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La puesta de largo de una encíclica que marca el camino

El pasado 25 de mayo, el Papa León XIV presentaba él mismo la primera encíclica de su pontificado, «Magnifica Humanitas «(«Magnífica Humanidad») una reflexión sobre la custodia de la persona humana en el tiempos de la inteligencia artificial (IA) heredando la reflexiones de la Doctrina Social de la Iglesia y situándola ante los desafíos de la tecnificación y los algoritmos al cumplirse 135 años de la histórica encíclica «Rerum novarum» (1891) del Papa León XIII. Frente a las primeras visiones superficiales, el propio Pontífice aclaró que no surge como una condena abstracta a la tecnología, sino como una guía moral urgente ante una revolución digital que tiene «consecuencias aún mayores» que la revolución industrial.

En sus intervenciones en España León XIV ha acudido a este texto que es su primera gran propuesta magisterial e, incluso, su hoja de ruta en la propuesta social para los tiempos que corren. El Papa advierte del riesgo de construir una «nueva torre de Babel» basada en la ambición tecnológica y la eficiencia ciega sin raíces morales.

Como alternativa, propone edificar una ciudad compartida donde la fraternidad y la justicia guíen el desarrollo. Defiende que la grandeza de la humanidad florece a menudo a través de sus límites y su vulnerabilidad como la enfermedad, la vejez, el sufrimiento, que no deben verse como «defectos a corregir» mediante el diseño tecnológico.

También hace un análisis del futuro del trabajo y la economía, la soberanía militar o la manipulación de la información. El Papa propone una actitud de «esperanza humilde» frente al deslumbramiento tecnológico, invitando a los creyentes a ser «tejedores de esperanza» en tiempos inciertos.

Como ocurriera con la encíclica ecologista de Francisco, «Laudato Si’» la sociedad civil se ha volcado en alabanzas ante la reflexión ofrecida por el Papa. En el Palacio Real, el Rey Felipe VI destacó que el cristianismo es «fuente de inspiración para más de 1400 millones de católicos; pero resuena, por su contenido ético, mucho más allá: en todas las conciencias». En esta clave destacó su primera encíclica y destacó que «basta con leer el título» para «darse cuenta de que no la mueve una visión catastrofista, sino una mirada cargada de esperanza y de optimismo en el ser humano. Un texto humanista».

Para el monarca, las palabras del Pontífice invitan «a reemplazar el miedo –que es estéril y paralizante– por un conocimiento, meditado y compartido, del potencial y de los riesgos de esta nueva realidad» y comparte que la «nueva tecnología no puede ser monopolio de unos pocos sino un instrumento en manos de todos que beneficie a todas las sociedades».

En el Congreso de los diputados, su presidenta Francina Armengol, recordó a los políticos que «tenemos la tarea fundamental de acabar con las desigualdades». Comentando la defensa que el Papa hace de la sociedad plural como «posibilidad luminosa», defendió que «identificarse con las palabras de Su Santidad es una obligación ética de cualquier Estado democrático. Como lo es, indudablemente, coincidir con la profunda reflexión que da motivo a su primera pastoral: que la tecnología ha de estar al servicio de la humanidad».

En este sentido se pronunciaba el propio Pedro Sánchez camino de Roma el pasado 26 de mayo, antes de verse con León XIV, al señalar que la encíclica «nos interpela a todos». Para él, «la IA no es neutral, y el poder digital puede conducirnos a nuevas atrocidades si no se orienta al bien común. El texto es también una defensa de la paz, la dignidad humana y el multilateralismo».

© EFE

'Magnifica humanitas'
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