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León XIV renueva su llamamiento a la acogida de migrantes y a “huir de toda división”

Montserrat aguardaba desde primera hora de la mañana la llegada de León XIV. Cientos de personas esperaban al Papa con paciencia. Mientras el pontífice visitaba la prisión de Brians 1, los organizadores cerraban los últimos detalles. Los obispos españoles, que llegaron una hora antes que el Santo Padre, fueron recibidos entre aplausos.

Familias con niños jóvenes, sacerdotes y religiosos y religiosas se agolpaban para recibirle. Pau, de 32 años, remarcaba que se trataba de una "jornada histórica" que "nunca podremos olvidar". "Aunque en Cataluña muchos quieran silenciar a la Iglesia, no lo logarán. Esta visita va a ayudar a que los católicos seamos más valientes", comentaba emocionado. Júlia y Marc son padres de dos hijos y también han querido estar presentes. Para ellos, la Moreneta es especial. Le tienen una gran devoción, algo que les viene de familia. "Mis padres –dice ella– nos lo han inculcado a todos sus hijos y yo se lo estoy inculcando a los míos". Por su parte, Marc comenta que "mi familia no ha sido nunca muy practicante, pero el Señor me ha regalado la fe".

La abadía de Montserrat está situada a unos 40 Km de Barcelona y a unos 720 metros de altitud, en la ladera de la montaña. Junto al monasterio se encuentra el santuario de la Virgen cuyos orígenes son anteriores al monasterio. Desde su fundación, ha estado custodiada por los benedictinos. En su interior se encuentra la imagen, de estilo románico y de madera de álamo, de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, que data del siglo XII.

La Mare de Déu de Montserrat representa a la Virgen con el niño Jesús sentado en su regazo y mide unos 95 centímetros de altura. De color oscuro, en su mano derecha sostiene una esfera que simboliza el universo; el Niño tiene la mano derecha levantada en señal de bendición mientras que en la mano izquierda sostiene una piña. El rostro y la cabeza del Niño Jesús fueron retocados en una época posterior y muestran un estilo naturalista ajeno del todo a las imágenes románicas. La leyenda cuenta que fue encontrada en una cueva de la montaña por unos pastores en el año 880, pero la imagen actual es otra.

1.000 niños le esperaban

Subido en un carro de golf, León XIV fue saludando a los congregados y bendiciendo a los bebés que le acercaban mientras sonaban las campanas. En el atrio de la Basílica le esperaban unos 1.000 niños.

Acompañado del obispo de la diócesis, Xabier Gómez, fue acogido por el abad del monasterio, Manel Gasch. En la entrada de la Basílica besó la cruz y procedió a la aspersión de los fieles con agua bendita. Desde allí se dirigió a la Capilla del Santísimo Sacramento, donde se recogió en silencio para rezar unos segundos, para continuar hasta el presbiterio.

El obispo de Sant Feliu le dio la bienvenida y reconoció que su presencia era "una gran alegría". "Gracias por recordarnos la primacía del amor de Dios", afirmó antes de dar paso al abad.

"Su visita nos confirma en la fe y en el significado de este santuario y monasterio milenario", comenzó diciendo, para subrayar a continuación que "en este lugar hemos visto la bendición de Dios en el corazón de sus fieles" y "somos testigos de la unión de la estabilidad de los monjes benedictinos y del paso de los peregrinos".

Poniendo de relieve la devoción que en América existe hacia la Virgen de Montserrat, "donde su culto está vivo y presente como usted bien sabe", apuntó que la imagen "hace visible el misterio de la Encarnación". Asimismo, no dejó pasar la ocasión de expresar el deseo de que "este lugar sea donde el hombre se reencuentre a sí mismo y contribuya a construir un mundo de paz". El abad concluyó dando las gracias al Papa por "su testimonio en favor de todo ser humano" y por "la radicalidad de su denuncia contra la violencia para lograr un mundo sin sangre".

El rezo del rosario ocupó la parte central de la celebración y dio paso a las palabras de León XIV quien, de nuevo, comenzó hablando en catalán y a lo largo del discurso lo utilizó en varias ocasiones. "Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz", dijo.

La rosa de oro de Francisco

Prevost señaló que "los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo".

Recordó que, en 2023, el Papa Francisco concedió la rosa de oro a la Virgen, reconociendo que "ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que, en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo". "Jesús desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide" sentenció. Asimismo, sostuvo que esa "violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias".

Aludiendo al lema de su visita, “Alzad la mirada”, pidió levantar "la mirada a María" y suplicar "que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios".

"María, Reina de la paz"

Pero también hizo un llamamiento a "reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división". Así, concluyó encomendándose a "María, Reina de la paz" para "que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz".

Después de la bendición, el canto de Salve inundó entonces el templo y dio paso al Virolai, un popular himno religioso y composición poética dedicado a la Virgen de Montserrat.

León XIV aludió a todo el viaje, a lo ya vivido en Madrid y a la siguiente etapa en Canarias, elogiando que toda España "está llena de fe, de amor, de este deseo de alabar a Dios, de dar gracias a Dios y de estar unidos". Y fue en este momento cuando renovó la llamada a la acogida de los migrantes: "Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de tantos países, porque enseña como integrar a todos en una única familia". "Gracias a la comunidad de fe, a la comunidad de nuestros hermanos los monjes que reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a María nuestra Señora", terminó.

La agenda del Papa este miércoles dejó poco para lo que no fueran celebraciones o actos oficiales. Sin embargo, sí pudo almorzar con la comunidad benedictina de Montserrat después del encuentro. Se trata de toda una excepción porque la regla de San Benito por la que se rigen establece el silencio durante las comidas, pero también contempla dispensas en la atención a los huéspedes.

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El Papa renueva su llamada a la acogida de migrantes

Montserrat aguardaba desde primera hora de la mañana la llegada de León XIV. Cientos de personas esperaban al Papa con paciencia. Mientras el Pontífice visitaba la prisión de Brians 1, los organizadores cerraban los últimos detalles. Los obispos españoles, que llegaron una hora antes que el Santo Padre, fueron recibidos entre aplausos.

Familias con niños jóvenes, sacerdotes y religiosos y religiosas se agolpaban para recibirle. Pau, de 32 años, remarcaba que se trataba de una «jornada histórica» que «nunca podremos olvidar». «Aunque en Cataluña muchos quieran silenciar a la Iglesia, no lo logarán. Esta visita va a ayudar a que los católicos seamos más valientes», comentaba emocionado. Júlia y Marc son padres de dos hijos y también han querido estar presentes. Para ellos, la Moreneta es especial. Le tienen una gran devoción, algo que les viene de familia. «Mis padres –dice ella– nos lo han inculcado a todos sus hijos y yo se lo estoy inculcando a los míos». Por su parte, Marc comenta que «mi familia no ha sido nunca muy practicante, pero el Señor me ha regalado la fe».

La abadía de Montserrat está situada a unos 40 Km de Barcelona y a unos 720 metros de altitud, en la ladera de la montaña. Junto al monasterio se encuentra el santuario de la Virgen cuyos orígenes son anteriores al monasterio. Desde su fundación, ha estado custodiada por los benedictinos. En su interior se encuentra la imagen, de estilo románico y de madera de álamo, de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, que data del siglo XII.

La Mare de Déu de Montserrat representa a la Virgen con el niño Jesús sentado en su regazo y mide unos 95 centímetros de altura. De color oscuro, en su mano derecha sostiene una esfera que simboliza el universo; el Niño tiene la mano derecha levantada en señal de bendición mientras que en la mano izquierda sostiene una piña. La leyenda cuenta que fue encontrada en una cueva de la montaña por unos pastores en el año 880, pero la imagen actual es otra.

Subido en un carro de golf, León XIV fue saludando a los congregados y bendiciendo a los bebés que le acercaban mientras sonaban las campanas. En el atrio de la Basílica le esperaban unos 1.000 niños.

Acompañado del obispo de la diócesis, Xabier Gómez, fue acogido por el abad del monasterio, Manel Gasch. En la entrada de la Basílica besó la cruz y procedió a la aspersión de los fieles con agua bendita. Desde allí se dirigió a la Capilla del Santísimo Sacramento, donde se recogió en silencio para rezar unos segundos, para continuar hasta el presbiterio.

El obispo de Sant Feliu le dio la bienvenida y reconoció que su presencia era «una gran alegría». «Gracias por recordarnos la primacía del amor de Dios», afirmó antes de dar paso al abad.

«Su visita nos confirma en la fe y en el significado de este santuario y monasterio milenario», comenzó diciendo, para subrayar a continuación que «en este lugar hemos visto la bendición de Dios en el corazón de sus fieles» y «somos testigos de la unión de

la estabilidad de los monjes benedictinos y del paso de los peregrinos».

Poniendo de relieve la devoción que en América existe hacia la Virgen de Montserrat, «donde su culto está vivo y presente como usted bien sabe», apuntó que la imagen «hace visible el misterio de la Encarnación». Asimismo, no dejó pasar la ocasión de expresar el deseo de que «este lugar sea donde el hombre se reencuentre a sí mismo y contribuya a construir un mundo de paz».

El abad concluyó dando las gracias al Papa por «su testimonio en favor de todo ser humano» y por «la radicalidad de su denuncia contra la violencia para lograr un mundo sin sangre».

El rezo del rosario ocupó la parte central de la celebración y dio paso a las palabras de León XIV quien, de nuevo, comenzó hablando en catalán y a lo largo del discurso lo utilizó en varias ocasiones. «Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz», dijo.

La rosa de oro de Francisco

Prevost señaló que «los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo».

Recordó que, en 2023, el Papa Francisco concedió la rosa de oro a la Virgen, reconociendo que «ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que, en este sugestivo lugar, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo». «Jesús desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide» sentenció. También hizo un llamamiento a «reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división». Así, concluyó encomendándose a «María, Reina de la paz». Después de la bendición, el canto de Salve inundó entonces el templo y dio paso al Virolai.

El Pontífice se trasladó a la Capilla de la Virgen donde oró un instante, y siguió al balcón para ofrecer un saludo. Unas palabras en las que volvió a pedir la acogida de los migrantes. «Gracias por estar aquí, por esta hermosa manifestación de fe, todos unidos en una sola familia».

Después, almorzó con lacomunidad benedictina de Montserrat. Fue toda una excepción porque la regla de San Benito por la que se rigen establece el silencio durante las comidas, pero también contempla dispensas en la atención a los huéspedes.

© EFE

El Papa llega a Montserrat, corazón espiritual e identitario de Cataluña
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