte de ricos. Se quedan por el camino demasiadas voces”

“Recuerdo las pateras. No digo ver una, pero sí a los primeros niños que vinieron en ellas y que entraron a clase en el cole de Níjar. Entonces se introdujo la palabra patera en nuestras vidas. La primera fue una niña, luego llegaron más. No sabían castellano, acababan de llegar de Marruecos, estaban en situaciones complicadas. No hablábamos el mismo idioma y los metían en clase. Recuerdo la segregación. El racismo en el recreo. Y recuerdo, en ese recreo, intentar acercarme a esta primera niña, intentar jugar con ella. Nunca se llegaron a integrar con el resto. Pero eso me pasaba a mí también. Yo entendía ese sentimiento de que no perteneces. Imagino que ahí se conectó algo”.

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© Ayub El Kadmiri (EL PAÍS)

Retrato de Ian de la Rosa en su casa de La Latina, en Madrid, donde atesora una taza de La Tienda de los Milagros de su Níjar natal.
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