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El arnés no enseña a tirar, solo evita que el paseo duela: ¿por qué es importante no usar collares?

Durante años, muchos tutores han escuchado el mismo consejo en parques, aceras y conversaciones entre conocidos: si el perro tira, mejor ponerle collar, porque con arnés tendrá más fuerza y arrastrará todavía más.

La idea se ha repetido tanto que para muchas personas suena a verdad. Sin embargo, Sonia Losada, educadora canina y divulgadora a través de Xila’s Training, lo desmonta con claridad: "Es un mito como una catedral de grande".

Según la experta, el arnés no convierte al perro en un animal más descontrolado ni le da una capacidad especial para tirar. "A alguien se le ocurrió que el arnés hace que el perro tenga superpoderes especiales para arrastrarte por la calle", pero la realidad es más sencilla y más incómoda", advierte. "Cuando un perro tira menos con collar, no siempre es porque haya aprendido a pasear mejor".

La diferencia está en lo que siente el animal. "¿Tira más con arnés que con collar? Sí. ¿Por qué? Porque con el collar le duele", afirma la educadora. Con el collar, la presión se concentra en el cuello, por lo que si el perro avanza con fuerza, puede ahogarse, sentir dolor o lesionarse. Por eso, que deje de tirar no implica necesariamente que haya entendido cómo caminar tranquilo junto a su persona.

"Si tu perro deja de tirar con el collar no es porque haya aprendido a pasear, es porque si hace fuerza se ahoga, siente dolor y se lesiona el cuello", advierte Losada. "Además, a largo plazo, esa forma de gestionar el paseo puede derivar en problemas de salud".

Losaca cuenta que con el arnés, en cambio, el perro no recibe esa presión directa en una zona tan sensible y puede expresar con más claridad lo que le ocurre. Por eso, para ella el debate no debería quedarse en el accesorio.

Si no olfatea, el paseo no le relaja, no distrae su mente y no enriquece su vida

"La pregunta no es qué ponerle, la pregunta es por qué tira", resume. Según Losada, puede haber muchos motivos detrás, como la excitación, el estrés, el miedo, o simplemente las ganas de llegar a un estímulo o la dificultad para adaptarse al ritmo humano. Pero el tirón constante suele indicar que algo no está funcionando en esa salida.

Un perro que tira de manera continuada no está disfrutando del paseo como debería. En este sentido, la educadora recuerda que la salida diaria no es solo un trámite para hacer sus necesidades, sino uno de los momentos más importantes de su día. Es la oportunidad que tienen nuestros compañeros de cuatro patas de explorar, recoger información del entorno, procesar olores y descargar tensión.

Por eso Losada insiste en que "el paseo es su momento" y que el perro debería poder caminar tranquilo y pararse mucho a olfatear. Porque para él, oler no es una distracción menor, sino una parte esencial de su bienestar. Cuando no puede hacerlo, el paseo pierde gran parte de su función.

"Si no olfatea, el paseo no le relaja, no distrae su mente y no enriquece su vida", recuerda la educadora canina. Caminar sin parar, con tensión en la correa y sin margen para investigar el entorno, puede convertir una salida que debería ser placentera en una experiencia frustrante.

Por eso, para Losada la solución no está en buscar una herramienta que impida al perro tirar a cualquier precio, sino de construir paseos más amables, seguros y respetuosos. Elegir un arnés adecuado puede evitar dolor y lesiones, pero el verdadero trabajo está en observar al animal, entender sus necesidades y enseñarle a caminar tranquilo sin recurrir a la incomodidad.

En conclusión, un buen paseo no se mide solo por la distancia recorrida ni por lo rápido que vuelve el perro a casa, también se mide por la calidad de la experiencia: si ha podido oler, explorar, parar, mirar y moverse sin tensión.

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Por qué medir el cortisol no siempre explica el estrés de un perro

Cualquiera que conviva con un perro y tenga que dejarlo solo en casa alguna vez se ha hecho la misma pregunta: ¿estará bien o lo estará pasando mal? A veces basta con escuchar ladridos al salir, encontrar la puerta arañada al volver o notar que el animal tarda demasiado en calmarse para sospechar que algo no va bien.

En los últimos años, esa preocupación ha llevado a muchas personas a buscar respuestas en pruebas como la medición del cortisol, una hormona asociada al estrés. Pero los especialistas recuerdan que el bienestar de un perro no puede reducirse a un único dato.

Carlos Míllara, educador canino especialista en ansiedad por separación, advierte de que esta simplificación es especialmente delicada cuando se intenta valorar si un perro sufre al quedarse solo. Según explica, "el bienestar de un perro es mucho más complejo que un número en una analítica".

Esto le hace el cortisol a tu perro

El cortisol es una hormona implicada en la respuesta del organismo ante situaciones que requieren adaptación o energía extra. Forma parte del eje HPA, un sistema que ayuda al cuerpo a responder a cambios y retos cotidianos. Sin embargo, el problema aparece cuando se interpreta de forma automática que un nivel alto equivale a malestar y un nivel bajo a bienestar.

Míllara recuerda que simplificar el bienestar el perro en "cortisol alto =

fatal y cortisol bajo = bien" no es adecuado. De hecho, recuerda que el cortisol puede aumentar también en situaciones positivas, como el juego, la comida, el aprendizaje o la interacción social.

Del mismo modo, un valor bajo no siempre indica calma: en contextos de estrés crónico, puede reflejar que el sistema de respuesta está agotado y ya no reacciona de forma adecuada.

Un solo dato de cortisol, sin contexto, no te dice si tu perro tiene una buena vida ni si lo pasa mal cuando se queda solo

Por eso, dos perros con un nivel similar de cortisol pueden estar viviendo experiencias emocionales muy distintas. "Un solo dato de cortisol, sin contexto, no te dice si tu perro tiene una buena vida ni si lo pasa mal cuando se queda solo", señala el educador canino.

Según Míllara, la evaluación del bienestar animal exige observar varios sistemas al mismo tiempo, como la frecuencia cardiaca, la variabilidad de la frecuencia cardiaca, otras hormonas como la oxitocina o la melatonina, determinados indicadores inmunológicos o incluso cambios en la temperatura corporal.

"Si miramos solo el cortisol y lo interpretas de forma sencilla es muy probable que nos equivoquemos", asegura. Esta idea resulta especialmente relevante en los casos de ansiedad por separación, donde la observación de la conducta cotidiana suele ofrecer información más útil que una prueba aislada.

Para saber si un perro sufre cuando se queda solo, el foco debe ponerse en lo que hace antes, durante y después de la ausencia de sus tutores. Ladridos, aullidos, rascado de puertas o ventanas, jadeo, salivación, movimientos repetitivos, inmovilidad o una mirada fija pueden ser señales de malestar.

También importa cómo se recupera cuando la persona vuelve a casa: si tarda mucho en calmarse o recibe al tutor como si saliera de una situación de pánico, puede haber un problema de fondo.

Los cambios en su rutina habitual también deben tenerse en cuenta. Comer menos o con ansiedad, dormir peor, despertarse ante cualquier ruido, mostrarse más irritable o, por el contrario, más apagado durante el resto del día pueden indicar que el animal está teniendo dificultades para gestionar la soledad.

Míllara insiste en que estos comportamientos son indicadores de experiencia emocional y que deben situarse en el centro de cualquier valoración sobre bienestar canino. Un análisis de cortisol puede tener utilidad en investigación o en casos clínicos concretos, pero no debería presentarse como una prueba imprescindible para determinar si un perro tiene ansiedad por separación.

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Más estímulos, menos descanso: así afecta la primavera a algunas mascotas

La primavera no solo cambia las rutinas de las personas, para muchos perros y gatos, el aumento de horas de luz, la subida de temperaturas y la mayor actividad en la calle pueden suponer una sobrecarga de estímulos difícil de gestionar.

Más ruidos, más olores, más presencia de personas y animales en parques y terrazas, cambios de horarios y alteraciones hormonales pueden hacer que algunas mascotas se muestren más inquietas, irritables o reactivas durante esta época del año.

Según Imke Marks, experta en nutracéutica animal y fundadora de la marca española de suplementación para mascotas Mooiza, esta ansiedad estacional es más habitual de lo que puede parecer y suele aparecer o intensificarse en periodos de cambio, como la primavera.

"El oído y el olfato de perros y gatos son mucho más sensibles que los nuestros", explica. "Lo que para nosotros puede ser un simple cambio de ambiente, para ellos puede convertirse en una sobrecarga constante de estímulos".

Esa acumulación de información ambiental puede mantener al animal en un estado de alerta sostenida. En perros, puede manifestarse con ladridos excesivos, hiperactividad, nerviosismo, dificultad para relajarse o conductas destructivas. En gatos, los cambios pueden verse en una mayor vocalización, inquietud, alteraciones del descanso o comportamientos territoriales.

"Cuando reciben demasiados estímulos a la vez y no tienen momentos de descanso, muchos animales entran en un estado de tensión constante que acaba afectando a su comportamiento", añade la experta.

El cambio de estación también puede alterar los ritmos biológicos. Al igual que ocurre con las personas, el aumento de horas de luz y los ajustes en los horarios pueden influir en el descanso de perros y gatos. Si duermen peor o se modifican sus rutinas de paseo, comida o actividad, algunos animales pueden mostrarse más sensibles al estrés.

Hay mascotas que necesitan más tiempo para adaptarse a los cambios de estación

"Cuando descansan peor, están más sensibles, más irritables y gestionan peor el estrés", señala Marks. "Muchas veces vemos perros más inquietos en primavera y pensamos que simplemente tienen más energía, pero detrás puede haber una alteración de su rutina en cuanto a la hora de paseo o la de comer".

La especialista recuerda que no todos los animales se adaptan al mismo ritmo. Los perros y gatos más sensibles, con antecedentes de ansiedad o con dificultades para gestionar cambios, pueden necesitar una transición más progresiva hacia las nuevas rutinas de primavera.

"Hay mascotas que necesitan más tiempo para adaptarse a los cambios de estación", apunta. "En primavera, esa adaptación puede traducirse en más inquietud, más nerviosismo o incluso cambios en su apetito".

En el caso de los gatos, la primavera puede estar asociada además a una mayor actividad hormonal, especialmente en animales no esterilizados. Esto puede traducirse en maullidos más frecuentes, marcaje, inquietud, comportamientos territoriales o peor descanso.

"Muchos propietarios notan que su gato está más nervioso, vocaliza más o duerme peor en primavera", explica Marks. "En muchos casos, la explicación está en el aumento de la actividad hormonal propio de esta época".

A estos factores se suman molestias físicas propias de la estación, como alergias, presencia de polen o picaduras de pulgas y garrapatas. Estos problemas pueden provocar picor, incomodidad y alteraciones del sueño, lo que a su vez puede aumentar la irritabilidad del animal.

La experta también advierte de que aumentar la actividad al aire libre no siempre es beneficioso si se hace de forma brusca o sin tener en cuenta el perfil del animal. "Los perros con ansiedad por separación, miedo a otros perros, sensibilidad al ruido o dificultades para adaptarse a los cambios, necesitan una adaptación gradual para no sentirse sobrepasados", señala.

Los perros con ansiedad por separación o miedos, necesitan una adaptación gradual para no sentirse sobrepasados

Para reducir el impacto de estos cambios, los especialistas recomiendan mantener rutinas estables, respetar los tiempos de descanso, ofrecer zonas tranquilas dentro de casa, adaptar los paseos a la tolerancia del animal y evitar una exposición excesiva a estímulos. El ejercicio moderado puede ayudar, siempre que no se convierta en una fuente adicional de estrés.

Marks también defiende que, en algunos casos, el apoyo nutricional puede formar parte de una estrategia más amplia para ayudar al animal a gestionar mejor los cambios estacionales. "No se trata de sedar ni de apagar al animal, sino de ayudarle a afrontar mejor el estrés y recuperar la calma de forma natural", explica.

"Con el apoyo adecuado, la primavera no tiene por qué convertirse en una época de estrés y puede ser, de hecho, la estación que más disfruten", concluye Imke Marks.

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Así son los controles que pasa la comida de tu mascota antes de llegar al comedero

A la hora de escoger una alimentación para nuestros perros y gatos, surgen muchas dudas sobre su calidad y si es la adecuada para ellos. Por ello, la la Federación Europea de la Industria de Alimentos para Animales de Compañía (FEDIAF) recuerda que la alimentación de perros y gatos está sometida a una regulación específica en la Unión Europea y a controles que abarcan desde la selección de ingredientes hasta el etiquetado final del producto.

Según la federación, la función del fabricante es proporcionar alimentos seguros y nutritivos conforme a la normativa comunitaria, en un sector regulado por más de 50 normas y apoyado por códigos de buenas prácticas de fabricación.

La seguridad de estos productos comienza en la elección de las materias primas. Los ingredientes pueden ser de origen animal o vegetal y, en el caso de los primeros, muchos proceden de partes del animal que no suelen consumirse por razones culturales o de hábitos alimentarios, como pulmones, corazón, riñones o hígado.

FEDIAF subraya que estos ingredientes son seguros siempre que hayan superado las inspecciones veterinarias correspondientes y hayan sido declarados aptos para el consumo humano.

Los ingredientes vegetales, por su parte, suelen coincidir en muchos casos con los utilizados en alimentación humana, como maíz, arroz, trigo o avena. Otros se incorporan por su función nutricional específica, como fibras vegetales, prebióticos o probióticos, con el objetivo de favorecer procesos como el tránsito intestinal o una digestión saludable.

A ello se suma la importancia de mantener una adecuada recogida, transporte y conservación de los ingredientes, incluida la cadena de frío cuando sea necesaria.

La seguridad también se juega dentro de las instalaciones de producción. Las fábricas de alimentos y snacks para mascotas están diseñadas para reducir riesgos de contaminación, con equipos de acero inoxidable, estaciones de lavado de manos, recorridos internos para minimizar contaminaciones cruzadas, revestimientos protectores en suelos y paredes, control del almacenamiento y sistemas de detección de cuerpos extraños.

Además, según la ANFAAC, en los puntos críticos se aplica la metodología APPCC, el sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, utilizado para identificar y gestionar riesgos durante el proceso.

El tipo de alimento determina también los controles necesarios. En el caso de la comida húmeda, los ingredientes de origen animal y vegetal se envasan en latas, bandejas o bolsas herméticamente selladas y después se someten a un proceso de esterilización a altas temperaturas, similar al utilizado en conservas para consumo humano.

Por ello, estos productos son estériles, no contienen bacterias vivas y pueden tener una vida útil prolongada sin necesidad de añadir conservantes durante el procesamiento.

Los alimentos secos siguen otro proceso. Habitualmente combinan ingredientes animales y vegetales tratados a altas temperaturas y después se prensan, hornean o extruyen. La extrusión es una técnica también presente en la alimentación humana, como ocurre con algunos cereales de desayuno.

A diferencia de los alimentos húmedos, los secos no se comercializan en envases herméticos y pueden estar expuestos al oxígeno o a la humedad. Por este motivo, los fabricantes emplean conservantes y antioxidantes autorizados por la normativa europea para mantener la estabilidad del producto y evitar problemas como el enranciamiento de las grasas o la aparición de moho y bacterias.

Las dietas crudas comerciales requieren una atención diferente. Pueden presentarse congeladas o liofilizadas y ser completas o complementarias. Las completas incorporan otros ingredientes, como frutas, verduras, hierbas o aditivos, para alcanzar un perfil equilibrado.

Sin embargo, al no existir un paso de procesado que destruya patógenos, FEDIAF advierte de que es necesario extremar las medidas de higiene durante su producción y manipulación.

En estos casos, las recomendaciones pasan por lavarse las manos con agua caliente y jabón tras manipular el producto, limpiar y desinfectar superficies, platos y utensilios que hayan estado en contacto con alimentos crudos, retirar los restos no consumidos y desinfectar la zona de alimentación tras la comida.

El etiquetado es otro punto clave. Los fabricantes incluyen en los envases instrucciones de uso, almacenamiento y manipulación, así como información sobre la fecha de caducidad. En términos generales, los alimentos húmedos abiertos y los crudos deben conservarse refrigerados, mientras que los secos deben guardarse en un lugar fresco y seco.

FEDIAF señala que un fabricante responsable debe contar con procesos propios de control de calidad y seguridad. Estos abarcan la selección de proveedores fiables, inspecciones periódicas, especificaciones definidas para las materias primas, controles frente a sustancias indeseables, análisis del producto terminado, registros de lotes y trazabilidad de los ingredientes y destinos.

También se incluyen pruebas microbiológicas, revisión de la integridad de los envases, detectores de metales, rayos X y verificación de la adecuación nutricional mediante análisis o estudios de alimentación animal.

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Más juego y menos estrés: ideas para enriquecer el día a día de los gatos

El gato doméstico conserva muchas necesidades propias de un pequeño cazador: explorar, acechar, trepar, esconderse, rascar, observar desde zonas elevadas, controlar su entorno... Por ello, aunque viva en un piso y tenga alimento disponible, su bienestar no depende solo de disponer de comida, agua, arena limpia y atención veterinaria.

Un ambiente pobre, demasiado previsible o sin oportunidades para expresar conductas naturales puede favorecer el aburrimiento, el estrés, la apatía, el sobrepeso, los conflictos entre gatos o problemas de conducta como arañazos en lugares inadecuados, marcaje o actividad nocturna excesiva.

Para evitar esto, el enriquecimiento ambiental permite adaptar la casa a sus necesidades físicas, cognitivas y emocionales, y no tiene por qué implicar grandes gastos.

Una de las opciones más sencillas es utilizar cajas de cartón. Para muchos gatos, una caja abierta funciona como refugio, punto de observación y zona de juego. Puede colocarse de lado, con una manta dentro, o con pequeños agujeros por los que el gato pueda meter la pata para intentar alcanzar un juguete.

También se pueden unir varias cajas para crear un pequeño túnel o circuito temporal. Lo importante es que el material esté limpio, sin grapas, cintas adhesivas sueltas ni piezas que pueda ingerir. Si el gato se limita a entrar, descansar y observar, la caja ya está cumpliendo una función valiosa: le ofrece control y sensación de seguridad.

El juego de caza simulada es otra herramienta básica. No se trata de agotar al gato, sino de reproducir una secuencia natural: mirar, acechar, perseguir, capturar y, después, descansar. Una cuerda gruesa supervisada, una pelota ligera, un tapón grande o una varita casera con una tela bien sujeta pueden servir para sesiones breves.

Conviene mover el objeto como si fuera una presa, alternando pausas y desplazamientos, en lugar de agitarlo de forma constante delante de su cara. Al final, el gato debería poder capturar el juguete para evitar frustración. Cinco o diez minutos bien planteados suelen ser más útiles que una sesión larga y caótica.

La comida también puede convertirse en una oportunidad de enriquecimiento. En lugar de dejar siempre todo el alimento en un cuenco, se puede repartir parte de la ración por distintos puntos seguros de la casa o esconder algunas bolitas de pienso en una huevera de cartón, dentro de un rollo de papel higiénico doblado por los extremos o bajo pequeños trozos de papel.

Esta búsqueda sencilla estimula el olfato y la resolución de problemas, además de ralentizar la ingesta en algunos gatos. En animales mayores, con ansiedad, con enfermedades o con dietas controladas, los cambios deben hacerse de forma gradual para no interferir con su alimentación.

Las alturas son especialmente importantes para muchos felinos. No siempre hace falta comprar grandes estructuras, de hecho, una estantería despejada (como la parte superior de un mueble accesible, una silla junto a una cómoda o una balda segura), pueden convertirse en puntos de observación.

El gato necesita poder subir y bajar sin riesgo, sin objetos que se caigan y sin quedar acorralado por otros animales o niños. En casas con varios gatos, las alturas ayudan además a repartir el espacio en vertical y pueden reducir tensiones, porque permiten que cada individuo encuentre zonas de descanso y vigilancia.

La ventana puede ser otro recurso de bajo coste si se gestiona bien. Colocar una manta o una cama cerca de un punto desde el que el gato pueda observar la calle, los árboles o el movimiento exterior ofrece estimulación visual.

Es imprescindible que la ventana esté protegida con mosquitera resistente o sistemas de seguridad adecuados, porque una caída puede tener consecuencias graves incluso desde pisos bajos. Para algunos gatos, ver aves o movimiento exterior resulta muy estimulante; aunque para otros puede generar frustración si no tienen después una vía de juego o descarga. Por eso es importante observar su respuesta y valorar si ese recurso le beneficia.

El rascado también forma parte del enriquecimiento ambiental. Rascar no es una manía ni una forma de estropear muebles: permite marcar, estirar la musculatura, cuidar las uñas y liberar tensión. Una alternativa económica puede prepararse con cartón corrugado, alfombras de fibra natural bien fijadas o restos de cuerda de sisal colocados de forma segura sobre una superficie estable.

Y hayq ue tener en cuenta que la ubicación importa tanto como el material. Si el gato rasca el sofá, colocar una opción adecuada cerca de esa zona suele funcionar mejor que esconder el rascador en una habitación que apenas utiliza.

En cuanto a la estimulación del olfato debe incorporarse con prudencia. Algunas mantas con olores familiares, objetos nuevos presentados poco a poco o pequeñas búsquedas de comida aportan novedad sin invadir el entorno.

¿Por qué? Porque no todos los gatos reaccionan bien a hierbas como la catnip o la valeriana, y algunos pueden excitarse demasiado, por lo que conviene usarlas en poca cantidad y observar. La novedad debe ser gradual, ya que muchos gatos valoran la estabilidad.

Siempre bajo supervisión y de forma gradual

El enriquecimiento ambiental low cost debe partir siempre del gato concreto que vive en esa casa. Un cachorro activo no necesita lo mismo que un gato sénior, un minino único no gestiona igual el espacio que un grupo de varios gatos y un animal miedoso puede requerir refugios antes que retos complejos.

Por eso la seguridad es prioritaria: hay que evitar cuerdas sin supervisión, bolsas con asas, piezas pequeñas, plásticos, plantas tóxicas, ventanas abiertas sin protección y cualquier objeto que pueda tragarse. Un buen enriquecimiento no se mide por lo vistoso que resulta, sino por su capacidad para aumentar el control, la calma y la actividad saludable del gato.

Con cajas, cartón, alturas seguras, comida escondida y sesiones breves de juego, es posible transformar una vivienda rutinaria en un entorno más interesante para un felino. Aunque el objetivo no es llenar la casa de estímulos, sino ofrecer oportunidades diarias para que el gato pueda comportarse como lo que es: un animal curioso, territorial, sensible y con necesidades propias.

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Una nueva guía alerta de que el maltrato animal puede ser señal de otras violencias en el hogar

El Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, COLVEMA, ha presentado la Guía para la detección del maltrato animal, un documento práctico dirigido a los profesionales veterinarios con el objetivo de facilitar la identificación de posibles situaciones de maltrato, su valoración clínica, la correcta documentación de los indicios observados y la notificación a las autoridades competentes cuando sea necesario.

El acto de presentación ha contado con las intervenciones de José Ramón Becerra, director general de Derechos de los Animales; Ángel de Oteo, director general de Agricultura, Ganadería y Alimentación de la Comunidad de Madrid; y Felipe Vilas, presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid.

La guía ha sido elaborada por el veterinario Juan María Josa, reconocido por su labor formativa y de sensibilización en el ámbito de la protección y el bienestar animal a través de cursos, seminarios y actividades de divulgación profesional.

El documento parte de una idea central: detectar a tiempo puede ser decisivo para proteger. Desde esa premisa, la guía ofrece pautas para que los veterinarios puedan reconocer señales de alerta compatibles con un posible caso de maltrato animal.

Entre ellas figuran lesiones inexplicables, fracturas antiguas o repetidas, heridas en distintas fases de evolución, deterioro del estado corporal, falta de higiene, miedo hacia la persona responsable, apatía, depresión o alteraciones de conducta.

COLVEMA también llama la atención sobre otros indicios que pueden resultar relevantes durante la consulta, como el retraso injustificado en solicitar atención veterinaria, explicaciones incoherentes sobre lo ocurrido o antecedentes de daños o muertes inexplicables en otros animales.

La violencia hacia los animales puede coexistir con situaciones de violencia familiar

El objetivo no es que el veterinario asuma funciones de juez o investigador, sino que pueda registrar de forma objetiva y ordenada aquellos hallazgos que puedan requerir una valoración posterior por parte de las autoridades competentes.

La guía incide además en una dimensión social especialmente sensible: el maltrato animal puede ser un indicador de otras formas de violencia o vulnerabilidad dentro del hogar. La violencia hacia los animales puede coexistir con situaciones de violencia familiar, violencia de género, maltrato a menores o personas mayores, exclusión social, aislamiento o acaparamiento de animales.

En estos contextos, la intervención veterinaria puede contribuir a activar recursos de protección no solo para el animal, sino también para posibles víctimas humanas. "El maltrato animal no debe entenderse únicamente como un problema aislado de bienestar animal", señala Felipe Vilas, presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid.

"En muchas ocasiones puede ser también una señal de alerta de situaciones de vulnerabilidad, violencia familiar, violencia de género, exclusión social o deterioro grave del entorno", agrega. "Por eso, la mirada veterinaria puede contribuir no solo a proteger a los animales, sino también a detectar contextos en los que otras víctimas puedan estar en riesgo".

El documento insiste en la importancia de una valoración clínica rigurosa, objetiva y estructurada. Esa evaluación debe apoyarse en el examen del animal, la observación de su comportamiento, el análisis del estado corporal, la revisión del entorno y del manejo, así como en la coherencia entre la anamnesis y los hallazgos clínicos. Esta metodología permite distinguir señales aisladas de patrones compatibles con sufrimiento, negligencia o violencia.

Uno de los aspectos clave de la guía es la documentación veterinaria. COLVEMA subraya que todo hallazgo debe quedar registrado de forma clara, con la identificación del animal, la fecha y hora del examen, la descripción objetiva de las lesiones, imágenes cuando proceda, los datos del profesional que documenta y la trazabilidad de los indicios y evidencias.

Esta información puede ser determinante si posteriormente se comunica el caso a las fuerzas y cuerpos de seguridad, al juzgado de guardia, a la Fiscalía, a las áreas de bienestar animal o a los servicios sociales cuando puedan existir personas vulnerables implicadas.

“Los veterinarios desempeñamos una función sanitaria, social y ética esencial", añade Vilas. "Nuestra responsabilidad no termina en el diagnóstico o el tratamiento: también debemos estar preparados para identificar señales de sufrimiento, documentarlas con rigor y actuar de forma prudente cuando un animal pueda estar en riesgo".

La guía también ofrece orientaciones sobre cómo notificar posibles casos de maltrato. COLVEMA recuerda que esta comunicación debe ser objetiva, descriptiva y estar respaldada por documentación suficiente. No se trata de afirmar la ilegalidad de unos hechos, sino de trasladar de manera razonada los indicios observados para que las autoridades competentes puedan valorar la situación y adoptar las medidas oportunas.

Los veterinarios desempeñamos una función sanitaria, social y ética esencial

El Colegio de Veterinarios de Madrid insiste, además, en que estas actuaciones deben preservar siempre la confidencialidad de los datos y canalizarse por las vías adecuadas. La difusión de casos en redes sociales o en otros canales no oficiales puede comprometer la investigación, dificultar la protección del animal o poner en riesgo la seguridad de las personas implicadas.

La Guía para la detección del maltrato animal se completa con una guía rápida de actuación veterinaria que resume los pasos principales ante cualquier sospecha: detectar, valorar, documentar, registrar e informar, notificar y proteger. Esta herramienta pretende facilitar una consulta ágil por parte de los profesionales y reforzar una idea básica en la atención clínica: una sospecha bien documentada puede marcar la diferencia.

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