Colocaciones aceleradas y otras drogas de diseño
Hay un fenómeno mercantil que merece atención y, de paso, lo que Wikipedia llamaría algunas desambiguaciones. Se produce al languidecer el día, en esos momentos en los que los trabajadores completan una jornada más sin quedar reemplazados por la IA, en los que casi todo el mundo ha regresado al hogar, algunos incluso después de pasar un par de horas en un gimnasio basicfit de mochilas anaranjadas --plaga bíblica al menos en Madrid-- o de superar el curso de cerámica ocupacional que le regalaron por su cumpleaños. Es entonces cuando, como por generación espontánea, la CNMV publica de vez en cuando un intrigante anuncio: colocación acelerada. ¿Colocación acelerada? ¿Es eso cierto?, se pregunta el redactor de cierre convencido de que el supervisor del mercado aprovecha la confusión vespertina para emprender un viaje lisérgico, un colocón con algún tipo de sustancia financiera. ¿No podría ser un poco más discreta la CNMV? ¿Cómo puede incurrir en una apología de tal magnitud? Solo cuando el periodista tiene preparado el titular --”La CNMV organiza raves al cierre del mercado con apoyo del sanchismo y en plena semanal papal”--, algo en lo más profundo del hipotálamo, una señal nacida en las fosas abisales de la conciencia, le interpela. ¿Y si las colocaciones aceleradas fueran otra cosa? ¿Y si cupiese esa lejanísima posibilidad?













