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Arnold Schönberg, corazón y cerebro

Ocurrencias que se jalean —sonrisa más o menos condescendiente incluida— a un Joyce en literatura o a un Duchamp en las artes plásticas (por citar a dos de sus contemporáneos), en Arnold Schönberg provocan que muchos lleven rasgándose cansina y cínicamente las vestiduras desde hace décadas. Es como si se resistieran a aceptar a estas alturas lo que el propio austríaco denominó “la emancipación de la disonancia”, que él mismo ideó, auspició y ejecutó, incidiendo en que la “comprensibilidad” de esta última había de ser idéntica a la de la consonancia. Renúnciese a un centro tonal, elimínese toda jerarquía en la escala cromática, trátense las disonancias como si fueran consonancias: no cabe mayor democratización de la composición musical, sometida durante siglos a rígidas reglas y, en consecuencia, prohibiciones. Schönberg, al tiempo que se sentía heredero de una gloriosa tradición, y que tenía a Bach por poco menos que su padre espiritual, entendió que su revolución igualitaria era justamente lo único que podría perpetuar ese soberbio linaje secular austroalemán del que jamás quiso dejar de formar parte.

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Arnold Schönberg, retratado en 1907.

Arnold Schönberg

Berliner Philharmoniker Dir.: Kirill Petrenko 3 CD y 1 Blu-ray

© © ARNOLD SCHÖNBERG CENTER (EL PAÍS)

Arnold Schönberg, en Berlín hacia 1930.
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La catarsis emocional de Olivia Rodrigo en su nuevo disco: del deseo de una vida con Louis Partridge al dolor de la ruptura

Olivia Rodrigo (Murrieta, California, 23 años) ha demostrado desde el inicio de su carrera la capacidad que tiene de transformar sus experiencias personales en canciones que sus seguidores puedan hacer suyas. Como cantautora, sus historias de amor y de desamor acaban haciéndose públicas en forma de verso y estribillo. La artista californiana, reacia a hablar de su vida privada en entrevistas, ha encontrado en la composición su forma de desahogo, para bien y para mal. Lo ha vuelto a demostrar con su tercer disco, you seem pretty sad for a girl so in love, en el que recoge la catarsis personal que ha vivido en el último año: de desear una vida eterna junto a su entonces pareja, el actor Louis Partridge, a entender que su relación no iba a ninguna parte.

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© Matt Winkelmeyer/VF25 (WireImage for Vanity Fair)

Olivia Rodrigo y Louis Partridge en la fiesta de 'Vanity Fair' posterior a los Oscar, el 2 de marzo de 2025, cuando aún eran pareja.
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Repion: “Más te vale que no seas un patato, porque yo llevo mucho tiempo tocando y a ver qué consejo me vas a dar”

Aún recuerdan su primer bolo, en el garaje de su casa en Camargo, Cantabria. Aunque el primero más serio tuvo lugar algo después, en 2011. “Teresa tenía 14 y yo 16, fue un viernes, en la taberna Cható de Torrelavega”, hace memoria Marina Iñesta (Santander, 32 años) mientras su hermana, Teresa (Santander, 29 años), asiente con la cabeza. “Era una mezcla de versiones y canciones propias, no teníamos mucho repertorio”, añade. Still loving you, de Scorpions, nos quedaba muy guay”, apunta entre risas Teresa, “pero nuestra primera canción fue Dime, la hicimos con nueve años”. Ahora ya no la tocan, pero han logrado que su proyecto infantil sea su profesión. Eligieron Repion como nombre porque en castúo (habla de Extremadura, su padre es originario de Llerena, Badajoz) significa peonza. “Siempre quisimos girar, girar y girar”, dicen. Como plan B Marina estudió Enfermería y Teresa Comunicación Audiovisual. Cada una acaba las frases de la otra, preparan su primera Riviera (el concierto será el 16 de octubre) y afrontan con ganas la temporada de festivales (que arrancaron en el SanSan de Benicàssim y el Bime de Bogotá y continúan en citas como el Planeta Sound de Ponferrada, el Portamérica de Caldas de Reis o el Low de Torrevieja) tras haber publicado el año pasado 201, un álbum de sonido noventero que ha impulsado su carrera.

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© Antártica (EL PAÍS)

Teresa (izquierda) y Marina Iñesta, las fundadoras de Repion.
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