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Atentos a... Esmir Bajraktarevic, el hijo de refugiados de la guerra que eliminó a Italia del Mundial

A Esmir Bajraktarevic no se le hizo largo el camino hacia el punto de penalti. Sabía que su disparo podía cambiar la historia de un país. Con 20 años, cargaba en ese momento con la responsabilidad de cerrar la tanda que enfrentaba en la repesca a Bosnia-Herzegovina con una potencia histórica como Italia. Lo marcó: Bosnia se clasificó para este Mundial de 2026 y dejó fuera a los italianos por tercera edición consecutiva.

Pero la historia de Bajraktarevic empieza mucho antes de aquella noche: lo hace en Srebrenica. Sus padres son supervivientes de la guerra de Bosnia y, como miles de bosnios musulmanes, tuvieron que huir de una tierra marcada por el conflicto que asoló el país entre 1992 y 1995 culminado con el genocidio de Srebrenica. Allí más de 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes fueron asesinados por fuerzas serbobosnias. La familia Bajraktarevic perdió familiares durante la tragedia, pero sus padres encontraron refugio en Suiza y, años después, se instalaron en Estados Unidos gracias a un programa de acogida para refugiados. Allí, en Appleton, una pequeña ciudad del estado de Wisconsin, nació Esmir en 2005.

Siempre quiso jugar al fútbol. No obstante, su camino hacia el mundo profesional no fue sencillo. Appleton está lejos de los grandes centros de formación estadounidenses y los clubes más cercanos quedaban a varias horas de carretera. Mientras sus padres trabajaban para sacar adelante a la familia, apareció la inesperada ayuda de la familia Wascou, padres de uno de sus mejores amigos. Lo llevaban a entrenamientos y partidos, lo trataron como a un hijo más y le compraban botas para que jugara. Años después, el propio Bajraktarevic reconoció que nunca ha sabido exactamente por qué hicieron tanto por él, pero habla con ellos casi a diario porque los considera una segunda familia.

El talento terminó abriéndose paso. A los 16 años dejó Wisconsin para incorporarse a la academia del New England Revolution, a más de 1.500 kilómetros de casa. Progresó rápidamente hasta convertirse en una de las mayores promesas del fútbol estadounidense y se ganó el apodo de «Milwaukee Messi». Captó la atención de la selección norteamericana, donde pasó por todas las categorías inferiores y en enero de 2024 llegó a debutar con la absoluta en un amistoso contra Eslovenia. Parecía destinado a vestir la camiseta de las barras y estrellas.

Pero entonces apareció la llamada que siempre había esperado. Bosnia lo convocó en octubre de 2024 y Bajraktarevic eligió el camino de sus ídolos: Miralem Pjanić y Edin Džeko. Eligió el país que había conocido a través de los relatos de sus padres y el que había marcado la historia de su apellido. Llegó a compartir vestuario con el delantero y, de hecho, en su debut oficial con la elástica balcánica le dio una asistencia.

Ahora se ha convertido en uno de los símbolos de la nueva generación: la de los hijos de refugiados que, como él, crecieron lejos de casa. Esmir ríe gracias al fútbol. Disputa el segundo Mundial en la historia del país después de Brasil 2014 y su felicidad escala a un significado mayor. El día del penalti a Italia, Emir Suljagic, el responsable del centro por la memoria del genocidio de Srebrenica, publicó en sus redes que «había un plan para que este chico no pudiera nacer nunca; su risa es nuestra mayor venganza».

© EFE

FIFA World Cup 2026 - Group A - Canada vs Bosnia and Herzegovina
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Inglaterra, demasiado hasta para Croacia (4-2)

Una de las palabras que define a Croacia es «resistencia». Es un equipo «nacido» en una guerra. Los más veteranos como Modric vivieron una infancia rodeados de bombas y eso se queda marcado y se transmite, no ya para el fútbol, sino como forma de vida. Sin jugar bien, llegó al descanso contra Inglaterra con el partido empatado, y no fue un encuentro de resistencia, porque tuvo que marcar dos goles y sobrevivir a Harry Kane, el delantero, mediapunta y esta vez también mediocentro. El jugador del Bayern Múnich es capaz de hacer tantas cosas que a veces hasta puede perjudicarle. En su estreno en el Mundial de 2026 llegó por momentos a bajar casi hasta el área propia para iniciar el juego de los ingleses, pero ahí tuvo un par de pérdidas que estuvieron cerca de costarle caro a los suyos.

Pese a todo, es complicado ponerle muchos peros, porque descarga el juego de maravilla, y además marca goles. El primero que consiguió fue de penalti. Una pena máxima absurda que cometió Modric, un error extraño en un jugador de tanta calidad y tan experimentado como él. El centrocampista del Milan, leyenda del Real Madrid, quiso despejar el balón, Madueke se le adelantó y lo que despejó fue al rival. Ni siquiera perdió tiempo en protestar. La acción era clara. Livakovic paró el tiro de Kane, pero lo hizo sin un pie en la línea de gol. El VAR lo corrigió, el penalti se repitió y, a la segunda, la pelota sí acabó en la red.

El primer golpe lo devolvió Croacia con una jugada fantástica de Baturina. Él la arrancó con el pase a Stanisic, y después corrió para chutar desde fuera del área la pelota que le dejó su compañero. Inglaterra estaba siendo mejor, pero sin exagerar y sin abrumar. Tiene recursos el equipo de Tuchel, que encontró el segundo gol en un saque de córner. Kane, otra vez él, cabeceó solo, después de jugar al despiste, de salirse de la zona de barullo para entrar desde atrás por sorpresa. El descanso estaba cerca, pero Musa todavía tuvo tiempo de devolver las tablas al marcador, tras otra buena combinación de los balcánicos. Esta vez la dejada fue de cabeza, de Perisic, que partió en una posición justa, pero legal.

 

Se marchó pensativa Inglaterra al vestuario, con sensaciones contradictorias: bien con la pelota, pero algo frágil en defensa. Llega al Mundial con algunas dudas y el ambiente enrarecido desde que Tuchel dejó fuera a futbolistas como Foden, Palmer o Alexander-Arnold. Hasta la titularidad de Bellingham, que ha tenido una temporada irregular con el Real Madrid, parecía en entredicho, pero a la hora de la verdad no faltó en el once, y no decepcionó. Ya en la primera mitad había tenido participación en casi todo el campo. Pudo llamar la atención alguna de sus conducciones, pero la acción más decisiva fue una defensiva, en su área. Justo al volver de los vestuarios, además encontró el gol. Se coló a la espalda de la defensa croata, que se desajustó, y aunque su remate cruzado fue algo defectuoso y la pelota salió botando, fue suficiente para poner el 3-2.

 

Esa diana desencadenó los mejores momentos de Inglaterra, que tuvo diez minutos para sentenciar el encuentro. La palabra «resistencia» volvió a aparecer en el pensamiento de Croacia, que aguantó el torbellino ofensivo despejándolo todo y mantuvo el marcador a tiro. Marco Pasalic incluso tuvo la posibilidad de volver a poner la «X» al encuentro, pero se encontró con el despeje de Pickford, en un final abierto. El partido tenía ocasiones en los dos lados hasta que Rashford acabó con el sufrimiento inglés en una acción de transición que resolvió de forma fantástica. Fue un tanto con cierto morbo, porque Gordon le ha quitado la titularidad en Inglaterra y el puesto en el Barcelona. Pero el exjugador del Newcastle apenas se dejó ver en todo el encuentro y el futbolista que jugó cedido en el Camp Nou hizo daño en poco tiempo. Sólo es un partido, sería ventajista sacar conclusiones por ello.

 

Croacia ya no resurgió. Puede con mucho, pero no con todo.

Inglaterra - Croacia (Grupo L): mejores jugadas y resultado del partido de la fase de Grupos del Mundial 2026, en vivo online

© EUROPAPRESS

2026 FIFA World Cup - England vs Croatia
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