Amazon pone cifras al agua que consume su nube en España: 68 millones de litros al año
El 30 de noviembre de 2022 el mundo cambió para siempre. Esa es la fecha en la que OpenAI abrió al público ChatGPT, el chatbot de inteligencia artificial que hizo que el boom por la IA generativa comenzase. Pero desde luego no es el inicio de la investigación y el desarrollo de sistemas sintéticos.
La inteligencia artificial lleva décadas explorándose y años poniéndose en práctica en los proyectos de las grandes compañías tecnológicas. Algunos usos eran más evidentes, como los algoritmos capaces de predecir la siguiente serie que te iba a gustar en Netflix, y otros pasaban desapercibidos, como los filtros que separaban automáticamente el correo basura de los mensajes importantes, los sistemas de reconocimiento facial que desbloqueaban el móvil o las herramientas capaces de detectar fraudes en una operación bancaria antes de que el usuario notase nada raro.
La diferencia es que ahora la IA se ha vuelto cotidiana, conversacional y masiva. Cada consulta a un chatbot, cada imagen generada, cada resumen automático o cada modelo que se entrena necesita capacidad de cómputo. Y cuanto más se usa la inteligencia artificial, más trabajo tienen que hacer los centros de datos que la sostienen.
Porque toda esa infraestructura digital, por invisible que parezca, necesita un lugar físico. Los datos no flotan en una nube abstracta: se almacenan, se procesan y se mueven en datacenters llenos de servidores que consumen electricidad, necesitan refrigeración y, en muchos casos, también agua. Un gasto que lleva bastante tiempo generando controversia.
El debate no es nuevo, pero empieza a tener cifras más concretas. Amazon ha desvelado por primera vez cuánta agua consumen sus centros de datos de AWS en España: 68 millones de litros en 2025. El consumo corresponde a Aragón, la comunidad donde se ubica la Región Cloud de AWS en nuestro país y donde la compañía opera desde noviembre de 2022.
Para hacerse una idea, 68 millones de litros equivalen aproximadamente a 27 piscinas olímpicas o al consumo de agua anual de unas 1.455 personas en España según el consumo medio doméstico que publica el INE –128 litros por habitante y día–.
¿Es mucho o poco?
Amazon defiende que esos 68 millones de litros son una cantidad pequeña si se compara con el conjunto del agua que usa la industria en la cuenca del Ebro. Según sus cálculos, el consumo de sus centros de datos en Aragón supone el 0,03 % de la demanda industrial de esa demarcación.
Dicho de otra forma: la compañía no presenta el dato como una señal de alarma, sino como la prueba de que sus instalaciones consumen poca agua en relación con otros usos industriales de la zona. También asegura que sus centros de datos en España son especialmente eficientes: emplean 0,12 litros de agua por cada kilovatio hora de energía que consumen, una cifra que Amazon sitúa muy por debajo de la media del sector.
La explicación está en cómo se refrigeran estas instalaciones. Los servidores generan mucho calor y necesitan mantenerse a una temperatura estable para funcionar. Amazon sostiene que, durante la mayor parte del tiempo, sus centros de datos se enfrían con aire exterior y que el agua solo entra en juego en los momentos de más calor, cuando hace falta un refuerzo para evitar el sobrecalentamiento.
La cifra española forma parte de un anuncio global
El dato de Aragón no llega aislado. Amazon ha publicado también por primera vez una cifra global sobre el agua utilizada por sus centros de datos. En 2025, sus operaciones mundiales emplearon 2.500 millones de galones de agua, unos 9.500 millones de litros. Para visualizarlo, equivaldría aproximadamente a 3.800 piscinas olímpicas.
La compañía sostiene que, pese al crecimiento de sus operaciones, el uso de agua en los centros de datos que posee y opera directamente se redujo un 2 % respecto al año anterior. Amazon enmarca estos datos dentro de su objetivo de ser water positive en 2030, es decir, devolver más agua a las comunidades de la que consume en sus operaciones.
Más transparencia, pero no toda la foto
La publicación supone un avance respecto a la información que Amazon venía ofreciendo hasta ahora. Durante años, la compañía ha hablado de eficiencia, sostenibilidad y proyectos de reposición de agua, pero no había dado una cifra tan concreta sobre el uso de agua de sus centros de datos en España.
Sin embargo, el dato no despeja todas las preguntas. Amazon no desglosa cuánto corresponde a cada instalación, qué parte del consumo se concentra en los meses de verano, cuánta agua se evapora en los procesos de refrigeración, cuánta se devuelve al sistema ni qué fuentes concretas se utilizan en cada centro. Tampoco permite saber cómo evolucionará ese consumo con la ampliación prevista de su infraestructura en Aragón.
Ese matiz es importante porque los centros de datos no consumen agua de forma uniforme durante todo el año. Su necesidad de refrigeración puede crecer en los días más calurosos, justo cuando la presión sobre los recursos hídricos suele ser mayor. Por eso, más allá de la cifra anual, la pregunta relevante es cuándo se usa esa agua, de dónde procede y qué impacto tiene en el territorio.
Los datos llegan en un momento crítico
El crecimiento de la inteligencia artificial generativa ha acelerado la construcción de centros de datos en todo el mundo y ha abierto un debate cada vez más visible sobre su impacto en electricidad, agua, suelo e infraestructuras locales.
En los últimos meses, la presión ha llegado incluso al interior de las propias tecnológicas. En Seattle, empleados de Amazon apoyaron una moratoria temporal a nuevos centros de datos y pidieron más regulación y transparencia sobre el impacto de estas instalaciones. La discusión no gira solo en torno al agua, sino también al consumo eléctrico, el ruido, las tarifas, la planificación urbana y la capacidad de las ciudades para absorber nuevas infraestructuras digitales.
También en Europa el sector avanza hacia mayores obligaciones de transparencia. La normativa comunitaria exige que los centros de datos con consumo energético significativo informen sobre indicadores de eficiencia energética y sostenibilidad, incluida la huella hídrica. España trabaja en esa misma línea para trasladar esas obligaciones al marco nacional.
La nube, pese a su nombre, no flota en el aire. Necesita edificios, servidores, electricidad, refrigeración, suelo y agua. Y cuanto más se extiende el uso de la inteligencia artificial, más importante resulta saber qué recursos sostiene esa infraestructura, dónde se consumen y con qué nivel de transparencia se comunican.








