Abascal y el alma podrida
He esperado seis meses para escribir sobre esto. Quería ver si se me pasaba la angustia y lograba olvidar el inhumano comentario que Abascal dedicó al público que fue a Plasencia a despedir el cuerpo sin vida del cantante de Extremoduro, Robe. Pero he vuelto a ver el vídeo de su discurso y he sentido la misma sensación desagradable y nauseabunda que la primera vez: un cosquilleo en el vientre semejante al que sentía de pequeño cuando me montaba en un columpio y se enfrentaba de golpe mi cuerpo a la gravedad, cuando un amigo se quitaba del subibaja y yo caía desde las alturas y me encontraba el suelo de bruces; un dolor profundo. Agrieta el alma ver a alguien mofarse del pésame que el pueblo extremeño y tantos admiradores mostraron a un ser querido.
