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Almudena Cid y los límites a su pasado para defender su presente con Gerardo Berodia

Aunque siempre será una leyenda del deporte español, Almudena Cid también ha desarrollado otras facetas profesionales más allá de la gimnasia rítmica como su talento interpretativo, su papel como comentarista televisiva, conferenciante o incluso escritora con la colección juvenil de Olympia. Y el plano personal también ha acompañado a la de Vitoria, quien lleva en una estable y sólida relación, desde hace varios años, con Gerardo Berodia.

La suya es una de esas historias que ha unido a los fans de la exgimnasta. De hecho, en el post de Instagram de hace unos días, en el que Almudena felicitaba a su novio por su 45 cumpleaños, los comentarios más repetidos eran sobre ellos. "Qué bonita pareja", "Sois preciosos", "Me alegra veros felices" y "Les deseo lo mejor", se puede leer en el pie de la galería.

De hecho, hasta el propio Gerardo se sorprendía con la acogida. "Estoy alucinando con la cantidad de mensajes bonitos que hay en esta publicación", comentó debajo de la foto. Pero es indudable que, muchas de las seguidoras de la exdeportista, aprovecharon esa imagen para mostrar (de manera indirecta), su apoyo por las últimas declaraciones de su ídolo quien está cansada de que le pregunten por su pasado sentimental.

Hace unos días, en el FesTVal, una periodista le preguntó por su expareja, Christian Gálvez, y ella le devolvió la cuestión inquiriendo por qué su exmarido no tenía que enfrentarse a esas cuestiones. Una reivindicación que sirvió para poner sobre la mesa la ligereza con la que se rebusca en el pasado de las mujeres. Mientras a ellas se les pregunta en público y con más frecuencia que a sus exparejas hombres, ellos no ven su pasado cuestionado repetidamente después de haber pasado página.

Seguir 'trayendo' al presente a una persona por la que se ha sufrido un duelo emocional por el fin de su relación, implica quitarle espacio o sacar del foco el bienestar que siente con su relación actual. Sin embargo, Almudena marcó un límite con la prensa para protegerse a sí misma y a su novio. Solo lamentó, en su Instagram, que el revuelo hubiera coincidido con el cumpleaños de su pareja. Sin embargo, la especial dedicatoria de la gimnasta alabando las cualidades de Gerardo, así como sus años de estabilidad absoluta, son todas las pruebas que sus fans necesitan para saber que está en la mejor de las compañías y feliz.

Una historia de amor, deporte y apoyo mutuo

La de Almudena Cid y Gerardo Berodia es una de esas historias que comienza como una amistad y termina en algo más. Una amistad que fue creciendo y, finalmente, dio paso a la química llegando a convertirse en un gran romance. Su relación con el exfutbolista salió a la luz en julio de 2022, aunque ya se conocían de unos años antes, concretamente desde 2017.

Entre los aspectos que unieron a ambos, más allá de la pasión por la actividad física, destacaría su resiliencia, puesto que comparten haberse enfrentado -y superado-, momentos muy complicados de la vida como divorcios, accidentes... También, cada uno de ellos, ha lidiado con la pérdida del deporte a su manera.

Almudena poniendo fin a su trayectoria en el tapiz (y su crisis de identidad consecutiva); y Gerardo despidiéndose demasiado pronto de su carrera futbolística por salud, lo que le llevó a su ocupación actual: agente de artistas y deportistas. Aunque hicieron frente a esas dificultades cuando aún no se conocían, uno de estos baches lo vivieron de primera mano. A finales de 2025, la exdeportista pasó por quirófano para que le colocaran una prótesis de cadera para tratar una lesión que se había agravado.

Tanto durante el proceso como después, Gerardo habría sido su mayor apoyo. Así que no es de extrañar que la comunidad de la vasca esté tan entusiasmada con su pareja con la que ya llevaría cerca de cuatro años. Y, como muy filosóficamente comentó Gerardo en el post de su chica, por su cumpleaños: "El tiempo siempre acaba colocando las cosas y a las personas donde merecen estar".

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¿Sexualizar o no sexualizar a los actores de 'Off Campus'?

Sí, también he sucumbido a la fiebre de Off Campus. Pero sucumbí con cuidado, con precaución, incluso. De hecho, a los pocos segundos de empezar la serie -cuyas primeras escenas son del actor protagonista, Belmont Cameli, en la ducha-, la pausé de inmediato. Antes de seguir, había un requisito imprescindible: conocer su edad.

Y es que con ese ambiente de instituto o universitario, no tenía muy claro si me sentía cómoda en caso de que fuera mucho más joven que yo. Cuando comprobé que tenía 28 años, le volví a dar a play tranquila. Off Campus tenía luz verde de nuevo.

Lo curioso es que, en redes sociales, me empezaron a salir vídeos de otras mujeres que, como yo, habían buscado la edad de los protagonistas para asegurarse de que fuera 'apropiada'. Así que si en el primer vídeo me pareció una divertida casualidad, pasó a resultar un patrón claro.

Me di cuenta en el momento que vi los comentarios y todas, absolutamente todas, compartían que ellas también habían necesitado hacer la comprobación de su fecha de nacimiento antes de ver la serie o recomendarla. Es decir, podría afirmar que las mujeres necesitamos saber que el actor que estamos viendo en la pantalla, es un hombre adulto.

Sin embargo, se me venían una lista de casos a la cabeza de actrices que, siendo menores de edad, habían sido cosificadas por hombres adultos. Brooke Shields, Natalie Portman, Christina Ricci o, más recientemente, Millie Bobby Brown. El caso de Mara Wilson es aún más descorazonador. Después del éxito de Matilda, encontró un foro con comentarios sexuales acerca de ella y se alejó de la actuación.

Incluso se puede incluir el caso de Bella Ramsay, quien tenía 14 años cuando apareció en The last of us. La actriz fue duramente criticada en Twitter por "no ser tan guapa" como la niña del videojuego. Pero, ¿para qué querría un hombre que una adolescente le pareciera atractiva?

Además, lo que es aún más retorcido, es que ese mismo interés desaparece por las actrices en cuanto cumplen la mayoría de edad o cuando adquieren sus facciones o proporciones de mujeres adultas. Solo generan esa atracción de niñas. Lo que, por cierto, se llama pedofilia.

Con esos casos presentes, creo que por eso me resultó tan chocante que entre nosotras, la respuesta ante la serie inspirada en los libros de Elle Kennedy, fuera tan extendida y unánime. Primero porque es la prueba de que no se nos socializa en cosificar a niños, no sentimos atracción como adultas si vemos a los gemelos Sprouse en Zac y Cody, a Jake LLoyd interpretando a un pequeño Anakin Skywalker o a Macaulay Culkin en Solo en casa. Tampoco pedimos que sean más guapos.

Incluso cuando el actor que vemos ya es adulto, tenemos tan instalado el miedo a sentir atracción por alguien -no ya menor de edad- sino más joven, que nos tranquiliza saber que ronda el final de la veintena. Como aprendizajes de esto, creo que las mujeres tenemos pendiente reconciliarnos con fantasear, entender que es algo que pasa en la cabeza y que podemos apreciar la belleza y la juventud sin sentirnos culpables. De hecho, es llevarle la contraria a esa socialización que nos ha enseñado a vigilar y controlar nuestro deseo para no invadir ni incomodar.

El aprendizaje de ellos, en cambio, me parece más urgente. Se les ha transmitido durante demasiado tiempo que encontrar atractivas a chicas muy jóvenes, a niñas incluso, es normal o incluso inevitable y eso distorsiona cómo construyen su deseo. Así que me gustaría que el giro fuera no dirigirlo hacia menores porque no se debe y punto ("Esto no es aceptable porque no es adulta"). Y sí, sueño con el día en el que pongan la serie en pausa para asegurarse de que están mirando, como mínimo, a una actriz mayor de 18 años.

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¿Te empobrece tu relación de pareja? Esta es la teoría del 'yogur vacío'

Este fin de semana quedamos con una pareja de amigos. Y nos contaban, con ilusión, que le estaban dando vueltas a la idea de comprarse un piso juntos, como inversión. Como inversión que, traducido al lenguaje millennial, significa "porque es casi imposible que, sin una entrada inmensa, puedas hacerte cargo de la mensualidad de la hipoteca siendo solo una persona".

Mi amiga, que ya paga la hipoteca de su piso en el que vive sola, comentaba que en todo caso se podía poner ese segundo piso a nombre de su novio, que él pagara la hipoteca y ella aportar al resto de gastos. Era una de las ideas que barajaban. Una idea que se me quedó porque, un poco antes, me había salido en Instagram una galería que explicaba la metáfora del yogur vacío. Y mi amiga iba de cabeza.

La teoría del yogur vacío proviene de la obra La pareja y el dinero, escrita por la periodista Titiou Lecoq. Para la belga, estar en pareja es estar dentro de un sistema donde se reproduce la desigualdad entre hombres y mujeres. Más concretamente, empobreciendo a las mujeres.

Y es que es habitual en muchas parejas heterosexuales que el hombre sea quien paga aquellos gastos grandes, es decir, los que generan o conservan valor a largo plazo como la vivienda o el coche, por poner unos ejemplos. Mientras que en el caso de las mujeres, solemos asumir mayor proporción de los gastos cotidianos que se consumen: productos de higiene, el material escolar si hay hijos, la alimentación… Y los yogures simbolizan ese desembolso.

Es un mecanismo que, según la periodista, pasa completamente desapercibido porque parece lógico que, quien gana más dinero, pague los gastos más significativos y, en cambio, quien gana menos, se haga cargo de los del día a día. Pero a largo plazo la acumulación de la riqueza es desproporcionada y tiene consecuencias muy negativas si la relación llega a su fin.

Porque aunque la inversión haya sido la misma, si la pareja se rompe y se divide el patrimonio, quien pagó el piso o el coche -o quien sale en los papeles como tal-, es quien conserva los derechos sobre ellos y quien pagó las cestas de la compra tiene una colección de botes vacíos de yogur.

Además, también somos nosotras quienes ponemos en pausa nuestra carrera profesional por la maternidad (o reducimos las horas de jornada, lo que implica menos ahorro y menos pensión en el futuro), quienes también cubrimos más tiempo de trabajos no remunerados tanto en el ámbito doméstico como en el cuidado de menores y ancianos. Y, quienes, socialmente, seguimos sufriendo la brecha salarial. En España en concreto, se traduce en un salario anual de 5.000 euros menor que el de ellos.

Y hay otro añadido, el tabú que pesa sobre nosotras si queremos sacar este tema. Aún luchamos contra la premisa social de que está mal visto que las mujeres hablemos de dinero. Porque puede parecer que somos unas interesadas o que, si verdaderamente estamos enamoradas, deberíamos confiar en que vamos a estar juntos para siempre y nunca se va a tener que hacer un reparto de los bienes.

Pero la realidad es muy diferente. El amor se termina, los divorcios ocurren así que sí, es lógico (y de hecho muy sensato) que vayamos con pies de plomo a la hora de dar un paso. Más si es con el objetivo de verlo como inversión, como el caso de mi amiga. Para escapar de la teoría del yogur vacío, no hay vuelta de hoja, el enriquecimiento por el precio de la vivienda con el tiempo, debe repartirse igualitariamente entre ambos.

Además, creo que nos toca empezar a esgrimir el argumento de vuelta. Si ellos alegan el tema de la confianza o el amor, ¿qué mayor muestra de confianza por su parte que dejar las cosas legalmente acordadas para que, en el hipotético caso de tomar caminos separados, no quedarnos con una mano delante y otra detrás? Pocas formas mayores de amor se me ocurren que alguien que se preocupa por tu bienestar, estéis o no en pareja.

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