El error al guardar el chocolate en verano: cuándo conviene meterlo en la nevera y cuándo no
El debate sobre si el chocolate debe guardarse en la nevera o en el armario vuelve cada verano, cuando las altas temperaturas amenazan con derretir cualquier tableta. Charles Spence, profesor de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, defiende que el frío puede mejorar la experiencia al comerlo, porque hace que el chocolate se rompa con más chasquido, tarde más en fundirse en la boca y resulte más fresco.
Sin embargo, la respuesta no es tan simple. Muchos chocolateros recomiendan conservarlo en un lugar fresco, seco y oscuro, lejos de la luz, la humedad y los cambios bruscos de temperatura.
La temperatura ideal suele situarse entre los 14 y los 20 grados, una condición difícil de mantener en muchas casas durante una ola de calor.
Por qué la nevera puede estropear el chocolate
El principal problema del frigorífico es la humedad. Cuando el chocolate pasa del frío al calor, puede producirse condensación sobre la superficie. Esa humedad disuelve parte del azúcar y, al evaporarse, deja una capa blanquecina conocida como sugar bloom. No significa necesariamente que el chocolate esté en mal estado, pero sí puede alterar su textura y hacerlo menos apetecible.
También puede aparecer el llamado fat bloom, que ocurre cuando la manteca de cacao migra hacia la superficie por cambios de temperatura y vuelve a cristalizar. El resultado son manchas o vetas blancas que modifican el aspecto y la sensación en boca.
A esto se suma otro inconveniente: el chocolate absorbe olores con facilidad. Si se guarda en la nevera cerca de alimentos como queso, embutidos, ajo o pescado, puede acabar incorporando parte de esos aromas y perder su sabor original.
Cuándo sí conviene meterlo en el frigorífico
Pese a todo, en verano la nevera puede ser el mal menor si la casa supera temperaturas altas y no hay un lugar fresco donde guardarlo. En ese caso, los expertos recomiendan protegerlo bien: envolverlo, meterlo en un recipiente hermético y colocarlo en una zona menos fría del frigorífico.
También conviene sacarlo entre 15 y 20 minutos antes de comerlo, para que recupere parte de su temperatura y puedan apreciarse mejor sus aromas. Si se abre el envase nada más sacarlo, el choque térmico puede favorecer la condensación y las manchas blancas.
El tipo de chocolate también importa. El negro suele resistir mejor el calor y conservarse durante más tiempo, mientras que el blanco, por su mayor proporción de manteca de cacao, se derrite antes.
Los bombones, rellenos o chocolates con nata y cremas son más delicados y pueden requerir condiciones de conservación diferentes.
Por eso, más que una norma única, la clave está en adaptar la conservación al calor real de la casa. Si hay un lugar fresco, seco y oscuro, la despensa sigue siendo la mejor opción. Si no, el frigorífico puede servir, pero siempre bien protegido.


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