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¿Fue realmente una masacre? Los 77 esqueletos decapitados en una fosa común encontrados apuntan a otra posibilidad

¿Fue realmente una masacre? Los 77 esqueletos decapitados en una fosa común encontrados apuntan a otra posibilidad

Posible ritual - La escasez de restos asociados al rostro impide determinar su destino posterior y obliga a valorar aquellas acciones desde marcos culturales muy alejados

El filo sobre el cuello cambia una despedida. Quitar una cabeza puede nacer del miedo al muerto, del deseo de conservar una parte considerada esencial o de una norma ritual que separa el cuerpo de aquello que identifica a la persona. Ese gesto también puede servir para señalar poder, castigo, duelo o pertenencia, según la cultura que lo practica. En una comunidad antigua, una acción así podía entenderse como una forma de ordenar la muerte y de dar sentido a una pérdida que afectaba a todo el grupo.

La zanja reúne decenas de difuntos incompletos

El yacimiento de Vráble, cerca del pueblo del mismo nombre en Eslovaquia, ha llevado esa pregunta a un terreno arqueológico muy delicado. Según IFLScience, los investigadores han documentado decenas de esqueletos sin cabeza en un contexto neolítico que al principio podía recordar a una matanza, aunque los análisis óseos apuntan a una práctica más organizada. El nuevo estudio, publicado en Proceedings of the Prehistoric Society, sitúa el caso dentro de las antiguas sociedades agrícolas de Europa Central y mantiene abierta la causa exacta de aquella retirada de cráneos.

La entrada del asentamiento concentra una parte decisiva del hallazgo, porque los restos aparecieron en una zanja que rodeaba uno de los barrios y que probablemente servía como límite. Allí se identificaron al menos 78 individuos en distintas posiciones, con 77 cuerpos sin cabeza y un único niño que conservaba el cráneo intacto. Los indicios iniciales señalan que pasó poco tiempo entre la muerte y el entierro, aunque la colocación de los cuerpos no responde a una ordenación fácil de leer a simple vista. El dato que más complica la interpretación es la ausencia de los cráneos, ya que apenas se encontraron fragmentos en la zanja exterior.

Los nuevos análisis aclararán el origen compartido
Los nuevos análisis aclararán el origen compartido

El lugar ya tenía importancia arqueológica antes de que apareciera toda la magnitud del depósito humano. Martin Furholt, profesor de la Universidad de Kiel que estudia el sitio desde 2012, lo sitúa entre los yacimientos importantes de la cultura de la cerámica de bandas, desarrollada aproximadamente entre el 5500 y el 4500 antes de Cristo en Europa Central.

El poblado de Vráble estuvo habitado entre el 5250 y el 4950 a.C., con más de 300 cimientos de viviendas repartidos en tres barrios y hasta 80 edificios ocupados al mismo tiempo en algunos momentos. Las primeras sepulturas ya habían aparecido en campañas anteriores, pero los trabajos de 2022 elevaron de forma drástica el número de restos humanos.

Los especialistas descartan una ejecución apresurada

La lectura de los huesos aleja la explicación de una decapitación violenta inmediata. Katharina Fuchs, antropóloga biológica de la Universidad de Kiel y coautora del estudio, atribuye el patrón observado a una intervención calculada sobre los cadáveres: “Los hallazgos demuestran claramente una manipulación intencionada de los cuerpos”.

La investigadora añade que las primeras revisiones de las vértebras cervicales apuntan a una retirada experta de los cráneos, más que a un gesto precipitado durante un ataque. Esa diferencia resulta decisiva porque cambia la lectura del conjunto, que pasa de una posible matanza a una práctica realizada con cuidado después de la muerte.

La hipótesis ritual toma fuerza por la forma en que se depositaron los cuerpos y sus partes, aunque los arqueólogos evitan cerrar el caso con una sola explicación. Nils Müller-Scheeßel, coautor del artículo, interpreta la repetición del gesto como parte de una conducta social más amplia: “El depósito de cuerpos y partes del cuerpo pudo formar parte de prácticas más complejas, con sentido y recurrentes”. Los autores del estudio plantean que el sacrificio humano, la captura de cabezas o un rito funerario con atención especial al cráneo figuran entre las posibilidades, ya que la cabeza pudo representar la vida y la identidad personal en muchas culturas.

La falta de cráneos frena las conclusiones

El principal límite sigue estando en lo que falta. Los cráneos apenas han dejado rastro arqueológico y eso impide saber si fueron guardados, expuestos, enterrados en otro lugar o tratados mediante una práctica que aún no ha sido detectada en Vráble. Furholt advierte de que el significado de esos actos pertenecía a una mentalidad muy alejada de la actual: “Debemos asumir que estas prácticas estaban insertas en contextos de significado completamente diferentes a los de las sociedades modernas”. Esa distancia obliga a los investigadores a trabajar con prudencia, porque una lectura moderna de la violencia puede deformar una costumbre que quizá tenía una función funeraria, social o ritual.

El siguiente paso pasa por estudiar los restos con herramientas que puedan reconstruir mejor la historia de esas personas. Los especialistas clasifican los huesos, determinan la edad al morir y el sexo biológico, y revisan con detalle las marcas de corte en las vértebras cervicales. Los análisis de isótopos y ADN deberán aportar información sobre origen geográfico, dieta y parentesco, tres datos que pueden aclarar si los enterrados pertenecían a la comunidad local o procedían de otros grupos.

El equipo también recuerda que no existen yacimientos comparables en las cercanías de Vráble, aunque sí hay paralelos en el sureste de Europa y, sobre todo, en el suroeste de Asia, donde retirar cráneos antes del entierro está mejor documentado. Esa comparación deja el hallazgo eslovaco dentro de una red amplia de prácticas neolíticas y mantiene abierta la pregunta esencial sobre cómo aquellas comunidades entendían el cuerpo después de la muerte.

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Los gatos naranjas juegan en otra liga genética y un estudio ha descubierto por qué

Los gatos naranjas juegan en otra liga genética y un estudio ha descubierto por qué

Origen hereditario - El grupo revisó numerosas secuencias obtenidas en distintos lugares hasta descartar casi todas las variantes y dejar una candidata mucho más convincente

El sofá aprende pronto qué pelajes dejan más rastro. En una casa con gatos puede haber rayas, manchas, colores oscuros, tonos claros, carreras repentinas por el pasillo y siestas que ocupan buena parte del día.

Dentro de esa variedad, los gatos naranjas han ganado una fama propia porque se distinguen al primer vistazo y suelen cargar con una reputación de animales sociables, traviesos y muy expresivos. Su color funciona casi como una tarjeta de presentación. Por eso llaman la atención incluso cuando no hacen nada especial.

Las comparaciones genómicas redujeron las opciones posibles

Un estudio publicado en 2025 en la revista Current Biology ha identificado la mutación genética que explica el pelaje naranja en los gatos domésticos. Según ZME Science, el genetista Christopher Kaelin, de Stanford Medicine, y su equipo han situado el origen en una alteración del cromosoma X que afecta a la actividad de un gen llamado Arhgap36.

El hallazgo resuelve una duda que llevaba más de un siglo abierta. Kaelin describió así el problema que los investigadores intentaban resolver: “Durante más de un siglo, el color naranja del pelaje en los gatos se ha reconocido como una excepción a las reglas genéticas que explican la coloración en la mayoría de los mamíferos”.

La anomalía apareció fuera de zonas productoras de proteínas
La anomalía apareció fuera de zonas productoras de proteínas

La búsqueda empezó con muestras de ADN recogidas durante años en ferias felinas y clínicas de esterilización. El equipo comparó genomas de gatos naranjas con secuencias ya disponibles y localizó 51 variaciones en el cromosoma X presentes en machos naranjas.

La mayoría también aparecía en gatos de otros colores, hasta que quedaron tres candidatas. La más relevante era una deleción de 5.076 pares de bases, situada fuera de una región que codifica proteínas. Esa circunstancia acercó la investigación a Arhgap36, un gen conocido por su papel en vías de señalización celular, pero sin relación previa con el color del pelo.

La misma alteración apuntó a un origen antiguo

La mutación tampoco parece reciente. Kaelin explicó que todos los gatos naranjas estudiados en zonas geográficas amplias tenían la misma alteración, lo que apunta a un único origen. Además, el propio investigador recordó que ya existen representaciones de gatas calicó en arte chino del siglo XII.

Esa pista sugiere que la variante apareció pronto durante la domesticación felina y se mantuvo mientras los humanos criaban gatos con ese rasgo. Hannes Lohi, profesor de biociencias veterinarias y genética en la Universidad de Helsinki, valoró el hallazgo como una herramienta útil para reconstruir la historia evolutiva del gato doméstico.

El trabajo también interesa porque muestra una vía poco habitual para crear un rasgo biológico. Greg Barsh, profesor emérito de genética y pediatría en Stanford, explicó que el objetivo no termina en saber por qué un gato sale naranja. El estudio ayuda a entender mecanismos de mutación que pueden pasar desapercibidos cuando la alteración no cae dentro de un gen.

Una sola variante explica rasgos presentes desde hace siglos
Una sola variante explica rasgos presentes desde hace siglos

Barsh planteó esa derivada en Stanford University con una pregunta de fondo sobre otros rasgos animales y enfermedades humanas. Su idea quedó resumida así: “Queremos aprender más sobre los mecanismos mutacionales en general”.

La explicación básica parte de dos pigmentos. Los mamíferos producen eumelanina, asociada a tonos oscuros, y feomelanina, asociada a tonos amarillos, rojizos o naranjas. En muchas especies, el paso de un pigmento a otro depende de genes que actúan a través de una proteína llamada MC1R.

En los gatos domésticos, la variante naranja sigue otra ruta porque está en el cromosoma X. Los machos tienen un solo cromosoma X, así que una copia de la variante basta para que el animal sea naranja. Las hembras tienen dos cromosomas X y suelen necesitar dos copias para ser completamente naranjas. Cuando heredan una sola, la inactivación aleatoria de uno de esos cromosomas puede producir patrones calicó o carey.

Arhgap36 ofreció la pieza que faltaba. El gen no estaba activo normalmente en células pigmentarias, pero la deleción lo encendía en ese tipo celular. Al activarse, bloqueaba la producción de pigmento oscuro y favorecía el pigmento naranja. Kaelin describió el mecanismo como una alteración poco común de la expresión genética en una célula específica.

En humanos, Arhgap36 se había relacionado con ciertos tumores neuroendocrinos y con procesos de señalización durante el desarrollo, aunque nunca con el color del pelaje en ningún animal.

El estudio no relacionó el pelaje con la conducta

La fama de los gatos naranjas como animales especialmente descarados sigue en otro terreno. Los investigadores analizaron riñón, corazón, cerebro y glándula suprarrenal, y no encontraron diferencias de actividad de Arhgap36 entre gatos naranjas y no naranjas fuera de la piel.

Kaelin dejó abierta la posibilidad de que otros tejidos no estudiados puedan aportar respuesta interesantes, pero el trabajo no ofrece motivos para atribuir el carácter al mismo mecanismo genético. De momento, la explicación más prudente es que sus dueños los ven distintos porque su aspecto ya los hace difíciles de ignorar.

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Nueva York usa visión artificial para detectar calles peligrosas y actuar antes de que ocurran accidentes

Nueva York usa visión artificial para detectar calles peligrosas y actuar antes de que ocurran accidentes

Prevención - La ciudad llevará la iniciativa a cerca de un centenar de puntos repartidos por los cinco distritos y aprovechará elementos ya instalados para colocar los nuevos dispositivos

La calle ha pasado a ser el nuevo punto de examen para Nueva York. La ciudad va a ampliar una red de sensores capaces de contar peatones y ciclistas, además de autobuses y vehículos en tiempo real, con unos 80 equipos nuevos tras una prueba iniciada en 2023 en 20 ubicaciones. El objetivo es entender mejor cómo se mueve la gente y usar esos datos para rediseñar cruces y carriles.

La Gran Manzana ampliará el recuento del tráfico urbano

El despliegue llevará el programa hasta unas 100 zonas de los cinco distritos, según NYC DOT, que instalará los dispositivos en postes y señales ya presentes en la vía pública. De acuerdo con Gothamist, el plan forma parte de una ampliación del trabajo que el Departamento de Transporte venía probando desde 2023, con sensores de Viva pensados para medir velocidades, giros y pasos fuera del cruce marcado.

La parte más delicada aparece antes incluso de que esos datos lleguen a los técnicos. NYC DOT afirma que las imágenes se procesan en el momento, que el vídeo se borra casi al instante y que solo se conserva información anónima sobre movimientos. Eric Beaton, subcomisionado del DOT para planificación y gestión del transporte, explicó a Gothamist que “no hay nada que toquemos nunca ni que nadie pueda tocar nunca que identifique a ninguna persona ni a ningún vehículo”.

Esa promesa de privacidad acompaña una inversión pública de unos 200.000 dólares en fondos de la ciudad, además de los 100.000 dólares usados en la prueba inicial, mientras otras ayudas cubrirán el resto del coste. En esa fase, inspectores humanos hicieron conteos paralelos para comparar resultados, y los responsables municipales dijeron que las cifras de los sensores encajaban con esas comprobaciones. Por eso, la siguiente prueba ya no será solo medir bien, ya que también contará cómo convierte la ciudad esos datos en obras.

Los equipos cubrirán vacíos que dejan los recuentos clásicos

El sistema nace para resolver una carencia que los estudios tradicionales arrastran desde hace años. Un trabajador con una libreta puede observar una esquina durante unas horas, aunque ese método deja fuera la noche y los fines de semana, además de los cambios de temporada. Beaton describió a Gothamist esa dificultad al señalar que “no es fácil poder anotar tipos de vehículos al mismo tiempo que el número de volúmenes, por ejemplo”. Con sensores activos durante todo el día, el DOT busca ver patrones que antes quedaban fuera del recuento.

Ese cambio permite detectar conductas repetidas antes de que acaben en un parte policial. Si muchas personas cruzan a mitad de manzana cada mañana, la ciudad puede valorar un nuevo paso peatonal. Si varios ciclistas pasan cerca de puertas de coches abiertas, los datos pueden apoyar un carril bici protegido o cambios en el aparcamiento. También pueden mostrar autobuses atrapados detrás de vehículos que giran, una señal útil para ajustar semáforos o reservar espacio para el transporte público.

Mike Flynn, comisario de NYC DOT, presentó la ampliación como una herramienta para diseñar con más información sobre el uso real de la calle. En el anuncio de la agencia, Flynn afirmó que “el diseño de calles más seguras empieza por entender qué está ocurriendo realmente en la calle”. La frase resume la apuesta municipal, que no parte solo de accidentes ya ocurridos, porque también busca detectar casi choques y giros peligrosos, además de puntos donde la gente actúa de una forma distinta a la prevista sobre el papel.

Se reclaman informes abiertos para los vecinos

La vigilancia sigue siendo el punto que más dudas genera entre defensores del transporte y vecinos, aunque algunos piden más datos públicos en lugar de rechazar el sistema. Jon Orcutt, defensor del transporte y antiguo responsable de políticas del DOT, dijo a Gothamist que la ciudad sabe demasiado poco sobre desplazamientos a pie y en bici. Según Orcutt, “hay 20 o 25 lugares donde se cuentan bicicletas”, una muestra que queda corta frente a cerca de 9.656 kilómetros de calles.

Orcutt llevó esa petición al terreno de la rendición de cuentas al defender que, si la agencia recoge información pagada con dinero público, los neoyorquinos deben conocer sus resultados. En Gothamist, Orcutt afirmó que “si están recogiendo estos datos en nombre del público, como agencia financiada por los contribuyentes, merecemos saber qué dicen y, por tanto, debería haber informes periódicos”. Esa publicación será parte de la confianza que la ciudad necesita ganar.

La expansión de Nueva York encaja con un debate que también afecta a otras ciudades de Estados Unidos, donde los responsables municipales toman decisiones caras sobre calles con datos incompletos. Los sensores pueden mostrar coches que giran demasiado rápido cerca de colegios y repartos que tapan la visión en esquinas transitadas, además de bicicletas que rodean camiones de carga. La utilidad del programa se medirá en pasos más seguros y rutas ciclistas mejor protegidas, con menos accidentes y datos abiertos suficientes para comprobarlo.

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