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La rana escondida en la Universidad de Salamanca: la tradición estudiantil que todavía persigue a los turistas

La rana escondida en la Universidad de Salamanca: la tradición estudiantil que todavía persigue a los turistas

Esta pequeña figura se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad y en un desafío para visitantes

El pueblo desconocido de los mil retratos: no podrás andar por sus calles sin que te miren

Hay monumentos que impresionan por su tamaño y otros que deben su fama a detalles tan pequeños que pasan desapercibidos para la mayoría de las personas. A veces, una simple figura es capaz de generar más expectación que todo un edificio histórico. Ocurre cuando una leyenda, una tradición o una curiosidad consiguen sobrevivir al paso de los siglos y terminan convirtiéndose en parte inseparable de la identidad de una ciudad.

Eso es exactamente lo que sucede en Salamanca. Miles de visitantes llegan cada año hasta el corazón de la ciudad con un objetivo muy concreto: localizar una diminuta rana esculpida en piedra. Lo curioso es que la búsqueda no forma parte de una visita guiada oficial ni de una prueba imupuesta, sino de una tradición popular que lleva generaciones alimentando la imaginación de sus estudiantes.

Según recoge la web oficial de Turismo de Salamanca, existe una tradición que afirma que quien consiga ver la rana situada en la fachada universitaria aprobará los exámenes con facilidad. La leyenda nació en el ámbito académico y durante siglos fue transmitiéndose entre generaciones de estudiantes. Con el tiempo, aquella creencia acabó trascendiendo las aulas y se convirtió en una de las tradiciones más populares de la ciudad. Hoy son muchos los visitantes que se colocan frente a la fachada renacentista intentando localizar la pequeña figura antes de que alguien les revele su posición.

La dificultad no es casual. La rana no ocupa un lugar destacado ni aparece aislada del resto de la decoración. Se encuentra integrada en la compleja ornamentación plateresca de la fachada de la Universidad, rodeada de multitud de relieves, escudos, motivos vegetales y figuras escultóricas que dificultan enormemente encontrarla a simple vista. Por eso es habitual ver grupos enteros de turistas observando atentamente la piedra durante varios minutos. Algunos la encuentran rápidamente. Otros necesitan ayuda. Y unos cuantos terminan marchándose sin haber resuelto el desafío. Un secreto: está sobre una calavera tallada en la piedra.

La rana sobre la calavera.
La rana sobre la calavera.

La fachada que esconde uno de los símbolos de Salamanca

Aunque la rana de Salamanca se haya convertido en la gran protagonista, la realidad es que forma parte de uno de los conjuntos artísticos más importantes del Renacimiento español. La fachada principal de la Universidad de Salamanca, construida entre 1512 y 1516, está considerada una de las obras maestras del estilo plateresco.

El edificio forma parte del histórico Patio de Escuelas Mayores, un espacio que, según explica Turismo de Salamanca, “fue la primera intervención urbanística en la ciudad, configurado como un espacio para la contemplación de la fachada de la Universidad”. Desde este lugar se contemplan algunos de los edificios más importantes del complejo universitario, como las Escuelas Mayores, las Escuelas Menores y el antiguo Hospital de Estudiantes.

La riqueza decorativa de la fachada explica precisamente por qué la búsqueda de la rana resulta tan complicada. La piedra aparece cubierta por una extraordinaria cantidad de elementos ornamentales que convierten cada visita en un ejercicio de observación. Muchos viajeros descubren además otros detalles y símbolos mientras intentan localizar la famosa figura.

Entrada de la Universidad de Salamanca
Entrada de la Universidad de Salamanca

La universidad más antigua de España

La historia de la Universidad de Salamanca comienza hace más de ocho siglos. Turismo de Salamanca afirma que fue fundada alrededor de 1218 por iniciativa del rey Alfonso IX de León y que posteriormente recibió el reconocimiento oficial de Alfonso X el Sabio. Durante los siglos XV y XVI alcanzó uno de sus momentos de mayor esplendor y llegó a situarse entre las universidades más prestigiosas de Europa. En la actualidad sigue siendo la universidad más antigua de España y conserva algunos espacios históricos de enorme valor patrimonial.

Entre ellos destacan la Biblioteca Histórica, fundada en 1254, el aula de Fray Luis de León o el conocido Cielo de Salamanca, una pintura mural vinculada a la enseñanza de la astronomía y la astrología. También sobreviven los famosos vítores universitarios, símbolos que celebraban la obtención del grado de doctor y que todavía pueden verse en numerosos edificios históricos de la ciudad.

Para quienes buscan qué ver en Salamanca, la rana de Salamanca representa mucho más que una curiosidad turística. Es la puerta de entrada a una de las instituciones académicas más importantes de Europa y a una tradición que ha sobrevivido durante siglos. Una pequeña figura escondida entre la piedra que sigue provocando exactamente lo mismo que hace generaciones: la irresistible tentación de detenerse, mirar con atención y tratar de encontrarla antes que nadie.

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La iglesia inacabada de Gaudí de la que solo se construyó la cripta: el laboratorio secreto de la Sagrada Familia

La iglesia inacabada de Gaudí de la que solo se construyó la cripta: el laboratorio secreto de la Sagrada Familia

El templo proyectado por Gaudí para la colonia obrera de Eusebi Güell nunca llegó a completarse

Por qué Gaudí diseñó las cristaleras de la Sagrada Familia en diferentes colores según la orientación

Hay edificios famosos por su tamaño, otros por su belleza y algunos por aquello que nunca llegaron a ser. La historia de la arquitectura está llena de proyectos interrumpidos, obras que quedaron a medias por falta de financiación, cambios de planes o circunstancias inesperadas. Sin embargo, en ocasiones esas construcciones inacabadas terminan adquiriendo una relevancia incluso mayor que muchos edificios terminados, precisamente porque permiten observar el proceso creativo de algunos de los grandes genios de la historia.

Eso es lo que sucede con la Cripta de la Colònia Güell, una de las obras más fascinantes de Antoni Gaudí y, al mismo tiempo, una de las menos conocidas por el gran público. Situada en Santa Coloma de Cervelló, a pocos kilómetros de Barcelona, esta construcción representa mucho más que una iglesia inacabada. Para muchos especialistas constituye el auténtico laboratorio donde Gaudí desarrolló las soluciones arquitectónicas que más tarde aplicaría en la Sagrada Família.

La iglesia que nunca llegó a construirse

La iglesia proyectada por Antoni Gaudí para la Colònia Güell nunca llegó a completarse y únicamente se construyó la cripta inferior. El arquitecto había diseñado un templo de grandes dimensiones que debía convertirse en el centro religioso de esta colonia industrial impulsada por el empresario Eusebi Güell a finales del siglo XIX.

Colònia Güell
Colònia Güell

Según explica la Generalitat de Catalunya, Güell decidió levantar la colonia en 1890 para trasladar sus industrias textiles fuera de Barcelona. El conjunto funcionaba como una auténtica pequeña ciudad, con viviendas para los trabajadores, equipamientos culturales, escuelas y espacios religiosos. Dentro de ese proyecto, Gaudí recibió el encargo de diseñar una iglesia que debía convertirse en uno de los elementos más destacados del complejo.

Sin embargo, la construcción nunca pasó de su primera fase. Diversos problemas económicos y la paralización del proyecto provocaron que únicamente llegara a ejecutarse la parte inferior del edificio. Lo que hoy conocemos como Cripta de la Colònia Güell es, en realidad, la base de una iglesia mucho más ambiciosa que jamás llegó a levantarse.

El laboratorio secreto de la Sagrada Família

Precisamente esa condición de obra inacabada es la que ha convertido a la Cripta de la Colònia Güell en una pieza fundamental para comprender la evolución de Antoni Gaudí. Muchos historiadores consideran que fue aquí donde el arquitecto puso a prueba algunas de las ideas más revolucionarias que posteriormente desarrollaría en la Sagrada Família.

Cripta de la Colònia Güell
Cripta de la Colònia Güell

La importancia del edificio reside en que Gaudí pudo experimentar con estructuras, materiales y formas arquitectónicas completamente innovadoras para la época. Los arcos inclinados, las columnas oblicuas, las superficies curvas y la integración de elementos inspirados en la naturaleza aparecen ya claramente definidos en este proyecto. Por eso se habla a menudo de la cripta como un “laboratorio”. Antes de aplicar determinadas soluciones constructivas en la gran basílica barcelonesa, Gaudí las ensayó en la Colònia Güell, comprobando su comportamiento estructural y perfeccionando conceptos que más tarde alcanzarían su máxima expresión en la basílica de Barcelona –recientemente santificada por el Papa–.

La relevancia de esta obra fue reconocida internacionalmente cuando la UNESCO declaró la cripta Patrimonio Mundial en 2005, considerándola una de las contribuciones más importantes del arquitecto catalán al patrimonio universal. La Colònia Güell conserva hoy gran parte de la esencia que la convirtió en uno de los proyectos industriales más avanzados de su tiempo. La Generalitat destaca que el conjunto incorporaba las innovaciones constructivas más modernas del momento y reunía a algunos de los mejores arquitectos vinculados al modernismo catalán.

Además de la obra de Gaudí, pueden contemplarse edificios diseñados por figuras como Joan Rubió o Francesc Berenguer. Entre ellos destacan la escuela, la cooperativa, la casa parroquial y diversas viviendas que muestran el uso innovador del ladrillo, el hierro y el mosaico cerámico.Especial atención merecen construcciones como Ca l'Espinal o Ca l'Ordal, cuyas fachadas demuestran que la arquitectura obrera podía combinar funcionalidad y riqueza estética. Todo ello convierte la colonia en uno de los conjuntos modernistas más interesantes para quienes buscan qué ver cerca de Barcelona más allá de los circuitos turísticos habituales.

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La villa de las tres mentiras, Santillana del Mar: la población cántabra que ni es «santa», ni «llana», ni tiene «mar»

La villa de las tres mentiras, Santillana del Mar: la población cántabra que ni es «santa», ni «llana», ni tiene «mar»

Considerada una de las localidades histórico-artísticas más importantes de España, esta villa medieval esconde tras su curioso apodo siglos de patrimonio, arte y tradición

Los siete miradores más espectaculares de Cantabria

Hay pueblos que se hacen famosos por un monumento concreto, otros por un paisaje espectacular y algunos por una historia tan peculiar que termina eclipsando todo lo demás. A veces basta una frase ingeniosa para despertar la curiosidad de miles de viajeros y convertir una localidad en una parada obligatoria. Sin embargo, detrás de esos lemas populares suele esconderse una realidad mucho más rica y compleja que merece ser descubierta con calma.

Eso es precisamente lo que ocurre con Santillana del Mar, una de las localidades más visitadas de Cantabria. Quien escucha hablar de ella por primera vez suele encontrarse con un apodo tan llamativo como famoso: la villa de las tres mentiras. Una expresión que se ha repetido durante décadas y que ha contribuido a hacer todavía más conocida una población que, mucho antes de convertirse en un reclamo turístico, ya era uno de los grandes referentes históricos y culturales del norte de España.

La villa de las tres mentiras

Así lo recoge la propia web oficial de Turismo de Cantabria. Es allí donde se explica que Santillana del Mar es conocida como “la villa de las tres mentiras” porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar:

  1. Ni es santa. La primera de las supuestas mentiras tiene que ver con su nombre. Aunque muchos podrían pensar que hace referencia a una santa llamada Santillana, en realidad el origen está vinculado a Santa Juliana, una mártir cristiana cuyos restos llegaron a la zona durante la Alta Edad Media. Con el paso de los siglos, el nombre evolucionó fonéticamente hasta convertirse en Santillana.
  2. Ni es llana. La segunda alude a su relieve. Quien visite la localidad comprobará rápidamente que no se trata de una población especialmente llana. Sus calles presentan desniveles y pendientes propias de la geografía cántabra, muy alejadas de la imagen que podría sugerir su nombre.
  3. Ni tiene mar. La tercera mentira tampoco es completamente cierta. Aunque el municipio posee costa y playas como Santa Justa o Ubiarco, el casco histórico de Santillana del Mar no se encuentra junto al mar ni posee un puerto marítimo. De ahí nace la popular broma que ha terminado acompañando a la villa durante generaciones.

Sin embargo, reducir Santillana del Mar a su famoso apodo sería injusto. Turismo de Cantabria la define como una de las localidades de mayor valor histórico-artístico de España, hasta el punto de afirmar que prácticamente todo en ella puede considerarse monumento. El origen de la población actual se remonta al siglo IX, cuando ya existía el Monasterio de Santa Juliana. Posteriormente, durante el siglo XII, se levantó la actual colegiata de Santa Juliana, considerada uno de los mejores ejemplos del arte románico de Cantabria. En torno a este edificio fue creciendo un núcleo urbano que alcanzó una notable prosperidad económica durante la Edad Media.

Claustro de la Colegiata de Santillana del Mar
Claustro de la Colegiata de Santillana del Mar

Ese esplendor todavía puede apreciarse hoy en las numerosas casonas, palacios y torres nobiliarias que se conservan en sus calles empedradas. Entre las construcciones más destacadas figuran las torres de Don Borja y del Merino, consideradas algunas de las edificaciones civiles más antiguas de la localidad. A ellas se suman palacios como los de Velarde, Barreda o Tagle, que ayudan a explicar la importancia histórica que alcanzó la villa. Recorrer el centro histórico a pie es una de las experiencias más recomendables para quienes buscan qué ver en Cantabria. Las calles conservan gran parte de su trazado medieval y ofrecen una de las imágenes urbanas mejor preservadas del norte peninsular.

La sombra de la Cueva de Altamira

Hablar de Santillana del Mar implica también hablar de la Cueva de Altamira, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo. Turismo de Cantabria recuerda que esta cavidad alberga algunas de las pinturas rupestres más famosas del planeta y que ha sido descrita en numerosas ocasiones como la “Capilla Sixtina” del arte prehistórico.

Archivo - La Neocueva iluminada con la luz original de Altamira
Archivo - La Neocueva iluminada con la luz original de Altamira

Su descubrimiento a finales del siglo XIX provocó una auténtica revolución científica. Durante años, muchos investigadores se resistieron a aceptar que aquellas pinturas pudieran tener más de 14.000 años de antigüedad. Hoy constituyen una de las grandes referencias del patrimonio mundial y uno de los principales atractivos culturales de Cantabria. Para garantizar su conservación, la cueva original permanece protegida y el público puede visitar la conocida Neocueva, una reproducción inaugurada en 2001 que permite contemplar con enorme fidelidad las pinturas y comprender mejor la importancia histórica del yacimiento.

Por todo ello, Santillana del Mar es mucho más que la villa de las tres mentiras. Es un lugar donde conviven patrimonio medieval, arte románico, historia prehistórica y tradición cántabra. Un pueblo que juega con su famoso apodo, pero que en realidad guarda algunas de las mayores verdades culturales y patrimoniales de toda España.

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El monasterio de la Ribeira Sacra que nació en el siglo X y quedó escondido entre bosques de castaños

El monasterio de la Ribeira Sacra que nació en el siglo X y quedó escondido entre bosques de castaños

Rodeado por árboles centenarios y situado en uno de los parajes más aislados de Ourense, este antiguo monasterio benedictino fue uno de los centros religiosos más importantes de la zona

Este maravilloso lugar de España está a punto de convertirse en Patrimonio de la Humanidad

Hay lugares cuya belleza no depende únicamente de los edificios que albergan, sino también de la ruta necesaria para llegar hasta ellos. A menudo, los rincones más especiales aparecen alejados de las grandes carreteras y de los itinerarios más transitados, ocultos entre bosques, montañas o valles que parecen haber quedado al margen del paso del tiempo. Son espacios donde el paisaje y la historia terminan formando una misma realidad difícil de separar.

Eso es precisamente lo que ocurre en la Ribeira Sacra, una de las comarcas más singulares de Galicia. Entre viñedos en terrazas, profundos cañones fluviales y extensos bosques de castaños se encuentra Santa Cristina de Ribas de Sil, un monasterio que durante siglos permaneció prácticamente escondido en el soto de Merilán y que todavía hoy conserva parte de la atmósfera de aislamiento que marcó su historia.

Un monasterio que nació hace once siglos

Santa Cristina de Ribas de Sil se encuentra rodeado por uno de los paisajes forestales más característicos de la Ribeira Sacra, un entorno dominado históricamente por los castañares que los propios monjes ayudaron a cultivar durante siglos. La ubicación no fue casual. Los monasterios medievales buscaban lugares apartados que favorecieran la vida religiosa, pero también territorios fértiles que permitieran garantizar su autosuficiencia.

Monasterio de Santa Cristina por la parte de atrás
Monasterio de Santa Cristina por la parte de atrás

Según explica la web oficial de Turismo Ribeira Sacra, “el monasterio benedictino tiene su origen en el siglo X. Primero fue un monasterio independiente y después de la reforma del siglo XVI, queda como priorato dependiente del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, al igual que el de San Vicente de Pombeiro en tierras de Pantón”; fue entonces cuando llegó a convertirse en uno de los centros monásticos más importantes de toda la comarca. Su relevancia durante la Edad Media queda reflejada en las antiguas vías de comunicación que todavía se conservan en los alrededores y que conectaban este enclave con otros puntos estratégicos del territorio.

Los monjes dedicaron buena parte de su actividad al cultivo de la vid y del castaño, dos elementos fundamentales para la economía tradicional de la Ribeira Sacra. Durante siglos, el monasterio actuó como un centro religioso, agrícola y económico en una zona donde la vida cotidiana estaba profundamente vinculada al aprovechamiento del paisaje.

Uno de los grandes ejemplos del románico gallego

El edificio que hoy contemplan los visitantes corresponde principalmente a las etapas de mayor esplendor del monasterio. La joya principal es su iglesia, una construcción románica levantada entre finales del siglo XII y comienzos del XIII. Se trata de uno de los ejemplos más destacados del románico gallego conservados en el interior de Galicia.

La cabecera presenta tres ábsides semicirculares, mientras que la fachada destaca por su gran rosetón calado, uno de los elementos más reconocibles del conjunto. La portada muestra varias arquivoltas decoradas con motivos geométricos y capiteles donde predominan las formas vegetales. En el interior se conserva una estructura sobria que combina elementos románicos con intervenciones posteriores realizadas durante el Renacimiento.

Entre las piezas más interesantes figuran las pinturas murales del siglo XVI conservadas en el ábside central. En ellas aparecen representadas figuras como la Virgen, San Juan, Santo Domingo o Santa Lucía. También se conserva un altar románico en una de las capillas laterales, uno de los escasos ejemplos de este tipo que han llegado hasta nuestros días dentro del complejo.

¿Qué queda hoy de Santa Cristina de Ribas de Sil?

La historia del monasterio cambió profundamente tras la reforma monástica del siglo XVI. Fue entonces cuando dejó de ser una institución independiente para convertirse en priorato dependiente de Santo Estevo de Ribas de Sil. Durante esa etapa se reformó el claustro y se realizaron muchas de las intervenciones artísticas que todavía pueden observarse.

La posterior desamortización provocó el abandono definitivo del conjunto monástico. Gran parte de las dependencias donde residían los monjes desaparecieron con el paso del tiempo y actualmente solo se conservan algunos restos del claustro renacentista. Aun así, el conjunto mantiene una enorme fuerza patrimonial gracias a la iglesia, la torre campanario y diversos elementos arquitectónicos distribuidos por el recinto.

Para quienes buscan qué ver en Ribeira Sacra, pocos lugares combinan de manera tan perfecta patrimonio y paisaje. Santa Cristina de Ribas de Sil no solo destaca por su arquitectura románica, sino también por su ubicación en pleno corazón de los castañares que ayudaron a moldear la identidad de esta comarca. Un monasterio nacido hace más de mil años que continúa escondido entre bosques, exactamente igual que cuando los primeros monjes eligieron este rincón para levantarlo.

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La fiesta española que nació de una pelea en medio de un desfile: así nació la tradición de arrojar tomates

La fiesta española que nació de una pelea en medio de un desfile: así nació la tradición de arrojar tomates

Lo que comenzó como un altercado improvisado durante las fiestas de un pequeño municipio valenciano terminó convirtiéndose en una de las celebraciones

Sí, en tu región tienes tomates, pero ¿tienes tomates de untar?

Muchas de las tradiciones más populares tienen orígenes solemnes, religiosos o vinculados a acontecimientos históricos de gran importancia. Otras, en cambio, nacen de manera completamente inesperada. A veces basta una casualidad, una ocurrencia colectiva o incluso un momento de caos para poner en marcha costumbres que terminan sobreviviendo durante generaciones. Con el paso del tiempo, esas historias se transforman en parte de la identidad de un lugar y acaban atrayendo a miles de personas llegadas desde todos los rincones del planeta.

Eso es precisamente lo que ocurrió en Buñol, una localidad valenciana de poco más de nueve mil habitantes que cada verano se convierte en el escenario de una de las celebraciones más conocidas del mundo. Hoy, la tomatina reúne a miles de participantes que se lanzan toneladas de tomates durante una batalla multitudinaria. Sin embargo, el origen de esta peculiar fiesta fue mucho más improvisado de lo que muchos imaginan.

¿Cómo nació la tradición de lanzar tomates?

La celebración que conocemos hoy en día viene de episodio ocurrido durante las fiestas patronales de Buñol en 1945. Según la versión más contada y recogida, todo comenzó durante un desfile festivo conocido como desfile de gigantes y cabezudos. En medio de la celebración se produjo una pelea o altercado entre varios jóvenes que participaban en el evento.

Imagen de archivo de un participante en la Tomatina del 2024. EFE/Biel Aliño
Imagen de archivo de un participante en la Tomatina del 2024. EFE/Biel Aliño

Durante el enfrentamiento, algunos de ellos comenzaron a coger tomates de un puesto cercano de verduras para lanzárselos unos a otros. Lo que empezó como una discusión acabó convirtiéndose en una improvisada batalla de tomates en plena calle. La situación llamó la atención de vecinos y autoridades, que pusieron fin al incidente cuando lograron recuperar el control de la situación.

Sin embargo, lejos de quedar como una simple anécdota, el episodio dejó huella entre los participantes. Al año siguiente, varios jóvenes decidieron repetir la experiencia de manera voluntaria y acudieron al mismo lugar llevando tomates desde sus casas. Aquella segunda batalla ya no fue fruto de una pelea espontánea, sino una recreación consciente de lo ocurrido el año anterior. Así comenzó realmente la tradición de lanzar tomates que acabaría dando origen a la tomatina.

De una broma local a una de las grandes fiestas de España

Las autoridades no siempre vieron con buenos ojos aquella costumbre. De hecho, la web oficial de la festividad narra que “la policía disolvió en sucesivos años la reciente tradición, los chicos, sin saber nada, habían hecho historia. La Tomatina fue prohibida a principios de los 50. Esto no disuadió a sus participantes que llegaron a ser, incluso, detenidos. Pero el pueblo habló y la fiesta volvió a permitirse, uniéndose más participantes y tornándose cada vez más frenética. La fiesta fue, de nuevo, cancelada hasta 1957”. Sin embargo, la popularidad del evento siguió creciendo entre los vecinos de Buñol, que continuaron defendiendo la celebración como una parte cada vez más importante de sus fiestas.

La localidad valenciana de Buñol ha celebrado este miércoles su mundialmente conocida Tomatina, una tradicional 'batalla campal' a tomatazo limpio en la que han participado más de 20.000 personas y que ha presentado la novedad de ofrecer entradas VIP a 500 euros para vivir la fiesta a bordo de los camiones desde los que, durante una hora, se han lanzado 120.000 kilos de tomates. EFE/Biel Aliño
La localidad valenciana de Buñol ha celebrado este miércoles su mundialmente conocida Tomatina, una tradicional 'batalla campal' a tomatazo limpio en la que han participado más de 20.000 personas y que ha presentado la novedad de ofrecer entradas VIP a 500 euros para vivir la fiesta a bordo de los camiones desde los que, durante una hora, se han lanzado 120.000 kilos de tomates. EFE/Biel Aliño

Con el paso de las décadas, la tradición terminó consolidándose y obtuvo reconocimiento oficial. Lo que había comenzado como un incidente improvisado acabó transformándose en una de las fiestas de España más conocidas dentro y fuera del país. La singularidad de la celebración atrajo primero a visitantes nacionales y posteriormente a turistas internacionales fascinados por la idea de participar en una gigantesca batalla de tomates.

Hoy, cada edición moviliza decenas de miles de personas y toneladas de tomates especialmente destinados al evento. Durante aproximadamente una hora, las calles del centro de Buñol se convierten en un auténtico mar rojo donde los participantes se lanzan tomates maduros siguiendo una serie de normas destinadas a garantizar la seguridad de todos los asistentes.

Poner a Buñol en el mapa

La dimensión alcanzada por la tomatina ha transformado completamente la imagen internacional de la localidad. Aunque Buñol cuenta con otros atractivos patrimoniales y naturales, para millones de personas su nombre está inevitablemente asociado a esta singular celebración. Cada último miércoles de agosto, visitantes procedentes de decenas de países llegan al municipio para participar en una fiesta que apenas dura una hora, pero cuya repercusión mediática se extiende por todo el mundo. La imagen de miles de personas cubiertas de pulpa de tomate se ha convertido en una de las estampas más reconocibles del calendario festivo español.

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