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El restaurante de un pueblo de Zamora donde se come una de las mejores tartas de queso de España

La tarta de queso es uno de los postres más extendidos en nuestro país, y en medio Occidente. Se explica porque suele gustar a todos y porque su elaboración es muy rápida y sencilla. El próximo 30 de julio se celebra el Día Mundial de la Tarta de Queso.

Como sucede con la mayoría de los platos tradicionales, esta receta ha sufrido variaciones con el paso del tiempo. Hoy en día, hay muchas formas de elaboración diferentes, que incluyen ingredientes diversos y varias maneras de prepararla. Cada maestrillo tiene su librillo.

Con la tarta de queso pasa como con las tortilla de patata: más cuajada, menos cuajada, tostada o no, con galleta, con mermelada... Cada uno tiene su favorita. Pero puestos a buscar consensos hemos consultado la guía Michelin. Allí mencionan unos pocos establecimientos que bordan la tarta de queso. Uno de ellos está en un pueblo de menos de 300 habitantes.

El restaurante es La Trébede, en Pobladura del Valle, en Zamora (un pueblo que sorprende por el Museo del Whisky y el Museo Naval y Ferroviario). Se ubica en una casa rústica, con el techo a dos aguas, decorada con aperos de labranza.

El jefe de todo esto es Pablo González. La "casa de comidas" de este joven chef es una propuesta de gastronomía tradicional pero actualizada. Como ejemplos, la guía neumática cita su tortillita de camarones con membrillo o su oreja de cerdo confitada a baja temperatura, con salsa brava de tomate seco y mejillón.

La Trébede es Bib Gourmand en el 2025, esto es, tiene una excelente relación calidad-precio. Pero si esta vez hemos venido hasta Pobladura del Valle es por su tarta de queso, "una tarta que abraza, que te hace cerrar los ojos y sonreír sin darte cuenta", en palabras del propio González.

"Nuestra receta nace de una historia personal, de cuando viví en San Sebastián y bajaba cada semana al restaurante La Viña. Su tarta me marcó, y tras un montón de pruebas y ajustes, conseguimos la que servimos hoy aquí", le ha explicado el chef a la guía Michelin. "No busca sorprender con artificios ni sabores extraños, sino emocionar desde la sencillez", asegura.

La tarta de queso de La Trébede es "cremosa por dentro, delicada, casi fundente, con el punto justo de cuajado". La ración, 6 euros. Tanto éxito ha temido que "hay clientes que vienen solo porque la tarta les marcó un momento de su vida. Es un viaje al norte", cuenta González.

Esa tarta puede ser el magnífico punto y final a una comida magnífica. El joven chef tiene todas las garantías. Aprendió de Luis Alberto en Lera, con Carlos Maldonado en Raíces, cruzó el Atlántico para llegar al Rosetta de Elena Reygadas en México y cerró su travesía en Barro, Ávila, junto a Carlos Casillas.

Hoy, su visión de La Trébede es "que sea un lugar donde el producto sea sagrado, donde la técnica respete y exalte los sabores, donde el calor del hogar sea tan palpable como el de la lumbre y donde la innovación sea la fiel compañera de la tradición".

Todo ello, esa tradición reinventada, toma forma en delicias como: puerro, ventresca, romesco (12€); brotes, cecina, membrillo (12€); molleja frita, yogurt, ciruela (12€); micuit de pato, dátiles, frutos secos (22€); pulpo, ajo negro, pimentón (24€); carrillera de ternera (15€); rabo de toro (16€); o ciervo ahumado, boniato, romero (33€). Y su estupendo pan: la hogaza zamorana con harina de Benavente y del Molino de Cerecinos de Campos. Si además de la tarta de queso queremos más dulce, hay que pedir su cremoso de turrón (6€).

La Trébede, Tr.ª Canal de Hornos, Pobladura del Valle (Zamora)

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'Beato de Liébana' y el 'Libro de Horas': así es la historia de los regalos recibidos por el Papa en el Congreso

León XIV ha dado un histórico discurso en el Congreso de los Diputados: era la primera vez en que un papa de Roma hablaba ante el Parlamento español. El pontífice se ha dirigido a los poderes del Estado en una sesión conjunta de las Cortes Generales. Ha dicho que cuando se dirige a la vida pública, "lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar".

Tras su discurso, León XIV ha firmado en el Libro de Honor de la Cámara Baja y ha recibido dos regalos. El Congreso le ha entregado un facsímil del manuscrito Liber Horarum ('Libro de Horas'), y el Senado, un manuscrito del Beato de Liébana (códice de Fernando I y Doña Sancha).

El 'Libro de Horas' que le regala el Congreso

La Biblioteca de la Cámara Baja atesora en su fondo antiguo más de 40.000 obras de patrimonio documental, publicadas entre el siglo XV y 1943. Para conservar los ejemplares de mayor antigüedad y valor, la biblioteca tiene caja fuerte. Allí, por ejemplo, descansa en perfecto estado de conservación el Liber Horarum ('Libro de Horas'), un libro del siglo XV que es una auténtica joya bibliográfica. Es uno de los ejemplares más antiguos y valiosos del fondo bibliográfico del Congreso.

Los libros de horas eran ejemplares de contenido religioso escritos para seglares. "Era un manuscrito, realizado para reyes, aristócratas de la más alta nobleza, porque era un libro extremadamente caro, un libro exclusivo", explica Javier Plaza, jefe de la Biblioteca del Congreso. Cada libro de horas era único, puesto que se realizaba exclusivamente para una determinada persona, y solía contener textos de rezos, salmos y abundantes iluminaciones alusivas a la devoción cristiana.

Hay que recordarlo: cuando se escribe y dibuja este libro aún no se ha inventado la imprenta, de modo que todo es artesanal. Quienes elaboraban un libro, especialmente un 'libro de horas', eran auténticos artistas. Aquellos copistas e ilustradores tenía que saber escribir, pero también saber de química (para hacer las tintas), de botánica e incluso de biología (para saber bien qué dibujaban).

El tamaño de este Liber Horarum es similar al de los actuales libros de bolsillo, cuenta el Congreso en su blog. El facsímil que el Parlamento español ha regalado a León XIV incluye siete láminas donde el texto está enmarcado por unas orlas con figuras mitológicas, humanas y vegetales. Incluso las propias letras capitulares con las que se inicia cada rezo están ilustradas con una imagen referente al contenido de dicha oración.

El Papa se llevará a Roma esa copia que hoy le ha regalado la Cámara Baja. Otra igual, otro facsímil, se puede ver expuesto de forma permanente en el salón de lectura de la Biblioteca del Congreso.

El 'Beato de Liébana' que le regala el Senado

Por su parte, el Senado ha regalado a León XIV un manuscrito del Beato de Liébana (códice de Fernando I y Doña Sancha). En el mundo se conservan 35 copias manuscritas (desde fines del IX al XIII) de Comentarios al Apocalipsis, de Beato de Liébana. Son conocidas como "beatos".

Beato fue un monje del monasterio de Santo Toribio de Liébana, en lo que hoy es Cantabria. Hacia el año 776, escribió sus Comentarios al Apocalipsis que tuvo un extraordinario éxito durante cinco siglos. Ese libro suyo tuvo gran influencia durante la Alta Edad Media, en los campos de la teología, la política y la geografía.

Cuentan desde la Biblioteca Nacional de España que Beato estaba, como sus contemporáneos, obsesionado por la inminente llegada del fin del mundo. Así, compuso la obra para edificación de sus monjes, insistiendo en que, tras las aterradoras catástrofes finales anunciadas por san Juan Evangelista, el bien triunfaría sobre el mal.

Gracias a su extensa cultura, Beato refundió en este texto, a modo de summa, muchos comentarios de otros autores. El resultado fue el libro más copiado en la Alta Edad Media después de la Biblia. La repercusión de la obra traspasó todas las fronteras. Hoy, los distintos ejemplares miniados de su Comentarios al Apocalipsis se encuentran entre los códices más cotizados del mundo.

Han llegado hasta nosotros 35 beatos, de los que 26 están miniados. Dos se conservan en la Biblioteca Nacional. El códice Vitr/14/2, encargado en 1047 por el rey Fernando I y doña Sancha, y realizado quizás, por Facundo, en San Isidoro de León, es seguramente uno de los más bellos ejemplares.

Es el que el Senado ha regalado a León XIV. Sus noventa y ocho miniaturas se distribuyen en su mayoría sobre bandas horizontales de vivos colores, en un estilo que mezcla el románico con diversas influencias mozárabes y norteafricanas. Destacan las de los Cuatro Jinetes, la visión de la Jerusalén celestial, la serpiente de las siete cabezas o la destrucción de Babilonia.

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