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Subida al Morezón, la ruta al pico más accesible de la Sierra de Gredos

No hace falta coronar el Almanzor para asomarse a una de las panorámicas más espectaculares de Gredos. El Morezón, con sus 2.389 metros de altitud, ofrece una de las mejores vistas del Circo de Gredos y de la Laguna Grande, pero sin exigir una ascensión tan técnica como otros grandes nombres de la sierra. Eso sí, accesible no significa sencilla: hablamos de alta montaña, con desnivel, terreno pedregoso y una longitud que requiere previsión.

La ruta comienza en la Plataforma de Gredos, el principal punto de acceso al macizo central de la Sierra de Gredos, situado a 1.750 metros de altitud y punto de partida más habitual para muchas de las excursiones clásicas de la zona. Desde allí ya se han ganado unos cuantos metros de desnivel y las vistas ya adelantan las grandes vistas que van a acompañar durante el trayecto.

Bien señalizada

Desde la Plataforma de Gredos, esta ruta comparte camino con la senda de la Laguna Grande durante el primer kilómetro, después ya aparecen las indicaciones hacía el Morezón. En total son poco más de 11 kilómetros (ida y vuelta) lo que suele ocupar entre 5 y 6 horas, dependiendo del ritmo y las paradas.

También se pueden tener en cuenta los desvíos, ya que esta ruta comparte trazado con la conocida a la Laguna Grande, pero también con otras interesantes como la que nos lleva a las ruinas del Refugio del Rey, donde se encuentra la fuente del mismo nombre o a Navasomera, collado en la base del Morezón y gran balcón de Gredos con panorámica a Norte y Sur.

La Plataforma de Gredos es uno de los puntos más concurridos de la sierra y, en determinados periodos, el paso de vehículos está regulado y puede implicar el pago de una tasa. Madrugar ayuda a evitar horas de más calor, encontrar aparcamiento con más facilidad y disfrutar de la subida con menos gente en el camino.

El premio

La gran recompensa llega arriba. Desde la cumbre del Morezón se obtiene una vista privilegiada del Circo de Gredos, con la Laguna Grande a los pies y las cumbres más emblemáticas alrededor. De frente aparece el Almanzor, techo del Sistema Central, junto a otros perfiles reconocibles como La Galana, el Casquerazo o el Cuchillar de las Navajas.

Esa panorámica es precisamente lo que convierte al Morezón en una de las ascensiones más agradecidas de la sierra. No es el pico más alto ni el más famoso, pero sí uno de los mejores miradores naturales de Gredos. Por eso resulta tan recomendable para quienes ya tienen cierta costumbre de caminar por montaña y quieren vivir una experiencia de cumbre sin entrar en terrenos más comprometidos.

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La ruta por el Alentejo con el vino como gran protagonista

El Alentejo es la región más grande y extensa de Portugal y también una de las más apetecibles sea cual sea tu plan. Para el verano hay playas para todos los gustos y en primavera sus campos lucen espectaculares y ciudades como Évola, Monsaraz, Marvão o Elvas se llenan de vida y actividad. Pero hay un plan que encaja en cualquier fecha y cuyo protagonista es el vino y es que, la ruta del vino de esta región portuguesa es una de las mejores excusas para cruzar la frontera y conocer la gran tradición vinícola que guarda el país vecino.

En 2026, además, trece municipios del Bajo Alentejo comparten el título de Ciudad Europea del Vino, lo que convierte a la zona en uno de los destinos más interesantes para quienes buscan una escapada con sabor, paisaje y algo más que una simple cata.

Bodegas que son destino

La gracia de muchas bodegas alentejanas es que no se limitan a abrir una sala de catas. Algunas ocupan antiguas fincas, otras se han convertido en hoteles y muchas proponen experiencias pensadas para entender mejor cómo se elabora el vino y por qué está tan unido a esta región.

Una de las más destacadas es Fitapreta, situada cerca de Évora, en el Palacio do Morgado de Oliveira, una antigua finca del siglo XIV. Fundada por el enólogo António Maçanita y el viticultor David Booth, esta bodega trabaja con variedades autóctonas y permite conocer de cerca distintas fases de la producción. También elabora vino de talla, una de las grandes joyas de la zona, que se fermenta en ánforas de arcilla siguiendo una técnica heredada de los romanos.

Otro buen ejemplo es Torre de Palma, en Monforte, donde la historia y el vino van de la mano. La finca tiene orígenes medievales y hoy funciona como hotel-bodega, con vinos de autor, experiencias de vendimia, cenas y actividades que permiten vivir el proceso desde dentro. Es de esos lugares en los que la bodega no es una visita más, sino parte del viaje.

El vino de los romanos

Uno de los grandes atractivos de esta ruta es el vino de talla, una tradición que convierte una bodega en algo muy parecido a un viaje en el tiempo. Este vino se elabora en grandes tinajas de barro, donde la uva fermenta siguiendo un método que ya utilizaban los romanos hace más de dos mil años.

Vila de Frades es uno de los mejores lugares para acercarse a esta historia. Allí se encuentra la Bodega-Museo Cella Vinaria Antiqua, considerada una de las grandes referencias de este legado, y también el Centro de Interpretación del Vino de Talla, donde se explica una técnica que en otros lugares habría quedado como simple curiosidad y aquí sigue muy viva. La ruta puede completarse con una visita al taller del alfarero António Mestre, donde todavía se fabrican de forma artesanal esas enormes tinajas que dan nombre al vino.

Para comer, dormir y brindar

Lo bueno de recorrer el Alentejo a través de sus bodegas es que no hace falta ser experto en vino para disfrutarlo. Se puede empezar con una visita sencilla entre viñedos, seguir con una cata, continuar con una comida de producto local y, si el plan se alarga, dormir en una finca donde todo gira alrededor de la tierra.

En el Bajo Alentejo hay bodegas que han llevado esa experiencia un paso más allá. Herdade do Rocim propone catas y actividades para conocer mejor las variedades locales. Quinta do Paral combina sus vinos con espacios gastronómicos en los que la cocina alentejana se presenta con un punto más sofisticado. Y Herdade da Malhadinha Nova, en Albernoa, suma hotel, bodega, restaurante, talleres, maridajes e incluso propuestas de bienestar relacionadas con el vino.

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