El triunfo de cinco chicas de Majadahonda
«No sabíamos nada de programación». Así resume Salma el punto de partida de una aventura que ha terminado con cinco adolescentes de Majadahonda subiéndose a lo más alto del podio de su categoría en Technovation Girls, la mayor competición internacional de tecnología y emprendimiento social dirigida a niñas y jóvenes de entre 8 y 18 años. Kiara, Salma, Sabrina, Zoe e Inas, de entre 13 y 14 años, forman el equipo «The Outliers», ganador de la categoría correspondiente a su edad gracias a una aplicación móvil diseñada para ayudar a otros estudiantes a gestionar mejor el estrés académico y cuidar su salud mental. La historia comenzó hace menos de un año en Majadahonda Joven. Allí asistieron a una charla sobre Technovation Girls y descubrieron que participar no requería conocimientos previos de programación. «Nos dimos cuenta de que no hacía falta venir sabiendo tecnología ni hacer una aplicación perfecta», recuerdan estas jóvenes para este periódico. A partir de ahí formaron un equipo y comenzaron a trabajar con la ayuda de mentores voluntarios. Lo hicieron desde cero. Ninguna había desarrollado una aplicación antes, pero tenían algo que sí compartían: la experiencia de enfrentarse a la presión de los estudios. «Queríamos resolver un problema que vivimos todos los días. Veíamos que teníamos varios exámenes, que no sabíamos cómo organizarnos y que acabábamos estresándonos», explica Zoe.
De esa preocupación nació ClearMind, una aplicación que no solo organiza tareas y horarios de estudio, sino que también presta atención al estado emocional del usuario. Antes de comenzar una sesión, la app pregunta cómo se siente el estudiante y cuánto tiempo tiene disponible. Con esos datos genera un plan personalizado. La herramienta incorpora además técnicas de estudio, tarjetas de repaso, ejercicios de respiración y un calendario para organizar tareas. Incluso incluye un asistente basado en inteligencia artificial que actúa como un profesor particular. «No te da directamente la respuesta, sino que te enseña a llegar a ella por tu cuenta», señala Sabrina. Uno de los elementos más originales es un botón SOS que permite contactar rápidamente con una persona de confianza cuando el usuario se siente bloqueado o necesita apoyo emocional antes de ponerse a estudiar.
La idea no surgió por intuición. Antes de desarrollar la aplicación realizaron una encuesta entre estudiantes de su entorno. «Más del 90 % decía sufrir estrés relacionado con los estudios», apunta Inas. Fue la confirmación de que estaban trabajando sobre una necesidad real. El proceso de creación duró varios meses. Se reunían dos horas cada viernes en Majadahonda Joven, aunque en las semanas clave dedicaron también muchas horas durante los fines de semana. Para coordinarse utilizaron herramientas de gestión de proyectos y dividieron las tareas entre todas. «Cada una se encargaba de una parte de la aplicación y luego juntábamos todo», añade Salma. Así aprendieron no solo a programar, sino también a trabajar en equipo, organizar proyectos y resolver problemas.
El camino no estuvo exento de dificultades. Algunas funciones que habían imaginado no llegaron a implementarse por limitaciones técnicas. También tuvieron que compaginar el proyecto con los exámenes y las actividades extraescolares. «Lo más complicado fue ponernos de acuerdo con los horarios», reconocen. Sin embargo, esa experiencia les dejó una lección importante: aprender a gestionar la frustración. «Si algo no funcionaba, buscábamos otra solución», explica su mentor, Patricio. El esfuerzo dio sus frutos en la final regional celebrada en el campus de Leganés de la Universidad Carlos III de Madrid. Las jóvenes recuerdan la jornada con especial cariño. «Lo mejor fue ver los proyectos de otras participantes y poder presentar el nuestro», explica Sabrina. Cuando llegó la entrega de premios pensaron que no tenían opciones. «Habían dado ya el segundo premio y creíamos que no teníamos posibilidades. Cuando dijeron nuestro nombre nos emocionamos muchísimo».
Más allá del reconocimiento, la experiencia ha cambiado también su relación con la tecnología. Varias de ellas aseguran que ahora se plantean estudiar carreras vinculadas a la ingeniería o la informática. «Antes me interesaba la tecnología, pero no tanto. Ahora me interesa mucho más», asegura Zoe. Lo que comenzó como una actividad extraescolar se ha convertido para algunas en una posible vocación profesional. Las jóvenes creen que programas como Technovation Girls son fundamentales para acercar las disciplinas tecnológicas a las chicas. «No tenemos muchas amigas interesadas en este ámbito. Por eso es importante que se conozcan iniciativas así», reconocen. The Outliers ya mira al futuro. Todas tienen claro que volverán a participar el próximo año. Porque, como ellas mismas han comprobado, a veces una idea nacida en una sala de Majadahonda puede terminar convirtiéndose en una solución tecnológica capaz de ayudar a cientos de estudiantes.


© F. Gómez Molinero



