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Las tumbas de Pedralbes en Barcelona rompen 700 años de silencio y revelan muertes violentas junto al ADN de la reina Elisenda

Las tumbas de Pedralbes en Barcelona rompen 700 años de silencio y revelan muertes violentas junto al ADN de la reina Elisenda

Primer examen completo - Los trabajos realizados en Pedralbes han verificado que la persona depositada dentro del recinto funerario era la viuda del monarca y conservaba restos dentro de un receptáculo medieval

Las decisiones de gobierno suelen dejar una marca duradera mucho después de la muerte de quienes las tomaron. Jaime II el Justo fue uno de los monarcas más influyentes de la Corona de Aragón y desempeñó un papel relevante en la consolidación política de la Catalunya medieval. Durante su reinado reforzó instituciones, favoreció proyectos religiosos y amplió la capacidad de actuación de la monarquía en el Mediterráneo. Su figura también quedó ligada a iniciativas que perduraron durante siglos, entre ellas fundaciones impulsadas junto a su entorno familiar que siguieron teniendo importancia mucho tiempo después de su desaparición.

Una apertura confirma la identidad de la fundadora

Una investigación desarrollada en el Real Monasterio de Santa Maria de Pedralbes ha permitido abrir por primera vez en siete siglos la tumba de la reina Elisenda de Montcada, viuda de Jaime II y fundadora del cenobio. Según el Instituto de Cultura de Barcelona, los trabajos han confirmado que los restos conservados en el sepulcro corresponden a la reina y que estaban depositados en una caja de madera medieval situada en el interior de la estructura funeraria. El hallazgo aporta nueva información sobre una de las figuras más destacadas de la Catalunya del siglo XIV.

El proyecto comenzó en 2024 con motivo del séptimo centenario del monasterio y reúne especialistas de distintas disciplinas. La investigación está dirigida por Anna Castellano-Tresserra y cuenta con la participación de Josep Maria Vila en la dirección arqueológica, Javier Chillida en conservación y restauración y Carme Rissech en antropología física. El Ayuntamiento de Barcelona destaca que se trata del primer estudio integral realizado sobre las sepulturas fundacionales del monasterio, con técnicas arqueológicas, antropológicas y genéticas aplicadas de forma conjunta.

Los análisis efectuados sobre los restos de Elisenda describen a una mujer de constitución robusta que murió con alrededor de 70 años, una edad avanzada para la época. Los investigadores identificaron señales asociadas al envejecimiento y recuperaron diversos fragmentos textiles, entre ellos restos de seda y oropel que siguen siendo estudiados.

La apertura del sepulcro también permitió revisar una antigua interpretación sobre su diseño funerario. Los arqueólogos concluyen que la reina fue enterrada en una disposición que reflejaba una doble condición, vinculada tanto a su posición como soberana como a una imagen de penitencia ligada a la vida religiosa.

Varias tumbas destaparon identidades y usos funerarios desconocidos

La investigación también reveló importantes discrepancias entre las atribuciones históricas y el contenido real de varias tumbas. En el sepulcro atribuido al caballero Artau de Foces no apareció ningún individuo masculino. En su lugar fueron localizadas dos mujeres jóvenes y tres niños. Una de las mujeres conservaba parte de su cabellera y la otra estaba embarazada de un feto de unas 22 semanas. Los especialistas detectaron además restos vegetales aromáticos alrededor de uno de los cuerpos, indicio de prácticas relacionadas con la preservación de los restos.

Otra de las sorpresas apareció en la tumba asociada a Francesca Saportella. Allí fueron documentados al menos nueve individuos de cronologías distintas. Entre ellos había cuatro cráneos masculinos con heridas producidas por armas blancas que apuntan a acontecimientos ocurridos a comienzos del siglo XIX. Los investigadores consideran que el sepulcro fue reabierto y alterado tiempo después de su creación.

El estudio también ha documentado prácticas funerarias poco conocidas en Pedralbes, como enterramientos en fardos textiles, sacos funerarios, depósitos dentro de los sepulcros y elementos rituales como candelas y cordeles. La mayoría de los restos pertenecen a mujeres adultas de alto estatus social, algunas con patologías osteoarticulares, enfermedades metabólicas o lesiones traumáticas.

La Universitat Rovira i Virgili participa en una investigación que incorpora antropología física, estudios isotópicos y análisis genéticos. Ya se han obtenido resultados preliminares a partir de muestras óseas y dentales. Estas pruebas pretenden confirmar identidades, determinar relaciones de parentesco y conocer el origen biológico de las personas enterradas. Desde el Ayuntamiento de Barcelona señalan que los trabajos continuarán hasta 2027 con nuevas dataciones por carbono 14, análisis de colorantes y ampliación de la información genética disponible.

El monasterio conservó influencia tras la muerte del rey

La historia del monasterio ayuda a entender la relevancia de estos descubrimientos. Fundado en 1326 por Elisenda con el apoyo de Jaime II, el complejo fue gobernado durante sus primeras décadas por mujeres pertenecientes a destacados linajes de la nobleza y la burguesía catalanas. Tras la muerte del rey en 1327, la reina se instaló en un palacio construido junto al convento y permaneció allí durante los últimos 37 años de su vida.

Desde ese retiro mantuvo una notable capacidad de influencia y, cuando murió en 1364, legó sus bienes a la institución. Los responsables del proyecto consideran que las investigaciones en marcha ayudarán a comprender mejor la identidad de las personas enterradas, la reutilización de las tumbas y el funcionamiento interno de uno de los principales centros de poder femenino de la Catalunya medieval.

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Gran Bretaña gana una pieza clave de su pasado: unas simples líneas rojas adelantan el origen de su arte rupestre

Gran Bretaña gana una pieza clave de su pasado: unas simples líneas rojas adelantan el origen de su arte rupestre

Teoría confirmada - National Trust Cymru conserva actualmente el enclave y los resultados respaldaron la idea planteada en 1912 sobre aquellas expresiones gráficas tempranas

Las manos manchadas de pigmento dejaron algunas de las imágenes más duraderas de la prehistoria. Esas marcas podían adoptar formas muy distintas, desde animales y figuras humanas hasta líneas, puntos o signos repetidos que transmitían información para un grupo.

El motivo tampoco era único. Algunas representaciones pudieron relacionarse con creencias, ceremonias o formas de comunicación, mientras que otras quizá servían para señalar lugares, recordar acontecimientos o expresar ideas que hoy resultan imposibles de descifrar. Esa variedad explica que muchas pinturas rupestres sigan planteando preguntas sobre la vida y el pensamiento de quienes las realizaron.

Un estudio publicado en la revista Quaternary ha confirmado que una serie de líneas rojas situadas en la cueva de Bacon Hole, en la costa sur de Gales, fueron pintadas deliberadamente por seres humanos hace alrededor de 17.000 años. La investigación sitúa estas marcas entre 15.700 y 18.300 años de antigüedad y las convierte en el arte rupestre más antiguo conocido de Gran Bretaña, varios milenios anterior al ejemplo que ocupaba ese lugar hasta ahora.

Un método reciente devolvió fuerza a la primera hipótesis

La historia de estas pinturas comenzó en 1912, cuando el geólogo y paleontólogo William Sollas y el arqueólogo francés Henri Breuil identificaron una serie de franjas rojizas en una cámara lateral de la cueva. Ambos consideraron que se trataba de una creación humana, pero esa interpretación perdió fuerza con el paso de los años.

En 1928 varios investigadores defendieron que las marcas eran simples filtraciones minerales de óxido rojo, una explicación que acabó imponiéndose durante décadas y que relegó el hallazgo al olvido científico.

La nueva investigación ha cambiado esa situación gracias a técnicas que no existían en el primer tercio del siglo XX. El equipo examinó la costra de calcita que cubría parte del pigmento mediante datación por uranio-torio, un procedimiento que calcula la antigüedad de determinadas formaciones minerales a partir de la desintegración radiactiva de distintos elementos.

Los resultados permitieron establecer una cronología compatible con el Paleolítico superior. George Nash, arqueólogo vinculado a la Universidad de Coimbra y a la Universidad de Liverpool, explicó a The Guardian que las pinturas nunca pudieron fecharse en el pasado porque entonces no existían herramientas capaces de hacerlo con fiabilidad.

Un grupo internacional recuperó el panel perdido

La localización exacta de las marcas también se había perdido con el tiempo. Según distintas informaciones recogidas por los investigadores, la comunidad científica dejó de prestar atención a la cueva tras el rechazo de la hipótesis prehistórica y el panel permaneció fuera del debate académico durante décadas. Un equipo internacional consiguió encontrar de nuevo el lugar en 2022 y abrió la puerta a un examen detallado de las pinturas con métodos actuales.

Las propias características de las marcas reforzaron la interpretación humana. Los análisis revelaron que el pigmento estaba formado por una preparación elaborada con arcilla y hematites, un compuesto rico en óxido de hierro. Además, el tratamiento digital de las imágenes permitió identificar puntos y salpicaduras que sugieren una aplicación mediante los dedos y mediante soplado o expulsión de pigmento sobre la pared.

La disposición de las líneas también llamó la atención de los investigadores. Las franjas aparecen ordenadas de forma horizontal y mantienen una separación regular, un patrón difícil de atribuir a procesos naturales. Nash ha planteado que esas señales pudieron funcionar como algún tipo de sistema de comunicación. En declaraciones recogidas por la BBC, señaló que las bandas podrían representar marcas de conteo o mensajes cuyo significado queda muy lejos de la comprensión actual.

Otra posibilidad apunta hacia un uso ritual. La ubicación del panel resulta relevante porque se encuentra en una zona profunda y oscura de la cueva. En declaraciones recogidas por Live Science, Nash explicó que esos espacios presentan condiciones acústicas peculiares, alteran la percepción visual y se encuentran apartados del entorno cotidiano, circunstancias que pudieron favorecer experiencias ceremoniales o simbólicas.

El estudio confirmó el origen humano de las marcas

La importancia histórica del lugar va más allá de las propias pinturas. Durante miles de años distintas personas regresaron a la cueva y dejaron rastros de épocas muy diferentes, desde objetos de época romana hasta recipientes medievales y grafitis posteriores.

En la actualidad, National Trust Cymru gestiona el enclave y una reja metálica protege la cámara donde se conservan las marcas. David Thomas, arqueólogo de la entidad, destacó que el descubrimiento amplía el conocimiento sobre los grupos humanos que ocuparon esta parte de Gales al final de la Edad de Hielo.

La conclusión principal del estudio es que aquellas líneas rojizas no eran fruto de un proceso natural. Los análisis realizados por el equipo dirigido por George Nash respaldan la interpretación defendida en 1912 por Sollas y Breuil y sitúan a Bacon Hole como uno de los testimonios más antiguos de expresión gráfica humana en el noroeste de Europa. Aunque el significado exacto de las marcas permanezca oculto, su origen humano parece ya fuera de discusión.

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La tecnología secreta de la Guerra Fría acabó dando voz a las ballenas y transformó la acústica marina

La tecnología secreta de la Guerra Fría acabó dando voz a las ballenas y transformó la acústica marina

Escuchas militares - Diversos hallazgos surgieron cuando materiales reservados pasaron a manos académicas y permitieron observar comportamientos animales que antes resultaban muy difíciles de analizar

La rivalidad entre Washington y Moscú definió gran parte de la segunda mitad del siglo XX. La Guerra Fría fue un enfrentamiento político, militar e ideológico que enfrentó a dos grandes bloques sin llevarlos a una guerra abierta entre ellos.

Por un lado estaba el bloque occidental, encabezado por Estados Unidos y apoyado por buena parte de Europa occidental y otros aliados. Por otro se encontraba el bloque oriental, liderado por la Unión Soviética y respaldado por los países integrados en su esfera de influencia. Esa competencia impulsó programas tecnológicos de enorme tamaño que terminaron teniendo usos muy distintos a los previstos inicialmente.

La apertura de archivos permitió descubrir fenómenos submarinos

Una de esas iniciativas nació en el ámbito naval estadounidense. Según explica el artículo adaptado por David Rothenberg y publicado en MIT Press Reader, la red de escucha submarina SOSUS fue diseñada para localizar submarinos a grandes distancias, pero acabó proporcionando a los científicos una herramienta extraordinaria para estudiar el océano y a algunos de sus habitantes más difíciles de seguir.

El cambio llegó tras el final de la Guerra Fría. Durante décadas, gran parte de las grabaciones permanecieron clasificadas porque formaban parte de un sistema estratégico desarrollado por la Office of Naval Research. Cuando la tensión entre bloques desapareció y se impulsaron programas de uso civil de recursos militares, investigadores de distintas disciplinas pudieron acceder a registros que permitían localizar fenómenos submarinos con una precisión poco habitual. Geólogos identificaron volcanes ocultos bajo el mar y biólogos empezaron a seguir los desplazamientos de los cetáceos mediante sus vocalizaciones.

Los registros ocultaron durante años llamadas de cetáceos
Los registros ocultaron durante años llamadas de cetáceos

Entre las personas que recibieron aquella oportunidad figuraba Chris Clark, investigador de Cornell University. Clark recordó que nunca había solicitado acceso a esos datos y que todo comenzó en 1991, cuando Dennis Conlon, de la Office of Naval Research, le invitó a conocer el sistema. El científico describió su impresión con una frase que reflejaba el ambiente que encontró: “Me quedé asombrado”. Aquellas instalaciones, concebidas para fines militares, contenían una cantidad inmensa de información sobre sonidos que durante años habían sido considerados simples interferencias naturales.

Esas interferencias resultaron ser voces de ballenas. Los operadores detectaban explosiones profundas, gemidos, pulsos y tonos repetitivos que no coincidían con ningún submarino conocido. Durante mucho tiempo se clasificaron como biologicals, una categoría destinada a distinguir los sonidos naturales de los objetivos militares.

Los técnicos recibían formación específica para reconocerlos y evitar falsas alarmas. Sin embargo, aquellos registros escondían información valiosa sobre animales capaces de emitir señales que recorrían enormes distancias bajo el agua.

Los hidrófonos captaron sonidos a enormes distancias

La propia existencia de SOSUS explica por qué esas grabaciones eran tan detalladas. La red estaba formada por hidrófonos instalados en el fondo marino y conectados mediante cables a estaciones de escucha repartidas por distintas costas. Su misión consistía en identificar submarinos, contar hélices e incluso distinguir modelos concretos. Esa sensibilidad permitió captar también el paisaje acústico del océano. Parte de la precisión del sistema continúa siendo reservada, pero los investigadores comprobaron que podía seguir sonidos a escalas extraordinarias.

Clark desarrolló una interpretación especialmente sugerente sobre las ballenas boreales. A partir de sus observaciones propuso la idea del rebaño acústico, grupos que mantienen la cohesión mediante el sonido mientras avanzan bajo el hielo ártico. El investigador explicó que en ese entorno la audición adquiere una importancia enorme y añadió: “Todos estamos conectados por el sonido”. Según su planteamiento, los animales intercambian señales que les ayudan a orientarse en un medio donde el hielo produce una amplia variedad de ruidos.

Los especialistas continuaron estudiando navegación, reproducción y transmisión de señales porque muchas cuestiones permanecieron sin una respuesta definitiva
Los especialistas continuaron estudiando navegación, reproducción y transmisión de señales porque muchas cuestiones permanecieron sin una respuesta definitiva

Los registros también permitieron seguir individuos concretos durante periodos muy largos. Clark relató que observó la trayectoria de una ballena azul durante 43 días a más de 1.600 kilómetros de distancia. El animal recorrió unos 3.500 kilómetros mientras emitía sus llamadas de forma continua.

Roger Payne ya había planteado en los años 70 que las grandes ballenas podían comunicarse a través de océanos enteros, y las capacidades de seguimiento ofrecidas por la red militar aportaron nuevos argumentos para estudiar esa posibilidad. Serge Masse recordó además el caso de operadores que detectaban señales similares en puntos separados por el Atlántico, aunque gran parte de esa información permaneció oculta durante años.

Aun así, muchas preguntas siguen abiertas. Clark considera posible que algunos sonidos sirvan también para orientarse mediante ecos reflejados en montañas submarinas u otras estructuras del fondo marino, aunque reconoce que faltan pruebas definitivas.

Las canciones de las ballenas azules y de los rorcuales siguen alimentando hipótesis sobre comunicación, reproducción y navegación. Lo que sí quedó claro tras la apertura de aquellos archivos es que una tecnología creada para vigilar adversarios militares terminó revelando un mundo acústico que atraviesa océanos enteros.

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El nuevo pariente del velociraptor tenía cuatro alas funcionales y acerca una explicación para la evolución del vuelo

El nuevo pariente del velociraptor tenía cuatro alas funcionales y acerca una explicación para la evolución del vuelo

Fósil - La comparación anatómica lo coloca junto a un linaje conocido y además indica una proximidad destacada con una especie descrita anteriormente por especialistas

La agilidad convirtió al velocirraptor en uno de los dinosaurios más reconocibles de la cultura popular. Este depredador tenía un cuerpo relativamente pequeño, patas adaptadas para correr, una garra curvada en cada pie y un aspecto muy distinto al que durante años mostraron muchas películas, ya que los descubrimientos científicos apuntan a que estaba cubierto por plumas.

Su anatomía favorecía movimientos rápidos y ataques precisos, mientras que su cerebro, en proporción al tamaño corporal, era más desarrollado que el de muchos otros dinosaurios. Esa relación entre dinosaurios carnívoros y aves sigue aportando nuevas piezas para entender cómo evolucionaron algunos de los grupos animales más exitosos del planeta.

Un carnívoro encaja con los restos dispersos del yacimiento

Un estudio publicado en Annals of Carnegie Museum describe una nueva especie llamada Jian changmaensis, encontrada en la cuenca china de Changma. Según recoge Live Science, se trata del primer dinosaurio no aviano localizado en esa zona y su descubrimiento aporta una posible explicación para unos extraños conjuntos de huesos de aves fragmentados que llevaban años desconcertando a los investigadores.

La importancia del hallazgo va más allá de añadir un nombre nuevo al árbol evolutivo de los dinosaurios. Matthew Lamanna, paleontólogo del Carnegie Museum of Natural History, explicó que los microrraptores ofrecen información sobre los parientes más próximos de las primeras aves. Esa posición evolutiva convierte a cada nuevo ejemplar en una fuente valiosa para reconstruir cómo aparecieron algunas capacidades asociadas al vuelo.

Jingmai O’Connor añadió que estudiar aves primitivas y dinosaurios emparentados ayuda a comprender qué características permitieron prosperar a las aves que llegaron hasta la actualidad.

Otro aspecto que atrajo la atención de los científicos era la presencia de acumulaciones de huesos de aves rotos halladas en Changma. Durante años no estaba claro qué animal podía haber generado esos restos. O’Connor señaló que Jian changmaensis constituye la mejor explicación disponible porque es el único dinosaurio no aviano encontrado en el yacimiento, era carnívoro y superaba claramente en tamaño a muchas de las especies de aves conservadas allí.

Los investigadores no pueden demostrar de forma definitiva que produjera esos conjuntos óseos, aunque consideran que la hipótesis encaja con las pruebas conocidas.

El análisis acerca el ejemplar a otros dromeosáuridos

La identificación de la nueva especie se realizó a partir de un conjunto limitado de fósiles. Los restos conservan parte de la cintura escapular izquierda y elementos del miembro anterior, preservados en roca sedimentaria. Para obtener más información, el equipo recurrió a tomografías computarizadas que permitieron examinar articulaciones y detalles internos imposibles de observar desde el exterior.

Ese trabajo situó al ejemplar dentro de los microrraptores, un grupo perteneciente a la familia de los dromeosáuridos, la misma a la que pertenece el célebre velociraptor. El análisis también apunta a una relación cercana con otra especie conocida como Microraptor zhaoianus.

El tamaño del animal destaca incluso dentro de un grupo caracterizado por ejemplares relativamente pequeños. O’Connor explicó que la porción conservada del húmero mide alrededor de diez centímetros, una dimensión que permite calcular una envergadura cercana a 1,2 metros. Esa estimación sitúa a Jian changmaensis en proporciones comparables a las de una lechuza común y lo convierte en uno de los mayores microrraptores encontrados hasta ahora.

Las plumas permiten desplazamientos cortos entre árboles

Su aspecto habría resultado muy distinto al de la imagen popular difundida por el cine durante décadas. Los investigadores consideran que poseía largas plumas tanto en los brazos como en las patas, lo que le daba una apariencia de cuatro alas. Sin embargo, esas estructuras no implican que realizara un vuelo activo como el de las aves modernas. O’Connor afirmó que probablemente podía desplazarse planeando entre árboles de manera parecida a una ardilla voladora, aprovechando la superficie creada por las plumas para recorrer distancias cortas.

Ese modo de locomoción encaja con el entorno que existía en la región hace entre 120 y 124 millones de años. La zona albergaba un gran lago rodeado por una fauna diversa formada por aves primitivas, peces, tortugas y otros animales. Los investigadores plantean que un depredador arborícola con capacidad de planeo habría encontrado abundantes oportunidades de caza.

Otros microrraptores descubiertos anteriormente contenían restos de peces, lagartos, mamíferos y aves en el aparato digestivo, lo que sugiere una alimentación variada y oportunista.

El yacimiento gana otra pieza para resolver un enigma

La historia de este descubrimiento comenzó en un lugar que ya era famoso por otros motivos. Desde principios de este siglo se han recuperado más de cien esqueletos parciales de aves en Changma, algunos con plumas, piel y vainas de garras conservadas.

Lamanna recordó que aquellas campañas ayudaron a convertir el yacimiento en una referencia mundial para el estudio de aves fósiles. Ahora, la aparición de Jian changmaensis añade un nuevo elemento a ese paisaje antiguo y ofrece una explicación plausible para un misterio que permanecía abierto desde hace años.

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