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La Justicia absuelve al acusado de vandalizar con heces en Vitoria la tumba de Fernando Buesa, asesinado por ETA

La Justicia absuelve al acusado de vandalizar con heces en Vitoria la tumba de Fernando Buesa, asesinado por ETA

Si bien apareció una bolsa con las huellas del acusado, este se escudó en que trabaja en una tienda en la que manipula muchas para dárselas a los clientes

La hija de Buesa se pregunta si, tras 25 años en prisión, los asesinos de su padre hacen “una lectura crítica” de ETA

La Justicia ha absuelto al acusado de vandalizar con pintura negra y embadurnar de heces la tumba de Fernando Buesa, político del PSE-EE asesinado por ETA en el año 2000. La sentencia de la plaza 2 de la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de Vitoria, firmada por el magistrado Roberto Ramos, recoge que ha quedado acreditado que junto al panteón se encontró “un trozo de una bolsa de plástico blanco en la cual fueron localizadas sendas huellas correspondientes a los dedos pulgares de ambas manos del acusado”. El acusado alegó, sin embargo, que regenta una tienda en la que se ofrecen bolsas de ese tipo con los productos y que por ello podían encontrarse sus huellas dactilares. La sentencia suscribe la tesis de que esta prueba no resulta “suficiente como para fundar o basar” en ella una condena. “Tal versión exculpatoria o alternativa [ofrecida por el acusado] no resulta del todo extraña, descabellada, inverosímil o increíble”, recoge.

El mausoleo de la familia de la esposa de Fernando Buesa, en el que está enterrado también el que fuera vicelehendakari y dirigente del PSE-EE, se encuentra en el cementerio de Santa Isabel. En apenas 24 horas, entre el 4 y el 5 de octubre de 2023, hubo dos ataques contra su memoria. Primero, el monolito que recuerda tanto a él como a su escolta —Jorge Díez, asesinado en el mismo atentado— apareció pintado de negro. Poco después, se produjo el ataque con pintura y heces, que acarreó contundentes mensajes de repulsa de las principales autoridades vascas, incluido el entonces lehendakari, Iñigo Urkullu. “Este nuevo ataque a la tumba me ha golpeado muy adentro. Respiro mi dolor y me repito: que el hielo no penetre en mi corazón, que nunca deje de sentir ni pierda la sensibilidad ante el dolor ajeno. Seguiré cultivando semillas de amor y compasión frente al odio y la barbarie”, escribió entonces Sara Buesa, hija del político asesinado.

La sentencia, fechada este lunes, sostiene que la versión del acusado ahora absuelto concordaba con “el hecho común de que la persona que regenta una tienda o comercio proceda a abrir una bolsa para introducir en su interior el producto comprado por el cliente, para lo cual el dependiente de forma usual introduce sus manos o alguno de sus dedos en la bolsa para abrirla y tener fácil acceso a su interior (ya que las bolsas habitualmente están pegadas y muy juntas)”. “Y la versión ofrecida por el acusado resulta suficiente como para contradecir la versión incriminatoria que se realiza contra él”, abunda.

El magistrado recrimina a la Policía local, que fue la encargada de confeccionar el atestado, que no practicase una prueba de ADN a las heces, lo que, considera, habría resultado “muy útil, claramente concluyente y esclarecedor sobre la autoría de los hechos”. El agente municipal alegó que le constaba que la Policía científica no analiza heces y que estas habitualmente no contienen manterial genético que permita cincelar un perfil. “Más allá de la experiencia que pudiera tener dicho agente en supuestos similares, creo que es más que dudoso desde un punto de vista científico o técnico que no se pueda obtener un perfil genético o una muestra de ADN de restos de heces”, le reprocha el juez.

Tanto la Fundación Fernando Buesa Blanco, que honra la memoria del político asesinado, como el Ayuntamiento de Vitoria ejercían la acusación particular. Contra la sentencia cabe la interposición de un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Álava.

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Muere José Ignacio López de Arriortua, el 'Superlópez' de la industria del automóvil al que General Motors acusó de espionaje

Muere José Ignacio López de Arriortua, el 'Superlópez' de la industria del automóvil al que General Motors acusó de espionaje

Marchó de la empresa estadounidense a la alemana Volkswagen con el sueño de abrir una planta en su Amorebieta natal con más de 4.000 puestos de trabajo

Piden la desclasificación de los documentos sobre 'Naparra' cuando se cumplen 46 años de su desaparición

El empresario e ingeniero José Ignacio López de Arriortua, conocido como 'Superlópez', ha fallecido este miércoles. Tenía 85 años. Nacido en la localidad vizcaína de Amorebieta, comenzó trabajando para Firestone y en 1980 fichó por la estadounidense General Motors, en la que llegó a desempeñar un cargo directivo. Casi tres lustros después, en 1993, se marchó a la alemana Volkswagen, donde alcanzó el puesto de vicepresidente, si bien lo hizo entre acusaciones de espionaje por General Motors. Las acusaciones cristalizaron en un proceso judicial que se cerró con el compromiso de la empresa alemana de abonar cien millones de dólares a la estadounidense y de adquirir de ella durante años componentes, que alcanzaron una suma total de más de mil millones.

López de Arriortua, nacido en 1941, cursó estudios de Ingeniería Industrial en la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao, en al que se doctoró. Sus primeros pasos laborales los dio en la planta de Firestone en Basauri. De General Motors se machó a Volskwagen con la intención de abrir una fábrica en su localidad natal que pudiera dar trabajo a cuatro millares de personas. “Es el único proyecto que no me ha salido en mi vida. Pero sigo albergando la esperanza de que un día...”, explicaba, muchos años después, en una entrevista concedida al periódico 'Deia'. “Es que solo hace falta que algún político vea la oportunidad”, recalcaba. En otra entrevista, en este caso con 'Abc', presumía de ser el “salvador” de ambas empresas, tanto de General Motors como de Volkswagen.

En enero de 1998, sufrió un accidente de tráfico al colisionar con un camión el vehículo en el que viajaba. Perdió la memoria durante más de un mes y pasó tres en el hospital. Una vez recuperado, se retiró a Busturia con su esposa, Margarita Urquiza, y sus tres hijas.

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Piden la desclasificación de los documentos sobre 'Naparra' cuando se cumplen 46 años de su desaparición

Piden la desclasificación de los documentos sobre 'Naparra' cuando se cumplen 46 años de su desaparición

El Observatorio Vasco de Derechos Humanos se apoya en el testimonio de un hombre que prestó servicios a la inteligencia española y asegura que conocía el paradero de los restos

Un documental rescata la lucha de la familia de 'Naparra' por encontrar su cuerpo más de 40 años después

A pocos días de que se cumplan 46 años de la desaparición de José Miguel Etxeberria Álvarez, alias 'Naparra', el Observatorio Vasco de Derechos Humanos ha solicitado de manera formal la desclasificación “inmediata” de los documentos relacionados que obren en poder del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), heredero del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). 'Naparra', que había pertenecido a ETA político-militar primero y a ETA militar después, se integró más tarde en los Comandos Autónomos Anticapitalistas, en los que llegó a destacarse como líder. Huido a Francia en 1978, desapareció el 11 de junio de 1980.

La petición se ha hecho a través de un escrito, fechado el 4 de junio, dirigido a seis diputados (Mertxe Aizpurua, de EH Bildu; Maribel Vaquero, del PNV; Rafaela Romero y Adriana Maldonado, socialistas; Ione Belarra, de Podemos, y Lander Martínez, de Sumar) y cinco senadores (Estefanía Beltrán de Heredia, del PNV; Uxue Barkos, de Geroa Bai; Gorka Elejaberrieta, de EH Bildu, y Nuria Medina y Alfonso Gil, socialistas). Se les solicita que “promuevan [...] la desclasificación inmediata de la documentación obrante en el CESID (actual CNI) relativa al secuestro, desaparición y ocultación de los restos mortales” del desaparecido.

En el escrito, en una sección dedicada a recoger los hechos, se apunta a que Ramón Francisco Arnau de la Nuez, que habría prestado “servicios para el CESID en la época de los hechos”, ha declarado “públicamente, bajo su nombre y responsabilidad, que durante su pertenencia a los servicios de inteligencia españoles tuvo conocimiento directo y fehaciente de la localización exacta de los restos mortales”. Con unas coordenadas, de hecho, apuntó a la localidad de Brocas, en el departamento de las Landas.

Esta declaración, se sostiene en el escrito firmado por Agus Hernán, coordinador del observatorio, “constituye una prueba indiciaria sólida de que los servicios de inteligencia españoles elaboraron en su día informes operativos, notas de seguimiento o al menos documentación de inteligencia territorial donde se consignaron los datos geográficos del enterramiento clandestino”. “Dicha documentación, de existir y todo apunta a que existe, sigue en poder del Estado y permanece ilegítimamente clasificada”, abunda. Se apoya en el derecho internacional, concretamente en la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, de 2009 y ratificada por España, para sostener que existe un “derecho inalienable a conocer la verdad sobre las circunstancias de la desaparición, la suerte de la persona desaparecida y el paradero de sus restos”.

Alude, además, a un “principio de proporcionalidad” para alegar que no hay motivos para mantener el secreto. “No hay fuentes activas que proteger. No hay planes militares en curso”, dice, por ejemplo. “El perjuicio de desclasificar es nulo para la seguridad nacional. El perjuicio de no desclasificar es inmenso para la familia: 46 años de duelo interminable, de incertidumbre, de sufrimiento, de búsqueda permanente”, añade. “Lo que sentimos es un dolor continuado que seguimos padeciendo desde hace 41 años, no podemos cerrar la herida hasta que no demos con él. No solo es que te arrebaten y maten a tu ser querido, sino que te impiden que puedas hacer el duelo”, contó en 2021 Eneko Etxeberria, hermano del desaparecido, a este periódico, con motivo del estreno de un documenta.

Batallón Vasco Español

Recoge el Comité de Víctimas del Terrorismo (Covite) que la autoría de este caso es “confusa”. 'Naparra' habría acudido a una cita en San Juan de Luz y ya no se le volvió a ver. Tan solo apareció su vehículo. Días después de su desaparición, una llamada anónima al periódico 'Deia' reivindicó el secuestro en nombre del Batallón Vasco Español (BVE), grupo terrorista parapolicial y de extrema derecha. “Reivindicamos el secuestro de 'Naparra' en Ciboure, en Francia. Está en España. Después de los últimos asesinatos de ETA su suerte está echada. El Batallón Vasco Español es la única solución. Viva la Unidad de España — Batallón Vasco Español, Comando Esteban Beldarrain”, proclamaba en el comunicado.

Un mes después, y a través de una llamada anónima, este mismo grupo terrorista volvió a ponerse en contacto con el periódico y comunicó que lo había asesinado y que lo había enterrado cerca de San Juan de Luz: “José Miguel Etxeberria 'Naparra' ha sido ejecutado el día 30 y está enterrado cerca de Biarritz, por la zona de Txantako. Nuestros comandos seguirán actuando en Francia contra los terroristas marxistas de ETA y contra instalaciones turísticas del Sur de Francia y Costa Azul”. El grupo terrorista de extrema derecha llegó a revindicar el secuestro y asesinato hasta en cinco ocasiones, apuntando a cinco localizacones distintas.

Sin embargo, se rumoreó también que los autores podrían haber sido sus propios compañeros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que pusieron en duda la reivindicación que achacaba la desaparición al BVE. También se habló de ETA. El pasado abril, la familia de 'Naparra' pidió retirar al desaparecido del Memorial de Víctimas del Terrorismo al entender que este apuntaba a ETA y no al Batallón Vasco Español como responsable de su desaparición. La institución se escudó en que la información se ajustaba a lo que se conocía, sin descartar “ninguna de las hipótesis posibles”.

Se han rastreado varias zonas de Francia a lo largo de los años, pero todas las búsquedas han resultado infructuosas. En 1999, por ejemplo, la Audiencia Nacional admitió una querella interpuesta porla familia, pero el caso se volvió a zanjar como “supuesta desaparición”. En 2016, se reabrió nuevamente y un año después, en 2017, se buscó en otra zona de la localidad de Labrit, nuevamente sin éxito.

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