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León XIV, el Papa que decían anodino

Por odiosas que sean las comparaciones, como el refrán afirma, suelen ser útiles a la hora de analizar los fenómenos sociológicos. La respuesta popular de la visita a España del Papa nos conduce a cotejar cómo ha sido en relación con la que giraron a nuestro país anteriores pontífices.

En la memoria de los más talludos figura la que en noviembre de 1982 realizaría Juan Pablo II, un Papa carismático que viajaba con la vitola de haber contribuido a la caída del comunismo en la Europa del Este y al que el Vaticano le otorgó en 2014 una santificación express atribuyendo unos milagros cogidos con alfileres.

Karol Wojtyla levantó pasiones entre la feligresía española y la asistencia multitudinaria se repitió en cada uno de los actos que presidió y en cada una de la tres visitas que realizaría a nuestro país.

En otras tres ocasiones se dejó ver en España Benedicto XVI, un Papa menos carismático pero muy respetado por la comunidad católica que acudió en masa en 2011 a la ceremonia de Cibeles donde reunió a más de 700.000 seguidores. Cifras de asistencia estratosféricas a las que no se acerca ni de lejos ningún líder mundial ni estrella rutilante alguna del cine, la música o el deporte pero cifras que han sido ampliamente superadas por las registradas en cada uno de los actos protagonizados por León XIV, hasta desbordar las expectativas de asistencia más ambiciosas.

Cuando le nombraron Papa quienes conocían a Robert Prevost lo definían como un tipo tranquilo, discreto y reservado. En los primeros meses de pontificado no tuvo el menor protagonismo, se sabía que su pensamiento coincidía en gran medida con el de su antecesor el Papa Francisco pero su carácter introspectivo y reflexivo proyectaba una imagen menos popular.

En Roma se decía que era un buen Papa, pero un poco anodino. Algo empezamos a intuir sobre la auténtica fortaleza del personaje cuando le escuchamos los mensajes más equilibrados y sensatos sobre los desmanes a que asistimos impávidos en Oriente Medio. Algo más supimos de su entereza moral y su firmeza cuando no dudó en levantar la voz contra el belicismo de Donald Trump o Netanyahu, la polarización, el populismo y los riesgos que comporta el dominio corporativo de la inteligencia artificial por la élite tecno feudal, de la que alerta en su encíclica Magnífica Humanitas. Esa autoridad ética y su determinación en construir una diplomacia en favor de la paz agigantaron su figura atrayendo a millones de personas al margen de sus creencias religiosas.

Según el CIS, en España el 52,8% de la población se declara católica aunque solo un 16% son católicos practicantes. Es verdad que ahora se advierte un leve repunte en la espiritualidad de los jóvenes, pero en los templos la inmensa mayoría de lo asistentes peina canas. Son datos que nos inducen a imaginar cuántas del millón doscientas mil personas que se congregaron el domingo en la misa de Cibeles eran católicos practicantes, cuántos solo católicos por tradición y, lo más llamativo, cuántos eran agnósticos que quisieron sentir la fuerza y aplaudir al líder mas respetado del planeta, el que le planta cara a los poderosos y se posiciona en favor de los más vulnerables, de quienes sufren el drama migratorio, y quien clama en favor del multilateralismo y el derecho internacional.

"Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano", dijo el Papa en Cibeles, León XIV insta a no pasar de largo ante el sufrimiento ajeno. El suyo es un mensaje universal para la gente de bien, crean en lo que crean. Robert Prevost es pacifista, canonista y matemático y todo menos anodino.

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La torre más alta de la cristiandad

El Papa oficiará hoy en la Sagrada Familia de Barcelona la misa inaugural de la obra magna de Antoni Gaudí. Lo hará coincidiendo con el centenario de su muerte y cuando acaba de completarse la ejecución de la última torre de templo.

Es la llamada Torre de Jesús que, con sus 172,5 metros, supera a la Catedral alemana de Ulm y se convierte en la iglesia más alta del mundo, la estructura más elevada de la cristiandad.

Alcanzar esa cota era la pretensión de Gaudí, aunque su obsesión era convertir la luz en parte primordial de su arquitectura. Hoy León XIV podrá experimentar el prodigioso efecto logrado por el juego de luces, sombras y reflejos en el ábside y la nave central de la basílica. Una atmósfera de luminosidad que envolverá al pontífice ante los ojos del mundo incrementando aún más el interés popular por esta obra cuya construcción arrancó hace 144 años.

El Papa bendice hoy el sueño de Gaudí.

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'El Niño' amenaza con abrasar el planeta

No hay registros meteorológicos anteriores al siglo XVII. La medición más antigua se sitúa en el 1659 en el centro de Inglaterra. De ahí hacia atrás la única forma de estudiar el clima son los llamados "archivos naturales", básicamente los anillos de los árboles, testigos de hielo o sedimentos indicadores que permiten a los climatólogos reconstruir cómo actuaban los agentes atmosféricos hace miles de años.

Sin tener formación científica, a finales del siglo XIX unos pescadores peruanos advirtieron que algunos años las aguas del Pacífico eran más cálidas en la costa de su país. El fenómeno, cuya causa desconocían, solía tener lugar en la época navideña por lo que empezaron a llamarlo "la corriente del niño", una denominación que con el tiempo hizo fortuna hasta quedar bautizada en la terminología científica como El Niño.

Siglo y medio después la ciencia no ha logrado precisar con exactitud qué es lo que determina el inicio de estos ciclos de enfriamiento y calentamiento en el océano Pacífico ecuatorial, aún entendiendo que guardan relación con las variaciones en la presión atmosférica y la velocidad y dirección del viento.

De lo que sí tienen probada constancia es de la repercusión que el fenómeno tiene en la modulación del clima a escala planetaria. Los efectos de El Niño son olas de calor exacerbado, sequías intensas y lluvias torrenciales, efectos devastadores que afectan de forma directa a áreas del Pacífico pero que indirectamente inciden en otras partes del planeta con tendencia hacia veranos más intensos y calurosos, inviernos más húmedos, menos fríos y con fuertes precipitaciones.

Lo cierto es que la ONU acaba de alertar sobre la inminente formación de un episodio de El Niño que, según pronostican, provocará un calentamiento de gran impacto mundial que se sumará al cambio climático causado por la actividad humana.

Es la conclusión a la que han llegado los climatólogos de Naciones Unidas tras constatar que entre finales de abril y mediados de mayo la temperatura de la superficie en el océano Pacífico superaba en 6 grados el promedio habitual. Los científicos de la Organización Meteorológica Mundial, considerados como la fuente de información más autorizada del planeta en este campo, sitúan en un 80% por ciento el nivel de probabilidad de que se produzca un episodio de calentamiento ya entre junio y agosto y de un 90% de que el fenómeno se alargue hasta noviembre. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, ha lanzado la alarma global sobre los efectos devastadores que puede tener el que "El Niño avive el fuego del calentamiento global" y pide a la comunidad internacional que lo trate como la grave alerta climática que es.

Su mensaje incide en la necesidad de proporcionar sistemas de alerta temprana que protejan a los mas vulnerables además de reiterar la necesidad de acabar cuanto antes con la dependencia de los combustibles fósiles acelerando al máximo el tránsito a las energías renovables.

Un mensaje que no deberíamos orillar aquí en España y en todo el Mediterráneo donde ya experimentamos los estragos de las olas abrasadoras con esos incendios inapagables que arrasaron el pasado verano casi cuatrocientas mil hectáreas de nuestro medio natural. El de mayo pasado ha sido el mes con más muertes por calor desde que hay registros. Lo del clima no es asunto menor.

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