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Un Papa merengue

Si no estás en la agenda de la fontanera Leire Díez o si no has tenido una cita con ella, no eres nadie. La fontanera más famosa de España, mano derecha del Fontanero-Jefe Cerdán, se citaba con comandantes de la Guardia Civil, exmagistrados, empresarios, políticos e incluso con P. S., que quizá fuera el mismísimo Apolo de la Moncloa en carne mortal. Cuentan las malas lenguas monclovitas que cada vez que le nombran a la fontanera, el Apolo sufre ataques de ira y estrella platos contra la pared. La Bego, mujercita de su casa, aburrida de tanto destrozo parece dispuesta a pasarse a la vajilla duralex, la irrompible. La ira es uno de los siete pecados capitales, pero el Apolo no cree merecer la condenación eterna (hasta el infinito y más allá) por ese pecado. Él, como dos de cada diez españoles, no cree en el infierno.

El Papa Francisco dijo que el infierno no existía, aunque luego matizó que en realidad no era un espacio físico, sino un estado en el que alma pecadora está condenada a vivir lejos de Dios. El Apolo, fervoroso de Francisco, aceptó gozoso la palabra del Pontífice. ¿Qué le importa a un dios vivir distanciado de la presencia de otro dios? Lo importante era borrar la imagen de la caldera ardiente de Pedro Botero. Ahora el Apolo es también fervoroso de León XVI: no ha dicho nada del infierno, luego parece dar por buena la versión de su antecesor. Eso sí, no le ha complacido que Su Santidad se declarara seguidor del Madrid. Si el Apolo fuera Enrique Riquelme habría impugnado las elecciones por manifiesta intromisión del Papa a favor de Florentino Pérez, católico ferviente, devoto de Cristiano (Ronaldo dos Santos). Está bien que te ayude Tezanos, pero que lo haga el Espíritu Santo es demasiado, dicen que dice el Apolo.

© Difoosion

El Papa León XIV
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Las dos balas del Apolo

Leo que Juan Echanove prepara el estreno de la versión teatral de “La escopeta nacional” de Berlanga en el teatro Español. En la película, el gran José Sazatornil era un fabricante catalán de porteros electrónicos que buscaba influencias para colocar su producto en las nuevas viviendas protegidas. Berlanga se inspiró en las cacerías de Franco de aquella España en la que, para conseguir algo, había que ser invitado a matar codornices o ciervos junto al Poder. Corrupción entre tiros, líos amorosos, políticos venales y marqueses rijosos. No veo a Juan Echanove actualizando la versión teatral para situar la “cacería” en un parador nacional donde están hospedados la banda del Peugeot, o sea, el Apolo de la Moncloa, Ábalos, Cerdán y Koldo, y al que llega un tal José Félix Tezanos para colocarles sus infalibles urnas con IA para ganar elecciones.

O en la Oficina Siniestra de la fontanera Leire Díez donde se venden “escopetas nacionales” para cazar jueces, agentes de la UCO, periodistas, etc. Andrés Trapiello escribe que al Apolo le quedan dos balas de plata para abatir a España: el plebiscito “monarquía/república plurinacional” y el vuelco electoral merced a la nacionalización masiva de extranjeros con derecho a voto. Ay, el plebiscito: ¿quiere que Leonor no sea reina después de todo lo que ha pasado la criatura en su larga y valerosa formación en los tres ejércitos? La joven no ha parado: plegando y desplegando velas en el Juan Sebastián Elcano, arrastrándose por el barro sorteando alambradas de espino, tirándose en paracaídas sin que en tierra le esperaran los fuertes brazos de doña Letizia, pilotando ella solita el caza Pilatus PC-12…Como al fin y al cabo el Poder parece que se sustancia en volar de aquí para allá en Falcon, yo me quedo con alguien que además sepa pilotarlo. Ah, Felipe VI también sabe.

© Europa Press

Imagen de archivo de Pedro Sánchez
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