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León XIV, un Papa de portada

No he llevado la cuenta minuciosamente pero en estos siete días de su estancia en España muchos medios de información –prensa escrita, pantallas de televisión, emisiones radiofónicas- le han reservado a Robert Prevost sus portadas y grandes titulares. Con alguna mínima excepción todos han celebrado su enorme capacidad de convocatoria, la profundidad de sus palabras, su talante acogedor, su emoción ante el recibimiento entusiasta de la gente, las multitudes que se han acercado para verle y saludarle.

Esta visita a España ha sido preparada con un tiempo muy recortado; el primer esbozo se dibujó en la reunión que mantuvo el 9 de enero en el Vaticano la delegación eclesial española – los cardenales Cobo y Omella, el presidente de la CEE Luis Argüello y el obispo canario Mazuelos- pero la Santa Sede no la confirmó hasta el 25 de febrero; en total, pues, con apenas tres meses de antelación, todo un record.

Habiendo acompañado a Juan Pablo II en sus cinco viajes a España y a Benedicto XVI en sus tres visitas puedo testimoniar que cada uno de ellos se manifestó con sus peculiaridades: Wojtyla arrasó con su ímpetu mientras Ratzinger conquistó con su tranquilidad. A los que le seguimos desde hace tiempo León XIV nos ha sorprendido porque hemos notado algunos cambios en su comportamiento: se ha lanzado a improvisar- cosa que nunca había hecho antes- ha multiplicado sus gestos de acercamiento y de ternura a las personas que han acudido a recibirlo, ha bromeado y no ha parado de sonreír a pesar del cansancio acumulado en jornadas frenéticas.

Durante esos siete días ha pronunciado veintidós discursos, homilías y saludos ante auditorios muy diversos hablando con un castellano perfecto, alternando en algunos momentos con palabras en catalán y en francés. Creo justo distinguir al menos tres intervenciones de superior categoría; el primer discurso en el Palacio Real, la histórica intervención ante el Parlamento español, y la alocución sobre el drama de la emigración en el puerto de Arguineguín. También son dignas de mención las palabras en la Vigilia en la madrileña Plaza de Lima, las pronunciadas en la sede de la CEE y el saludo en el Centro Penitenciario de Brians 1.

Media hora tardó el Papa estadounidense en leer el discurso pronunciado en el encuentro que mantuvo con los miembros del Parlamento Español- diputados y senadores, presidentes del gobierno, de ambas cámaras parlamentarias y de los Tribunales Constitucional y Supremo- y en sus seis densas páginas sembró ideas y mensajes de gran calado. Inspirándose en el legado de la Escuela de Salamanca y de fray Francisco de Vitoria subrayó que “toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana” y añadió que “allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o, lingüístico o por su condición económica o social se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”.

No dejó tampoco de afirmar que “la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional; es una meta de civilización” y repitió una idea que ya ha expuesto en más de una ocasión: ”las armas pueden imponer un silencio temporal pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera…por eso preocupa que vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”.

Estéticamente el momento crucial de su visita fue la bendición de la Torre de Jesucristo en la Basílica barcelonesa de la Sagrada Familia precisamente el día en que se cumplía el primer centenario de la muerte de su creador Antonio Gaudí, “el arquitecto de Dios”. La inigualable originalidad y belleza de este templo impresionó a Prevost como ya sucedió cuando en noviembre del 2010 la visitó Benedicto XVI que quedó literalmente “boquiabierto” como el mismo declaró. Fue también muy subyugante la procesión del Corpus después de la Eucaristía celebrada en la Plaza de la Cibeles a la que sumaron miles de personas que al paso del Santísimo derramaban miles de pétalos.

Ya puede imaginarse que el éxito que ha coronado esta visita ha sido fruto de una cooperación entre diversas instituciones que no es siempre una de las características de nuestra vida social. Esta vez, sin embargo, Iglesia y Estado han olvidado sus diferencias y discrepancias y se han comprometido a que todo funcionara sin problemas y con una notable eficacia; así me lo han hecho notar algunos de mis colegas extranjeros que han acompañado al Pontífice estos días. A mí personalmente me ha parecido ejemplar la presencia de la Familia Real y muy concretamente de Felipe VI cuya caballerosidad se puso de manifiesto cuando casi inmediatamente después de detectarse el fallo técnico del avión de Iberia decidió poner a disposición de León XIV el Falcon de la Casa Real para que Prevost y su séquito pudieran regresar a Roma.

Los dos cardenales y los obispos canarios, junto al presidente de la Conferencia Episcopal Española Argüello , han trabajado codo con codo, aunando puntos de vista y coordinando esfuerzos para que todo se haya resuelto del modo más satisfactorio. En el aeropuerto de Tenerife el coordinador del viaje Yago de la Cierva le sugirió al Papa que venga a Santiago de Compostela el año que viene. Nada es imposible pero parece poco probable.

Antonio Pelayo

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