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Galicia acaba de vivir la primavera más seca de los últimos 35 años

Galicia registró durante este año la primavera climatológica más seca desde 1990, un período marcado por un acusado déficit de precipitaciones y temperaturas significativamente superiores a las habituales. Así lo refleja el balance elaborado por MeteoGalicia sobre los meses de marzo, abril y mayo, que sitúa esta estación como la cuarta más seca desde que existen registros meteorológicos.

Según el informe, la precipitación media en las 16 estaciones que integran la serie regional fue de apenas 160 litros por metro cuadrado, una cifra que se sitúa un 46% por debajo de los valores normales para esta época del año. Esta circunstancia permite calificar la primavera de 2026 como "muy seca", consolidando una tendencia que ya se había dejado notar durante buena parte de los últimos meses.

Las lluvias no se repartieron de manera uniforme por el territorio gallego. Las mayores cantidades se registraron en la franja atlántica, en las Sierras Litorales y en las zonas montañosas del este, donde se alcanzaron valores de entre 225 y 260 litros por metro cuadrado. En el extremo contrario se situaron las comarcas de Valdeorras, áreas del interior de Lugo y el Golfo Ártabro, donde apenas se recogieron entre 115 y 130 litros por metro cuadrado.

El análisis mensual muestra que tanto marzo como abril fueron especialmente secos. En ambos casos, las precipitaciones acumuladas quedaron claramente por debajo de lo esperado. Mayo, sin embargo, logró situarse dentro de la normalidad climática gracias a los episodios de chubascos y tormentas que afectaron principalmente a la mitad oriental de Galicia, compensando parcialmente el déficit registrado en otras zonas donde los frentes fueron menos activos que en otros años.

A la escasez de lluvia se sumó además un comportamiento térmico muy por encima de la media. MeteoGalicia considera que la primavera fue "muy cálida", con una temperatura media de 13,7 grados, lo que supone una anomalía positiva de 1,4 grados respecto a los valores habituales para este período.

Los tres meses que componen la primavera registraron temperaturas superiores a las normales. En marzo destacaron tanto las máximas como las mínimas elevadas, favorecidas por una persistente situación anticiclónica durante la segunda mitad del mes. Abril mantuvo la misma tendencia debido a la frecuente presencia de altas presiones y a la llegada de masas de aire cálido procedentes del norte de África.

El comportamiento de mayo fue más irregular. Durante las primeras semanas predominó un ambiente fresco, con temperaturas inferiores a las habituales. Sin embargo, a partir del 20 de mayo la entrada de una masa de aire continental muy cálido provocó un fuerte ascenso térmico que compensó los registros anteriores y elevó la media mensual hasta situarla también por encima de lo normal.

© EFE

Tiempo primaveral
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La mitad de los gallegos ha tenido que cambiar de vivienda o retrasar su independencia por el precio del alquiler

El encarecimiento de la vivienda está obligando a miles de gallegos a replantear su forma de vivir. La mitad de la población de Galicia asegura haber tomado alguna decisión residencial debido al elevado precio del alquiler, desde mudarse a zonas más alejadas hasta retrasar la emancipación o buscar viviendas más pequeñas y económicas.

Así lo refleja el V Observatorio Cofidis de Economía, Sostenibilidad y Nuevas Tendencias de los Hogares Españoles 2026, un estudio elaborado a partir de más de 6.000 encuestas en toda España que analiza la situación económica de las familias y su capacidad para afrontar los gastos cotidianos.

Según el informe, el 50% de los gallegos ha tenido que adoptar alguna medida relacionada con la vivienda por el coste del alquiler. Entre las más habituales destacan trasladarse a las afueras de las ciudades (15,8%), cambiarse a una vivienda más pequeña y asequible (14%) o retrasar la salida del hogar familiar y la emancipación (10,5%).

Más del 30% al alquiler

La presión de la vivienda sobre las economías domésticas es cada vez mayor. El estudio señala que el 56% de los hogares gallegos destina más del 30% de sus ingresos al pago del alquiler, superando en muchos casos el umbral del 35% que los expertos consideran recomendable para evitar situaciones de sobreendeudamiento.

Para hacer frente a esta carga económica, el 31% de los inquilinos reconoce haber reducido otros gastos de su presupuesto familiar. Además, un 7,9% ha necesitado recurrir a la ayuda de familiares o amigos para poder asumir el pago de la vivienda. Aunque el 67% asegura poder afrontar el alquiler únicamente con su salario, el estudio advierte de que muchos hogares han tenido que recurrir también a ahorros o financiación externa para cubrir sus gastos.

La situación es especialmente delicada para una parte de la población, ya que el 10,6% de los hogares gallegos vive con ingresos mensuales iguales o inferiores a los 1.000 euros.

Uno de cada cinco hogares no ahorra

La pérdida de capacidad económica también se refleja en el ahorro. El informe indica que un 22% de los hogares gallegos no logra reservar ni un euro al final de mes, mientras que otro 34% apenas consigue ahorrar menos del 10% de sus ingresos.

Paralelamente, las redes familiares y de apoyo cobran cada vez más importancia. Un 15,3% de los hogares reconoce haber recibido ayuda económica externa durante el último año. Entre quienes han contado con ese respaldo, el destino principal del dinero han sido necesidades básicas como alimentación o suministros, seguidas por el pago del alquiler o la hipoteca.

Gastos inesperados

La fragilidad financiera queda patente cuando se analizan los gastos imprevistos. El 27% de los hogares gallegos asegura que no podría asumir un desembolso inesperado de 5.000 euros. Además, un 11% tampoco tendría capacidad para afrontar un gasto de 1.000 euros y un 6% tendría dificultades incluso para hacer frente a un imprevisto de solo 500 euros.

El estudio analiza igualmente cómo la situación económica influye en los hábitos de consumo. En Galicia, el 58% de los hogares identifica el precio como el principal obstáculo para optar por productos y alternativas más sostenibles en alimentación.

Pese a ello, la mayoría de los consumidores se muestra dispuesta a modificar sus hábitos si ello conlleva algún beneficio económico. Un 36,8% afirma que cambiaría sus pautas de consumo si pudiera ahorrar a largo plazo, mientras que un 20% lo haría si el ahorro fuese inmediato. Solo un 8,4% descarta realizar cambios para adoptar comportamientos más sostenibles.

© larazon

Imagen aérea de Vigo.
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