En la Franja de Gaza, las tragedias se suceden de tal forma que es casi imposible procesarlas. La población gazatí acumula capas y capas de traumas que se silencian y emergen con cada nueva conmoción. El sufrimiento presente impide recordar con claridad todo el dolor experimentado. En el enclave palestino, la vida todavía se malvive con cada nuevo amanecer. Atrás quedan los recuerdos más traumáticos, mientras sus consecuencias reverberan en los cuerpos gazatíes. La Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés) es su ejemplo más evidente, y uno de los más desgarradores. Un año después de la inauguración de los puestos de distribución de alimentos, en los que murieron más de 2.000 personas, las heridas, personales y colectivas, siguen sin cicatrizar.