Crítica de "Todos los colores": un luminoso arcoíris ★★★
Desde que sufriera un accidente de coche cuando era solo una niña, la adolescente Belén (luminosa Mafalda Carbonell) debe utilizar una silla de ruedas, algo que, lejos de resultar para ella un hándicap, utiliza a su real antojo, por ejemplo, para colarse en las discotecas, aunque todavía sea menor de edad. Quedan solo tres meses para acabar el bachillerato y, junto a sus inseparables amigas, únicamente piensan en el viaje fin de curso.
Y Belén, que huye del victimismo como si fuera el demonio, y aunque en un principio pueda parecer un personaje antipático y marisabidillo, sabe que será el último que harán juntas, porque luego cada una tomará diferentes caminos lejos de donde viven. Menos Belén, que tiene miedo a quedarse sola y que, por mala conducta y para intentar enderezarla, acaba en un club de atletismo donde conoce a Laura, una enérgica y vitalista atleta paralímpica que la ayuda a madurar.
Dirigido por la debutante en el largo Beatriz de Silva, un filme divertido, fresco como una lechuga y algo gamberrete (los diálogos a veces subidos de tono de las chicas, las escenas de sexo..). Pero, claro, ¿quién no fue joven alguna vez?
Lo mejor: La manera tan natural en que trata la condición de su rebelde protagonista
Lo peor: Quizá el final de la película suene un tanto previsible; bueno, lo del baño no...


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