Entre 'La Odisea' y 'Memento': ¿es este el libro más importante para el cine de Christopher Nolan?
Un hombre herido vaga por un territorio hostil: las secuelas de su lesión le impiden formar nuevos recuerdos, con lo que su supervivencia depende de los mensajes que escribe para sí mismo, confiando en poder interpretarlos cuando su memoria se desvanezca. En torno a él se mueven personajes que le mienten, le manipulan y, en raras ocasiones, le ayudan. Algo muy arriesgado, porque se trata de una persona más peligrosa de lo que todos piensan, incluyendo él mismo.
Si te gusta el cine de Christopher Nolan, es probable que el párrafo anterior te haya sonado mucho. Pero aquí nada es lo que parece, y esa sinopsis menos aún: en realidad te hemos contado el argumento de Soldado de la niebla, una novela publicada en 1986 por el escritor Gene Wolfe que se reeditará próximamente en castellano... y que, para colmo, está ambientada en la Grecia clásica: ¿hablamos del eslabón perdido entre 'Memento' y 'La Odisea'?
¿Qué tienen en común Nolan y Gene Wolfe?
Ante una comparación como esta, ponerse al acecho en espera de que asome la palabra "plagio" es demasiado tentador. Ahora bien: garantizamos que eso no va a ocurrir aquí, porque las diferencias entre Memento, La Odisea y Soldado de la niebla son demasiado grandes... Al menos su mayoría: Gene Wolfe y Christopher Nolan coinciden en varias de sus grandes obsesiones, especialmente a lo que se refiere a la memoria, la identidad y el paso del tiempo.
Como el director inglés no necesita presentación, echemos unas líneas hablando del libro y de su autor. Un autor que, cuando Soldado de la niebla llegó a las librerías (y ganó el premio Locus a la mejor novela fantástica) no era ningún novato: Wolfe (1931-2019) ya había publicado entonces títulos magistrales como La quinta cabeza de Cerbero y, sobre todo, El libro del Sol Nuevo, aclamada como una de las mejores obras literarias del siglo XX por críticos de todo pelaje.
Aquellas novelas, sin embargo, se encuadraban en la ciencia ficción, mientras que Soldado de la niebla es fantasía inspirada en los mitos clásicos y tamizada por otra de las aficiones que Wolfe comparte con Christopher Nolan: convertir sus obras en laberintos. Unos laberintos cuya ruta de escape, tanto para los personajes como para el lector o espectador, requiere vista de lince y una cultura por encima de la media.
En el caso de Latro, el mercenario imaginado por Gene Wolfe, dicho laberinto es la Grecia del siglo V antes de Cristo, cuando la guerra contra los persas da sus últimos coletazos. Además de por su amnesia, el testimonio del protagonista resulta poco fiable debido a su poco conocimiento del idioma: las personas y los lugares aparecen en este relato con nombres que requieren de alguna deducción... o de cierta familiaridad con el griego clásico.
Olvido, terror y dioses crueles
Menos mal que el autor de la novela da algunas pistas para resolver estos acertijos. Por ejemplo, parte de la historia se vuelve más inteligible tras leer en el prólogo que "sparton" quiere decir "cuerda" en el idioma de Sócrates. El verdadero meollo del libro, sin embargo, es de índole sobrenatural, porque a los pocos párrafos descubrimos que la herida de Latro no solo le ha provocado amnesia: también le ha otorgado la habilidad de comunicarse con los dioses.
Sin embargo, tal y como aparecen en Soldado de la niebla, los habitantes del Olimpo tienen muy poco que ver con los de Furia de titanes. Mencionadas a base de eufemismos y epítetos, como corresponde al lugar y la época, las deidades que nos muestra Wolfe en su novela son tan crueles, inescrutables y caprichosas como las de la 'Odisea' de Homero. O puede que incluso más.
Con un ojo en los textos antiguos y otro en su historia profunda (esa que habla de conflictos culturales, ritos mistéricos y sacrificios de sangre), Soldado de la niebla nos muestra a Deméter, Apolo y otros habitantes del Olimpo como potencias que siguen sus propias agendas y con quienes los mortales no negocian: solo suplican. Una impresión mucho más cercana a la de un habitante de la Grecia antigua que a la de quienes solo las hemos conocido a través de los manuales de mitología.
Rodeado por potencias que escapan a su control, enfrentado a costumbres que no entiende y condenado a vivir en un presente eterno, Latro atraviesa una experiencia entre el relato de aventuras, la ficción histórica y el terror. La cual sirve, además, para recordarle al lector aquello de que el pasado es un país extranjero: allí las cosas se hacen de formas muy diferentes.
La odisea de un escritor imprescindible
¿Leyó Christopher Nolan Soldado de la niebla cuando era un adolescente, hace 40 años? ¿Decidió, tras empaparse de sus ideas, que aquella premisa daba para un noir posmoderno? Imposible saberlo, pero sí podemos considerarlo verosímil: tan aficionado a la mitología clásica como a la ciencia ficción, el cineasta era un buen candidato para interesarse por un libro como aquel cuando tenía 17 años.
Asimismo, es de esperar que el estreno de La Odisea ayude al sello Zona Abisal a vender unos cuantos ejemplares más de Soldado de la niebla cuando su nueva traducción llegue a las tiendas en otoño, facilitando la publicación de sus secuelas Soldado de Areté y Soldado de Sidón. Y si esto ayuda a que el resto de la obra de Wolfe (vergonzosamente ausente de nuestras librerías desde hace demasiados años) reaparezca en España, pues tampoco nos vamos a quejar.
Con sus paradojas temporales, sus narradores poco fiables y su mirada pesimista a la humanidad, la conexión entre Christopher Nolan y Gene Wolfe va mucho más allá de lo que hemos expuesto en este artículo. Y, aunque el director inglés nunca ha hablado de ella abiertamente, esto ha provocado muchos debates en internet desde comienzos de este siglo. ¿Servirá el estreno de La Odisea para ponerla aún más de relieve? Haría falta una sibila para saberlo... pero todo es posible.

