Quién fue el Águila Blanca, el ídolo puertorriqueño de la película que reunirá a Bad Bunny con Javier Bardem
Bad Bunny ha llegado a España y piensa quedarse un tiempo. Tanto, al menos, como dure su gira de conciertos, con fechas hasta el 15 de junio. El cantante puertorriqueño ha hecho de su casita el estadio Riyadh Air Metropolitano, donde ha encadenado 10 actuaciones, varias de ellas en días consecutivos.
Donde también busca asentarse Bad Bunny es en Hollywood: ya ha hecho algún que otro cameo, pero la película con la que lo pretende apostar todo se titula Porto Rico. La dirige otro músico, Residente, y en ella actúan Javier Bardem, Edward Norton y Viggo Mortensen. Con todo, el papel principal recae sobre Bad Bunny.
Sin fecha pero esperada para 2027, Porto Rico parece inscribirse en el género del western y Residente, para su guion, se ha hecho acompañar de Alexander Dinelaris. Este también se ha implicado en Digger, el primer papel de Tom Cruise en muchos años fuera del mundo de la acción, o en Birdman. Y, además de western, Porto Rico cuenta la historia real de El Águila Blanca, a quien encarnará presumiblemente Bad Bunny.
¿Quién fue El Águila Blanca?
Cuando Puerto Rico aún era una provincia española, nació en ella un niño que respondía al nombre de José Maldonado. Proveniente de una familia humilde, su conciencia de clase creció más rápido que él: a los 11 años, ya consciente del maltrato de los campesinos a manos de terratenientes, fue encarcelado. Y, entonces, en esa celda, El Águila Blanca comenzó a desplegar sus alas.
Durante los años siguientes, volvería a la prisión por delitos que iban in crescendo: del robo al asalto, y cada vez hacia botines mayores. Los periódicos daban a conocer su nombre y rostro y el pueblo puertorriqueño enemigo de la corona española comenzó a convertirlo en su emblema: el campesino humilde que tenía en jaque a las autoridades y al que rara vez daban caza.
Maldonado dejó su etapa criminal por una de mayores ambiciones: la de librar a su pueblo de la presencia española. Unido a unos revolucionarios, protagonizó un acto icónico: el de desplegar, por primera vez en su historia en suelo isleño, la bandera de Puerto Rico. Animados por su transgresión, los revolucionarios intentaron tomar los cuarteles generales de la guardia civil española, pero fracasaron: unos cayeron en el frente y otros fueron detenidos. El Águila Blanca simplemente voló.
El revolucionario vivió aventuras dignas de un Robin Hood mientras trataba de eludir las autoridades (no te las vamos a contar todas para no destriparte la película de Bad Bunny). Con el tiempo, se exilió en Nueva York y allí conoció a unos revolucionarios cubanos decididos a liberar su isla, y también se unió a ellos para combatir a los españoles.
La gran decepción de El Águila Blanca
Herido pero feliz de retomar las armas, Maldonado volvió a Puerto Rico, aunque fue aconsejado por un periodista alemán (en realidad, espía estadounidense) de que tranquilizara a sus insurgentes y no hiciera nada. Pronto, vendrían los americanos para derrocar a los españoles y otorgarle a la isla su independencia. Independencia que no se produjo cuando Puerto Rico, expoliada de ibéricos, pasó a ser territorio estadounidense, lo que desoló a El Águila Blanca, que se supo engañado.
Debido a que las condiciones de acoso de los terratenientes sobre los obreros no habían cambiado, Maldonado reanudó su lucha contra las autoridades, con la única variación de que, ahora, estas hablaban inglés. Cuando se vio contra las cuerdas, escribió una carta a un medio puertorriqueño en el que justificaba sus actos al tiempo que pedía que se lo exonerase. Y el apoyo fue tan multitudinario que así ocurrió.
No obstante, el águila siguió cazando y, un día, el fuego lo alcanzó. En un tiroteo con los estadounidenses, Maldonado fue herido y quedó ciego de un ojo. Algo menos ciega fue la justicia americana que, temerosa de que poner a semejante símbolo puertorriqueño ante un paredón o en una celda se le volviera en contra, lo declaró inocente de nuevo. Y Maldonado vivió el resto de su vida siendo uno más: de héroe revolucionario, acabó de funcionario y murió de cáncer de garganta en 1923.

















