Javier López Vallejo, psicólogo de la selección: «Puede que De la Fuente no se sepa la teoría psicológica, pero controla la práctica»
Javier López Vallejo (Pamplona, 1975) fue un futbolista precoz, un portero que llamó la atención de los grandes de Europa antes de cumplir la mayoría de edad. Ahora ejerce como psicólogo de la selección y trata de dar a los futbolistas y al cuerpo técnico las herramientas que él no tuvo.
¿Cuál es su labor en la selección? Un psicólogo deportivo no es un psicólogo clínico.
Nada que ver. Tiene una base similar, pero en el psicólogo deportivo hay muchas connotaciones que son distintas. Solemos tratar con gente que no tiene ningún trastorno, simplemente lo que necesita es optimizar sus variables psicológicas, optimizar su rendimiento a través de trabajar todo aquello que incide en él. La psicología no lo es todo, pero realmente está en todas partes y desde ahí, ayudar a que su mejor versión sea lo más estable posible. Eso, con los jugadores pero hay otra parte donde yo suelo invertir más tiempo y es sobre todo con el seleccionador. El contexto de selección es bastante distinto a un club. En un club tienes 11 meses a los jugadores y generas un vínculo diario. En la selección si hay algo que es estable es el seleccionador, que es quien más ejerce ese liderazgo y quien mayor influencia tiene en los jugadores.
«Intento que De la Fuente se arrepienta lo menos posible»
¿Qué trabaja con De la Fuente?
Nosotros no podemos automatizar ciertas cosas, ciertos comportamientos de campo porque no hay tiempo. Se trata de generar el mayor impacto en el menor tiempo posible. Generalmente nuestros entrenamientos son las charlas. Intento ayudar al míster a generar el mayor impacto en el menor tiempo posible, acertar en el mensaje en cada charla que pueda dar. Yo simplemente le aporto ideas y él las coge o las tira a la basura en función de lo que pueda necesitar: Le ayudo en intentar afinar el mensaje, en nuestra gestión del grupo. El trabajo de los entrenadores es una constante toma de decisión permanente, sin toda la información, con una presión temporal, y cuando tomas una decisión sobre un jugador, no es sólo sobre el jugador sino que afecta al resto. Desde ahí, sobre todo intento que se arrepienta lo menos posible.
¿Escucha De la Fuente?
Sí, sí, sí, que escuche no significa que te compre todo, pero realmente mi objetivo no es que me compre lo que yo le diga, sino que en aquello que haga, él esté convencido de todas las posibilidades que puede tener y esté más seguro de todas aquellas cosas que pueda decidir.
¿Qué pasa si le llega un jugador con ansiedad, con un estrés exagerado?
Yo soy poco intrusivo, la verdad. No tiene mucho sentido obligar a alguien a hablar algo de cosas... Por un lado, hay jugadores que tienen ayuda externa y por otro, si ahí puedes identificar una necesidad, realmente o puedo intervenir yo directamente si el jugador lo requiere, o bien yo puedo identificar esa necesidad y hablo con él, o bien lo hacemos a través del seleccionador en función de lo que creamos que necesita el jugador. Pero todo depende de lo haga que se sienta cómodo el jugador.
¿Tiene algo que hacer el psicólogo cuando hay un enfrentamiento entre dos futbolistas como hemos visto últimamente en algún equipo?
Todo es una suma de detalles y en contextos tanto organizacionales como deportivos el conflicto suele existir. De alguna manera tenemos que naturalizar el conflicto, no el conflicto como una agresión física, pero sí el conflicto como que muchas veces va a haber opiniones diferentes. Sobre todo el seleccionador a veces tiene que decir cosas que igual otra persona no quiere escuchar. Es importante gestionar bien el conflicto, porque yo estoy convencido de que el conflicto existe y para mí es más importante cerrar bien un conflicto que la ausencia de un conflicto. Un conflicto bien cerrado genera vínculos y refuerza relaciones.
¿Cuánto le ayuda haber sido futbolista?
Puede ser un cierto valor añadido en cuanto a que puedes identificar más rápido ciertas cosas que a mí ya me han ocurrido. Pero también es verdad que ese tipo de cosas, aunque la situación sea similar, yo la viví de una manera e igual el jugador la está viviendo de otra diferente. Pero en un primer momento puede generar mayor credibilidad en el futbolista tener a alguien que ha sido jugador, que ha vivido las mismas situaciones y que hable un poco el mismo idioma.
Usted cuando eras muy joven, con 17, 18 años, tuvo una exposición mediática grande cuando se hablaba de su fichaje por el Milan ¿Cómo gestionó aquello?
Antiguamente la presencia del psicólogo estaba mucho más estigmatizada y realmente en mi tiempo no había. Intentabas tener tus propias herramientas. Yo creo que también uno empieza a estudiar una carrera porque, por lo menos en mi caso, había ciertas cosas que ocurrían que no tenía recursos o herramientas para solventarlas. Yo creo que cuando estudié la carrera, la teoría la hacía en la universidad y las prácticas las hacía en el equipo donde jugaba.
Y eso, ¿cómo se vive? Ni siquiera había debutado en el primer equipo cuando se hablaba de esas cosas.
No, yo tenía 15 y 16 años, yo iba muy adelantado desde muy pequeño. Yo creo que empecé a entrenar con el primer equipo con 16 años, con 17 yo creo que ya debuté, con 17 debuté en la Sub'21, , iba como bastante adelantado. Y sobre todo antiguamente el puesto de portero era un puesto donde los galones de veterano pesaban mucho y era mucho más difícil adelantar procesos que ahora. Con las herramientas que yo tenía, aunque es verdad que el contexto también determina mucho. Yo tenía una familia donde mis padres me ponían en el suelo bastante rápido y me relativizaban mucho todo. Yo creo que a mí no me costó mucho, pero obviamente con esa edad hay muchas cosas que no sabes gestionar. El que te puedan ayudar en ese sentido a tener herramientas y a comprender situaciones, yo creo que es muy importante.
¿Tiene la sensación de que todo eso le estropeó un poco la carrera. Con 15 años esperaba que tú fueras el portero de la selección y luego no fue exactamente así?
Es verdad que somos muy dados a generar expectativas y expectativas muy altas. Eso pasa muchas veces. Para conseguir ciertas cosas a veces hay un tanto por ciento que dependen de ti y hay otro por ciento de que el fútbol te lleva por otros caminos. Uno está orgulloso de la carrera que hizo, pero obviamente sí que siempre aspiras a más y me quedó la espina de debutar en la absoluta porque quizás las expectativas eran esas y no lo conseguí.
¿Eso le ayuda a aprender casos como el de Bojan, que también es un caso de progresión acelerada?
Yo creo que tan malo es acelerar un proceso como retrasarlo. Cada uno tiene su propio proceso y cada uno tiene una personalidad o un carácter que determina un poco sus propios intereses y sobre todo cómo lo interpreta. Hay cosas que nos suceden que si no tenemos la madurez para poder interpretarlo de manera correcta o útil por lo menos, es duro. Y más en este mundo de ahora. No me gustaría ser futbolista en esta época en cuanto a toda la visibilidad y la exposición que tienen los jugadores, en las redes sociales... Realmente tiene que ser un privilegiado para poder tener herramientas para poder llevarlo.
¿Les ayudan a asimilar lo que les llega de las redes sociales?
Hay un departamento de psicología en la Federación que lo llevo yo y desde pequeños, tenemos selecciones sub’14, intentamos formarles en cuanto a diferentes ámbitos, no solo de fútbol. De los chicos que vienen con 14 años a la selección española lamentablemente la proporción que va a salir de futbolistas es muy poca. En la sociedad y desde la Federación, yo creo que estamos obligados a formar a estos chicos para la vida. Estudiar tiene que formar parte del plan de ser futbolista y un buen uso de las redes sociales, diferentes formaciones que le van a ayudar. Estamos muy comprometidos en este tipo de cosas y una de esas es intentarles ayudar en el buen uso de las redes sociales. No podemos estar a espaldas de la tecnología, porque estos chicos son tecnológicamente nativos, pero sí que tienen que aprender a hacer un buen uso y aquí les intentamos formar en lo que podemos.
«Una de las cosas que antes no había que trabajar es la resiliencia, la cultura del esfuerzo»
Durante muchos años se ha formado jugadores para ganar. ¿Su trabajo es el contrario, prepararlos para la derrota?
La vida entera no es una gestión del placer, sino una gestión del displacer, porque la vida va a tener muchos momentos de incomodidad, de displacer, de cosas que no te van a ir como tú esperas. Una de las cosas que antes yo creo que igual no hacía falta ni trabajarlo porque en el día a día se veía mucho más, era esa resiliencia, esa cultura del esfuerzo. La sociedad va cambiando y el fútbol es un reflejo de la sociedad. Vivimos en el mundo de la inmediatez, donde todo lo queremos para ya, donde tenemos muy poca paciencia y si no veo resultados para ya, ya no lo quiero. El fútbol es un mundo de saber esperar, de seguir pico y pala y de seguir trabajando sabiendo que igual no vas a conseguir resultados a corto plazo, pero es el único camino y ahí no hay atajos.
Y cuando un futbolista, por ejemplo Morata, que ha hablado abiertamente de sus cuestiones de salud mental, está en esa situación, ¿consulta con usted en algún momento?
Hay jugadores con los que sí tienes una relación de confianza y lo que yo no hago es intentar asediar a un jugador para que me cuente cosas de las que no quiere hablar. De manera muy natural. El jugador también es listo y todo lo que le es útil yo creo que lo quiere cerca y lo que no, no pasa nada. Es importante también, como Álvaro, que es un gran referente no solo para nosotros, sino para muchos jóvenes, naturalizar que los futbolistas a los que intentamos idealizar en muchas cosas y en ciertas cosas con razón, son personas que juegan al fútbol y que como personas que son, les afectan ciertas cosas y en ciertos momentos de la vida. Todos necesitamos en algún momento ayuda. Que nos ayuden de alguna manera u otra, no significa que siempre la vayamos a necesitar, pero que en algún momento quizás necesitamos a alguien que nos dé alguna herramienta para poder ayudarnos porque no vamos a tener recursos, es normal. Las cosas que se viven como futbolistas a la edad que se tiene, chicos de 16 o 17 años que tienen una exposición brutal, tienes que tener muchas herramientas para poder sobrellevar eso y no es fácil.
¿El problema es que a los futbolistas se les exige una madurez que no pueden tener por edad y por experiencia vital?
Es uno de los hándicaps que tiene hoy en día la sociedad. Hay chicos con una visibilidad muy grande. Madurativamente los chicos de 16 o 17 años no están preparados y además en algún caso los entornos, quizás con que no resten, creo que ya es suficiente. Estos chicos también necesitan de alguien, de personas que les puedan encauzar y que les pongan límites y que les digan cosas que no quieran escuchar. Es importante porque muchas veces esos chicos con 16 o 17 años están ganando sueldos y están manteniendo a sus familias. Para esas familias es difícil decir a tu hijo que es quien aporta el salario, el sustento de una familia cosas que no quiere escuchar. De alguna manera a veces se convierten en súbditos del chaval.
«El conflicto no tienes que ganarlo, tienes que gestionarlo y naturalizarlo»
¿Se diluye la figura de los padres en esos casos?
Si un chico de 17 años es quien sustenta a una familia, al final se convierte un poco en el patriarca de la familia. Es difícil llevar la contraria a un chico que es el que trae el sustento, pero es necesario que este chico aprenda porque con 17 años obviamente no va a tener todas las herramientas. Que alguien le pueda decir cosas que no va a querer escuchar. Que aparezca un conflicto, poder gestionar ese conflicto y el poder cerrarlo, a mí me parece algo que en el alto rendimiento es inevitable, pero algo que tenemos que aprender a naturalizar. La diferencia es que el conflicto no tienes que ganarlo, tienes que gestionarlo. Desde ahí, cuando aparece el conflicto, naturalizarlo y ser suave en las formas, pero ser fuerte en el fondo.
Ahora que parece que se da más visibilidad a la salud mental, pero realmente nos sigue costando más ir a un psicólogo que tratarnos un esguince de tobillo. Con los futbolistas que parece que están obligados a ser modelos de éxito, ¿se multiplica esa dificultad?
Es muy importante que referentes no solo del fútbol sino del deporte puedan naturalizar la presencia de un psicólogo como alguien, como un técnico más que te ayuda a optimizar tu rendimiento. No significa que esas personas no estén tristes un día, no sufran con toda la visibilidad que hay, la exposición mediática que tienen. Desde ahí, que tengas una persona que realmente te pueda ayudar, que te pueda ayudar a sentirte comprendido, ya es algo que es un primer paso. Y para que te pueda ayudar a tener herramientas para conocerte tú más a ti mismo. Yo creo que el primer paso es intentar conocernos, que muchas veces no lo hacemos. Vivimos un poco anestesiados con el piloto automático y a esa ansiedad crónica que tenemos le ponemos remedios, pero realmente no siempre vamos a la causa. Poder tener herramientas para conocernos, para saber qué tengo que ver yo en ciertas cosas que me ocurren, el origen de ciertas cosas, al final somos un poco productos de cómo interpretamos lo que nos pasa. Entonces, desde ahí, a mí me parece una labor maravillosa esa.
«Cuando a un niño le decimos que no tiene que estar triste le estamos obligando a que tape algo que está sintiendo»
La sociedad parece que no nos permite mucho estar tristes. ¿Tenemos que permitir eso?
Cuando eres padre no te dan el manual y es difícil y por mucho que sepas y que intentes hacerlo bien, pues a veces lo estás haciendo muy mal. Y nosotros como padres, y yo me incluyo, muchas veces, empezamos a no darles herramientas cuando a un crío le decimos cuando viene de hacer algo que para él es importante o perder un partido o está triste, "no estés triste, no pasa nada". Al final lo que le estamos diciendo al crío o a la cría es que estar triste es malo. De alguna manera no le estamos permitiendo que el chaval exprese algo que él siente, lo que estamos haciendo es obligarle a que tape eso. Oye, no es bueno estar triste, con lo cual es algo que voy a seguir sintiendo, pero es algo que voy a tapar porque no lo tengo que sentir. Son ciertas cosas que vamos sembrando y que sin saber realmente no estamos haciendo bien a nuestros hijos.
Eso explica por qué es usted un miembro más del cuerpo técnico.
Sí, sí. Realmente el psicólogo deportivo es un técnico más, de la misma manera que está la especificidad del preparador físico o del entrenador de porteros. Yo creo que es una variable que es muy importante, que lo integra y yo creo que lo impregna un poco todo. Una de mis motivaciones, la verdad es que desde este tipo de puestos que igual tienen más relevancia mediática, poder abrir la puerta a los psicólogos que vienen por atrás y que se pueda naturalizar. Lo más importante es que los protagonistas del fútbol, jugadores, técnicos, seleccionadores en este caso, sientan que les es útil, que no está descontextualizado, que realmente la figura del psicólogo es útil para acercarnos más a optimizar el rendimiento de los jugadores, del seleccionador para equivocarse lo menos posible y arrepentirse lo menos posible y gestionar mejor, ¿no? Para eso la psicología te da soluciones.
Una convocatoria como la de marzo, con cuatro porteros y sabiendo que uno se va a quedar fuera, ¿le obliga a trabajar de forma diferente con ellos?
Depende mucho de las necesidades que tengan los jugadores. Y en este caso están hiperpreparados, no solo futbolísticamente, que por supuestísimo, sino a nivel de aceptar el rol que le toca en este momento. No solo lo aceptan, sino que suman desde cualquier rol. Y eso es un valor añadido inmenso para un grupo. Cuando eres jugador, puedes percibirlo, pero cuando estás en otro lado, eso es un regalo. Es que muchas veces la salud de un equipo la determina la gente que juega menos.
Y eso en el puesto de portero, que usted lo has vivido durante tantos años como profesional.
Los porteros son una cosa absolutamente increíble. Son top 3, top 4 del mundo. Joan [García], ahora que ha venido, antes Alex Remiro. Es increíble la facilidad que tienen para, siendo tan buenos y teniendo un protagonismo tan alto, aceptar al grupo en su momento, poner sus intereses individuales en beneficio del grupo. Y eso, que a este nivel es tan difícil, para mí es un regalo. Para un equipo es un regalo.
En la Eurocopa se destacó la labor de Álex Remiro, que fue el único que no jugó ni un minuto.
Sí, sí, sí. Y Alex, y David [Raya]. Ahora mismo es finalista de Champions, campeón de la Premier League, ha sido guante de oro y tiene una relación increíble con Unai, con Alex, con Joan. Yo creo que ese tipo de cosas, para mí sí es lo importante, lo que yo creo que tienen que dejar a los chavales que vienen de abajo. Y tienen que visibilizar, porque muchas veces el resultado depende de que pegue en el palo y salga. A mí el proceso me parece muy importante.
«De la Fuente ejerce un liderazgo amable y humano»
Si el seleccionador tiene que acudir a un psicólogo, ¿le consulta?
Espero que sí, no lo sé. Pero yo creo que él tiene ya mucho bagaje vital, no sólo de fútbol, sino vital. Y él en la gestión ejerce un liderazgo muy amable y muy humano. Él es muy avanzado. Él quizás no sabe la teoría, pero la práctica la controla mucho.
¿Le puede consultar cómo está la cabeza de un jugador para convocarlo, si va a ser un problema en el grupo o si se va a integrar bien?
En convocatorias así es un poco integral todo. Por un lado está a nivel deportivo, y para eso tenemos técnicos, tanto Juanjo, el segundo entrenador, como el resto de cuerpo técnico, que cada uno da su opinión. Y luego hay otros ingredientes que afectan, sobre todo en este tipo de eventos que duran tanto. Y conformar un grupo con unos valores, con una identidad de grupo, el míster lo ha creado desde el inicio, generar una identidad de grupo, que eso genere un sentimiento de pertenencia y con ciertas normas. Cualquiera que venga se integra a eso. Y el míster, obviamente, lo tiene muy en cuenta.
¿Quién cuida de la mente del psicólogo?
Un psicólogo para el psicólogo. De alguna manera también es bueno el poder tener a alguien, porque yo no puedo sostener si no soy sostenido. Y sí, por supuesto, claro que yo a veces con colegas, de manera más informal o no, pero sí que intento volcar mis cosas para que me ayuden. Sí, sí, por supuesto, es muy importante.


© Gonzalo Pérez