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La Junta adquiere un laboratorio móvil de diagnóstico y análisis del patrimonio para la obtención de datos de bienes muebles e inmuebles

La Junta de Castilla y León ha adquirido y equipado un vehículo como laboratorio móvil de diagnóstico y análisis del patrimonio, que ya se encuentra en servicio en el recién ampliado y reformado Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León. La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte ha llevado a cabo esta actuación en el marco del proyecto KHN RETECH, que la Junta lidera, en colaboración con el Gobierno de Aragón y la Xunta de Galicia.

Esta iniciativa parte del principio de que los mecanismos de gestión del patrimonio cultural basados en herramientas digitales se revelan como claves de eficiencia y sostenibilidad a largo plazo y en todo el ámbito territorial. Por ello, al obtener datos in situ, pueden ser utilizados posteriormente para dos objetivos que pueden actuar de forma complementaria en los sistemas de gestión de patrimonio cultural: el desarrollo de gemelos digitales y la realización de ensayos experimentales de nuevas técnicas de conservación.

Además, y dado que se adoptará un enfoque de datos abiertos, se colaborará con el ecosistema cultural-empresarial de Castilla y León para su aprovechamiento y para el desarrollo de actividades económicas complementarias. Se apuesta, así, por una toma masiva de datos para su análisis posterior, tanto de los elementos muebles como inmuebles BIC de Castilla y León, incorporando las nuevas tecnologías de la información a los levantamientos digitales de bienes muebles e inmuebles.

Se trata de un equipamiento e instrumentación científica especializada en metodologías de ensayos no destructivos y que permite realizar, entre otros, el análisis de las condiciones climáticas en las que se encuentra el bien; la caracterización y estudio del estado de conservación de materiales pétreos, cerámicos, metálicos, vítreos, capas pictóricas o nuevos materiales; el análisis de las características mecánicas de los elementos; la caracterización de grandes superficies, pinturas murales, análisis de alteraciones en edificios y estudios de humedades (drones); el levantamiento 3D, la evaluación del subsuelo y de los paramentos verticales, el estudio de huecos, irregularidades y grietas para valoración estructural (geo radar), o el análisis químico y la caracterización a nivel molecular sin tomas de muestra.

© Ical

El laboratorio móvil adquirido por la Junta
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El Papa visita Brians, la prisión más conflictiva

Dicen que hay un cura de Sant Feliu de Guíxols (Gerona) que va a menudo por la prisión de Brians y que conoce al Papa León XIV de su etapa en Perú. Aunque nadie sabe si mantienen el contacto ni si fue él quien le propuso visitar esta cárcel, este es el rumor que corre estos días por el centro penitenciario que aguarda con gran expectación la llegada de Robert Francis Prevost. «Yo creo que han elegido ésta porque está de camino a Montserrat pero desde luego es la más segura de Cataluña», explica un funcionario de prisiones que lleva una veintena de años trabajando allí. «Aquí no suele haber incidentes violentos y es donde está la plantilla más preparada en gestión de conflictos, es la más segura y controlada», añade.

Un extremo que no comparte la plataforma Dret i Presó, que aglutina a 14 entidades pro derechos humanos, y que denuncia que es la cárcel catalana que más denuncias recibe por «presuntos malos tratos, prácticas de aislamiento, contenciones mecánicas y también suicidios que, a menudo, son consecuencia de todo lo anterior». El funcionario que trabaja allí matiza: «Contenciones mecánicas es lógico que haya más que en otras porque es el único que tiene una unidad hospitalaria psiquiátrica, aunque ahora está en obras, pero tiene 40 plazas».

Eso sí, admite que Brians no es una prisión que suele «gustar» si no llevas bien tu paso por prisión. «Hay un régimen muy restrictivo y la curva de adaptación se nota si no tienes hábitos saludables, de sociabilidad o no llevas bien las normas: pasan 10 o 12 horas en una celda con un compañero que vete a saber cómo es. Pero aquí tienen una ocasión de oro para revertir la situación porque hay muchos recursos, tienen médico y psiquiatra disponibles todo el día, actividades enfocadas en la rehabilitación, programas educativos y hasta una escuela de adultos con su director y su jefe de estudios». Para el funcionario, si la prisión tiene fama de conflictiva es porque «hace años, el político de turno propiciaba enviar aquí a los más conflictivos».

La prisión de Brians 1 cuenta en la actualidad con tres módulos de mujeres (unas 150 penadas) y cinco de hombres (unos 900 presos, también preventivos), además de las 40 plazas del psiquiátrico. El perfil del interno es mayoritariamente varón (el 97% de los presos en España lo son), de entre 35 y 40 años, aunque cada vez más en la década de los 20 años, y más de la mitad son de origen extranjero. De estos, también más de la mitad son rifeños (marroquíes en su mayoría) y el 40% ha cometido algún delito contra la propiedad. Un 20% están dentro por delitos contra las personas (homicidios, lesiones o contra la libertad sexual), un 15% por delitos contra la salud pública y el resto son delitos residuales como contra la seguridad vial o contra los derechos de los trabajadores. La mayoría se encuentran en segundo grado (el 75%), que es el ordinario. Después hay un 3 o 4% que están en primer grado (los inadaptados o mal comportamiento dentro de la prisión) y el resto en tercer grado, que ya disfrutan de permisos penitenciarios y preparan ya su vida en libertad.

Pero según fuentes penitenciarias, pocos de estos internos –que son quienes viven el día a día en prisión– formarán parte del grupo que tendrán el honor de asistir al encuentro que se celebrará con León XIV. «Tiene capacidad para 250 personas pero la mayoría no serán presos; han hecho muchas invitaciones politizadas. El Papa se va a encontrar un teatro lleno pero no todo son presos: creo que saldrán sólo los que suelen ir a misa». Y añade: «A los integristas islámicos les mantendrán a la otra punta de la prisión, por seguridad». Estos días ya han visto un gran despliegue de seguridad. Las horas previas visitarán las galerías subterráneas y tendrán todo preparado para que salga según lo estipulado. «Si va a haber un sitio hipervigilado va a ser esta cárcel porque entre la seguridad que lleva él, la de la Policía y la de la cárcel no se puede pedir más».

Si los accesos a una prisión ya son, de por sí, estrictos, este día lo serán aún más. El Papa León XIV entrará en coche a Brians y cruzará dos accesos. Tras pasar el segundo portón, bordeará por dentro el muro de la prisión hasta la que llaman «calle Mayor» (que tiene a un lado los módulos de presos o zona residencial y, al otro, los de actividades como cocina, talleres, etc.) hasta el salón de actos. Esta estancia, en pendiente para facilitar la visibilidad del escenario desde la grada, cuenta con cabina de sonido y dos accesos, por donde entrará el Sumo Pontífice. El acto, más allá de la seguridad, será histórico al tratarse de la primera vez que un Papa se reúne en España con personas privadas de libertad.

Imagen exterior de la cárcel catalana de Brians 1, en Cataluña
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La importante labor de los capellanes de prisiones: más allá de la escucha

En el imaginario popular puede estar fijada la idea de que los sacerdotes que acuden cada día a prisión lo hacen para celebrar misa y ya está. Sin embargo, su labor va mucho más allá. Cualquiera de ellos admite que su principal labor se centra en la escucha, las horas que hagan falta, los días que sean necesarios, sin juzgar a quien habla ni la historia que cuente porque, en el fondo, creen que debajo de todo hay mucho dolor. Así lo explica Emiliano Tapia, capellán en la prisión de Topas (Salamanca) desde hace 28 años, que pone el foco en la verdadera razón por la que mucha gente acaba en la cárcel.

Para el religioso hay tres grandes causas que él ha descubierto tras cientos de horas de escucha. «La primera es la violencia, que es un problema muy complejo y tenemos que mirar lo social y lo comunitario para afrontarlo. Pero si alguien ha crecido en un entorno violento es complicado un desarrollo fuera de ahí». Tapia cree que el segundo gran bloque está en el problema de la inmigración. «El 40% de los que llegan a la prisión vienen derivados de esta problemática ¿Por qué están aquí? ¿De dónde huyen y por qué? Aquí volveríamos al problema de la violencia», sostiene. Y en el tercer grupo, según el capellán, estarían los afectados por algún problema de salud mental. «Serán el 38% y es un problema más complejo aún. En definitiva, estos tres colectivos aglutinan el 90% de la población reclusa en España». Precisamente por eso, sostiene que la génesis de todo está «fuera», en la sociedad, «que no ha sabido dar respuesta a esta gente». Para Tapia la población reclusa es, por tanto, una consecuencia de que el sistema falló previamente.

Pero también, en muchas ocasiones, a posteriori. De ahí que haya creado una asociación para apoyar a las personas que salen de prisión sin absolutamente nada: ni familia ni trabajo ni referencias y con un futuro que podría abocarles de nuevo a la cárcel. Colaboran con la asociación Asdecoba, en el barrio de Buenos Aires de Salamanca, que junto con la casa de acogida dan cobijo y trabajo a aquellos que tienen que empezar de cero. «Necesitamos devolverles aquello que nunca tuvieron: techo, comida y apoyo cultural o sanitario», explica. Porque la vida de un recluso no termina cuando acaba su condena. Es precisamente en ese momento cuando las instituciones dejan de «sostenerle» y tiene que volver a la vida en sociedad. «Es gente atravesada por la exclusión social y ahora hemos creado un huerto para que vuelvan a la tierra, a trabajarla y al esfuerzo comunitario». Ahora tienen a 17 personas empleadas en esta tarea y con parte de esos productos elaboran un servicio de catering a domicilio para mayores en el medio rural y urbano. Son unas 70 personas (de las 41 que hay en la casa de acogida en la actualidad) que dan unos 1.500 servicios diarios.

«No basta con proporcionarles cama: necesitan un modo de vida para poder adaptarse. Hay muchos que no lo logran, no es fácil, pero otros sí lo consiguen», asegura el capellán, que insiste en que la población reclusa «suele ser víctima de una sociedad que criminaliza».

«Tenemos que reconocer que la mayoría son criminalizados como consecuencia de problemas que no hemos querido o sabido gestionar en la sociedad. ¿Cómo es posible esto? ¿Qué podemos hacer nosotros?», reflexiona.

Y, como no va en su ADN quedarse de brazos cruzados creó este servicio a quienes, tras pasar muchos años privados de libertad, salen «confusos, desestructurados y con falta de recursos». Y, como su compañero de Brians, parafrasea al Papa Francisco cuando decía: «Si yo hubiera estado en vuestra situación ¿qué habría pasado?» Esa fijación que parecía tener Bergoglio (y ahora también Prevost) con la población reclusa también la siente Tapia. «Vengo de los Salesianos y del mundo rural y, tras muchos años fuera, cuando regresé a los pueblos vi el abandono que sufrían; de ahí mi mirada a los excluidos».

Una mirada que, asegura, no va muy lejos si se hace de forma individual. «Apasionarse es querer hacer camino con otros, uno solo no es posible. Lo colectivo, lo comunitario, es imprescindible. De ahí la importancia del equipo». Porque el capellán deja bien claro que esta labor no es posible sin compartir: «Tus espaldas no pueden cargar con tanto peso», reconoce. De esta forma, una atención integral al interno es posible gracias a «voluntarios que entran en el mundo de la cárcel desde la Iglesia para vivir la expansión del Evangelio». Y matiza: «No es una tarea de curas, es de creyentes y, sobre todo, de personas de buena voluntad». Hay muchos voluntarios del mundo de la Educación Social y también, según el sacerdote, «mucho jubilado».

«Lo más importante es que tengan claro que van a poder dar un apoyo de continuidad. Esto no es un voluntariado cualquiera. Aquí tiene que haber compromiso de permanencia porque los procesos de la gente necesitan un seguimiento: primero tienes que lograr la confianza adecuada para que te cuenten su historia y para eso es importante mucho tiempo para ganarte su confianza. Y luego es importante seguir el proceso, que vean que han confiando en alguien y, esta vez, no les van a dejar tirados porque es gente que ya ha sufrido mucho en la calle».

© EFE

Exterior de la prisión de Soto del Real (Madrid)
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"Las internas me preguntan si pueden pedirle el indulto al Papa"

Nunca se habló tanto de Dios en el patio de una prisión como estos días en la cárcel barcelonesa de Brians. Es la primera vez que un Papa pisa una cárcel española y la expectación, cómo es lógico, es enorme. Sobre todo para los internos que tendrán el «honor» de ver de cerca a León XIV en el salón de actos del centro penitenciario situado en San Esteban de Sasroviras (el municipio que vio nacer a Rosalía, otra «embajadora» de la fe cristiana). LA RAZÓN ha hablado con el capellán de la prisión sobre cómo viven este encuentro tanto las presas como él, que podrá cruzar algunas palabras con el Santo Padre. Pero ¿qué se le puede decir a un Papa? ¿Impone el momento? «Yo siento mucha emoción por el encuentro pero sobre todo deseo escucharle porque seguro que tiene alguna palabra de ánimo y de esperanza».

Jesús Bel es el capellán del módulo de mujeres de la cárcel, lleva desde el año 97 allí y conoce bien las preocupaciones de quienes están privados de libertad. Desde que se conoció la visita de Prevost, las inquietudes de las internas han ido encaminadas hacia una única dirección: el perdón. «Me preguntan si pueden pedirle el indulto», confiesa el padre entre risas, porque sobre todo trabajan mucho esta faceta de perdonar.

No es sencillo ser capellán de una cárcel y Jesús reconoce que antes le imponía la situación. «Al principio vas con respeto, no es lo mismo ir un día suelto a un taller que la experiencia de ir de seguido», sostiene tras 40 años como capellán de prisiones. Él pertenece a la Orden de la Merced, fundada en 1218 por San Pedro Nolasco en Barcelona para rescatar a cristianos cautivos. Y asegura que es por ese «rescatar a cautivos», que surgió la vocación de las prisiones. Se ordenó sacerdote en el año 85 y tras cinco años de profesor fue de capellán a la prisión de Tarragona. «Es el camino que Dios te marca y no lo cambiaría por nada del mundo», confiesa ahora.

Y eso que no es fácil su misión dentro de una cárcel. «Es mejor esperar a que sean ellas quienes se acerquen, nunca que se sientan invadidas». Así, poco a poco, cada una siguiendo su propio proceso, la mayoría de las internas han encontrado en el padre Jesús a un confidente que no les juzga. «Aquí te encuentras de todo, no es como en la calle, que sabes que la gente ha ido a la iglesia por su propio pie. Aquí muchas experimentan su primer encuentro con la fe. Una mujer me confesó que nunca había hablado tanto con un cura y otra que esperaba ansiosa la misa de cada semana porque encontraba la paz».

El trabajo del capellán es sobre todo de escucha. «Otra me dijo en una ocasión: padre, no me ha solucionado nada pero me ha escuchado. Y es que muchas veces nunca se han sentado a escuchar sus problemas, sus circunstancias y por qué han acabado aquí».

Para este último extremo, Biel es categórico: «Nunca pregunto por qué están en la cárcel. Si quieren me lo dicen y si no da igual, no es necesario. Nosotros no vamos a juzgar a la persona, ellas ya han sido juzgadas por la sociedad y por eso están cumpliendo su condena. Nuestro papel es otro: ayudar a que se reconcilien con ellas mismas, con Dios y con la sociedad».

En este sentido, el capellán asegura no sentir ni curiosidad por el delito cometido ni reticencias con las presas que han cometido algunos más crueles o complicados de entender para la mayoría. «No siento reticencias porque en cada preso intento descubrir el rostro de Jesús», asegura. Y es que, el padre recuerda que cualquiera podríamos acabar en determinadas situaciones si se dan ciertos contextos. Es muy fácil juzgar desde fuera. «Una vez un chico de una familia normal cometió un crimen: había bebido, hubo una pelea por un taxi con la novia y mató a otra persona. No era mala persona pero sucedió eso». Y aprovecha para citar al fallecido Papa Francisco: «Lo decía él: ¿Por qué ellos y no yo? En el sentido de que cualquiera podemos vernos envueltos en algo así en un momento de nuestra vida».

Y en ese contexto especial para aproximarse a la fe cristiana que se da en la prisión, Biel reconoce que se han acercado también internos de otras religiones: desde evangélicos (a menudo profesada por mujeres de etnia gitana) hasta musulmanes. «Una evangélica vino un día a pedirme que la bendijera», explica. «Pero yo siempre digo que no hay una fórmula mágica para el perdón, es cuestión de pedírselo a Dios porque es él quien te concede esa gracia de perdonar y ser perdonado. No es algo superficial ni tampoco sencillo», reconoce.

Una de las cosas más satisfactorias que el cura siente en la prisión es notar la evolución de cada persona en el proceso de la fe. «Es algo interior pero sí te das cuenta de ese proceso espiritual que van sintiendo. Se dan cuenta de que han cometido errores y la mayoría quieren cambiar. Muchas están por temas de drogas para sacar dinero y te reconocen: me metí donde no debía. Algunas las veo luego en la calle con su vida rehecha y sientes mucha alegría».

Biel cree que la visita de Prevost a su paso por Barcelona animará a muchas a indagar en ese camino de perdón. «La verdad es que sentimos mucho agradecimiento a este Papa por haber tenido este gesto de acercarse a quienes están privados de libertad porque es gente que sufre. Con o sin culpa».

Las enseñanzas que uno puede sacar después de pasar 40 años visitando casi a diario una prisión son muy enriquecedoras y van más allá de la religión que profese cada uno. El capellán de Brians habla de auténticas lecciones de vida, comenzando por la más obvia y que tanto damos por hecho: la libertad. «Yo he aprendido mucho a valorar la libertad, las cosas pequeñas que podemos hacer en la calle o en casa». Un simple café con un amigo. Seguir los horarios que uno quiere (aunque sea solo el fin de semana). Pero las lecciones más valiosas que ha sacado Jesús vienen de las propias internas. «Aquí veo mucho compañerismo entre ellas. Si una se pone enferma todas se preocupan y la cuidan. Es realmente una hermandad y se cogen mucho cariño de verdad, aunque hay algunos casos más complicados que no se adaptan».

© Cedida

Jesús Biel, capellán prisión Brians
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