En el mapa térmico de temperatura global, una herramienta visual que utiliza una escala de colores para representar las variaciones de calor en la superficie del planeta, el contraste llama mucho la atención. Una pequeña mancha azul en medio de una tonalidad naranja y roja que abarca todos los continentes y mares del planeta. Un “parche frío” en una cartografía que no para de calentarse producto de las emisiones de gases de efecto invernadero que los seres humanos seguimos lanzando a la atmósfera a niveles récord. ¿La explicación? Una corriente oceánica clave en la regulación del clima que se está debilitando por el cambio climático.