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Casa Lampazas: un templo de la cocina gallega en la capital

Una gran experiencia gastronómica es la suma de muchos factores que encajan de forma natural. Cuando una cocina sobresaliente se combina con un servicio impecable y se disfruta en un entorno agradable cargado de personalidad, es imposible fallar. Casa Lampazas ha encontrado la receta para unir estos tres pilares. En su acogedor salón, el interiorismo cuidado y la atmósfera cálida enriquecen una de las despensas más serias del panorama actual, dando vida a ese maravilloso concepto de sabor gallego con alma madrileña que se respira en cada rincón. Poner el foco en el cuidado al seleccionar la materia prima y en las elaboraciones sencillas es la máxima de su día a día.

El alma de este proyecto se sostiene sobre un género de primera calidad que traen directamente del norte. En los fogones brilla el Atlántico, bajo un criterio que defienden a rajatabla: trabajar únicamente con capturas salvajes. Apuestan con éxito por piezas de anzuelo y red que pasan por la cocina respetando los tiempos idóneos de fuego, logrando platos de siempre con mucha calidad. Con el pulpo, uno de los grandes favoritos de su clientela, siguen una pauta bastante similar; se elige el método tradicional de cocción y llega a la mesa con esa firmeza tierna tan característica de las ferias populares, sumando autenticidad a la experiencia. Un básico que jamás defrauda al comensal.

Ese mismo apego a la excelencia define la propuesta carnívora y los platos de interior. La ternera de raza rubia gallega ocupa un lugar de honor, sirviéndose en piezas seleccionadas y cortes nobles que pasan por la brasa para potenciar sus jugos naturales y sus notas de maduración.

La herencia familiar y el arraigo rural se sienten en el paladar al probar, entre otras de sus especialidades, su exquisita empanada, una receta de casa que elaboran con materias primas traídas de la aldea lucense que da nombre al restaurante. El marisco fresco de los viveros norteños y los postres caseros y artesanales, elaborados de forma tradicional, completan este gran viaje culinario.

Servicio impecable

Una propuesta de este calibre se crece gracias al extraordinario factor humano que coordina el día a día. El equipo de sala está compuesto por profesionales formados en la atención clásica, que destacan por ofrecer un trato cercano, amabilidad y un conocimiento profundo de lo que sirven. Consiguen, además, ofrecer una relación calidad-precio magnífica, permitiendo que disfrutar de un producto exclusivo sea un placer accesible y muy coherente. Es, en definitiva, la dirección perfecta para entregarse a la cocina gallega con mayúsculas, un lugar que invita a regresar.

Información y reservas en el teléfono 913544195 y en casalampazasmadrid.com

© LAMPAZAS

LAMPAZAS MADRID

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Volver a la plaza: regresa la música a Icónica Santalucía Sevilla Fest

Cuando cae la noche sobre la Plaza de España de Sevilla, la capital hispalense cambia de ritmo. Las luces dibujan los arcos del monumento y miles de personas esperan que empiece algo más que un concierto. Esa es precisamente la magia de Icónica Santalucía Sevilla Fest, un festival que ha convertido uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad en el gran punto de encuentro cultural del verano.

Del 4 de junio al 18 de julio, la cita regresa con una edición que aspira a batir todos sus registros. Más de 350.000 asistentes podrían pasar este año por la Plaza de España, confirmando el crecimiento de un evento que, en apenas seis ediciones, ha conseguido consolidarse como una de las grandes referencias musicales del país.

Parte de su atractivo reside en una fórmula poco habitual. Aquí no se trata únicamente de reunir a grandes artistas sobre un escenario. La experiencia comienza mucho antes de que suene la primera canción. Pasear por la Plaza al atardecer, descubrir propuestas gastronómicas de primer nivel o disfrutar del ambiente que se genera entre concierto y concierto forma parte de la identidad del festival.

Cartel de altura

El cartel de 2026 refleja esa vocación transversal. Figuras nacionales como Raphael, Pablo Alborán, Lola Índigo, Dani Fernández, Hombres G o Antonio Orozco compartirán protagonismo con nombres internacionales de la talla de Robbie Williams, Lenny Kravitz, Maroon 5, Sting, Jamiroquai, Moby o The Prodigy. También habrá espacio para los sonidos latinos con Juan Luis Guerra, Romeo Santos y Prince Royce, Rubén Blades o Yandel Sinfónico.

Pero reducir Icónica Santalucía Sevilla Fest a una lista de artistas sería quedarse corto. Esta cita ha construido una personalidad propia gracias a la relación que mantiene con la ciudad. Cada noche atrae tanto a visitantes llegados de otros puntos del planeta como a miles de sevillanos que han incorporado la cita a su calendario cultural.

La gastronomía vuelve a ocupar un lugar destacado con restaurantes, espacios gourmet y propuestas internacionales que permiten prolongar la velada más allá de la música. A ello se suman las Endesa Music Sessions, sesiones de DJ que mantienen viva la fiesta cuando terminan los conciertos y convierten la Plaza en una pista de baile al aire libre hasta la madrugada.

Todo sucede, además, en un enclave patrimonial único. Lejos de ser un simple decorado, la Plaza de España es la gran protagonista de una experiencia que combina cultura, ocio y ciudad. Quizá por eso el lema elegido para esta edición, «Volvamos a la Plaza», conecta tan bien con el público. Porque más que regresar a un festival, supone volver a un lugar donde la música se comparte de una manera diferente.

© ©Mauri Buhigas

ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST Jean Michel Jarre010 ©Mauri Buhigas

© @Niccolo Guasti

Icónica Santalucía Sevilla Fest
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Selvas infinitas, cascadas y playas salvajes: Guinea Ecuatorial en estado puro

Aterrizar en Guinea Ecuatorial es casi como llegar a otro mundo. Basta poner un pie en este lugar para entender que no se trata de un destino cualquiera. No es comparable a casi ningún otro lugar del continente. El verde lo invade todo y el paisaje se despliega sin filtros, anunciando al visitante de que está a punto de descubrir el paraíso.

En Malabo esa primera impresión se traduce en una ciudad que termina sorprendiendo sin pretenderlo. Las calles combinan edificios coloniales, comercios y una actividad constante que se mueve a su propio ritmo. Solo hay que perderse por sus calles para entender que aquí no hay decorado turístico: hay vida real.

A esa sensación contribuye también el idioma. Guinea Ecuatorial fue colonia española durante décadas y el español sigue siendo lengua oficial. Eso se nota desde el primer paseo: permite moverse con facilidad, entender lo que ocurre alrededor y establecer una conexión directa con la gente. Es un viaje a África, pero con códigos que resultan familiares.

Pero Guinea Ecuatorial se aprecia mejor cuando se deja atrás la ciudad. Fuera de Malabo, ya en la isla de Bioko, el paisaje cambia con rapidez. La carretera se estrecha, el asfalto pierde protagonismo y la vegetación empieza a ocupar cada vez más espacio. A cada tramo aparecen escenas distintas y todo sucede de manera espontánea; casi sin tiempo para anticiparlo.

Las cascadas forman parte de ese escenario cambiante. Surgen entre la vegetación, descienden con fuerza y, en algunos puntos, continúan su recorrido hasta el mar. Ureka es uno de los lugares donde esta imagen se aprecia con claridad: varias caídas de agua llegan directamente hasta la playa, creando una escena poco habitual incluso en destinos muy conocidos. No hay itinerarios marcados ni elementos que dirijan la visita. El entorno se presenta con naturalidad, dejando que sea el propio paisaje el que marque el ritmo.

Un destino de contrastes

Las playas refuerzan la sensación de territorio virgen. La arena se extiende sin cortes, la vegetación se acerca a la orilla y el mar mantiene su presencia constante.

Arena Blanca, una de las más accesibles, permite entender bien ese equilibrio. Está cerca de la ciudad y es frecuentada por sus lugareños, pero no pierde esa sensación de amplitud. Más al norte o en zonas menos transitadas, otros tramos de costa mantienen esa misma idea: espacios abiertos dominados por el paisaje.

Ese contraste entre selva y océano define gran parte del viaje. En distancias cortas, el entorno cambia con claridad: la densidad de la vegetación deja paso al horizonte abierto del mar casi sin aviso.

En la región continental, esa sensación se amplía. El Parque Nacional de Monte Alén introduce una dimensión más profunda del país. Aquí el entorno es más variado y aún menos previsible. Recorrer sus caminos implica avanzar con atención plena, saboreando cada momento sin perder de vista la belleza del entorno. La vegetación envuelve algunos tramos y se abre en otros, dejando pasar la luz de forma irregular. Los sonidos acompañan de forma constante, aunque no siempre se identifique su origen. Es un lugar que ha de recorrerse con todos los sentidos abiertos, dejando que el entorno marque el paso.

Las ciudades completan la experiencia sin romper la armonía. Bata, por ejemplo, ofrece una imagen distinta, más dinámica. Su puerto, sus calles y su actividad comercial marcan un pulso constante. Mercados llenos, gente en movimiento y una estrecha relación con el mar forman parte del día a día. Todas las piezas del puzle encajan y se integran en la vida cotidiana.

Ese equilibrio entre naturaleza y entorno urbano forma parte de un mismo recorrido. Es fácil enlazar escenarios: una jornada puede empezar en la ciudad y acabar en una playa o en plena vegetación sin apenas darse cuenta.

Viajar por Guinea no implica seguir un plan cerrado. Cada trayecto introduce cambios y cada recorrido aporta algo distinto. El propio desplazamiento se convierte en parte de la experiencia. En cuestión de pocos kilómetros, el paisaje puede cambiar por completo y obligar a mirar de nuevo.

La postal es tan dinámica como atractiva: el sonido del agua del mar, la vegetación rodeando el camino, el ritmo de una ciudad o la amplitud de la costa. Todo se va encadenando de forma natural, convirtiendo el viaje en una experiencia difícil de olvidar.

© AFP

A person sits on a chair on the artificial beach of the Sofitel Hotel, in Sipopo, nearly 16km from Malabo in Equatorial Guinea, on April 20, 2019. In Sipopo, a seaside resort built, on the outskirts of Malabo, to host an African Union summit in 2011, there is an absolute calm. With few cars and even fewer pedestrians, the place struggles to attract businessmen and tourists. (Photo by Camille MALPLAT / AFP)

© LA RAZÓN

Postal de la catedral de Malabo, Guinea Ecuatorial
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