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"¿Qué necesitas?": la pregunta que cambió mi conciliación

"¿Qué necesitas?": la pregunta que cambió mi conciliación

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Hola,

Lo que te voy a contar me pasó hace poco. Es una historia pequeña, pero reveladora. Me contactaron de una universidad para participar en uno de sus cursos de verano. Una de sus profesoras es colega y el año pasado participó en una charla que organizamos; quedó muy bien y su universidad quería replicar de alguna manera. Esta era la oportunidad.

Me gustó la idea pero me costaba comprometerme con tanta antelación porque mi conciliación estaba en el aire. La conciliación siempre está en el aire, pero en verano todavía más. Calcular vacaciones de unos y otras, pensar en campamenos, abuelos, familia, qué hacer para que los hijos estén cuidados y más o menos entretenidos, cómo organizarte tú con el curro... No os estoy contando nada que no sepáis.

El caso es que pasaban los días, yo seguía sin poder responder y la universidad tenía, lógicamente, prisa por cerrar el programa y poder ofrecer este curso. Y decidí decirles la verdad: todavía no sé qué deciros porque no sé si esos días estaré con mi hijo. Ahí sucedió la magia. El correo electrónico de respuesta que recibí contenía dos preguntas: ¿qué necesitas?, ¿cómo podemos ayudarte? Esas dos preguntas lo cambiaban todo. Conciliar ya no era solo 'mi' asunto, era un asunto que interpelaba a otras personas, a otros actores, que se sentían incumbidos por mis necesidades que son, al fin y al cabo, las necesidades de cuidados que puede tener cualquiera.

He agradecido mucho esas dos preguntas. La preocupación, la disposición, el apoyo, que los cuidados no sean solo un discurso y que cuenten de verdad hasta el punto de que una universidad esté dispuesta a incluir en sus gastos el billete y la estancia de un niño que tiene que acompañar a su madre. 

He pensado mucho en esas dos preguntas. ¿Cuántas cosas cambiarían si nos las hicieran más, si conciliar no fuera un rompecabezas que parece concerninos solo a nosotras y fuera una realidad compartida? Seguramente muchas cosas cambiarían. Seguramente no renunciaríamos a tantos espacios, a tantas pequeñas y grandes oportunidades. Nuestra logística mejoraría, nuestra presencia en los lugares en los que queremos estar, también, igual que nuestra salud mental.

Cada vez que nos preguntamos por qué no hay más mujeres aquí o allá, pensemos en esas dos preguntas. En si esas mujeres están buscando solas las respuestas o en si hay alguien más que las acompaña. Debería ser más normal que empresas, universidades, fundaciones y todo tipo de agentes entiendan que si quieren contar con determinadas personas tienen que hacerse cargo solidariamente de su conciliación: preguntar y aportar recursos y soluciones. Así las cosas sí cambian.

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  • Ha estado por aquí el Papa y me sorprendió realmente el aplauso de siete minutos que le dio el Congreso después de su discurso en la Cámara que representa la voluntad del pueblo. Porque sí, el Papa ha hablado del acogimiento a migrantes y refugiados, pero también ha rechazado el aborto y la eutanasia. Y yo me pregunto aquí: Si la defensa de la vida no es una cuestión parcial, como dice León XIV, ¿por qué la vida de las mujeres puede quedar en un segundo plano?

Un apunte para terminar

Se me olvidó contaros que el 28 de mayo tuvo lugar el acto de conciliación entre la representación legal de Julio Iglesias y elDiario.es. El cantante nos pedía que rectificáramos nuestra investigación, que retiráramos todas las informaciones y que le indemnizáramos. Nos hemos negado a todo. No hemos conciliado y ahora habrá que ver si Julio Iglesias da el siguiente paso: una querella. Aquí te lo contamos. Sé que puede sonar cursi o pedorro, pero ser capaces de publicar una investigación de esta magnitud y de sostenerla tiene mucho que ver con nuestra independencia editorial y económica. Y eso, a su vez, tiene muuucho que ver con nuestras socias y socios. ¡Seguiremos!

Y oye este jueves 11 a las 19:00 en la librería Popular de Albacete hablamos de mi 'Provida'. Lo dejo por aquí para las manchegas y manchegos que se animen. 

Hasta la próxima semana.

Ana 

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La vida que defiende el Papa

La vida que defiende el Papa

Si la defensa de la vida no es una cuestión parcial, ¿por qué la vida de las mujeres puede quedar en un segundo plano?, ¿cómo es posible no dotar del mismo amparo a quienes viven sus vidas en familias diversas? La respuesta es que no se trata de defender la vida, sino de mantener un sistema de creencias

León XIV carga en el Congreso contra el aborto y la eutanasia

Una ovación de siete minutos al Papa en el Congreso podría hacernos creer que la Iglesia católica al fin ha reconocido el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y se ha deshecho de la idea del aborto como pecado. Que ha reconocido el matrimonio para las personas LGTBI y ha celebrado a las familias diversas. Que ha mostrado respeto por la posibilidad de que cada cual decida sobre su muerte. Que ha sido contundente contra las agresiones sexuales cometidas por miembros de la Iglesia y ha prometido reparación delante de la cámara que representa la voluntad del pueblo. Sin embargo, nada de eso ha sucedido, sino todo lo contrario: sobre algunas de esas cuestiones ha guardado silencio, sobre otras ha cargado con la misma claridad que siempre ha mostrado la Iglesia.

Era la primera vez que un Papa hablaba en el Congreso. En el mismo lugar en el que las mayorías han apoyado el derecho al aborto, al matrimonio igualitario o a la eutanasia hemos escuchado cómo un líder religioso, en una visita a un estado aconfesional, cargaba contra esos derechos o los omitía. Y cómo le aplaudían durante siete minutos.

Decía León XIV en su discurso que la defensa de la vida humana “no es una cuestión parcial ni un interés confesional”, pero eso es justo lo que ha hecho: un alegato a la vida parcial y sesgado.

“¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”, pronunciaba.

Nada que no supiéramos: para la Iglesia, el embrión tiene los mismos derechos que quienes somos seres humanos nacidos y autónomos, aunque eso suponga considerar a quien le gesta un contenedor cuyo cuerpo y proyecto de vida pueden ser sacrificados. Es más, aunque eso implique que quien le lleva dentro deba renunciar a la libertad y la dignidad que el propio Papa ha mencionado varias veces en su discurso.

Los abortos clandestinos y sus complicaciones son una de las principales causas de muerte materna en el mundo. Algunas estimaciones hablan de al menos 22.000 mujeres muertas al año por esta causa, otras las cifran en 47.000. El aborto inseguro ocasiona también graves discapacidades a miles de mujeres, según la Organización Mundial de la Salud, que subraya que la prohibición o limitación de la interrupción voluntaria del embarazo no hace que desaparezca, sino que la empuja a una clandestinidad que amenaza la vida y la salud de las mujeres.

Dice la feminista argentina Rita Segato que es revelador que quienes defienden la vida desde la concepción no estén rezando ni protestando a las puertas de las clínicas privadas de fertilidad que tienen miles de embriones congelados, sino que centren su atención en los centros donde se practican abortos. Es ahí donde hacen su particular reivindicación de la vida, hostigando a profesionales y mujeres. Segato deja claro que no se trata tanto de un interés por 'la vida' como del interés por extender una pedagogía que, en el fondo, no reconoce a las mujeres el derecho a ejercer sus vidas íntegramente.

León XIV ha defendido estos días la acogida a las personas migrantes y refugiadas y ha pedido respuestas solidarias, compartidas e impregnadas de justicia social. En ese sentido, muchos esperaban sus palabras para resaltar las contradicciones de una derecha que impulsa la prioridad nacional y alienta el miedo y el odio hacia quienes vienen de fuera. Pero esa defensa ha sido pronunciada por alguien con un discurso en esencia contradictorio.

Si la defensa de la vida no es una cuestión parcial, ¿por qué la vida de las mujeres puede quedar en un segundo plan?, ¿cómo es posible no dotar del mismo amparo a quienes viven sus vidas en familias diversas? La respuesta es que no se trata de defender la vida, sino de mantener un sistema concreto de creencias. Por eso, más allá del respeto institucional que merece el Papa, sorprende que sus palabras sean recibidas por nada menos que siete minutos de aplausos de quienes deben velar por nuestros derechos.

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