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El Gobierno de Ayuso excluye a los no empadronados en Madrid de los descuentos del abono de transportes

El Gobierno de Ayuso excluye a los no empadronados en Madrid de los descuentos del abono de transportes

La Comunidad de Madrid defiende que estas bonificaciones financiadas con recursos públicos deban destinarse a los residentes

Guía para no perderte con la nueva tarjeta virtual de transportes en Madrid

La Comunidad de Madrid ha decidido restringir a los empadronados en la región la Tarjeta de Transporte Público Personal, conocida popularmente como abono de transportes y que sirve para obtener descuentos en el uso de la red de Metro, bus o Cercanías e incluso en algunos casos la gratuidad.

En un anuncio publicado este viernes en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, el Consorcio Regional de Transportes (CRTM) ha dictado nuevas instrucciones sobre los requisitos de residencia para esta expedición, aplicables desde el próximo lunes 15 de junio de 2026.

A partir de ese día, para sacar la TTP de carácter personal habrá que acerditar ser residente en un municipio de la Comunidad de Madrid o en alguno de los municipios integrados en las zonas tarifarias E1 y E2. El viajero tendrá que presentar un certificado de empadronamiento en vigor, o bien autorizar su consulta, en los casos en los que sea posible. Las únicas excepciones que recoge este decreto son la de los convenios con las dos Castillas o las peticiones de las familias numerosas, que en este último caso se seguirán expidiendo “por motivos tecnológicos y mientras resulte estrictamente necesario para garantizar la correcta aplicación de los beneficios legalmente reconocidos”.

La medida no tiene carácter retroactivo, pero de momento el Gobierno de Ayuso ha bloqueado las nuevas peticiones de abonos de transporte y sus renovaciones hasta el lunes, fecha en la que se implantarán las nuevas condiciones.

Según la Consejería de Transportes, la medida sirve para aplicar la Ley del Consorcio Regional de Transportes, y que establece que “las bonificaciones financiadas con recursos públicos deben destinarse a los residentes de la Comunidad de Madrid o de las comunidades con las que existan convenios”. También admiten que habían retrasado hasta ahora su puesta en marcha “por las limitaciones tecnológicas, la implantación progresiva del sistema y, posteriormente, por el impacto de la pandemia”, apunta una portavoz del Gobierno regional. “Hoy, con el sistema plenamente consolidado, es el momento adecuado para aplicarla”, añade.

Según el Gobierno de Ayuso, el 94% de la financiación del transporte público recae sobre la Comunidad de Madrid y los ayuntamientos madrileños, “por lo que resulta lógico que estas ayudas beneficien prioritariamente a quienes las sostienen con sus impuestos”. Y explican que “el impacto será reducido, ya que afecta únicamente a un 3,4% de los usuarios y no tendrá carácter retroactivo”.

La medida puede afectar, por ejemplo, a estudiantes que se desplacen a Madrid para acudir a universidades u otros centros que no se hayan empadronado en la región. El abono joven personal se encuentra a 10 euros actualmente. También a los niños o jubilados que no tengan su residencia en la región y que quieran solicitar la gratuidad para menores de 14 años o mayores de 65.

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¿Tirar más fotos o alzar la mirada? Joan Fontcuberta usa a Bad Bunny y el Papa para desgranar la obsesión por la imagen

¿Tirar más fotos o alzar la mirada? Joan Fontcuberta usa a Bad Bunny y el Papa para desgranar la obsesión por la imagen

El artista catalán deja una ponencia para el recuerdo en Matadero Madrid en la que radiografía la historia de la fotografía desde la alquimia hasta la IA, analiza el desplazamiento de su uso como registro externo a "marca biográfica" y repasa unas obras recientes que incluyen caracoles, microbios, orgasmos de Trump o a Jordi Roca

Joan Fontcuberta, la mentira plausible

El artista Joan Fontcuberta eligió (o aprobó) un título audaz y nada inocente para su charla del pasado martes 9 de junio en la sala Azcona de Cineteca Madrid, en Matadero: Debí tirar más fotos. Pero haciendo gala de su afilada visión planteó en el arranque una posible alternativa con una referencia a la otra gran presencia reciente en la capital: Alzad la mirada, lema de la visita a España del papa León XIV.

La frase divina y el sexto álbum de Bad Bunny articularon una memorable intervención de hora y media alrededor de la iconofagia, algo así como el ansia por alimentarnos de imágenes. ¿O más bien por alimentar a las imágenes? “Intentamos devorar las imágenes, pero a veces nos devoran ellas”, sugirió el ganador del Premio Nacional de Fotografía en 1998 y del Premio Nacional de Ensayo en 2011 (Fontcuberta, que no Bad Bunny ni Robert Prevost).

El pensador abordó la saturación que generan las imágenes a partir de la historia de la fotografía, partiendo de la alquimia en la presunta primera foto de la historia, tomada por el francés Joseph Nicéphore Niépce en 1820 tras un arduo proceso. De ahí a analizar una coyuntura actual en la que imágenes generadas por IA ganan concursos de fotografía e instantáneas tomadas en la naturaleza consiguen premios en certámenes de inteligencia artificial. Todo ello en un contexto curioso, pues el acto tuvo lugar en el marco de ECAM Fórum, un mercado internacional de coproducción cinematográfica impulsado por la escuela de cine madrileña. No todos los días se reflexiona sobre lo que vemos desde un espacio diseñado para fabricar nuevas imágenes en serie.

Fontcuberta muestra la primera fotografía de la historia, o al menos la que tiene ese honor porque "al ser de un francés se llevó la gloria".
Fontcuberta muestra la primera fotografía de la historia, o al menos la que tiene ese honor porque "al ser de un francés se llevó la gloria".
La imagen de la izquierda ganó un concurso de fotografía estando generada por IA, la otra ganó un concurso de inteligencia artificial tratándose de una foto.
La imagen de la izquierda ganó un concurso de fotografía estando generada por IA, la otra ganó un concurso de inteligencia artificial tratándose de una foto.

Después de una breve presentación entre dos sillas de plástico y unas cuantas plantas, Fontcuberta retomó el hilo papal para comparar dos fotografías: la de la proclamación de Benedicto XVI en 2005 y de Francisco en 2013. En la primera de ellas, solo se ven un puñado de teléfonos móviles captando el momento. Incluso una mujer mira a la cámara, parece que extrañada por el elemento o por el hecho de que alguien les retrate a ellos en vez de al nuevo Santo Padre. En la segunda, en cambio, solo se ven flashes, móviles y hasta alguna tablet.

Comparativa de dos multitudes siguiendo respectivamente la elección de Benedicto XVI y Francisco.
Comparativa de dos multitudes siguiendo respectivamente la elección de Benedicto XVI y Francisco.

Para Fontcuberta, existen dos alternativas ante la abundancia de imágenes y la “contaminación icónica”: “Centrarse en las que faltan para preguntarnos por qué no están o hacer una gestión crítica de la abundancia”. El creador y crítico cultural se centró en esta segunda opción.

Citó para ello a artistas y obras como Ira Lombardia, que en estos momentos propone en una exposición del Círculo de Bellas Artes una “huelga de imágenes”. O a Erick Kessels, artista holandés que en una instalación de 2011 desplegó 1,5 millones de instantáneas tiradas sin orden ni concierto en el FOAM, museo de la fotografía de Ámsterdam. 24 Hours in Photos aglutina todas las fotos subidas a la plataforma Flickr durante un día. Una cantidad que hoy sería mucho mayor en redes sociales como Instagram o TikTok.

Vídeo de personas paseando por la instalación '24 Hours in Photos', de Eric Kessels.
Vídeo de personas paseando por la instalación '24 Hours in Photos', de Eric Kessels.

Para ver todas las fotos de la obra de Kessels eran necesarios ocho días completos, sin descanso alguno. La conclusión de Fontcuberta es clara: “Hacemos fotos para no verlas”. Entonces, ¿por qué las tiramos? “Más que para descubrir, para reconocer lo que ya sabemos”, plantea con obras como la de Corinne Vionnet, que en sus trabajos descarga miles de instantáneas de elementos icónicos para superponerlas en una sola. La Torre Eiffel o el Golden State se convierten en escenarios que solo fotografiamos para conseguir la fotografía que todo el mundo toma de ellos. Cuando se retratan lo que se trata de ilustrar es la presencia de quien saca la foto, aunque este no aparezca en ella.

La Torre Eiffel según Corinne Vionnet, o según miles de personas que la han fotografiado de manera similar.
La Torre Eiffel según Corinne Vionnet, o según miles de personas que la han fotografiado de manera similar.

En la misma línea apunta la idea de “cámara restricta” del austriaco Phillip Schmidt, que bloquea las fotos de lugares o perspectivas donde el dispositivo capta que ya se han tomado demasiadas. Una especie de “umbral de originalidad” que el propio portador de la cámara puede ajustar.

Frente a esta idea de las fotos como registro del 'yo', como una “marca biográfica para situarnos en la historia y el lugar”, Fontcuberta contrapone un vídeo del actor y escritor Buddy Bolton donde se muestran palos de selfie destruidos justo cuando quienes los llevan se disponen a sacarse una foto. Un boicot al ego que encontró una pregunta susurrada en una espectadora del público: “¿Y si se rompe el móvil?”. Se preocupa como si de un pobre contenedor quemado en una manifestación se tratara.

A partir de una cita a Jean-Luc Godard, Fontcuberta trasladó estas cuestiones al terreno de la geopolítica y la guerra. Decía el director de Adiós al lenguaje que “una causa sin imágenes no es solo una causa ignorada, es una causa perdida”. Por ello, según el artista catalán, “si en las intifadas los palestinos tiraban piedras, hoy tiran fotos”. Si con la Muerte de un miliciano Robert Capa consiguió una de las imágenes definitivas de la Guerra Civil (una imagen posiblemente manipulada aunque el retratado sí fue asesinado en el conflicto), ahora son los propios victimarios los que filman a personas que están a punto de mirar en la guerra. Drones, ojos mecánicos, que son a la vez fotorreporteros y criminales de guerra.

En medio, como una especie de fase de transición, la retratada por el artista libanés Rabih Mroué. Mroué ha elaborado exposiciones a partir de los móviles cedidos por familiares de manifestantes asesinados durante la Primavera Árabe. Algunos de ellos contienen instantáneas del momento de su muerte, donde puede llegar a verse a quienes ejecutan los disparos mortales. De nuevo, la polisemia hizo acto de presencia y Fontcuberta citó la paradoja de tirar fotos para dejar constancia de los tiros de la represión o la violencia.

Empachados de imágenes

Fontcuberta dedicó el último tramo de su charla a hablar de algunas obras propias. En Gastropoda, deja a unos caracoles que invadieron el buzón de su casa hacer de las suyas, ya que los animales comenzaron a comerse catálogos o invitaciones de museos o galerías. “Lo que más les gusta es el expresionismo abstracto. El surrealismo no les interesa nada”, bromeó. El ensayista llevó los festines de su buzón a gran escala para una exposición que acabó con una degustación de estos deliciosos invertebrados. En la conferencia del martes no hubo ágape, aunque siguió alimentando pensamientos cuando se preguntó quién es el autor de esta Gastropoda: “La idea es mía, pero ellos son los ejecutores”.

Un poco el dilema con la inteligencia artificial generativa, con la que Fontcuberta ha estado trasteando en algunas de las ideas más recientes y menos inspiradas de su trayectoria. Es el caso de Beautiful Agony, donde en colaboración con la investigadora Pilar Rosado la aplica en los rostros de personalidades vinculadas a escándalos sexuales. Así, discursos públicos de Silvio Berlusconi, Donald Trump o el rey emérito se ven interrumpidos por una recreación de cómo serían sus orgasmos (solo los vemos a nivel facial, por suerte). Fontcuberta se muestra menos audaz al usar la inteligencia artificial que al desgranarla, ya que relató con brillantez cómo “el fotorrealismo de la IA nace de un caldo de cultivo perfecto como es la acumulación de imágenes que ahora ingieren los algoritmos”.

Más asombroso ha sido su trabajo en Trauma, proyecto en el que Fontcuberta ha buceado en imágenes deterioradas donde un paisaje alpino se transforma en una especie de constelación gracias al efecto del polvo y diversos microorganismos. De hecho, en algunas piezas llega a comparar el resultado de la acción de esos seres minúsculos con su imagen al microscopio. Y para terminar de rizar el rizo, pidió al repostero Joan Roca que elaborara una versión comestible de las fotografías microscópicas. La iconofagia en su máximo esplendor, ya que quienes se comen las imágenes acaban siendo deglutidos.

Jordi Roca y Joan Fontcuberta degustan imágenes deterioradas y carcomidas por la acción de agentes microscópicos.
Jordi Roca y Joan Fontcuberta degustan imágenes deterioradas y carcomidas por la acción de agentes microscópicos.

En el arranque de su exposición, Fontcuberta citó a Roland Barthes para justificar su locuacidad, ya que “toda imagen está a la espera de un texto”. Curiosamente, solo unos días antes otro proyecto en torno a la iconofagia pasó por la misma sala y aludió a esa simbiosis entre incontinencia verbal y visual. El cineasta Julián Génisson presentó el sábado 6 de junio en el festival Filmadrid un largometraje elaborado a partir de cientos de archivos descargados de su cuenta de Twitter, activa hasta el pasado 2025 y durante más de una década. Cuando mueres te conviertes en un sitio. Pussy in Bio, que así se titula, nació precisamente como parte de un proyecto colectivo sobre la iconofagia que nunca salió adelante.

No en vano, en el coloquio posterior al pase, Génisson bromeó con el doble sentido del disco de Bad Bunny para decir que haciendo la película se dio cuenta de que debió tirar más fotos, sí, pero a la basura. Se equivoca: el registro concatenado de su existencia digital durante una etapa de su vida, esa “marca biográfica para situarnos” a la que aludía Fontcuberta, adquiere al concretarse en una obra autoconsciente la condición de marca colectiva. Una forma de atestiguar un tiempo en el que si nos apetecía alzar la mirada era para mirar un móvil colocado sobre un palo de selfies.

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Hosteleros de Madrid desmontan las previsiones de la Conferencia Episcopal por la visita del Papa y notan un "bajón"

Hosteleros de Madrid desmontan las previsiones de la Conferencia Episcopal por la visita del Papa y notan un "bajón"

Las estimaciones más halagüeñas hablaban de beneficios de 150 millones de euros y un impacto similar al de la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, aunque ya preveían menos visitantes de otros países. La realidad del primer fin de semana se traduce en restaurantes con menor actividad y mutismo de la patronal hostelera

¿Cuánto dinero público costará la visita del Papa? Las administraciones no desvelan el coste real del viaje

La Conferencia Episcopal lanzaba una cifra mágica, casi divina, para caldear el ambiente ante la visita del papa León XIV: 150 millones de euros. Es lo que, sostienen, generará el viaje del Santo Padre por Madrid, Barcelona y Canarias. Una cantidad que compensaría con creces los 25 millones estimados de inversión.

Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario de asuntos económicos de la CEE, alardeaba de unos números que han respaldado en públicos políticos como la vicealcaldesa de Madrid, Inmaculada Sanz. Pero, en medio de los avisos para limitar desplazamientos o fomentar el teletrabajo por parte de todas las administraciones, la posible influencia de los cientos de miles de inscritos se ve mermada por el efecto en otras actividades. Incluso por una afluencia que no ha cumplido las expectativas.

Es lo que traslada a este medio una trabajadora de Costello, restaurante próximo a Matadero Madrid, en el distrito de Arganzuela. “Lo que hemos notado es que ha venido menos gente el fin de semana”, dice. “Por estas fechas ya pasa habitualmente que los findes son más flojos que entre semana, mucha gente se va fuera. Pero con esto de reducir desplazamientos ha sido más heavy”, añade. Una compañera puntualiza que lo que más han percibido a colación de la visita de Robert Prevost han sido “retrasos de los proveedores”. El refuerzo en los controles o los cortes de tráfico explican estas demoras.

Carlos, responsable del cercano bar Tobogán, cuenta que en su caso apenas han detectado cambio alguno: “Quizá este lunes ha venido un poco menos de gente a comer, pero también esperamos más actividad a última hora de la tarde porque el recorrido del Papa pasa por Pirámides. Pero vamos, el finde fue como siempre, nosotros tenemos tirón sobre todo de noche y lo que nos influye es que hagan cosas en Matadero”.

Claro que estos establecimientos no se han lanzado a la tendencia papal que sí han abrazado algunos comercios de la capital, como la tarta de queso en honor a León XIV de la pastelería La Caracola, de Antón Martín. Esther, su dueña, también admite a este diario que la afluencia habitual el fin de semana ha estado un poco interrumpida por los cortes de movilidad“, aunque matiza que tiene una ”apreciación positiva“ del viaje. ”No estamos justo en los puntos de efecto, pero hemos trabajado dentro de nuestras posibilidades Mucha gente curiosa ha probado la tarta, nos gusta aprovechar novedades a partir de eventos. A nuestra clientela le gusta y a nosotros aportar nuestro granito de arena. Tenemos un público variopinto, así que un evento que mueve tantas personas pensamos que debemos sumarnos a él, como hacemos en el Orgullo, San isidro o el Día de la Madre. Eso aporta dinamismo“, concluye.

El diagnóstico es similar, o más duro si cabe, en áreas todavía más céntricas. Gurgen es el propietario de Greek Shop, establecimiento de Malasaña situado en la corredera Alta de San Pablo: “Hemos notado un bajón”, sentencia, sobre la afluencia de clientela desde el pasado 6 de junio. Aprovecha para clamar contra los andamios que cubren el edificio del local desde hace seis meses: “Está siendo un caos”.

Incluso en pleno distrito de Chamartín, uno de los centros neurálgicos de actividad, hay quien dice que “no se ha notado nada”. Lo dice un trabajador de La Quinta de Chamartín, restaurante de la calle de Colombia. Desde la agrupación Comerciantes de Chamartín valoran eso sí el impacto del encuentro de la comunidad diocesana del lunes en el Santiago Bernabéu, convertido de nuevo por una noche en sede de todo un macroevento con conciertos y la participación de varias personalidades.

Su portavoz, Daniel Caparrós, expone que “el perfil de cliente ha sido diferente, pero interesante”. “El consumo en el Bernabéu y los alrededores en Chamartín ha sido importante”, sostiene. Resalta por encima de todo la “convivencia, frente a los conflictos que ha habido en el barrio [en referencia a la batalla vecinal contra los conciertos en el estadio del Real Madrid]. El consumo de la hostelería se ha llevado a cabo sin inconvenientes, con una salvaguarda el descanso vecinal pero es a la vez que se ha aprovechado una locomotora comercial”. Indica que “en algunos sitios se ha triplicado la cifra de ventas”, aunque en otros se ha mantenido “estable”. Su resumen es que “el barrio y el distrito han estado a la altura” en “un evento para recordar”.

Voto de silencio en la patronal hostelera

No es solo una cuestión de sensaciones. Hostelería Madrid, patronal del sector en la capital, no ofrece un análisis concreto sobre el impacto concreto de este acontecimiento: “No teníamos previsión de ingresos por lo del Papa”, afirman en una escueta respuesta a las preguntas de Somos Madrid. En contraste, la entidad ha trasladado a los medios de comunicación que los diez conciertos de Bad Bunny generarán un impacto de entre 14 y 28 millones de euros en la ciudad.

Unas actuaciones musicales que dificultan más si cabe medir con exactitud el efecto real de la estancia de León XIV, ya que parte del alza generada en estas fechas es achacable al público que acude al Metropolitano. La ocupación hotelera en los primeros días de junio es del 82% en Madrid, en torno a un 3% más que el pasado año (son datos de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid). Un aumento reseñable pero no drástico, que podría explicar por sí solo la residencia del artista puertorriqueño.

Menos tráfico y más bicis

Algunas estadísticas dejan ver igualmente un ajustado aumento de la actividad, cuando no su retroceso. Según datos del Ayuntamiento de Madrid, los viajes en buses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) descendieron un 21% el domingo 7 de junio respecto al mismo día de la semana anterior. Eso sí, los cortes y los cambios en algunas líneas explican en parte este porcentaje. Este lunes, de hecho, la bajada apenas rebasaba el 2% hasta las 11.15. Por contra, Bicimad (que opera estos días en régimen de semigratuidad) aumentó un 86% su uso el domingo y este lunes hasta las 11 el aumento era del 26%. En cuanto al tráfico de vehículos dentro la M-30, retrocede un 13%.

Las basuras también dicen mucho sobre la afluencia a un evento, aunque a la hora de estudiar los datos hay que tener en cuenta el perfil del acto o la hora de celebración. El Consistorio informa de que el sábado 6 de junio, día de la vigilia, se recogieron 19 toneladas en los contenedores de plásticos, metal y brik. El domingo, jornada de la misa, fueron 18,9. Por comparar, las fiestas de San Isidro generaron 25 toneladas el 15 de mayo de 2023 solo en los puntos de la ciudad habilitados para los festejos. No obstante, esa cifra ha ido descendiendo paulatinamente en las últimas ediciones y se corresponde con un evento ligado al consumo de alcohol.

Las comparaciones con la JMJ y el Orgullo

La milagrosa cifra de 150 millones de euros nace de una extrapolación que Giménez Barriocanal elabora a partir de lo ocurrido durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011. En aquel entonces, casi dos millones de personas se concentraron en Madrid para vivir una experiencia que implicaba mucho más que la visita de Benedicto XVI.

El dirigente de la Conferencia Episcopal lo explica así: “Es verdad que entonces había bastantes peregrinos internacionales cuyo impacto económico es más grande, pero el número de inscritos esta vez es bastante parecido, tenemos más de 450.000 personas que van a participar en alguno de los actos, es el mismo número que manejamos en la JMJ de 2011 cuando vino Benedicto XVI. Entonces el impacto económico fue de 240 millones de euros según los cálculos que hizo PriceWaterhouseCoopers”. Un matiz importante es que aquella cita se concentró en Madrid, mientras que en este caso las cantidades se dividen entre las cuatro ciudades donde se detendrá el Sumo Pontífice.

Con independencia de las interpretaciones de las cifras, lo que parece claro es que la visita del Papa a Madrid no será el principal evento de la ciudad en impacto económico, ni siquiera a corto plazo. La Conferencia Episcopal prevé unos 175 millones de gastos a nivel nacional (resultado de sumar 25 de inversión y 150 de beneficios), por lo que el peso del gasto solo en Madrid quedaría sensiblemente por debajo del que ha dejado en sus últimas ediciones el Orgullo LGTBIQ+. Según Hostelería Madrid, la cita ha reportado unos ingresos por encima de los 160 millones de euros en sus últimas dos ediciones.

Es la vertiente material de un viaje que, pese a su fuerte componente espiritual, ha dejado molestias bien palpables a muchos ciudadanos a nivel de tráfico o cortes en el tráfico y el transporte público. Giménez Barriocanal puntualizó que el menoscabo de las cuentas públicas no será una de ellas, ya que “más del 95% del gasto estimado ya está cubierto por las diferentes fuentes de financiación”. En gran parte, gracias a donativos particulares: “Está habiendo muchos donativos pequeños de cinco, 50 o 100 euros, otros de 1.000 o 3.000. Todos son igual de importantes”. En cuanto a los esfuerzos económicos de las administraciones, los atribuye sobre todo a las partidas de seguridad, orden público y movilidad urbana. Después de todo, el dinero todavía no cae del cielo.

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