¿Y ahora con quién vamos en el Mundial?
Cuando la selección nos malacostumbró a ganarlo todo no teníamos un problema recurrente que surgía en los grandes campeonatos. La pregunta pertinente en cuanto perdía España era: ¿y ahora con quién voy? En las tres últimas Copas del Mundo hemos vuelto a las viejas costumbres. Nada más superar el ecuador del torneo ya tocaba elegir relevo para la Roja. Salvo León XIV que es de todos, aunque Robert Prevost sea del Madrid, para disfrutar del Mundial sin la selección de tu país hay que cambiar el pasaporte 2-3 semanas. Apátrida de sofá, compromiso asumible.
Ningún equipo, lo de combinado me suena a plato o copazo en alguna fiesta patronal, me ha generado tanta adhesión como la Bulgaria de USA’94. Empezando por el bético Trifon Ivanov, los Balakov, Stoichkov o Kostadinov eran una panda de forajidos que sembraron el pánico hasta que se les cruzó la Italia de Tassotti, ¡cómo no!, en semifinales. En casa, entre una montaña de camisetas de la NBA, hay dos futboleras: una es de la España de 2000 y la otra, de Trifon Ivanov. Si Guy Ritchie hubiera dirigido «Snatch. Cerdos y Diamantes» seis años antes hubiera tenido resuelto medio casting con los chicos que «dirigía» Dimitar Penev. Después de las copas, el tabaco y las timbas en la piscina del hotel de concentración en Dallas, Chicago o Nueva York llegaban al estadio de turno y tumbaban a Grecia, Argentina, México o Alemania. En su primer y último partido, Nigeria y Suecia, encajaron sendas goleadas. Una buena resaca deja mejor recuerdo que un par de victorias intrascendentes.
Más reciente que lo del anterior Mundial en Estados Unidos fue una Copa de África en la redacción original del periódico. Primera hora de la tarde de un día cualquiera entre semana. Si el partido no era un Senegal - Egipto andaba cerca. Pasó por allí uno de los responsables, que ya no está en la casa, y con una mirada mezcla de desprecio y curiosidad preguntó: «¿Pero quién juega?». Al escuchar la respuesta no pensó nada bueno de la docena larga de periodistas que había mirando la televisión. Es el imán de un gran campeonato de selecciones. Y eso que algunos, en una etapa no diría que fueron los menos, reniegan de la selección desde el principio. ¿Razones? Los clubes que lo contaminan casi todo.


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