Mourinho fue anunciado como entrenador del Real Madrid y el primer fichaje bueno e importante está a punto de caer. Empieza, pues, la reconstrucción del equipo blanco para la próximo temporada. Necesita fichajes que den un salto de calidad y de idea colectiva del fútbol, para poder volver a aspirar a los títulos que se han escapado este año. De momento, el nombre que suena es el de Bernardo Silva, y las conversaciones entre el club y el jugador han entrado en una fase tan avanzada que el acuerdo parece cuestión de días.
Un fichaje a punto
El camino hasta aquí tuvo sus vueltas. Bernardo Silva llegó primero a la mesa del Real Madrid, que lo descartó sin demasiado y entonces Barcelona y Atlético de Madrid entraron en la puja con interés real. Parecía que el centrocampista iba a aterrizar en alguno de esos dos destinos, pero la llegada de Mourinho al banquillo blanco lo cambió todo. El técnico portugués recalibró las prioridades del mercado y Bernardo Silva volvió a situarse en el primer plano de los planes madridistas, que esta vez sí fueron a por él con decisión y se llevaron el gato al agua.
El jugador cerró su ciclo en el Manchester City en mayo, tras nueve años en la Premier League, y tenía claro que quería dar el salto a España. Ese deseo chocaba con la realidad de un mercado caro, pero el Real Madrid tiene una fórmula bien ensayada para estas situaciones: contratar sin pagar traspaso. Así llegaron David Alaba y Antonio Rüdiger en su momento, y así llega ahora Bernardo Silva, libre de contrato y dispuesto a firmar con el club más grande del mundo. El modelo funciona y el club lo aplica con disciplina.
El tercer fichaje del Real Madrid
Bernardo Silva sería el tercer refuerzo del Real Madrid para la próxima temporada, después de Konaté y Dumfries, y su perfil encaja con lo que Mourinho necesita en el centro del campo. El portugués conoce bien al jugador de sus años en la élite europea y sabe lo que puede aportarle al equipo: calidad con el balón, intensidad sin él, y capacidad para entender el juego en espacios reducidos. Son las características que el Madrid echó en falta durante gran parte del curso que acaba de terminar, y Mourinho quiere tapar ese agujero antes de que empiece la pretemporada.
Los tiempos también aprietan por otro motivo. El Real Madrid quiere cerrar la incorporación antes de que Portugal debute en el Mundial, para que Bernardo Silva afronte el torneo con su futuro ya resuelto y pueda concentrarse exclusivamente en la selección. Las negociaciones van bien, el jugador tiene claro su destino y el club tiene claro su objetivo.
De Guardiola a Mourinho
Hay algo que vale la pena subrayar en la trayectoria de Bernardo Silva: salir del Manchester City para ir al Real Madrid de Mourinho es cambiar de planeta sin salir de la élite. Nueve años bajo la batuta de Pep Guardiola en uno de los proyectos más exigentes y meticulosos del fútbol mundial, y ahora directamente a las órdenes de Mourinho, un entrenador con una filosofía diferente pero con el mismo nivel de exigencia. Pocos futbolistas tienen el perfil técnico y mental para adaptarse a esos dos mundos, y Bernardo Silva es uno de ellos.
El Real Madrid necesitaba una señal de que la reconstrucción iba en serio, y Bernardo Silva puede ser esa señal. Konaté y Dumfries son incorporaciones sólidas, pero el nombre del centrocampista portugués tiene otro peso específico, otra categoría en el mercado europeo. Si el acuerdo se firma en los próximos días, Mourinho tendrá un argumento de peso para ilusionar a la afición antes de que llegue el verano y con él las grandes decisiones sobre el futuro del equipo.
Se hace el silencio en el puerto de Arguineguín. Hasta provocar escalofríos. León XIV lanza una corona de flores al mar. Por los miles de hombres y mujeres, ancianos y niños que se han dejado la vida en el mar. En el cementerio del Atlántico. Le sigue una hilera de migrantes que arrojan otros tantos ramilletes por los compañeros de cayuco que no lograron superar la travesía lo mismo de Senegal que de Mauritania. Justo después Robert Prevost bendice a dos de estos jóvenes. En el muelle de la vergüenza en el que estuvieron hacinadas 3.600 personas en un espacio que solo estaba preparado para acoger 400. El Papa persigna en la frente a dos hijos de Dios. Mucho más que una declaración de intenciones. Como lo hiciera Francisco en el que fue el primer viaje de su pontificado justo hace ahora trece años. En Lampedusa.
León XIV aterrizó este jueves por la mañana en el aeropuerto de Gran Canaria en su penúltimo día de estancia en nuestro país, con el obispo José Mazuelos como anfitrión. El Pontífice agustino no solo asume el deseo que no pudo cumplir su predecesor de viajar al archipiélago canario, sino que redobla su defensa de los derechos de los que vienen de fuera. Así se desprende del determinante discurso que pronunció ayer en este puerto canarión, donde abanderó de nuevo la defensa de la dignidad humana, su palabra más repetida ante cerca de 1.800 migrantes y quienes los acompañan en su proceso de integración. Con más crudeza incluso que lo ha hecho en sus jornadas previas de estancia en España. «No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido», apuntó en un momento. En otro instante, comentó que «no podemos acostumbrarnos a contar muertos». Incluso llegó a decir que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en primera fila, León XIV lanzó sus dardos a «las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo», pero también a «las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales». A la par, criticó el cinismo de Europa, «que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas». A la comunidad internacional solicitó «una cooperación eficaz y perseverante».
«Fui forastero»
Sirviéndose del «Fui forastero y me acogisteis» que pronunció Jesús, expuso con detalle cuál es el posicionamiento eclesial respecto al fenómeno migratorio. No solo reivindicó «vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra».
El Papa también reclamó «el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños». «Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad», dijo, elevando la mirada a su interlocutores. Sabedor de que se le esperaba en la isla de El Hierro, arrancó su reflexión citándola para recordar que «esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles», sentenció. Por ende, apuntó que la Iglesia «no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche», añadió.
Con esta premisa, dio un tirón de orejas a los líderes católicos que relegan la acogida al migrante a «algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios». Así, retomó su homilía del domingo en Madrid para señalar que no es compatible arrodillarse ante Jesús en la eucaristía y «luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso».
Asimismo, no dudó en alzar la voz contra «las mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan a mujeres y niños». Pero también condenó «la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido». Y a modo de examen de conciencia de todos y cada uno planteó un interrogante: «¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?».
El testimonio de Blessing, una nigeriana víctima de la trata que relató una amiga suya por motivos de seguridad, le permitió al Papa referirse a sí a su vida: «Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla. Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable», enfatizó León XIV.
«Una cifra que duele»
Pero no fue esta la única voz que se escuchó al margen de la del Pontífice agustino. También tomó la palabra Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, una de las embarcaciones encargadas de rescatar migrantes de los cayucos. Villarmena recordó que «durante estos años, junto a mi equipo, he rescatado a más de 20.000 personas. Es una cifra que duele y que no se olvida. Ojalá nunca más tuviéramos que rescatar a nadie. Trabajemos como sociedad para que este drama disminuya y para construir un mundo más justo», comentó este marinero.
La voluntaria de Cáritas María Fernanda López recordó cómo vivió la crisis humanitaria de 2020: «La experiencia de Arguineguín nos confirmó que, incluso en los momentos más difíciles, el Evangelio sigue vivo cuando nos atrevemos a construir fraternidad».
La latinoamericana María Fernanda López Meza echó la vista atrás para explicar cómo ha sido su devenir en tres décadas de presencia en Canarias. «Gracias a las personas que confiaron en mí, que me dieron su apoyo y sus primeros proyectos, he podido cumplir un sueño que parecía imposible cuando dormía en la calle», apuntó al respecto.
Junto a Sánchez escucharon las palabras del Papa el presidente de Canarias, Fernando Clavijo; y el lehendakari, Imanol Padrales, cuyo gobierno mantiene desde hace años varias líneas de colaboración en materia migratoria con Canarias. También estuvieron los ministros Ángel Víctor Torres y Elma Saiz, así como numerosas personalidades de la política local de Gran Canaria.
Volvió. José Mourinho ya es el entrenador del Real Madrid y ya se pone a trabajar. Es un entrenador que dejó mucha nostalgia en algunos sectores del madridismo, que entonces eran jóvenes y ahora no lo son tanto. Vuelve con el reto de volver competitivo al equipo blanco y con la urgencia de ganar títulos. Es la gran esperanza.
Trece años después
Trece años han pasado desde que Mourinho abandonó el banquillo del Bernabéu, y la entidad blanca ha hecho oficial su regreso con un contrato de tres temporadas. Entre 2010 y 2013, el técnico portugués dejó una Liga, una Copa del Rey y tres semifinales europeas consecutivas Ahora Florentino Pérez ha cumplido lo que los rumores insinuaban desde hace años, y Mourinho desembarca en Madrid con el encargo de sacudir un equipo tras dos años sin grandes títulos.
Con 63 años, el Mourinho que aterriza en Valdebebas tiene más kilómetros y bastante más calma en los gestos, aunque su esencia sigue intacta. Llega desde el Benfica, donde firmó una temporada notable en Champions, y trae bajo el brazo las mismas exigencias de siempre para su plantilla: sacrificio, respeto a sus normas y valentía cuando el partido se pone feo.
Un paisaje distinto
El paisaje competitivo también ha cambiado desde su primera etapa. Ya no tiene enfrente a Pep Guardiola como rival directo en España, pero sí a Hansi Flick al frente del Barcelona, y sí a Lamine Yamal como el jugador más desequilibrante de la Laliga. El reto deportivo es enorme, y Mourinho lo asume con los ojos abiertos. Quiere refuerzos, ha pedido incorporaciones para construir un equipo a su medida, y la dirección deportiva tendrá que responder a esa demanda si quiere que el proyecto arranque con garantías reales.
La llegada de Mourinho se anunció horas después de que el club confirmara la salida de Álvaro Arbeloa del banquillo, cerrando así un ciclo y abriendo otro en cuestión de comunicados. Y el nuevo técnico ya ha dejado claro que quiere refuerzos para construir un equipo a su medida. Ibrahima Konaté y Denzel Dumfries ya tienen el traspaso encarrilado, pero el gran movimiento del mercado lo protagonizó Florentino cuando puso 150 millones de euros encima de la mesa del Atlético de Madrid para intentar llevarse a Julián Álvarez.
¿Con Julián Álvarez?
El Atlético cogió el cheque, lo agradeció y lo devolvió. La respuesta del Metropolitano fue directa: la cláusula de rescisión del delantero argentino está fijada en 500 millones y ahí es donde hay que ir si se quiere hablar en serio. La diferencia entre lo ofrecido y lo exigido es tan abismal que la operación parece ahora mismo un imposible, y más teniendo en cuenta que Álvarez es una pieza sobre la que Simeone ha construido buena parte de su plan. El Atlético vive además su primer verano con nueva propiedad, lo que añade una capa más de incertidumbre sobre hasta dónde están dispuestos a aguantar la presión o hasta dónde están dispuestos a ceder.
Con Julián o sin él, Mourinho tiene por delante lo que no lograron en los últimos tiempos ni Carlo Ancelotti en su segunda etapa, ni Xabi Alonso, ni el propio Arbeloa: devolver al Real Madrid a lo más alto de Europa y de España de forma sostenida, con una identidad reconocible y resultados que hablen por sí solos. El madridismo le espera con los brazos abiertos y con la memoria bien cargada. Ahora empieza todo.
Uno de los momentos más conmovedores de la visita del Papa León XIV a Barcelona tuvo lugar en la Iglesia de San Agustín, durante un encuentro con entidades sociales y caritativas que trabajan con personas vulnerables. Allí, en un diálogo espontáneo con un niño llamado Renzo, el Pontífice dejó una de las reflexiones más profundas de toda la jornada: la importancia de los abuelos y el peligro de su creciente soledad.
La pregunta llegó de forma sencilla por parte del niño, pero abrió un mensaje de gran calado social: “¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes?”.
León XIV respondió con un llamamiento directo a la conciencia colectiva. Subrayó que los abuelos ocupan un papel esencial dentro de la familia, no solo por el cuidado que ofrecen, sino por su contribución en la transmisión de valores, fe y afecto a las nuevas generaciones. “Los abuelos son muy importantes en la vida de la familia. Nunca deberían quedarse solos”, afirmó el Papa, destacando que en muchas ocasiones son ellos quienes sostienen la vida cotidiana del hogar, ayudando en el cuidado de los nietos mientras los padres trabajan.
El Pontífice insistió en la idea de reciprocidad generacional como base de una sociedad más humana: “¿Y cómo debemos corresponder al amor? Con amor. Es lo que Jesús quiere que hagamos: cuidar y acompañar a nuestros abuelos en su vejez, así como ellos en su tiempo cuidaron de nosotros”.
León XIV fue más allá al advertir del riesgo de normalizar el abandono de los mayores. “No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste”, afirmó, apelando a un compromiso no solo familiar, sino también social.
El Papa animó además a extender ese cuidado más allá del propio círculo familiar, recordando que el deber de acompañar a los mayores no se limita a los vínculos de sangre: “Aunque no sean nuestros abuelos, no debemos permitir que se sientan solos ni desprotegidos”.
Uno de los momentos más emocionantes de la visita del Papa León XIV a Barcelona tuvo lugar este miércoles en la iglesia de San Agustín, durante el encuentro que mantuvo con diversas entidades sociales y caritativas que trabajan con personas vulnerables. Allí, tras escuchar varios testimonios, el Pontífice protagonizó un diálogo con Renzo, un niño perteneciente a una familia con dificultades económicas.
La conversación abordó temas tan diversos como la vocación, el sufrimiento, la soledad de los mayores o el deporte. Sin embargo, fue la última pregunta la que dio pie a una de las reflexiones más profundas de toda la tarde.
"¿Hay que perdonar siempre?", preguntó el pequeño.
León XIV respondió recordando el conocido pasaje evangélico en el que Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar.
"Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó: '¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?'. Jesús le respondió: 'No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete'. Con eso se refería a que hay que perdonar siempre. Pero hay que entender bien qué significa perdonar".
A continuación, el Papa quiso profundizar en una idea que, según explicó, a menudo se malinterpreta.
"Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón".
El Pontífice aseguró que el perdón es el camino para experimentar la paz de Dios y sanar las heridas interiores. "Cuando perdonamos imitamos el ejemplo de Jesús, que perdonó a quienes le crucificaban. Nuestra predisposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios", afirmó.
Otros temas
La conversación había comenzado con una pregunta mucho más ligera. Renzo quiso saber si al Papa le gustaba el fútbol. León XIV explicó que, aunque es más conocido por su afición al tenis, también jugó al fútbol durante su juventud y recordó que disputaba partidos con seminaristas cuando vivía en Perú. Incluso reveló que jugaba como defensa y bromeó diciendo que no era precisamente un gran goleador. Aprovechó la ocasión para destacar cómo el deporte enseña el valor del trabajo en equipo y la importancia de pensar en los demás.
Después llegó una cuestión más personal: "¿De pequeño querías ser Papa?". La respuesta sorprendió por su sencillez. León XIV reconoció que jamás había pensado en llegar al pontificado, pero sí recordó que desde niño sintió el deseo de entregar su vida a Dios. Explicó que con el tiempo descubrió que su camino era el sacerdocio y la Orden de San Agustín, aunque insistió en que la pregunta verdaderamente importante para cualquier persona no es qué profesión tendrá en el futuro, sino si quiere ser amiga de Jesús.
Renzo también se atrevió a formular uno de los grandes interrogantes de la humanidad: por qué algunas personas sufren más que otras. El Papa admitió que no existen respuestas fáciles, pero invitó a mirar a Cristo, que conoció el sufrimiento y la muerte. Recordó que la resurrección demuestra que el mal no tiene la última palabra y aseguró que Dios nunca abandona a sus hijos, incluso en los momentos más difíciles.
Otra de las preguntas que más conmovió a los asistentes fue la relacionada con la soledad de los mayores. "¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes?". León XIV respondió reivindicando el papel fundamental de los abuelos en la familia y en la transmisión de la fe y los valores. Además, pidió a toda la sociedad que no normalice el abandono de las personas mayores y animó a acompañarlas y cuidarlas con el mismo amor con el que ellas cuidaron de las generaciones más jóvenes.
Uno de los momentos más espontáneos y cercanos de la visita del Papa León XIV a España se vivió este miércoles en la iglesia de Iglesia de San Agustín, durante un encuentro con entidades sociales y caritativas que trabajan diariamente con personas en situación de vulnerabilidad. El acto incluía varios testimonios y un diálogo con algunos beneficiarios de estas obras sociales. Entre ellos se encontraba Renzo, un niño de una familia con dificultades económicas que tenía preparadas varias preguntas sobre temas tan profundos como el sufrimiento, la pobreza, el perdón o la presencia del mal en el mundo. Sin embargo, antes de entrar en esas cuestiones, decidió formular una pregunta mucho más sencilla y directa: si al Papa le gustaba el fútbol.
La respuesta del Pontífice provocó inmediatamente las risas y la simpatía del público. León XIV comenzó recordando que su deporte más conocido es el tenis, pero añadió que también había jugado al fútbol durante su juventud. Eso sí, matizó con humor que en sus primeros años practicó sobre todo fútbol americano, “un poco más violento”, comentó entre risas.
A continuación, explicó que también jugó al fútbol convencional durante su etapa en Perú, especialmente cuando vivía en Trujillo y compartía tiempo con los seminaristas. Fue entonces cuando reveló un detalle que muchos no esperaban conocer: su posición sobre el terreno de juego. “Defensa, si quieren saber”, respondió. Y añadió con humildad que nunca destacó precisamente por marcar goles. “No era gran goleador”, reconoció.
El Papa aprovechó además para recordar algunos episodios de su afición futbolística. Contó que cuando vivía en Roma siguió con interés el Mundial celebrado en España en 1982, la primera Copa del Mundo que recuerda haber vivido con intensidad. Más tarde, ya en Perú, continuó pendiente de los equipos locales mientras seguía jugando ocasionalmente con los seminaristas.
El fútbol, como la vida
Pero la anécdota deportiva pronto dio paso a una reflexión más profunda. León XIV afirmó que el deporte es una ayuda importante para conservar la salud física, mental y espiritual, algo que, según explicó, siempre ha formado parte de su vida. A partir de ahí utilizó el fútbol como una metáfora de la existencia humana y de la labor que desarrollan las entidades sociales presentes en el encuentro.
El Pontífice señaló que el fútbol enseña una lección fundamental: la vida no está hecha para recorrerse en solitario, sino para jugarse en equipo. Advirtió de que una persona puede convertirse en una gran estrella, pero si nunca pasa el balón y no permite que los demás participen, terminará perdiendo. Por el contrario, sostuvo que el verdadero éxito llega cuando se piensa en los otros y se procura integrar a todos en el juego.
Con esa imagen del trabajo colectivo, León XIV quiso reconocer la labor de las organizaciones sociales presentes en San Agustín, felicitándolas por su esfuerzo diario en favor de quienes más lo necesitan. Una sencilla pregunta sobre fútbol acabó convirtiéndose así en una de las intervenciones más humanas y cercanas de toda la jornada, permitiendo conocer una faceta poco habitual del Pontífice: la de aquel joven defensa que, aunque no marcaba muchos goles, aprendió en el deporte el valor de jugar para los demás.
Mucho se habló en su día de la X del GAL, y parece que va por el mismo camino la X de las «cloacas». Aunque nunca se llegase a demostrar, la X del GAL era Felipe González, o al menos todo el mundo tiene esa convicción, por mucho que el rigorismo de nuestro garantista sistema judicial no llegara a tal conclusión.
De igual manera, no hay nadie con seriedad que no crea lo que usted y yo sobre la X de la fontanería sanchista. Cosa distinta es el teatro. O sea, que lo de que P.S. podía haber sido Pedro Saura, Paco Salazar o Perico de los Sarmientos, por decir cualquier cosa, es teatro del malo. Creer eso no es propio de gente bien informada. Para reírse de nosotros ya está el presidente cuando nos dice con tono aflautado que está trabajando en los presupuestos del 27. A eso se va a dedicar la nueva TelePedro en cuanto empiece a emitir: a entretenernos con el circo. Pedro ya sabemos que es capaz de incluso de lo peor para él con tal de permanecer asido al butacón. Por eso travestirse de propagandista católico es pan comido para nuestro hoy devoto timonel. Le han dicho en la logia que tiene que parecer papista y va detrás de Su Santidad como su escolanillo, aparentado una religiosidad que en realidad detesta.
Una farsa más, como la de los cinco días famosos donde parece que X urdió la creación del pantano en el que había que ahogar a jueces, fiscales, policías, guardias y periodistas. O sea, que Leire no trabajaba sola, como es hoy evidencia nacional. Le pagaba el partido los desplazamientos, le reservaba los billetes, y soportaba los gastos de su sigiloso y suburbial trabajo. Por eso dijo que ella era una periodista que iba por libre y que apenas se reunió dos veces con Cerdán. Ahora resulta que fueron 39 y que hasta Marlaska le puso escolta.
Marlaska es otro de esos personajes a los que el término bellaco le queda corto. Acostumbra nuestro exjuez a negar o afirmar todo siempre con gran rotundidad, para después hacer el ridículo con idéntica prestancia. La directora de la Guardia Civil nunca habló con Leire, «en término de ningún tipo». Era «absolutamente falso» que estuviera previsto que Delcy Rodríguez entrase en España la noche de las maletas. La contundencia marlaskona es solo equiparable a la mendacidad de su padrino. Tan grande como la falsedad de que Leire no había pasado nunca por la Fiscalía. Al menos dos veces se reunió con Diego Villafañe, mano derecha de Alvarone. Dos que sepamos, bajo la tapadera de que iba acompañando al denominado «abogado de las cloacas», Teijelo, que presumía de tener a 61 periodistas a sus órdenes. Leire sería uno de ellos, jajá.
Los fiscales decentes se ríen porque saben que es imposible que Villafañe viese a Leire sin el consentimiento de Álvaro García Ortiz. Otro servicio del gallego a la causa general, para que la sanchosfera no pudiera ganar nunca relato alguno. La sacrosanta Fiscalía de doña Peramato ha tenido que reconocer ahora que se reunieron allí porque Anticorrupción había pedido el libro de registros de entrada al edificio del Ministerio Público. De lo contrario seguiríamos en Babia. Más o menos como pretende PS que sigamos. Solo que cada día salen más datos y más pruebas.
La cercanía de la «fontanera» a la presidenta del partido, Cristina Narbona, pareja de del santo Borrell, es bastante inquietante. «Vente a comer con nosotros», le dijo la jefa sociata a nuestra «investigadora», que le habría mandado el recado de que «yo también puedo hablar». Abruma, por lo demás, el aluvión de nuevas fotos de Sánchez con Leire, y eso que no se conocían de nada. O el dato aportado por Soraya Rodríguez, según el cual nuestra ilustre pocera arregló las tuberías de las primarias que «ganó» Sánchez y ensuciaron Koldo y Cerdán. Era la responsable de redes. No sabemos si sociales o soterradas. Las redes, en general. Y la X de las «cloaca» y PS, en particular.
Lleva poco más de un año al frente de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. Esta visita papal le ha graduado con algo más que un máster de mitra y báculo. Mañana se convertirá en el último anfitrión de León XIV en España y, por tanto, en poner el broche de oro al viaje del Pontífice.
Serán solo seis horas en Tenerife, pero bien aprovechadas…
Yo creo que más no se puede exprimir. Hemos querido aprovechar cada instante precisamente por lo que indicas: la limitación de tiempo y las escasas horas que estará entre nosotros. Hubiéramos querido que permaneciera más tiempo, por supuesto, incluso toda la jornada, pero también comprendemos que la organización del viaje, teniendo en cuenta que desde aquí regresa a Roma y las horas de vuelo, haya obligado a acortar su estancia. En cualquier caso, creemos que quedan cubiertos los dos aspectos fundamentales: por un lado, la cuestión migratoria y, por otro, la visita a la diócesis y la celebración de la eucaristía, presidiéndonos en la fe.
¿Qué le gustaría que el Papa se llevara en la mochila?
Me gustaría que el Papa viera una Iglesia viva, alegre y acogedora; una Iglesia que recibe su magisterio y su enseñanza de poner a la persona en el centro, de reconocer y defender la dignidad humana, también la de los migrantes. Una Iglesia que vive la fe y el compromiso con los pobres y los más necesitados; una Iglesia unida, que vive en comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal.
El Papa va a pisar Las Raíces, que en un momento determinado fue un lugar de hacinamiento de migrantes. ¿Su sola presencia es ya una denuncia?
Su presencia y su palabra siempre serán una llamada de atención para reconocer la dignidad de las personas, que deben ser acogidas y tratadas conforme a esa dignidad inherente a todo ser humano. Ese espacio llegó a albergar cerca de 4.000 personas, superando ampliamente la capacidad prevista. Ahora acoge a muchas menos y, además, se está trabajando para dotarlo de unas instalaciones más adecuadas. Pero sigue siendo un recordatorio de que los seres humanos no pueden vivir hacinados como si fueran objetos. Son personas que merecen respeto, atención y unas condiciones dignas. Ya es suficientemente duro e inhumano el viaje y el drama migratorio. Al menos, la acogida debe ser verdaderamente humana.
Y ahí es donde entra en juego la Iglesia. Cuando muchos de estos jóvenes cumplen 18 años, la Administración los deja literalmente en la calle. Son Cáritas y otras organizaciones eclesiales los que salen a su encuentro para ofrecerles un presente y un futuro.
Efectivamente. Ese será precisamente el segundo momento de este encuentro con la realidad migratoria. Cuando el Santo Padre abandone el centro de acogida de Las Raíces y se traslade a la plaza del Santísimo Cristo, en La Laguna, se encontrará con diversas realidades eclesiales que trabajan por la promoción y la integración de los migrantes. Estarán presentes entidades como la Fundación Buen Samaritano, la Fundación Don Bosco y otras organizaciones que desarrollan una labor que va más allá de la acogida: trabajan por la promoción e integración de estas personas. Queremos subrayar precisamente ese aspecto. Allí escucharemos testimonios de migrantes latinoamericanos y africanos que llegaron en situación irregular y que hoy tienen un empleo, participan en la sociedad y también en la vida de la Iglesia. Es el caso, por ejemplo, de una migrante colombiana que trabaja en Cáritas y está vinculada a una parroquia.
Solemos asociar el fenómeno migratorio en Canarias a África, pero nos olvidamos de que la mayoría de los extranjeros llegan de América Latina por el aeropuerto…
Así es. Hay un grupo muy numeroso de migrantes procedentes, sobre todo, de Venezuela, Cuba y Colombia, no solo en Canarias sino en toda España. Son personas que se incorporan a nuestra sociedad y también a nuestra Iglesia. En muchas parroquias encontramos agentes de pastoral de todos estos países. Todo ello manifiesta la riqueza de una Iglesia que sabe acoger y que vive lo que nos pide la Conferencia Episcopal: ser comunidades acogedoras y misioneras. Estos hermanos enriquecen, renuevan y rejuvenecen nuestras comunidades eclesiales, que en muchos casos están bastante envejecidas.
¿Se imaginó alguna vez el obispo de Tenerife que, con tan poco tiempo al frente de la diócesis, le tocaría ser anfitrión de Su Santidad?
No, en absoluto. Si nunca pensé que sería obispo, mucho menos imaginé que me tocaría recibir al Papa, y menos aún durante mi primer año al frente de la diócesis. Siempre se veía una visita papal a Canarias como un sueño, algo prácticamente imposible porque nunca había ocurrido. Cuando el Papa Francisco expresó su deseo de venir a Canarias, se abrió una posibilidad real. Sin embargo, su fallecimiento impidió que ese proyecto se hiciera realidad y pensamos que seguiríamos siendo esa periferia que nunca recibiría la visita del Papa. Por eso la alegría es inmensa. Mi mayor alegría no es personal, sino la de todo el pueblo de Dios que peregrina en La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife. Todos los esfuerzos organizativos que estamos realizando tienen sentido por eso: por la alegría de nuestra gente. Mucha gente quizá nunca podrá viajar a Roma ni participar en una audiencia papal. Ahora tendrán la oportunidad de verlo de cerca y sentir su presencia entre nosotros.
¿Y queda la espinita clavada de no haberle podido enseñar El Hierro y el sufrimiento que ha vivido la isla?
Es una espinita que queda ahí. Hablamos de una isla con una población limitada que se ha visto superada en infraestructuras y recursos. Ha habido años en los que han llegado hasta 24.000 migrantes a una isla con apenas entre 9.000 y 10.000 habitantes. Aunque la mayoría son derivados posteriormente a otras islas, la primera acogida se realiza allí. Entendemos que, por cuestiones de agenda y logística, la visita no pudo incluir El Hierro. Los desplazamientos, la seguridad y los tiempos hacían muy difícil compatibilizarlo con el resto de actos previstos en Tenerife. Aun así, El Hierro estará presente. En los testimonios que escucharemos en la Plaza del Cristo participará el padre Darwin, párroco venezolano y voluntario, que trabaja directamente en la acogida de migrantes. También estarán presentes otras personas vinculadas a esa labor y representantes de la isla. Aunque el Papa no visite El Hierro, El Hierro sí estará presente en este encuentro y también en la misa, porque es una celebración de toda la diócesis y de las cuatro islas.
¿Y cómo hace el obispo de Tenerife para no perderse en la gestión y vivirlo con plenitud como pastor junto a su pueblo?
La preparación espiritual es fundamental, no solo para mí, sino para toda la diócesis. Por eso hemos celebrado una jornada de oración en toda la diócesis, para pedir por los frutos de este viaje apostólico. La verdad es que vivo estos días con relativa tranquilidad porque contamos con un excelente equipo de trabajo. El comité diocesano organizador y los numerosos voluntarios están realizando una labor extraordinaria. Hay mucho trabajo, por supuesto, pero está muy repartido y bien coordinado.
¿Qué les diría a aquellos tinerfeños que quizá no esperan la visita del Papa con la misma ilusión que los católicos y que tendrán que asumir cortes de tráfico y limitaciones de movilidad durante toda la jornada?
Les pediría comprensión y también que vivan los valores de la ciudadanía, que consisten en saber compartir las alegrías de los demás. Todos estamos acostumbrados a que determinados acontecimientos –como los carnavales, eventos deportivos o grandes celebraciones– impliquen cortes de calles y limitaciones de tráfico. Nos gusten o no esas actividades, solemos comprender que forman parte de la vida colectiva, de un momento histórico. En este sentido, agradezco la enorme colaboración por parte de las administraciones, instituciones públicas y entidades privadas para que todo se desarrolle de la mejor manera posible y afecte lo menos posible a la vida cotidiana. Aun así, somos conscientes de que un acontecimiento de esta magnitud tendrá consecuencias inevitables sobre la movilidad en determinados momentos. Por eso solo puedo pedir comprensión.
Uruguay es un país muy especial en el mundo del fútbol, pero puede que no sea tan especial como el entrenador que les dirige en este Mundial. Marcelo Bielsa ya tiene 70 años, pero sigue siendo ese tipo tan impredecible que no se sabe por dónde va a salir en las conferencias de prensa ni si su presencia va a multiplicar el rendimiento de su equipo o, al revés, va a disminuirlo por la incomprensión mutua entre plantilla y entrenador. Las dos cosas ha vivido Uruguay.
El país sudamericano es una nación de tres millones de personas que presume de un palmarés desproporcionado respecto a su tamaño: dos oros olímpicos en los años veinte, un Mundial inaugural en 1930 y, sobre todo, el Maracanazo de 1950, cuando aquella celeste diminuta derrotó a Brasil en su propio estadio y ante doscientas mil almas que ya estaban de celebración anticipada. El fútbol ha seguido, también la vida, pero a veces da la impresión de que se detuvo ahí.
Sin embargo, pocas veces, en toda esa historia futbolística, habrá llegado al banquillo un personaje tan singular como Bielsa. El técnico argentino acumula dos experiencias mundialistas que resumen perfectamente su figura: con Argentina en Corea-Japón 2002, cuando la Albiceleste cayó eliminada en la fase de grupos en uno de los mayores batacazos de su historia, y con Chile en Sudáfrica 2010, adonde llegó después de doce años de ausencia de la Roja en una Copa del Mundo y a la que condujo hasta octavos de final, donde hizo sufrir muchísimo a España.
Duda con Marcelo Bielsa
Con Uruguay, el arranque de Bielsa fue esperanzador. Los primeros compases de su mandato generaron entusiasmo, buenos números en la clasificación y una corriente de confianza que el aficionado charrúa abrazó con ganas, como si hubiese llegado el momento de volver a ser grande. Pero esa ilusión se fue enfriando progresivamente hasta que llegó el golpe que aún escuece: una derrota por 5-1 ante Estados Unidos el pasado noviembre, que prendió todas las alarmas y obligó a replantearse si Bielsa y Uruguay eran realmente compatibles.
Se va a ver ahora. Ambos llegan al Mundial con la herida fresca, con Fede Valverde, jugador del Real Madrid, como máxima referencia del grupo y con una carencia que les puede penalizar demasiado en el campeonato: Uruguay ha visto retirarse en los últimos años a sus tres grandes referentes ofensivos, Edinson Cavani, Diego Forlán y Luis Suárez, tres delanteros de postín que sostuvieron durante décadas el ataque charrúa. Darwin Núñez, por ahora, no ha estado a su altura.
Cabo Verde
Medio millón de habitantes, un archipiélago perdido en el Atlántico y bastantes jugadores que no jugaban con su selección nacional. Eso era Cabo Verde en el fútbol internacional durante mucho tiempo, un país que veía cómo sus mejores jugadores elegían representar a otras naciones antes que vestir la camiseta azul y blanca. Hoy ese relato ha dado un giro completo y los «Tiburones Azules» van a disputar su primer Mundial.
Cabo Verde fue territorio portugués hasta julio de 1975 y muchos años más tarde la federación caboverdiana diseñó una estrategia sistemática para rastrear a los hijos de la diáspora, a todos aquellos descendientes de caboverdianos repartidos por Europa que todavía no habían comprometido su elegibilidad con ninguna selección absoluta.
Esa apuesta ha generado un bloque con una solidez que no suele verse en selecciones de países con tan poca masa poblacional. El equipo lleva cerca de cinco años jugando conjuntamente, con un núcleo estable que ha construido automatismos y entendimientos que se notan sobre el césped. En la fase de clasificación africana, Cabo Verde ganó su grupo por encima de Camerún, una selección de peso en el continente con más tradición. Otra cosa es que tenga alguna opción en el Mundial.
Arabia Saudí
La Federación Saudí decidió prescindir de Hervé Renard a dos meses del inicio del Mundial en un movimiento desesperado por dar otro tono al equipo. El alemán Georgios Donis asumió el cargo con el tiempo justo para conocer a un grupo que clasificó con apuros y que llega a Estados Unidos con más dudas que certezas, pero también con la lección aprendida de que en un Mundial cualquier cosa es posible.
La salida de Renard cerró un ciclo con claroscuros, pero donde los claros fueron muy claros: bajo su dirección, Arabia Saudita se clasificó para Qatar 2022 y protagonizó allí una de las tardes más inesperadas en la historia del torneo. El 2-1 ante Argentina en la fase de grupos sacudió al mundo entero, un resultado que nadie vio venir. Lo que sucedió durante el descanso de aquel partido quedó grabado en la memoria del fútbol: Arabia perdía 1-0 y Renard pronunció en el vestuario un discurso que encendió a sus jugadores. La remontada llegó en la segunda parte y el nombre de Renard viajó a todos los rincones del planeta.
El pasado pesa más que el futuro. Y esa gesta contrasta con el tortuoso camino hacia el próximo Mundial. Arabia Saudí quería seguir creciendo, porque, además, organiza el Mundial de 2034, pero los planes no salieron como se esperaba. Llega, pues, sin muchas esperanzas de repetir hito.
La segunda etapa de José Mourinho en el banquillo del Real Madrid va tomando forma poco a poco. Los pasos previos a hacer oficial su llegada se van dando sin prisa y cumpliendo todo lo que estaba previsto. Primero fue la confirmación de su fichaje que hizo la candidatura de Florentino Pérez en los últimos días de la campaña electoral, con un vídeo corto en redes sociales donde el portugués aparecía con una camiseta del Real Madrid y decía «sí» a su aterrizaje de nuevo en el club.
No era una baza electoral, era una elección desde el convencimiento de que es lo que necesita el vestuario blanco después de una temporada en la que Xabi Alonso salió para dar paso a un periodo de interinidad con Álvaro Arbeloa al frente.
En la sucesión de decisiones que van a desembocar en el anuncio oficial de José Mourinho, la primera fue anunciar el adiós de Arbeloa, que ya tenía claro incluso antes de terminar la Liga que no iba a continuar, ni siquiera como ayudante del nuevo técnico. «El Real Madrid C. F. y Álvaro Arbeloa han llegado a un acuerdo para poner fin a su etapa como entrenador del primer equipo. El Real Madrid se siente muy agradecido a Álvaro Arbeloa, que durante toda su trayectoria en el club, desde que llegó a nuestra cantera, ha demostrado siempre lealtad, compromiso y profesionalidad. Su figura representa un ejemplo de los valores de nuestro club. El Real Madrid, que será siempre su casa, le desea a Álvaro Arbeloa y a toda su familia mucha suerte en esta nueva etapa de sus vidas», decía el club para dejar oficialmente vacante el puesto de entrenador del primer equipo.
Desde Portugal, el Benfica decía adiós a Mourinho, confirmando el pago de la cláusula de rescisión. «El Benfica SAD comunicó a la CMVM que el Real Madrid CF formalizó la intención de contratar a José Mourinho por un valor de 15 millones de euros, habiendo el entrenador dado su acuerdo. Gracias, José Mourinho», contaba el equipo luso en su comunicado.
La respuesta de «The Special One» no se hizo esperar, resumida en unas bonitas palabras en sus redes sociales despidiéndose de la que ha sido su afición durante una buena parte de la temporada pasada. «Agradezco al presidente Rui Costa la oportunidad que me brindó de trabajar al servicio del Benfica. Representar a este club fue un honor y un privilegio», escribía en Instagram Mourinho. El técnico agradecía también a los trabajadores del Benfica «su profesionalidad, dedicación y competencia, que fueron ejemplares».
Mourinho concluyó con un mensaje para sus jugadores, a quienes dejó «un sincero agradecimiento y los mejores deseos de éxito personal y profesional». «Me llevo conmigo la convicción de que, más que un momento, hemos creado un vínculo duradero: mi jugador un día, mi jugador para siempre».
Reuniones de planificación
Su llegada oficial al Real Madrid es inminente, aunque en realidad, Mourinho ya está diseñando el futuro del equipo blanco. Ya se encuentra en la capital de España, trabajando con José Ángel Sánchez y Juni Calafat, y diseñando lo que va a ser la pretemporada del Real Madrid. Es muy probable que los entrenamientos arranquen a comienzos de la semana del 13 de julio, aproximadamente un mes antes de que empiece la Liga (15 y 16 de agosto). El portugués llega al Real Madrid con el cuerpo técnico que ha tenido en el Benfica, que incluye un primer y un segundo ayudante, un preparador físico y un analista de vídeo.
Queda pendiente también la presentación de Mourinho, que podría quedar pendiente para después de sus vacaciones.
Entre la multitudinaria vigilia de Montjuïc del martes y la histórica bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia que culminó su viaje apostólico a Cataluña, el Papa León XIV quiso reservar unas horas para una visita mucho más discreta, alejada de los grandes focos, pero cargada de simbolismo. El Pontífice se desplazó este mediodía a la iglesia de San Agustín, en pleno barrio del Raval, para encontrarse con representantes de diversas entidades dedicadas a la atención de los más vulnerables.
No era una elección casual. Situada en uno de los barrios con mayores dificultades sociales de Barcelona, San Agustín se ha convertido desde hace décadas en un referente para la atención a personas en situación de pobreza, exclusión y soledad. La parroquia, regentada por los agustinos, es además un importante punto de referencia para la comunidad filipina de la ciudad y desarrolla una intensa actividad social en colaboración con numerosas organizaciones benéficas.
La condición agustina del propio León XIV otorgaba además un carácter especialmente personal a la visita. El Papa conoce desde hace años esta comunidad religiosa y quiso subrayarlo nada más tomar la palabra. «Gracias por la acogida. Aquí de verdad me siento en casa», afirmó entre aplausos. A continuación recordó que la primera vez que visitó aquel templo fue en 1984. «Vine a visitarla, pero estaba cerrada. Qué hermoso es encontrarla hoy abierta, con una comunidad de agustinos y con tanta gente que vive entregada».
En primera fila seguían atentamente el encuentro numerosas autoridades civiles y eclesiásticas. Entre ellas se encontraban el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el consejero de Justicia, Ramon Espadaler; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el ministro Óscar Puente; la consellera de Derechos Sociales del Govern, Mónica Martínez Bravo; y el presidente del Parlamento catalán, Josep Rull. También estaban el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, así como los obispos auxiliares David Abadías y Javier Vilanova.
El acto inició con el testimonio de tres representantes de entidades sociales. Después llegó la proyección de un emotivo vídeo titulado «Abre la carta». En él se relataba la historia de Renzo, un niño de una familia humilde de Barcelona que observa las dificultades de las personas que le rodean y decide escribir una carta al Papa para preguntarle sobre algunas de las cuestiones más profundas que puede plantearse un niño: el sufrimiento, la pobreza, la soledad o el perdón. Al concluir el vídeo, León XIV sonrió y aplaudió con afecto. Entonces apareció el propio Renzo entre el público para leer sus preguntas.
Diálogo con un niño del Raval
Le preguntó si le gustaba el fútbol, si alguna vez soñó con ser Papa, por qué sus padres estaban preocupados, por qué algunas personas sufren más que otras, por qué existen personas que viven en la calle, si Dios quiere que haya pobres y ricos, por qué tantos ancianos terminan solos o si realmente hay que perdonar siempre. Aquellas preguntas infantiles terminaron marcando el tono de todo el encuentro.
El Papa comenzó respondiendo con cercanía. Explicó que siempre ha sido un gran aficionado al tenis, aunque también aprecia el fútbol y, de hecho, de jóven jugaba de defensa. Aprovechando la pregunta, desarrolló una reflexión que arrancó sonrisas entre los asistentes. «El fútbol nos recuerda algo que no podemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar la pelota, aunque tenga talento, no ha entendido el juego; y quien no sabe vivir con los otros y para los otros, no ha entendido la vida».
Sobre su propia vocación, confesó que nunca pensó en convertirse en Papa. Sin embargo, desde muy joven sintió el deseo de dedicar su vida al servicio de Dios y de los demás. «Cada niño es un sueño de Dios», afirmó. Y añadió que la pregunta verdaderamente importante no es qué profesión o cargo alcanzará una persona, sino si desea convertirse en amiga de Jesucristo. «La amistad de Jesús nos da alegría», aseguró.
Las cuestiones más delicadas llegaron cuando Renzo preguntó por el sufrimiento y las injusticias. León XIV reconoció que no existen respuestas sencillas para explicar por qué unas personas padecen más que otras, pero invitó a mirar a la figura de Cristo. Recordó que Jesús conoció el dolor, la incomprensión y la muerte, pero que su resurrección muestra que el mal no tiene la última palabra. «Aunque haya sufrimiento, Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos», afirmó. «Tengamos confianza. Jesús está con nosotros, nos ayuda y nos acompaña».
El Pontífice también se detuvo en dos realidades que aparecieron repetidamente durante el encuentro: la pobreza y la soledad. En una barrio donde cada día trabajan organizaciones que acompañan a personas sin hogar, exreclusos, inmigrantes, ancianos y mujeres víctimas de explotación, León XIV insistió en que la dignidad humana debe situarse siempre en el centro de toda acción social. «Parece que en nuestro tiempo se ha perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano», dijo.
El encuentro también contó con una reflexión sobre el perdón, uno de los temas recurrentes durante la visita de León XIV a Cataluña. El Papa reiteró que el perdón forma parte esencial del mensaje cristiano, aunque precisó que no debe confundirse con justificar el mal o ignorar las injusticias. «Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien ni dejar que alguien siga haciendo daño», explicó. «Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón».
Entidades
A lo largo de la tarde intervinieron representantes de diversas entidades que desarrollan su labor en el ámbito social. Entre ellas se encontraban Cáritas, la Obra de Integración Social (OBINSO), dedicada a la reinserción de exconvictos y personas con adicciones, y las Adoratrices, que trabajan acompañando a mujeres que intentan reconstruir sus vidas tras haber sufrido situaciones de prostitución o explotación. También destacaba la presencia de las Misioneras de la Caridad, reconocibles por el característico hábito blanco y azul de Santa Teresa de Calcuta y que diariamente atienden a centenares de personas necesitadas en Barcelona.
Dirigiéndose a todos ellos, León XIV quiso agradecer una labor que describió como una manifestación concreta del Evangelio. «Es una alegría encontrarme con vosotros, que de diferentes maneras estáis vinculados a la asistencia, al acompañamiento y a la promoción de quienes más lo necesitan». El Papa recordó que la caridad cristiana no consiste únicamente en prestar ayuda material, sino en reconocer en cada persona necesitada el rostro mismo de Cristo. «El cristiano, además de ser bondadoso y amable, debe ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás». En ese sentido, afirmó que toda comunidad cristiana está llamada a acercarse «con discreción y delicadeza» a las heridas de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y combatir la pobreza.
Antes de despedirse, el Pontífice animó a las entidades presentes a perseverar en su trabajo junto a los más vulnerables y a seguir mostrando, mediante obras concretas, el rostro misericordioso de la Iglesia. «Os aliento a continuar dando testimonio del Evangelio y mostrando al mundo la belleza de la vida cristiana».
La visita a San Agustín fue probablemente el acto más pequeño de cuantos integraron la agenda de León XIV en Cataluña. Sin embargo, también fue uno de los más significativos. En medio de una visita marcada por grandes celebraciones, estadios llenos y acontecimientos históricos, el Papa quiso detenerse unas horas en el corazón del Raval para recordar que la Iglesia encuentra una parte esencial de su misión allí donde hay sufrimiento, pobreza y personas necesitadas de esperanza.
El arzobispo de Malabo, Juan Nsue Edjang Mayé, tomó la palabra esta mañana para agradecer a Robert Prevost su presencia. «El señor ha estado grande con nosotros», comentó el pastor. Con esta premisa, agradeció al Pontífice «la palabra clara que ha iluminado nuestras conciencias y ha orientado nuestro caminar como Iglesia y como sociedad».
En su intervención, el prelado repasó el papel que han jugado en estos 170 años de evangelización del país los españoles. «La Iglesia en Guinea Ecuatorial ha recorrido un camino fecundo y providencial, sin faltar dificultades históricas», expuso el pastor que lidera la principal diócesis de las cinco con las que cuenta el país.
Al echar la vista atrás, el arzobispo recordó la figura del padre Gerónimo Mariano Usera, misionero cisterciense enclaustrado, al que definió como un «pionero» dentro de los primeros precursores que llevaron «la semilla de la fe». Después se detuvo en 1857, cuando se creó la prefectura apostólica de la mano de un grupo de sacerdotes diocesanos de Toledo. El siguiente paso lo protagonizaron los misioneros claretianos, que «crearon la estructura eclesiástica que ha ido creciendo y consolidándose a lo largo de la historia con la presencia de otras congregaciones misioneras, así como la participación activa de los laicos». Hoy el 90% de los ecuatoguineanos se consideran católicos.
Con este legado por delante, comentó que la Iglesia ecuatoriana «siempre se ha mantenido firme a la fidelidad al Evangelio del amor, de la misericordia y del perdón». A partir de ahí, el arzobispo definió la visita papal como «un acontecimiento de gracia singular, un momento histórico que permanecerá impreso para siempre en la memoria de nuestro pueblo».
Sabedor de los frutos que dejan tras de sí los tres días de peregrinación de León XVI, el pastor aseguró que su presencia implica «dignificación, cercanía y reconocimiento que reaviva nuestra identidad como cristianos y católicos, y nos impulsa a caminar con mayor fidelidad al Evangelio». «Nos confirma en la fe, refuerza nuestra esperanza y renueva inquebrantablemente nuestra comunión con la Iglesia universal», enfatizó. Y aplaudió cómo Robert Prevost ha dejado tras de sí en estos días una «palabra clara que ha iluminado nuestras conciencias y ha orientado nuestro caminar como Iglesia y como sociedad».
Sobre el compromiso que adquiere la Iglesia tras este viaje, el arzobispo aseguró que los católicos ecuatoguineanos continuarán «sembrando ilusión, invitando a la responsabilidad y al compromiso para la defensa de la dignidad y seguir construyendo una sociedad más justa, solidaria, fraterna e inclusiva».
Tras las palabras de Nsue Edjang Mayé, varios peregrinos entregaron al Papa algunos regalos, entre ellos, algunas obras artísticas, productos locales e instrumentos musicales. El Pontífice correspondió entregando un cáliz a la Iglesia local.
Poco después de las seis de la mañana, una nube cubrió Malabo. En apenas unos minutos el cielo se oscureció. Y cayó un aguacero a los que ya están acostumbrados los ecuatoguineanos. Pero que impactan al que llega de fuera. En veinte minutos frenó en seco la tormenta y la gente se echó a la calle para despedir su invitado durante tres días: León XIV.
Prueba de ello es que el estadio de la capital estaba repleto esta mañana de peregrinos preparados para celebrar la última misa del Papa agustino en suelo africano, después de su primera gira en el continente, que durante doce días le ha llevado también a Argelia, Camerún y Angola. León XIV culmina este viaje habiéndose resituado como referente de la conciencia global por sus constantes llamamientos a la paz. Los ataques verbales recibidos por el presidente de Donald Trump justo antes de despegar de Roma y su serena pero contundente respuesta contra la guerra le sacaron del anonimato mediático de este primer año de pontificado para erigirse como autoridad ética y moral.
Y así ha llegado a la jornada de este jueves, pisando con seguridad el altar ante las 30.000 personas que le jaleaban. El presidente ecuatoguineano, Obiang Nguema Mbasogo, y la primera dama, Constancia Mangue Nsue Okomo, abanderaban una delegación internacional de autoridades de diferentes países que se sumaba a una nutrida representación de obispos y cardenales de países del entorno. La locura se desató en el estadio cuando el papamóvil irrumpió en el terreno de juego en torno a las nueve y media de la mañana.
Sin embargo, la algarabía se transformó en recogimiento y solemnidad en cuanto dio inicio la procesión de entrada de la eucaristía, poco antes de las diez de la mañana. Los cantos litúrgicos del coro se combinaron con temas tradicionales que visibilizaban el entusiasmo y el ritmo que va en el ADN de los africanos, a pesar de cualquier adversidad. En el altar, una imagen de una Virgen Madre con rasgos inculturados.
«Cristo es la luz de Guinea Ecuatorial, y vosotros, sois sal de la tierra y luz del mundo», lanzó en su mensaje de despedida al finalizar la misa. «Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano», encomendó a sus interlocutores. En este adiós, desveló que «me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, esperanza y caridad». «Es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio», añadió.
En su homilía, León XIV se mimetizó con la invitación del Papa Francisco al pedir a los católicos presentes que encarnen en su día a día «la alegría del Evangelio» frente a la «tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada».
«Por ello, los animo a todos ustedes, Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial, a continuar con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús», ratificó el Papa agustino.
El Pontífice advirtió de que «cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios».
De hecho, comentó que «la cerrazón» de ese individualismo no lleva a ninguna parte. Como alternativa, ofreció el amor de Dios como el ingrediente fundamental que «sostiene nuestro compromiso, especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad».
Por ello, compartió con los ecuatoguineanos que «la evangelización nos involucra a todos»: «El anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia».
En su alocución Robert Prevost tomó punto de partida las lecturas de la misa, en las que se relata precisamente la experiencia de Felipe con un eunuco que regresa de viaje de África, en el que se considera uno de los primeros contactos del cristianismo con el continente. «Precisamente mientras regresa a su patria, África, convertida para él en lugar de servidumbre, el anuncio del Evangelio lo libera», explicó el Sucesor de Pedro sobre el pasaje, recogiendo de esta manera la llamada que a lo largo de estos días ha hecho con relación a la capacidad transformadora de la Palabra de Dios y del seguimiento de Cristo.
León XIV comenzó su homilía expresando su más «sentido pésame» por la muerte del vicario general de la Archidiócesis de Malabo, Fortunato Nsue Esono, que falleció días antes de su llegada al país. El Pontífice instó a afrontar este duelo «sin dejarse llevar por comentarios y conclusiones apresuradas». De la misma manera, confió en que hagan «plena luz sobre las circunstancias de su muerte».
La AIReF concluye que la reforma de las pensiones cumple formalmente la llamada «regla de gasto» acordada con Bruselas: el gasto neto en pensiones entre 2022 y 2050 se situaría en torno al 13% del PIB, por debajo del límite del 13,3%. Sin embargo, el organismo insiste en que esto no significa que el sistema sea sostenible a largo plazo, como veremos:
– La regla de gasto mide sólo una parte del problema. La AIReF considera que el indicador utilizado por el Gobierno ofrece una visión parcial y no refleja adecuadamente la sostenibilidad real del sistema de pensiones ni de las finanzas públicas en su conjunto.
– El envejecimiento de la población presionará cada vez más el gasto público. La jubilación masiva de la generación del «baby boom» elevará el gasto en pensiones, pero también en sanidad y cuidados de larga duración.
– La deuda pública seguirá creciendo. Las proyecciones de la AIReF sitúan la deuda en torno al 123%-125% del PIB en 2050, una cifra muy elevada que limita la capacidad del Estado para afrontar futuras crisis o gastos adicionales.
–La sostenibilidad depende cada vez más de ingresos adicionales. El cumplimiento de la regla se logra en buena medida gracias a nuevas cotizaciones, transferencias estatales y otras medidas recaudatorias, no porque el gasto en pensiones deje de crecer. Dicho ingresos pretenden lograrlo con el aumento de los tipos de cotización. Esto, aunque no lo dice la AIReF, puede provocar un impacto negativo en la actividad económica y el empleo y, por tanto, en las propias cotizaciones y los ingresos asociados a ellas.
–La AIReF critica que la evaluación se basa en hipótesis demográficas y económicas que pueden quedar desactualizadas y que el resultado es muy sensible a pequeños cambios metodológicos.
Todo ello empuja a: 1. Más deuda pública y más déficit, con riesgo de incumplir las reglas fiscales europeas. 2. Mayor presión y esfuerzo fiscales futuros, ya que podrían necesitarse más cotizaciones, impuestos o transferencias del Estado para financiar las pensiones. 3. Menor margen para financiar otros servicios públicos; y 4. Riesgos de equidad intergeneracional, al trasladar una parte creciente de la carga financiera a los trabajadores y contribuyentes futuros.
El mensaje central de la AIReF es que aprobar la regla de gasto no equivale a garantizar la viabilidad del sistema. El organismo considera que las reformas actuales permiten cumplir el objetivo técnico fijado por el Gobierno, pero que el envejecimiento de la población seguirá generando fuertes tensiones sobre las cuentas públicas y la deuda durante las próximas décadas, con lo que el Gobierno no ha mejorado la sostenibilidad del sistema de pensiones, sino que ha incrementado su vulnerabilidad