Después de dos ediciones de decepciones tras bordar su cuarta estrella en Brasil, sin siquiera pasar de la fase de grupos en Rusia 2018 y Qatar 2022, Alemania aterriza en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México con ganas de demostrar que es una de las candidatas al título. Su camino arranca ante la debutante Curazao, el país con menos población del torneo, que lleva con la ilusión de disputar su primer torneo mundialista.
Se ha hecho mucho de rogar. Ha tenido que esperar hasta su segundo año de rojo. Y soportar esas voces que le daban por acabado, que decían que ya no tenía magia al volante, que no era el piloto adecuado para devolver a la Scuderia a lo más alto. Pero eso se acabó. Lewis Hamilton ya sabe lo que es ganar con Ferrari. Lo ha conseguido a lo grande, haciendo historia: su primera victoria de rojo ha llegado este domingo en Barcelona, tras una actuación estelar, para convertirse en el piloto con más triunfos en Montmeló, superando a Michael Schumacher.
Fue un 12 de mayo de 2013 cuando Il Cavallino Rampante vio a uno de los suyos subirse a lo más alto del cajón por última vez. Fue Fernando Alonso —en lo que sería también su último triunfo en la Fórmula 1— el que llevó a la gloria a la escudería italiana. Y, curiosamente, el destino ha querido que haya sido él el que extienda la alfombra roja en el Circuit para que Ferrari vuelva a teñir de rojo el trazado catalán.
Porque Hamilton volaba en Barcelona, amenazando con el undercut desde su tempranera primera parada, en la vuelta 12, pese a que tuvo que volver a parar para montar medios otra vez en la 28, a Russell. El británico lideraba la carrera desde el inicio gracias a su pole pero, llegado el ecuador de la prueba, sufría con la degradación de sus neumáticos. Más aún con un Antonelli con más ritmo cada vez más cerca.
La balanza, pese a la abrumadora velocidad —con vuelta rápida tras vuelta rápida— del siete veces campeón del mundo, se decantó en la vuelta 40 cuando el Aston Martin del español se quedó tirado —consumando el tercer abandono, tras los de Stroll y Bottas— en la curva nueve por un problema con la batería.
Salió el Virtual Safety Car con una parada gratis bajo el brazo, cuando el paso por boxes de Russell y Antonelli, apenas unos giros antes, habían dejado a Lewis como líder provisional a falta de cinco vueltas para que le tocase a él. Y Ferrari y Hamilton no pudieron aprovecharlo mejor: parada rapidísima, neumáticos duros y vuelta a la pista. Salió por delante de los dos Mercedes y no volvió nunca a estar por detrás, por más que las Flechas Plateadas apretaron hasta que les fue posible para intentar dar caza al inglés.
Solo les quedó, después del golpe en la mesa de la Scuderia y Hamilton, pelear por el segundo puesto. Estuvo a punto de llevárselo el líder del Mundial, que por fin logró adelantar a un Russell sin apenas ritmo tras toda una carrera de persecución, solo para ver cómo el coche se le quedaba parado sin previo aviso. Dieciocho puntos perdidos en un abrir y cerrar de ojos, aunque podrían haber sido menos porque McLaren ya había avisado por radio a Norris que el italiano se había saltado varias veces los límites de pista y lo llevarían a los comisarios.
En la misma vuelta, su monoplaza dejó tirado a Charles Leclerc, el último en retirar su coche en Barcelona. La única pega de un fin de semana perfecto para Ferrari, que volvió a cantar por fin —tras una larga espera de 13 años— el himno de Italia en Cataluña, con la vista fija en un emocionado Lewis Hamilton que no pudo contener las lágrimas en su primera victoria con la Scuderia, que le sirve para revolucionar el Mundial y ponerse a 41 puntos de Antonelli.