Todo había discurrido como una seda en la histórica visita de León XIV a Canarias hasta que Tenerife, ya en la despedida, pareció resistirse a dejar marchar al sucesor de Pedro. El papa había recorrido durante siete horas calles, plazas y templos de la Isla, arropado por las autoridades y miles de fieles, cuando una avería alteró el guion vaticano en el aeropuerto de Tenerife Norte.
Aunque el papa León XIV es agustino, los comerciantes chicharreros se apuntaron al lema de los benedictinos, ‘Ora et labora’ -reza y trabaja-, para abrir bares, restaurantes y tiendas desde primera hora de la mañana. Mientras tanto, los peregrinos, sin aglomeraciones y en pequeños grupos, pasaron, desde las ocho de la mañana, por delante de los escaparates rumbo al recinto portuario donde se iba a celebrar la Misa de despedida de Canarias, y de España, que oficiaba el pontífice Robert Prevost.