Valladolid ha vuelto a demostrar este domingo que es una ciudad solidaria e implicada en lo social, y que siempre responde cuando la llaman para echar un mano en favor de quienes menos tienen y más necesitan, como es el caso de que ocupa estas líneas.
Y es que cientos de vallisoletanos se han vestido de corto y de color azul en un domingo espectacular en lo climatológico, con el sol brillando en todo lo alto, para participar en una marcha solidaria en favor de la Fundación del Banco de Alimentos de la provincia.
El entorno del parque Ribera de Castilla de la capital del Pisuerga ha sido el escenario elegido por la organización para esta caminata familiar lúdica y no competitiva de seis kilómetros de recorrido, que ha tenido como objetivo de recaudar fondos y dar visibilidad a esta entidad que atiende a 9.150 personas en Valladolid.
De hecho, los participantes han tenido que pagar una cuota de inscripción de 6 euros que se destinará íntegramente a la actividad del Banco de Alimentos, que está logrando aportar durante todo el año los 26 alimentos identificados como básicos para una dieta equilibrada.
La marcha popular partió de la Playa de las Moreras y recorrió un itinerario circular alrededor del río Pisuerga y del Parque Ribera de Castilla, hasta el Puente del Cabildo, para regresar posteriormente al punto de salida.
La boxeadora vallisoletana, campeona del Mundo del peso átomo, Isa Rivero, ejerció como "madrina" en la salida de la caminata este domingo en la que también ha participado la concejal de Juventud, Carolina del Bosque.
Tal día como hoy, 14 de junio, pero de 1941, o lo que es lo mismo, hace 85 años, se produjo un momento para la historia de la España de la época: el traslado al Mausoleo del Cementerio del Carmen de Valladolid, con grandes honores militares, de los restos de Onésimo Redondo Ortega, dirigente político español y uno de los principales fundadores del nacionalsindicalismo, la corriente ideológica que dio forma al fascismo en España,
Conocido durante el régimen franquista como el "Caudillo de Castilla", su figura histórica está fuertemente ligada a Valladolid, provincia de la que era originario y donde concentró su actividad política.
Nacido en Quintanilla de Abajo (Valladolid) en 1905 y murió en 1936 al poco de iniciarse la Guerra Civil Española, en la localidad segoviana de Labajos tras sufrir una emboscada en un enfrentamiento contra una columna de milicianos republicanos.
Onésimo Redondo se licenció en Derecho y se caracterizó por un arraigado arraigo al catolicismo tradicionalista y agrario.
Tras la proclamación de la Segunda República en 1931, fundó en Valladolid las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH) y el semanario Libertad, desde donde defendía posiciones ultranacionalistas, corporativistas, antisemitas y radicalmente contrarias a la República.
Además, a finales de 1931, unió su grupo al de Ramiro Ledesma Ramos (La Conquista del Estado), dando origen a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS).
En 1934, las JONS se fusionaron con la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera, constituyendo de manera definitiva Falange Española de las JONS.Guerra Civil y Muerte.
Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, Redondo acababa de ser liberado de la cárcel de Ávila, donde cumplía condena por conspiración contra el gobierno republicano. Se puso inmediatamente al frente de las milicias falangistas en Valladolid para sumarse al bando sublevado.
Durante la dictadura, el régimen de Francisco Franco ensalzó su figura como uno de sus principales mártires. Esto se tradujo en importantes marcas en la provincia de Valladolid, muchas de ellas modificadas o retiradas en democracia siguiendo las leyes de memoria histórica.
En 1937, Quintanilla de Abajo pasó a llamarse de forma oficial Quintanilla de Onésimo, denominación que mantuvo hasta que el municipio recuperó su nombre histórico.
En el Cerro de San Cristóbal de Valladolid se inauguró en 1961 un colosal monumento arquitectónico en su memoria, el cual fue demolido en 2016.
Acto de exaltación fascista
El traslado de los restos de Onésimo Redondo a su mausoleo definitivo en el Cementerio del Carmen de Valladolid se concibió como un acto político y de exaltación fascistas por parte del régimen de Franco y con un protocolo estricto.
Una comitiva integrada por miembros de Falange, los denominados camisas azules, se encargó de exhumar de madrugada antes del traslado los restos de su ubicación provisional. El féretro fue conducido hasta el salón de plenos del Ayuntamiento de Valladolid.
Allí se instaló la capilla ardiente oficial protegida por una constante guardia de honor.
El traslado por las calles de la ciudad movilizó a millares de vallisoletanos convocados por las autoridades del partido único (FET de las JONS), mientras que los jefes militares y altas jerarquías del régimen presidieron el acto y los discursos en el cementerio vallisoletano.
El falangista José Antonio Girón de Velasco, que por aquél entonces era el Ministro de Trabajo, fue uno de los que habló y pronunció una famosa arenga militar y política ante el féretro.
En lugar de despedir a un muerto, se dirigió a Onésimo Redondo como si fuera un comandante en activo que seguía pasando revista a sus tropas. Estos son varios extractos de su discurso
"Camaradas: Firmes ante el Jefe de nuestras escuadras castellanas, queremos dar a entender que no hemos venido solamente a cumplir el deber de encomendar a Dios al amigo y al camarada, que prestó su último servicio en la primera encrucijada de la guerra.
Hemos venido también a dar la novedad al Capitán, el parte militar de la situación de sus huestes, la información de las incidencias del avance.
Porque Onésimo no es para nosotros, jonsistas de Castilla, el conductor perdido que vive en el recuerdo, el camarada presente en nuestro afán. Es más. Es el Jefe que comparte con nosotros la inquietud de cada hora, que nos anima y nos conforta en la lucha, el camarada a cuyas órdenes tenemos el deber y el derecho de someternos.
Siempre y en todas partes, pero especialmente hoy y aquí, sentimos su presencia viva y vigilante.
Este recogido silencio está lleno de él, y su espíritu nos manda y nos conduce sin palabras...
Aún nos quedan muchas horas de pelea antes de llegar a la victoria final. Onésimo estará en ellas a nuestro lado y mandará, como siempre, las Centurias castellanas en esta difícil etapa, más dura y menos brillante, en que es preciso, para vencer, todo el heroísmo y la tenacidad de que la Falange fue ejemplo en los campos de batalla.
José Antonio, al descubrirnos que el camino más corto entre dos puntos es el que pasa por las estrellas, nos enseñó que la sola acción física vale bien poco si no la alumbra y la caldea la llama de una inquietud espiritual.
Y como la acción nutre su eficacia precisamente de estos ardientes instantes de fervor, en último resultado estamos aquí porque entendemos, Camisas Azules de Castilla, que el camino más corto para la conquista final de nuestros anhelos es el que pasa por la tumba de Onésimo Redondo".
Un discurso con el que Girón de Velasco ensalzó la línea radical de las JONS, enmarcando las acciones violentas como un sacrificio necesario para la salvación de la patria. Redondo fue presentado como el camarada en la primera línea de combate. El discurso inauguró su estrategia de usar una retórica revolucionaria y agresiva para imponer, desde el Estado, las reformas sociales de la dictadura.
El evento consolidó el Cementerio del Carmen como un punto de peregrinación y memoria para el régimen durante las décadas posteriores, situando de forma intencionada el colosal mausoleo del líder falangista en las proximidades de las fosas comunes donde yacían cientos de represaliados republicanos de la provincia.